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di Mariella Moresco Fornasier
La scomparsa di Roberto Matta - Nosotros, Matta Y otro Matta (26 novembre 2002) Muore lo scultore "mineiro" Amílcar de Castro (26 novembre 2002)
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La scomparsa di Roberto MattaPoco dopo avere inaugurato una mostra a Roma, è scomparso a 91 anni il pittore cileno Roberto Matta, che da moltissimi anni viveva in Italia.Riportiamo una presentazione della sua arte di Benjamín Prado, comparsa sul sito della galleria Almirante http://www.afinsa.com/almirant99/matta.r/abril02/exposic.htm (su Roberto Matta v. Roberto Matta espone a Roma e Retrospective of Roberto Matta )
Quien mira un cuadro de Roberto Matta no sabe nada de Matta, pero lo sabe todo acerca de sí mismo. Porque eso es lo que pinta, una y otra vez, ese ser abismal que es Matta, el hombre cuyos ojos se abren bajo la piel, bajo el agua, bajo la arena: el pintor que pinta lo que ocurre dentro de quien observa sus cuadros. Ver un cuadro de Matta es como recordar, de repente, un sueño, uno de esos sueños inexplicables que lo explican todo, que no cuentan cosas, sino que significan cosas. El trabajo de Matta es pintar los sueños de los otros, meter la mno en los otros como quien la mete en un agua oscura para coger un pez rojo o amarillo; su trabajo es pintar las cosas que dan vueltas dentro de los otros como mariposas atrapadas en una lámpara y por eso jamás pinta otra cosa que símbolos, anagramas; nunca pinta unos enamorados, sino el amor; nunca pinta un muerto, sino la muerte. Matta es un hombre incontable, no se puede decir un Matta, dos Matta, tres Matta por la misma razón que no se puede decir una libertad, dos libertades o un miedo, dos justicias, tres esperanzas. Roberto Matta es el principio y el final de muchas cosas. Viendo los animales y los futbolistas de esta exposición, tan nuevos y tan suyos, uno no sabe si está saltando hacia el futuro o hacia el pasado, si lo que nos deja ver a través de su hendidura en nosotros es lo que ha pasado o lo que nos espera, un mundo primitivo o el mundo del porvenir. No es raro que dos de las esculturas de esta exposición se llamen "Antes de la memoria" y "Di ojos". ¿De quién habla el pintor en ese segundo título, de nosotros o de él? ¿A qué verbo pertenece ese di, a decir o a dar? Y, en cualquier caso, ¿qué son todas esas figuras que parecen bailar, arder, morir, aparearse, jugar, que simbolizan el deseo, la confusión, la ira, el erotismo físico y mental; que no se muestran como algo acabado y concreto, sino como una idea o una visión que se empieza a formar ante quienes la miran y de algún modo les exige acabarla, darle un sentido? La respuesta es fácil: todas esas figuras somos nosotros o, más concretamente, son nuestro interior. Los cuadros de Matta nos intrigan porque nos conciernen. A veces, Matta echa uno de sus cuadros al suelo y le pide a alguien que camine sobre él: sus obras están llenas de huellas de diferentes personas, mujeres y hombres que se someten a esa especie de transfusión de sangre al poner su pie sobre una tela con la pintura aún húmeda del artista, gente que forma parte de un cuadro que a su vez forma parte de ellos. Es, una vez más, exactamente igual a lo que ocurre en los sueños, cuando alguien se pregunta: -Cuando sueño contigo, ¿quién está dentro del quién? Yo he andado por un cuadro de Matta y después, al verlo colgado, he tenido justo esa impresión. En cuanto al
propio Matta, el artista capaz de conducir a su público adentro de sí
mismo, de hacerlo bajar de la mina de sí mismo, a sus noventa años
sigue siendo el chico genial y disparatado, siempre invisible, que
conquistó a Federico García Lorca en tres segundos, cuando lo vio por
primera vez, en el año 1935; los mismos tres segundos que tardó el
pintor chileno en definir al poeta: En la exposición internacional de París, Matta trabajaba en el pabellón de la República Española y veía a Picasso pintar día a día en el Guernica. Luego se presentó a Dalí llevando un mensaje que Lorca le había escrito en la contraportada de su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, y Dalí le recomendó a Andre Breton: nada más conocerlo, el jefe de los surrealistas le compró dos dibujos y lo declaró miembro del movimiento. De manera que allí estaba Matta, clavándose a sí mismo hasta la empuñadura en Alberti, Neruda, Picasso, Miró, Dalí, Alberto Sánchez, Lorca, Maruja Mallo, Breton, más tarde en Magritte, en Penrose. Allí estaba en ellos como un clavo en la madera, reconocido por todos, grande entre los grandes, convertido en otro brazo de la interminable diosa Shiva que es el arte del siglo XX.
