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Cinema

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apuntes sobre el cine boliviano   (23 settembre 2003)

Cineasta repasa la historia afrocubana    (23 settembre 2003)

Apuntes sobre el cine boliviano

 

Pedro Susz K.

 

Artículo aparecido en "Made in Spanish 98", libro publicado por los organizadores del Festival de San Sebastián, España,  integrado por una serie de ensayos sobre el cine Iberoamericano.

 

La actualidad del cine boliviano debe situarse necesariamente con relación a una fecha y a un evento, más o menos recientes: la aprobación de la Ley General del Cine, el 21 de diciembre de 1991. Ello desembocó de inmediato en la puesta en funciones del Consejo Nacional del Cine (CONACINE), entidad creada por el mismo instrumento legal para la implementación de sus disposiciones, entre ellas el arranque del Fondo de Fomento Cinematográfico, fondo rotativo de préstamos a bajas tasas de interés y largos plazos de pago. Los primeros efectos visibles, en más de un sentido, se advirtieron en 1995 con el estreno sucesivo de cinco largometrajes bolivianos en una sola gestión, cuando el promedio histórico, en las mejores épocas, era de un largo por año.

En realidad se trataba de un número excesivo de producciones para un mercado exiguo. Un mercado que no ha dejado de disminuir, al punto que, en los umbrales del siglo XXI, estamos nuevamente cara a cara con la posibilidad de un atasco insalvable para el porvenir del audiovisual boliviano.

Completan la nómina de producciones recientes un largo y dos cortos estrenados en 1996. No se produjo ningún estreno en 1997, pero a lo largo del año se realizaron varios rodajes cuyos resultados se verán en las pantallas durante 1998, como es el caso de El día que murió el silencio (Paolo Agazzi), estrenada recientemente.

Estas cifras testimonian una realidad que no dudo en tildar de esquizofrénica o de paradójica por contradictoria en sí. Durante décadas se creyó que el mal del cine boliviano, ergo las intermitencias de la producción, se resolvían con dinero disponible para poder producir. De tal suerte que las numerosas ideas y los incontables proyectos aplazados tendrían la oportunidad de plasmarse en celuloide para satisfacer la avidez de un público ansioso de encontrar su propia imagen en las pantallas. Hoy los recursos existen, pero al mismo tiempo se manifiestan severas dificultades de formación para traducir esas valiosas ideas en guiones sólidos y en proyectos vendibles. La ansiedad de los espectadores por el cine nacional reflejaba su curiosidad frente a un hecho infrecuente, pero por naturaleza se tenderá a la saturación en la medida que ese hecho se haga normal. Entonces, la expectativa (ya se advirtió en 1995) lógicamente se inclinará por decantar el interés en función de la calidad de los filmes o de su gancho comercial.

El gran lío de base, empero al grado de haber trastocado de modo radical las coordenadas del escenario audiovisual, estriba en los cambios cataclísmicos del mercado. Para decirlo sin circunloquios: el dinero para producir está disponible (en parte al menos) y suponiendo que todas las otras condiciones enumeradas arriba se diesen también, podría perfectamente suceder que las películas que se rueden no encuentren espacio para exhibirse. De facto no encontrarán espacio suficiente para recuperar los costos. Tan sencillo y tan grave como eso. La percepción de este cambio llevó al CONACINE a trabajar durante 1997 en el diseño de un plan estratégico, adecuado a los nuevos retos, a corto, mediano y largo plazo, para el desarrollo de las políticas y acciones destinadas a garantizar en la medida de lo posible el porvenir de la producción audiovisual boliviana. Dicho plan se encuentra a consideración de las instancias pertinentes.

 

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Cineasta repasa la historia afrocubana



En uno de los más recientes filmes de la cineasta Gloria Rolando, la protagonista no logra convencer a otros de que vale la pena escuchar su historia. Llena de nostalgia y de la necesidad de conocer el pasado de su familia, el personaje se enfrenta a malentendidos y a la ignorancia de muchos al tratar de sacar a relucir uno de los pasajes más olvidados de la historia cubana.

Rolando admite que la trama de su película bien podría ser la historia de su propia vida. Con un presupuesto ínfimo, la cineasta y guionista independiente ha pasado 10 años filmando las tradiciones y la identidad cultural de los barrios predominantemente negros que, según dice, han sido muchas veces ignorados o estereotipados en la televisión y cine cubanos.

Rolando acude a los recuerdos de aquellos cuyas historias fueron hasta ahora ignoradas: como el viejo conguero a cargo de un carnaval de barrio en los años 30; o la inmigrante jamaicana que todavía canta viejas canciones de su tierra con un acento distintivo, medio siglo después de que sus padres llegaran a Cuba para trabajar en las plantaciones de caña. 

"Me interesan los personajes anónimos, aquellos que hacen la historia sin saberlo", dice Rolando, sentada en su pequeño apartamento en el corazón de la Habana Central. "Siento que mi madre no estuvo representada en el cine, al igual que los residentes de los solares (urbanos). Hay demasiada caricatura, tanto de esclavos como de criadas domésticas".

El Instituto del Arte y Cine Cubano rechazó al principio varios de los proyectos de Rolando, lo que la empujó a formar su propio grupo de filmación independiente, Imágenes del Caribe. 

"No estaban interesados en mis temas pero yo sí lo estaba", indicó Rolando. "No he sentido censura, sino poca comprensión hacia mi trabajo".

El primer cortometraje de Rolando, Oggun, fue terminado en 1991. Se trata de una oda de ensueño a la deidad afrocubana de la guerra y quien simboliza el fuego, los minerales y el trabajo en hierro.

En 1997, firmó Ojos del arcoiris, un elogio a la fugitiva norteamericana Assata Shakur, también conocida como Joanne Chesimard, ex integrante de la organización Panteras Negras y quien 
se fugó de una cárcel estadounidense en 1979. Había sido convicta por el asesinato de un policía estatal en Nueva Jersey. Ella vive hace años en La Habana.

Raíces de mi corazón es el más ambicioso proyecto de Rolando. 
Terminada en el 2001, se trata de una la película sobre la masacre de 1912 en la que murieron miles de activistas del primer partido político de personas de la raza negra en Cuba, el Partido 
Independiente de Color. Rolando de nuevo combina drama ficticio con historia verídica al narrar la trayectoria de una mujer negra que trata de averiguar sobre los secretos que rodearon la muerte de su abuelo. 

En otras de sus más recientes filmaciones, El Marqués de Atarés, terminada apenas hace un año, da una mirada a fondo a una de las más conocidas escuelas de carnaval en La Habana, creada en los años 30. 

Al igual que otras bandas tradicionales de carnaval, ayudó a darle una identidad al barrio.

Rolando financia sus películas con donativos y el dinero que devenga cuando ofrece conferencias internacionales. Cada película cuesta menos de $7,000 y la realiza mediante un itinerario intenso de filmación que dura sólo dos semanas.

"Ni yo misma sé como financio mis películas. ¿Por qué crees que no hay muebles en mi casa?", pregunta Rolando con cierta ironía. 

En la sala del apartamento sólo hay una mecedora. "Si consigo $20 y varios cassettes, alquilo un auto y me voy a filmar. Cuando se acaban, buscamos otros $20".

 

Sun-Sentinel | El Sentinel  9/13/2003 

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