Latinoamerica-online

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Letteratura e lingua

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

Palabras que no dan vida, matan  (Augusto Monterroso)  (4 marzo 2003)

La tradición oral en "Fugas y socavones "   (18 febbraio 2003)

L'ultimo saluto ad Augusto Monterroso    (11 febbraio 2003)

Las plagas secretas y otros cuentos de Juan Manuel Roca   (4 febbraio 2003)

Las obras completas del argentino Julio Cortázar se editan a partir de noviembre     (4 febbr. 2003)

 

 

 

Palabras que no dan vida, matan

Augusto Monterroso (1921-2003)

 

La muerte del pequeño gran oveja dinosaurio tomó a todos los Cronopios por sorpresa. Tanto, que bien sabemos que aún estará aquí. Por eso llegan textos reveladores y oportunos, como este del Cronopio editor del Dominical de El Universal de Cartagena. 

 Por David Lara Ramos

 

La frase del poeta Vicente Huidobro: “Adjetivo que no da vida, mata”, para referirse a su uso excesivo en algunos textos literarios, podría transformase, en el ideario de Augusto Monterroso en: “Palabras que no dan vida, matan”.

Si bien su legado, luego de su partida —7 de febrero de 2003— es su obra, las teorías y comentarios sobre la escritura breve quedarán como el ejemplo de un creador que removió cientos de palabras para resucitar un texto.

Supo que entre menos, mejor. Que el verdadero disfrute,  luego de escribir, estaba en prescindir de las palabras que sepultaban una historia.

Tenía vocación de podador, cirujano, peluquero, talador o reductor, y, a pesar de haber escrito ensayos extensos, reservó para sus relatos la brevedad.

Quería establecer una comunicación telepática con los lectores y lograr el efecto deseado: cautivar. Pero... ¿por qué lo hacía? ¿Por qué despreciar una argumentación más amplia? ¿Por qué no usar la retórica para convencer?

El periodista y escritor argentino, Mempo Giardinelli, le pregunta:

—¿Qué es lo que más valoras en la prosa? ¿Qué prefieres: concisión o precisión?

—De la claridad —contesta Monterroso—, la firmeza, la precisión (que viene a ser lo mismo que la concisión), no se desprende necesariamente la brevedad. Considero la brevedad no como un término de la retórica, sino de la buena educación. Uno no debe ocupar mucho la atención de la gente, ni recargar su memoria con detalles inútiles”.

Asumió su papel de escritor de relatos cortos por educado. Un hombre parco, silencioso. Despreciaba las entrevistas, las cámaras de televisión y las invitaciones sociales, prefería pasar desapercibido, incógnito y hacer lo que más le gustaba: observar la realidad y escudriñar en la naturaleza humana.

En el cuento El mono que quiso ser escritor satírico traza algunos de sus propios rasgos: “Estudió mucho, pero pronto se dio cuenta de que para ser escritor satírico le faltaba conocer a la gente y se aplicó a visitar a todos y a ir a los cocteles y a observarlos por el rabo del ojo mientras estaban distraídos con la copa en la mano. “Así llegó el momento en que entre los animales era el más experto conocedor de la naturaleza humana, sin que se le escapara nada...” Dejémoslo allí, para decir que su respeto hacia el oficio, provenía también del valor que daba a sus lectores: “Les tengo un gran amor, me conmueven, me hacen sentir solidarios con sus males y hasta con sus vicios”, explicó a la agencia Reuter, al cumplir sus 80 años.

Monterroso nació en Tegucigalpa, Honduras, el 21 de diciembre de 1921.

