Panamá
siempre fue de Panamá
Con su habitual sentido del humor, pero sin
descuidar la seriedad que merece una investigación,
Óscar Alarcón Núñez hace en este libro un trabajo
histórico en el que se refiere a las relaciones de Panamá con la Gran
Colombia, primero, y luego con la Nueva Granada, la
Confederación Granadina, los Estados Unidos de Colombia y finalmente
con Colombia, para
demostrar cómo desde 1821, cuando se
anexó voluntariamente a este territorio, lo
hizo buscando el apoyo y la tutela de la gran república, pero sin
que jamás las gentes del istmo se sintieran parte integrante de ella.
En un recuento histórico del siglo XIX, registra la coincidencia de que
las cuatro separaciones que antecedieron a la definitiva de 1903
se produjeron cuando hubo guerras en
nuestro territorio, al tiempo que muestra un espíritu
pacifista de los panameños o un propósito de no
inmiscuirse en las confrontaciones nacionales. En las únicas
guerras en las que
tomaron parte fue en la de los Mil Días, porque Benjamín Herrera la
trasladó para allá, y en la de
1885, que llevó a la caída de la Constitución de 1863 y a su separación
de Colombia.
El autor recuerda los años que antecedieron a 1810
para demostrar como Panamá tenía más
relaciones con el Perú o con países centroamericanos que con
Colombia, hasta el punto de que cuando se independizó de España, en
1821, sus dirigentes optaron por anexarse
a la Gran Colombia, desistiendo de unirse
a México o al mismo Perú,
como algunos lo pretendían. Lo hicieron por la vecindad, por lo
que entonces significaba nuestra gran nación ?con los
territorios de Venezuela y Quito? y por la admiración tan especial que
sus dirigentes profesaban a Bolívar.
El autor: Óscar Alarcón Núñez: Este es el
segundo libro histórico de Alarcón Núñez (Santa Marta, 1948). El
primero fue Los segundos de a bordo, un trabajo
histórico, constitucional y anecdótico
sobre los vicepresidentes y los designados. Es abogado de la
Universidad Externado de Colombia, especializado en
derecho público en Italia. Ejerció el
periodismo por más de 30 años en El Espectador, donde fue desde
reportero hasta editorialista, y corresponsal en Europa. Allí,
además de escribir la columna «En serio y en broma» ?cuya selección
apareció en un libro con ese título?, se hizo
famoso por los «Microlingotes», una sección de frases
breves humorísticas que hoy se publica en la revista Semana. Ha sido
profesor universitario superintendente de Notariado y Registro, y
presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá y del Colegio de
Notarios de Colombia. En el gobierno de
Belisario Betancur formó parte de las comisiones de paz
y de diálogo con la subversión.
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7
de noviembre de 2003
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