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Feste e tradizioni

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

Declaran Día de Muertos patrimonio de la humanidad     (18 novembre 2003)

2 de noviembre en México: ¡Vivan los muertos!     (18 novembre 2003)

 

 

Declaran Día de Muertos patrimonio de la humanidad


 

Destaca UNESCO la celebración mexicana por su valor en la vida cotidiana de las comunidades indígenas y porque considera que el festejo no está formalmente amenazado.


La celebración del Día de los Muertos en las comunidades indígenas mexicanas entró a formar parte hoy de la lista del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, que quiere así que "sus actores tengan clara conciencia de su valor".

 

Esta fiesta, que se celebra a finales de octubre y comienzos de noviembre, "reviste una importancia considerable en la vida cotidiana de las comunidades indígenas por la dimensión de la muerte que propone", subrayó la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en un comunicado.

"La institución de la fiesta de los muertos, que es una emanación de la religión popular y de las fiestas católicas, revela una energía cultural entre el pensamiento indígena y el sistema ideológico importado en el siglo XVI por los europeos", explicó la organización.

 

Ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, indicó, desempeña también "una función social" ya que "recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad y al posicionamiento político y social de comunidades muy preocupadas por la preservación de su tradición".

 

La UNESCO justificó la incorporación de las celebraciones indígenas del Día de los Muertos en su Patrimonio Oral e Inmaterial porque aunque no están formalmente amenazadas, su "dimensión estética y metafísica (...) debe preservarse del creciente número de diversiones no indígenas y de carácter comercial que tienden a vaciar las de su contenido espiritual".

 

La celebración del Día de los Muertos, que coincide con el final del ciclo anual del maíz, alimento básico de los indígenas mexicanos, busca facilitar el retorno de las almas a la Tierra, y para ello las familias decoran el camino desde los cementerios a las casas con pétalos de flor, velas y ofrendas.

 

Se pretende así que el difunto sienta agradecimiento a su familia, que adorna el altar en la casa y la tumba en el cementerio con composiciones florales, artesanías y la comida preferida del muerto.

 

Cada difunto tiene un día determinado de culto durante estas ceremonias en función de su clasificación en diversas categorías como el motivo del deceso (accidente o asesinato), la edad, el sexo o las profesiones.

 

La celebración del Día de los Muertos fue una de las cinco obras maestras latinoamericanas de las 28 distinguidas por la UNESCO como Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

 

Las otras cuatro son la cosmovisión andina de los kallawaya de Bolivia, las expresiones orales y gráficas de los wajapi de Brasil,el Carnaval de Barranquilla de Colombia y la Tumba Francesa de la Caridad de Oriente.

 

 

www.eluniversal.com.mx   07 de noviembre de 2003

2 de noviembre en México: ¡Vivan los muertos!

Cecilia Durán


En México, el misticismo, la fiesta y las costumbres con respecto al Día de los Muertos son una actividad muy atípica. El 2 de noviembre se convirtió hace muchos años en una verdadera festividad nacional, como puede ser el 16 de septiembre, día de la Independencia.

En todos los estados del país se vive un clima de fiesta. Las tiendas y comercios venden todos los productos necesarios para construir el preciado "altar de muertos", las originales calaveras de azúcar, cadenas de flores, cirios, semillas, frutas, dulces, incienso, cacao, etc. Lo que no puede faltar en ninguna panadería es el delicioso "pan de muerto".

Para el mexicano el dolor por la pérdida del ser querido se mezcla con la alegría, el colorido y la diversión. En cada casa, con varios días de anticipación, las familias mexicanas hacen altares –que constituye todo un ritual- dedicados a los fallecidos. El Día de Muertos se hacen ofrendas, como cocinarle la comida que más le gustaba. Ese día las almas de los muertos visitan los hogares y son recibidos en los altares con entusiasmo.

Pero ¿de dónde surge esta tradición 100 % mexicana de festejar el Día de Muertos?.

La costumbre de rendir culto a los muertos se practica desde la época prehispánica. Es una tradición que proviene del pueblo azteca. Con el propósito de solicitar a los dioses su protección, la ofrenda era un homenaje. El mexicano antiguo no veía en la muerte motivo de temor o tristeza, porque no concebía en la muerte el fin de su existencia. La muerte como tal, era un pasaje a otra vida. Constituía el pasaje a otros paraísos como Tlalocan, lugar de regocijo en donde había mucha vegetación y alimentos que solos crecían para los que allí moraban.

El prestigioso escritor mexicano Octavio Paz, ilustra claramente lo que era la muerte para los mexicanos de la época prehispánica en su libro "El Laberinto de la Soledad".

"Para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de la vida, sino la fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección eran estadios de un proceso cósmico, que se repetía insaciable. La vida no tenía función más alta que desembocar en la muerte, a su vez, no era un fin en sí; el hombre alimentaba con su muerte la voracidad de la vida, siempre insatisfecha. El sacrificio poseía un doble objeto: por una parte, el hombre accedía al proceso creador (pagado a los dioses, simultáneamente, la deuda contraída por la especie); por la otra, alimentaba la vida cósmica y la social, que se nutría de la primera".

Burla a la "pelona"

Para los mexicanos, el Día de Muertos es mucho más que la veneración a los difuntos. A diferencia de otros países latinoamericanos, este día en México es para celebrar, jugar y sobre todas las cosas burlarse de la muerte, también llamada "pelona". Otra afirmación con respecto a la muerte que hace Octavio Paz en el libro anteriormente mencionado es "el mexicano la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente".

Refranes, canciones, y rimas populares como: "Mala yerba nunca muere.... y si muere, ni hace falta" o "Al vivo todo le falta y al muerto todo le sobra", dan testimonio que el mexicano no le teme a la muerte, simplemente la enfrenta y no le asusta porque para ellos "Al fin que para morir nacimos".


http://alainet.org   3 de noviembre de 2003

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