A la edad de cinco años, su familia se estableció en Guatemala. Un hecho curioso en su vida. En 1937, consigue trabajo en una carnicería y su jefe, de nombre Antonio  Sáenz, lo estimula a leer los clásicos, en especial los españoles. Lecturas que siempre agradeció: “Mi relación con España ha sido muy grande: espiritual y físicamente. Nací en el seno de una familia en la que todo lo español estaba muy vivo. En mi familia se recibían revistas españolas, se leía a autores españoles y se admiraba a cupletistas y toreros. Todo lo que venía de España repercutía en nuestra vida, y principalmente en la de mi padre, periodista, fundador de revistas culturales y sobre todo gran bohemio. Luego, mi formación como escritor comenzó cuando me di cuenta de que debía conocer el español, los antecedentes de la literatura en español. Entonces me dediqué durante varios años a la lectura de los clásicos del Siglo de Oro en la Biblioteca Nacional de Guatemala. Ahí leí mucho a Cervantes, Quevedo, y leía a Gracián en sus primeras ediciones. Era lo que tenía en ese momento, fue una relación literaria muy profunda con España e influyó en mi formación”. Vivió en Guatemala hasta 1944, año en que se fue al exilio, perseguido por la dictadura de Jorge Ubico. Fue uno de los firmantes del denominado Manifiesto de los 311, donde se pedía la renuncia del dictador.

México fue su siguiente destino. Allí conoció a uno de sus grandes amigos.  Con él compartió su pasión por la lectura y el oficio creativo: Juan Rulfo.

“Con Rulfo tuve una larga y fraternal amistad, desde mucho antes de que publicara sus libros, vale decir, desde cuando ambos éramos aprendices de escritores. No hablábamos mucho de literatura porque nuestros gustos y nuestras lecturas eran muy diferentes. Mientras yo leía a Plutarco o a Góngora él leía novelas de autores escandinavos que yo no podía seguir, ocupado como estaba con Cervantes, Flaubert, Gogol, Swift o Melville. Pero en cambio hablábamos de la materia prima de que están hechos los cuentos y las novelas: la gente, que le interesaba sobremanera, y hablaba siempre de ella, a veces con ternura, pero por lo general, con cierta acritud. Sí; hubo también bastante alcohol compartido, la verdad que no mucho más que con otros amigos; pero con él, no en forma de parranda bulliciosa y multitudinaria, sino más bien un tanto taciturna, en conversaciones personales que se prolongaban hasta altas horas de la noche”.

Juan y Augusto eran amigos en la obsesión por depurar un texto, pero en especial se caracterizaban por el  pudor que les producía sacar sus creaciones a luz.

“Juan era también un hombre que cuidaba enormemente sus textos. Fue sumamente sobrio para publicar, y yo lo quise imitar en eso, pero nunca pude conformarme, es decir llegar a esos extremos tan grandes de publicar dos libros centrales. Entiendo que eso puede ser, pero la calidad de Juan Rulfo es muy superior y en esa contención para publicar y en esa calidad me hubiera gustado poder imitarlo mucho más”.

Augusto Monterroso fue un escritor de experiencias. A pesar de no poseer título alguno, siempre afirmó que una mesera de café, una prostituta o un gobernante, podían enseñar más de la vida que lo que se estudia en el colegio.

Para escribir, le bastaba su Decálogo del escritor, que en realidad son doce. Al final, da la opción para borrar  dos.

Queremos resaltar el cuarto: “Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras”.  Y el noveno: “Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor”.

Los últimos años de su vida, Monterroso los dedicó a la enseñanza, pero también al dibujo, actividad que desarrollaba con la gracia de un niño.

La noche del 7 de febrero de 2003 su corazón se detuvo. El hombre del relato corto, de la palabra precisa y la mirada sarcástica había partido.

Siempre afirmó que al ser humano le gustaba dar consejos y recibirlos, pero lo que en realidad prefería era no hacerles caso. Ahí nos quedan los suyos.

 

Cronopios – Agencia de Prensa   cronopios@cable.net.co

La tradición oral en "Fugas y socavones "

Editorial mexicana publicó el más reciente libro de Víctor Montoya

 

María Luisa Moreno 

Escritora mexicana y miembro de la Asociación Nacional de Narradores Orales Escénicos. El texto fue leído en la presentación del libro, en San Miguel de Allende, México, 2002.

 

La tradición oral es un arte de composición que tiene la función primordial de conservar los conocimientos ancestrales a través de cantos, oraciones, conjuros, discursos y relatos. En este sentido, el libro “Fugas y socavones”, del escritor boliviano Víctor Montoya, es una recapitulación de relatos a los cuales ha dado forma literaria con una prosa que a veces es poética y siempre clara, vigorosa e interesante, como son la mayoría los cuentos populares.

