Latinoamerica-online

 

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Arti visive e plastiche

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fabelo, la pintura como un ejercicio provocador    (10 giugno 2003)

Lleva Orozco nueva energía a Venecia   (10 giugno 2003)

 

Fabelo, la pintura como un ejercicio provocador



PL - Boletin Cubarte

 

El pintor cubano Roberto Fabelo se reveló como un provocador absoluto en su muestra más reciente, Un poco de mi, abierta al público en el edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes y en la que, a manera de antesala, irrumpe una mesa tendida para un ilusorio banquete.

Apenas el espectador da los primeros pasos, se siente sumergido de lleno en ese convite fabuloso, seductor: la mesa está servida y los platos,enormes, trabajados en un aluminio envejecido, esperan pacientes, con su escolta de cucharas y tenedores, a veces torcidos, y cuchillos de tosca textura sobre cuyo filo serpentea de pronto una figura humana en precario equilibrio.

Otra cuchara está repleta de residuos óseos de animales, y en la de más allá burbujea un apretado haz de cubiertos diminutos. Hay cacerolas vueltas al revés, jarros, cafeteras -uno de los objetos recurrentes en el discurso expresivo del artista-, un tenedor anudado con pequeños lazos rojos y negros, emblemas de la vida y la muerte.

Y un plato hondo remedo de un Mar interior -así se titula-, un muro circular como ese que rodea las aguas habaneras, muro infinito, resguardador. El mar lo deslumbró desde que llegó por primera vez a la capital. Venía de tierra adentro.

Fabelo parece estar invitándonos a comer algo satánico, a penetrar en su mundo poblado a partes iguales por ángeles y demonios fundidos, aquellos que lo han acompañado siempre, dijo el Ministro de Cultura cubano, Abel Prieto, al inaugurar la exposición que calificó como un acontecimiento trascendente en el universo artístico de la Isla. Está en un momento de plena madurez -agregó-, en una fase renovadora, compleja, diversa pero siempre coherente.

La instalación refulge a contramarcha del aire gastado, envejecido a voluntad, que el creador confirió -con la sabiduría que le es propia-, al aluminio, el plástico, la tela, a los materiales con los que trabajó y en los que brillan ráfagas de ese humor con el cual mira en derredor y se mira a sí mismo.

Después se entra a la Sala del tercer piso del Museo para asomarnos a esa suerte de repaso de su obra que hace al mezclar piezas de 1999 a la fecha, desde aquellos Nuevos fragmentos vitales, elaborados cuando sucumbió a la fascinación del papel kraft, -con su crudeza, con sus rasgaduras, sus desgarramientos-.

Están también los retablos de aquella serie llamada Pequeño teatro del absurdo, reveladora de monstruosidades morales, lo grotesco y lo dramático, lo irónico y lo reflexivo. Los retratos multiplicados, la serie Naturaleza casi viva, casi muerta. El plato con la taza rematada por un espejo como un pozo para asomarnos a nuestro propio destino.

El hilo conductor de la exposición, en la que vibra la maestría de la línea que lo define, es el drama del consumismo y la supervivencia a partir de presupuestos téoricos en los que se evidencian preocupaciones ecológicas
y un llamado a la subsistencia de la sociedad.

Fabelo desdoblándose, regalando un poco de sí mismo, iluminándonos con su talento, haciéndonos partícipes de un juego de aportaciones mutuas, enriquecedoras.Un artista que convierte la técnica en una sirvienta dócil, presta a los más disímiles desafíos, renovándose sin traicionar las indagaciones que lo han incitado durante todos estos años.

 

La Habana, 31 de mayo de 2003

Lleva Orozco nueva energía a Venecia

 


El creador veracruzano asegura que el corazón del arte contemporáneo en México gira en torno suyo y el grupo de artistas con los que trabaja en la Galería Kurimanzutto 


Por EDGAR HERNÁNDEZ / Grupo Reforma



Ciudad de México .- Al asumir su papel como curador oficial de la 50 Bienal de 
Venecia, el artista contemporáneo Gabriel Orozco es claro en su idea de no hacer una exposición 
"made in México que tenga un carácter exótico-político", sino generar un "proyecto de ideas más universales" con cuatro artistas mexicanos y dos extranjeros, a quienes conoce desde hace años, son sus amigos y pueden desarrollar su concepto de "cotidiano alterado".