Desde París, Matta viajó a Nueva York, donde colgó una exposición
que se titulaba, reveladoramente, La Tierra es un hombre, y allí fue
parte ujna especie de Olimpo pictórico formado por Max Ernst, Tanguy,
Marcel Duchamp, Ferdinand Léger, Mondrian o Marc Chagall, e influyó
decisivamente en la creación del expresionismo abstracto, en la obra de
clásicos como Pollock o Arshille Gorki, también de Robert Motherwell o
Rothko. Por todo eso, alguien tan exigente como Duchamp lo iba a nombrar
"descubridor de las regiones del espacio desconocidas hasta
entonces en el campo del arte". Juntemos las palabras de Duchamp
con aquella primera exposición neoyorquina: revelación y misterio, el
hombre y lo desconocido. Como se ve, las manos de Matta lo abarcan todo
porque nunca estuvieron cerradas a nada. Pero Matta es mucho más que todo eso, es alguien que debe llevar toda la vida diciéndose algo muy parecido a un verso que yo escribí hace mil años: cuando llegues a la cima de la montaña, sigue subiendo. Se trata, en primer lugar, de uno de los últimos creadores totales, de alguien para quien la pintura no es un fenómeno aislado, sino una enorme región del gran mapa de la poesía, si entendemos la poesía como el arte que puede captar y resumir la esencia de todas las cosas. No es casual que Matta fuese amigo amigo de Neruda, Breton, Alberti, Octavio Paz o Lorca, ni que muchos de esos poetas escribiesen poemas sobre él, ni que el novelista Gabriel García escribiera los únicos poemas que ha escrito en su vida para ilustrar unos cuadros de Matta, hechos a beneficio de los escolares cubanos, en los que pintó una serie de frutas tropicales; ni que el contenido de la biblioteca de su casa italiana en Tarquinia, reflejado por Juan Manuel Bonet en un texto sobre el pintor chileno, sea éste: Breton, Paul Eluard, André Coyné. César Moro, Henry Michaux, Julien Gracq, Vicente Huidobro, Edward Lear...
En segundo lugar, Matta es un anagrama del artista fiel a sus principios
y sus obras han cambiado a lo largo de los años, pero siempre han sido
elaboradas con el mismo espíritu: el de quien siempre quiere ir al
hueso de las cosas, buscarles en su ecuador, su núcleo y despreciar su
superficie para centrarse en su fondo, en su esencia. Matta es el pintor
de las profundidades, de los abismos, pero cuando desciende a alguien o
a algo lo que busca no es el misterio, sino la verdad. ¿Qué son los
cuadros de Matta? Son sus preguntas y nuestras respuestas. Ése es Matta, el otro, los demás: todos nosotros. Pasen y véanse. abril 2002 |
Muore
lo scultore "mineiro" Amílcar de Castro
All'età di 82 anni è mancato Amílcar de Castro, considerato il più grande scultore brasiliano contemporaneo. La sua opera è conosciuta ed apprezzata a livello internazionale. Il governatore dello Starto di Minas Gerais, Itamar Franco ha espresso il rammarico per la grave perdita del mondo culturale ed artistico brasiliano "Sua morte priva o país de um dos mais importantes escultores brasileiros, cuja trajetória sedimentou, a cada obra, novos fundamentos da nossa arte contemporânea".
Nato a Paraisópolis l'8 giugno
del 1920, studiò scultura alla Escola de Arquitetura e Belas
A partire dagli anni '70 si
affermò con il nome più prestigioso dell'arte "neoconcreta"
brasiliana. [S.d.F] 26 novembre 2002 |
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