Yo no pude soltar este texto por tres razones: primero porque tenía que presentarlo, segundo por los atributos que acabo de mencionar y tercero porque su tema está dentro de mi campo de trabajo, que es la narración oral escénica de cuentos y leyendas de la tradición oral indígena mexicana.

La importancia número uno de este libro es que contribuye a la conservación de la tradición oral, que junto con el lenguaje, los símbolos, la comida, la vestimenta, etc., conforman la identidad de un pueblo. Pero en estos casos, siempre me gusta hablar en plural por la hermandad que nos une, debido a que conforman la identidad de nuestros pueblos latinoamericanos.

Sin la memoria colectiva, nuestras raíces se debilitan, nuestra identidad no es consistente y puede aceptar influencias que nada tienen que ver con nosotros y que por lo general no nos benefician en nada. 

Todo este acervo cultural procede de dos fuentes: nuestra cultural prehispánicas y las que nos llegaron de Europa y África con la invasión española, y que vinieron a nosotros por la boca de nuestros cuenteros tradicionales o de nuestros abuelos. Víctor Montoya empieza diciendo: “Aún recuerdo el día en que mi abuelo me refirió por primera vez la leyenda del Tío: dicen que el diablo llegó a las minas una noche de tormenta...”.

¿En qué tradición oral de nuestros países no existe el demonio?, como le llamamos: el Tío, Diablo, Lucifer, Satanás, Belcebú, Maligno, patas de cabra, o el Chamuco, personaje burlón y picaresco de muchas de nuestras danzas folklóricas.

A las generaciones últimas, estas leyendas nos han llegado ya de una manera sincrética, es decir, con las aguas de esas fuentes que menciono arriba, mezcladas. Dice el Tío: “No soy un diablo traído en las carabelas de los conquistadores, sino la deidad sagrada y mitológica de los Urus, entre quienes cuidé de los animales silvestres desde los albores del mundo, hasta que cierto día, al enterarme que los hombres me dieron la espalda para adorar a otro dios más luminoso y poderoso, opté por vengarme”. Otro ejemplo: “Pero el dios Inti, que tenía más luminosidad que todos los fuegos juntos, resistió mi embestida, despejó los humos asfixiantes con su brillo y volvió a iluminar el cielo y la tierra de los Urus, devolviéndoles el amor y la calma”. Último: “Como ellos tenían miedo de la oscuridad y cargaban ya en su mente las imágenes demoníacas que les inculcaron los hombres blancos, reconstruyeron mi imagen dándome formas desproporcionadas y terroríficas”.

Es bueno recordar que por lo menos en la tradición oral indígena prehispánica que conozco, no existía el infierno ni mucho menos el diablo. Las montañas, los ríos y las cuevas, tenían dueños o guardianes que después de la evangelización se convirtieron en demonios. También es común la sustitución del héroe o dios nativo por el cristianismo.

Este platillo fuerte, que es “Fugas y socavones”, está sazonado con palabras de la jerga minera: galería, dinamita, barreno, vagones, filones, veta, etc., y con voces de la lengua ancestral que no anoté porque desconozco la pronunciación, pero que, gracias al cuidado de la edición, se pueden consultar en el glosario. 

En los relatos encontré varias semejanzas con nuestra tradición oral mexicana, por ejemplo, ese dragón de siete cabezas que nos recuerda a nuestra piñata estrellada de siete picos, que representan los pecados capitales. Asimismo, la K’achachola, bella y perversa, es como nuestra Xpaquinte de Chiapas, quien atrae a los hombres tomando la apariencia de su mujer amada, y cuando la abrazan se convierte en un madero podrido y lleno de gusanos. También se parece a la Xtabay de Yucatán y es hasta gritona como nuestra famosa “Llorona”, que se lamenta por sus hijos ahogados, y quien tiene lo suyo para atraer a los hombres que deambulan por las noches con una cuantas copas encima y que poco necesitan para alocarse.

La diablada, que es una danza y una fiesta, tiene una relación con nuestras pastorelas. Su clímax es la batalla del diablo, nada menos que con nuestro santo patrón: el príncipe de los ejércitos celestiales, San Miguel Arcángel. Los parlamentos, que dicen los dos personajes en los dos eventos, son casi idénticos. 