Orozco (Jalapa, 1962) asegura que el corazón del arte contemporáneo en México gira en torno suyo y el grupo de artistas con los que trabaja en la Galería Kurimanzutto. Por ello, afirma, no es fortuito que el director de la Bienal, Francesco Bonami, haya decidido invitarlo como curador del 
encuentro de arte más importante a nivel mundial, que se realizará en Italia del 15 de junio al 2 de noviembre.

"Bonami vino al País a ver la escena mexicana y creo que se dio cuenta de que gran parte de la energía nueva que ha salido en el país tiene que ver conmigo y con varios artistas que desde hace tres años trabajamos en la galería Kurimanzutto", indica.
Orozco invitó a los mexicanos Abraham Cruzvillegas, Daniel Guzmán, Damián Ortega y Fernando Ortega a participar en el proyecto Cotidiano alterado, al lado del estadounidense Jimmie 
Durham y el francés Jean Luc Moulene.

"No me interesa hacer una exposición que represente a México en un sentido de propaganda político-exótica. Seleccioné a un grupo de artistas cuya obra tuviera cierta coherencia entre sí 
y tuve que dejar fuera a otros creadores buenos; para hacer la exposición más específica y sintética tomé a los seis que consideré que estaban en su mejor momento y que podían amarrar 
las ideas que manejamos", explica.

La nueva energía creativa en México, explica Orozco, sale de los artistas y no de las instituciones. "Afortunadamente, tanto la academia como las instituciones del Gobierno han entendido este fenómeno y lo han apoyado. Y esto es lo mejor, porque no creo que una institución (llámese país, academia o instituto) deba ser tan protagonista en el desarrollo artístico de una nación".

Cuando la institución es más famosa que el artista, aclara, el arte no es tan bueno. "Las dependencias deben apoyar la creación de manera discreta, modesta y con dedicación. Sin 
tratar de controlarla, moralizarla o nacionalizarla. México tiene una nueva generación de artistas que viene del arte mismo y no de la figura institucional.

Como curador, Orozco planteó una breve lista de prohibiciones que los artistas convocados deben cumplir: "No paredes, no pedestales, no ventanas, no videos y no fotografías".

"Mucha gente encuentra libertad en el video o la fotografía, pero estos medios se han convertido en una salida fácil para el arte, además de que han tenido una gran proliferación y esto los vuelve hasta cierto punto predecibles, porque la relación con el espectador es siempre la misma", detalla.

Para Orozco, es importante explorar el hecho físico de ver la obra de arte. "Ese fue también un criterio para escoger a los artistas, porque son creadores que trabajan con la tridimensionalidad, con objetos cotidianos; y las reglas que impuse a todos les encantaron. Esas limitantes imponen un reto y generan ideas.

"Por eso se llama el cotidiano alterado, porque se trata de reconstruir parte de su vida diaria. Antes era más fácil pensar en la cotidianidad de un pintor dentro de su estudio. Pero la vida diaria del artista contemporáneo es muy diversa e innovadora, ya que no hay reglas precisas.

"En mi caso, no tengo una técnica establecida, puedo estar encerrado semanas en un taller cerámica y al mes trabajar en un garage de mecánicos, o pasármela viajando meses y luego 
encerrarme a escribir frente a una computadora. Esto nos habla de que la artesanía del artista ha cambiado mucho y eso se ve en la obra".

Orozco concibe su participación dentro del pabellón internacional de la Bienal como una exposición en la que conviven las piezas de los artistas sin estorbarse entre sí. 
"Esa es la razón por la que elegí sólo a seis artistas; pero es curioso, porque al lado está la curaduría de Molly Nesbit, Hans-Ulrich Obrist y Rirkrit Tiravanija, que invitaron a 160 creadores. Yo prefiero darles a cada uno su lugar, que tengan mucho espacio y que cada uno tenga atención. Las muestras masivas diluyen y no se alcanza a apreciar el trabajo".

Ser el primer mexicano que participa como curador en la Bienal de Venecia es para Orozco el resultado de un largo trabajo que comenzó en 1989, cuando curó con Guillermo Santamarina la 
primera muestra de instalación en México, en el Convento del Desierto de los Leones. Luego hizo la selección de la muestra de nuevos artistas mexicanos en la Artists Space de Nueva York, que, de alguna forma, indica, es el antecedente más cercano de lo que habrá en Venecia.

"Son cosas que tienen cierta modestia, pero con el tiempo generan grandes repercusiones y es importante no olvidarlas. 
Venecia no es gratuito, es consecuencia de una manera de trabajar, porque en este caso el artista tiene que provocar los proyectos".

 

www.reforma.com      25 de mayo de 2003

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