Llamado de Elisa
Vargaslugo a la
sociedad para preservar el arte colonial
Insta a los especialistas a crear conciencia sobre el valor de esa riqueza
nacional
Mi vida en las humanidades y las ciencias sociales, ciclo en la UNAM
Angel Vargas
La sociedad mexicana
no puede permanecer indiferente ante el grave riesgo de desaparición que
enfrenta el arte colonial, no sólo porque éste representa ''el mayor acervo
artístico" del país, sino porque sin él no podría continuarse
profundizando en el conocimiento del desarrollo como nación.
Tal es la postura de
la historiadora Elisa Vargaslugo Rangel, una de las más reconocidas
especialistas de México en la materia, quien subrayó la urgencia de que los
estudiosos divulguen y hagan conciencia sobre la importancia de ese
patrimonio ''en todo el país, porque se está descuidando y acabando, no se
mantiene, se lo roban".
La investigadora y
catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) agregó
que, como nación, ''debemos ser más cuidadosos de los valores del país,
porque es lo propio, lo que tenemos de mayor identificación y de mayor
riqueza. No podríamos ser México sin esa parte de nuestro patrimonio.
''Los colonialistas
tenemos que hacer un gran esfuerzo para que el arte de esa época siga estudiándose,
pues tiene una valiosa condición que, me parece, es muy vigente. La razón
de ser de la materia se explica, se justifica plenamente, porque tenemos que
salvar esa parte de la cultura mexicana, como sea, no sólo porque son obras
de invaluable riqueza material, sino por lo que hemos visto: en ellas están
los procesos históricos de muchos fenómenos sociales que son mexicanos, y
eso es lo que hay que ir descubriendo", indicó.
De la Colonia tenemos
''el acervo mayor con el que cuenta el país en cuanto arte. México,
entonces, no puede conocerse a sí mismo si ignora esa parte del acervo que
lo formó, porque allí se hace evidente todo el problema ontológico de los
criollos, el anhelo de independencia, la mexicanidad, todo aquello de lo que
se puede hablar ahora".
Por ello, es
imperativo, en primera instancia, realizar un programa nacional de catalogación
de ese tipo de patrimonio, con fichas únicas y válidas para todas las
instituciones y dependencias dedicadas o relacionadas con el tema para
unificar información y ''conocer realmente lo que existe".
También destacó la
importancia de que gobierno y sociedad no sólo se interesen por el arte
colonial, sino que contribuyan con su rescate, cuidado y preservación
aportando recursos.
''Entiendo que es un
dineral el que se necesita para cuidar este patrimonio, que no somos un país
rico y que hay muchas obras por conservar, pero también creo que la sociedad
sí debería ayudar en esta tarea. Debemos entonces interesar y animar al
mayor número de personas para hacerlas entender que esto es una labor de
todos."
Poca o nula
colaboración del clero
Elisa Vargaslugo fue
la primera participante del ciclo de charlas Mi vida en las humanidades y
las ciencias sociales, inaugurado anteayer, y mediante el cual la
Coordinación de Humanidades de la UNAM rinde homenaje a destacados maestros
e investigadores con más de 45 años de trayectoria, las sesiones se
efectuarán todos los martes hasta el 24 de febrero de 2004, en la sede de
esa instancia universitaria.
La especialista, quien
desde 1953 se encuentra adscrita al Instituto de Investigaciones Estéticas y
cuenta con varias e importantes obras e investigaciones sobre arte colonial
mexicano, habló acerca de sus experiencias en la materia.
Fuera de toda
solemnidad y rigor academicista, en las dos horas de duración de la charla
comentó que la poca o nula colaboración del clero es uno de los principales
obstáculos al que se enfrentan los estudiosos del arte colonial en México.
''Hay ocasiones que
algunos (religiosos) son cultos y sensibles y nos permiten el acceso a los
archivos o las obras, pero en otras de plano resulta casi imposible o nos
niegan el permiso'', dijo.
También se refirió a
sus trabajos en la iglesia de Santa Prisca, ubicada en Taxco, Guerrero,
inmueble del cual resaltó la inhabitual unidad que presenta como conjunto
desde su fachada, hasta sus interiores y retablos. Comentó que ésa fue una
acción deliberada del patrocinador de la construcción, José de la Borda,
para pagar así a Dios un crimen que cometió su hermano.
"En esa iglesia
están todos sus dudas ontológicas, su vida de burgués, su moral. El pago
un pecado de su hermano. Metió a su hija a un convento y convirtió a su
hijo en sacerdote. Toda esa es información que salió de observar los temas
que están en la iglesia", concluyó la investigadora.
La Jornada,
25 de septiembre de 2003
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