El personaje principal, en este libro de Víctor Montoya, es el diablo, como ya lo habrán notado. Furioso, porque le quemaron a su amante y al hijo que procrearon, castiga al pueblo y erige su reino en la más profunda y oscura galería de la mina. Si los mineros no le rinden pleitesía, se atienen a las consecuencias: pesadillas, accidentes, violaciones, la condenación eterna y hasta la muerte. Este diablo, este Tío, es mucho más drástico que los diablos de la tradición oral mexicana, víctimas por lo regular de las burlas y trampas que les tienden los humanos, hasta el punto de ridiculizarlos.

“Somos como el Tío, bondadosos y caritativos con quienes nos tratan bien y crueles y vengativos con quienes nos tratan mal”, al leer esta cita, vino a mi mente la idea del destacado escritor Ernesto Sábato, quien dice que el mayor poder en este mundo es el de la maldad, que el diablo nos sugiere, y no el de la bondad, que Dios nos inculca. Basta con ver los periódicos y los noticieros en los medios masivos.

El mensaje humanístico de esta obra literaria, como lo tiene en la gran mayoría de los casos la tradición oral, es hacer evidente las condiciones de sufrimiento en que trabajan los mineros del altiplano en Bolivia; su pobreza, su respeto por la Pachamama, por la valentía de sus compañeros y hasta por el Tío, a quien rinden culto propiciatorio en las profundidades que él gobierna, ofreciéndole tabaco, aguardiente y coca. Cito la voz de un minero, personaje del cuento: “No todos mis ruegos han sido escuchados ni todos mis deseos se han cumplido, mis sueños se han tornado en pesadillas y mi vida está condenada a terminar entre quienes dejaron sus pulmones en las entrañas de la tierra”.

Les recomiendo ampliamente este libro que moverá su corazón y tal vez su inteligencia y acción para poner un granito de arena e ir cambiando esa situación de injusticia en que se debaten nuestros países latinoamericanos. A mí me gustó mucho, me hizo reír, me impresionó y seguramente formará parte de mi repertorio de historias para narrar. 

 

Rodelu - enero 2003

L'ultimo saluto ad Augusto Monterroso

 

"Fue un gran hombre y un gran escritor. Todo lo que diga, está de más". Queste le brevi parole di commemorazione di Gabriel García Márquez, arrivato insieme a molti altri scrittori ed intellettuali latinoamericani a rendere l'ultimo omaggio a "Tito", l'ottantunenne scrittore guatemalteco scomparso giovedì  6 febbraio a Città del Messico.

La sua prosa fu caratterizzata da uno stile inconfondibilmente sintetico, pieno di humor e paradossi. "Tito fue un escritor muy particular, sobre todo por escribir por lo general cuentos breves, pero cargados de ironía" ha detto la sua vedova, la scrittrice messicana Bárbara Jacobs.

Al suo più celebre racconto, definito "il più corto della storia della letteratura", di sole sette parole,  "El Dinosaurio" (v.Augusto Monterroso . Pequeño gran dinosaurio), era ispirato un omaggio singolare posto sul suo feretro, un piccolo dinosauro di pezza.

Tra i suoi ironici paradossi può essere annoverata questa sua frase, detta nel corso di una intervista:"Yo, para descansar de la literatura, me meto en la literatura, no me queda otro remedio".

A partire dalla sua prima raccolta di racconti del 1959, Monterroso ha lasciato una produzione varia, terminata con  "Pájaros de Hispanoamérica", una raccolta di ricordi ed impressioni  su scrittori e letterati, cui ha voluto lasciare un ultimo saluto.
Durante la consegna del premio  Príncipe de Austrias de las Letras, la giuria lo ha definito 
"uno de los autores más singulares de  nuestra cultura", con la particolarità di un "cervantino y melancólico sentido del humor". 

 

(v. A. Monterroso: "No sé cómo se hace un cuento" -   El eclipse  -  

Homenaje al escritor: Y Monterroso aún estaba ahí )

 

 

[S.d.F.]

10 febbraio 2003

 


 

Escritor guatemalteco aunque nació en Tegucigalpa, capital de Honduras y desde 1944 fijó su residencia habitual en México, país al que se trasladó por motivos políticos.

Desde muy joven Augusto Monterroso se implicó en la actividad política de su país, que compaginó con la temprana actividad en el campo de la literatura. Ya había publicado algunos relatos cuando participó en la fundación de la revista Acento, que sería uno de los núcleos intelectuales más inquietos de Guatemala en una época de incesantes convulsiones sociales: la controvertida presidencia del liberal Jorge Ubico Castañeda, los alzamientos populares de 1944, sucesivos cuartelazos y la omnipresencia en todos los órdenes de la vida nacional de la compañía estadounidense United Fruit Company, son algunos de los episodios más representativos de este periodo.

En el exilio, Augusto Monterroso comienza a publicar sus textos a partir de 1959, cuando entregó a la imprenta Obras completas (y otros cuentos), colección de historias donde ya se prefiguran los rasgos fundamentales de lo que será su personalísima narrativa. Una prosa concisa, sencilla, accesible, donde siempre late la conciencia de los grandes hitos de la literatura y una abierta inclinación hacia la parodia, la fábula y el ensayo, sienta los cimientos de un universo inquietante, cuyo idioma oficial oscilaría entre el nonsense, el humor negro y la paradoja.

Otros títulos de su producción, signada siempre por la brevedad, son: La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972) o la novela Lo demás es silencio (1978), donde da vida al heterónimo Eduardo Torres. También inclasificables, aunque más próximos al área de la reflexión literaria, no exenta de creatividad y fantasía, son los textos: La letra e: fragmentos de un diario (1987), Viaje al centro de la fábula (conversaciones, 1981) o La palabra mágica (1983).

Su composición Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí está considerada como el relato más breve de la literatura universal. Ha sido galardonado con el premio Villaurrutia en 1975 y en 1988 con la condecoración del Águila Azteca. En 1996, año en que dio por concluido su exilio, se le otorgó el Premio Juan Rulfo de narrativa y reunió en el volumen Cuentos, fábulas y lo demás es silencio el conjunto de su obra de ficción. Actuó además como intermediario en las negociaciones de paz entabladas entre el Gobierno y la guerrilla revolucionaria de su país.

 

(De: Enciclopedia Microsoft(R) Encarta(R) 98. (c) 1993-1997 Microsoft Corporation.)

Fuente: Universidad de Chile

Las plagas secretas y otros cuentos de Juan Manuel Roca

 

Maravillosos destinos los de los libros. Tiempos después de publicados, como en el caso de los cuentos de Roca, tan admirados y aplaudidos, otro poeta se maravilla y regodea en ellos como quien da las gracias al espejo.

 

 

por Juan Francisco Remolina Caviedes

 

 

Parodiando con Las Armas Secretas de Julio Cortázar, Juan Manuel Roca, agujereador del agua, intenta sembrar no solo rosas y espinas sobre la piel de los ríos: también juega a ser amanuense del diablo, pues como él mismo dijera... el diablo ama los oficios inútiles, sacando de su sombrero de palabras Las plagas secretas y otros cuentos, aparición que le ha merecido el Premio Nacional de Cuento publicado por la Editorial Universidad de Antioquia. Pero, aunque el diablo hace mucho tiempo abandonó los estanques de los potreros, ubicados en las afueras de las toscas ciudades capitalinas, Juan Manuel vuelve incesante sobre su propia sombra y con su maleta de seres recortados a contraluz se enfrenta con su mayor dilema, su mayor reto: reemplazar al hierático señor de las tinieblas.  

Desde que conocí esos mundos fantásticos, esas ciudades perdidas, esas tertulias de ausentes, adosados todos y todas contra un muro leproso de tiempo y memoria, Roca fungía de demiurgo y prestidigitador. Muchas noches lo vi salir de parranda con el mismo diablo, se escapaban cogidos de la mano, como amantes sigilosos que se escudan en las sombras para estrenar sus dagas. Los mejores pases mágicos los aprendió en una y otra noche de soberbia borrachera, se hizo maestro de los calendarios perforados, con mágica fluidez clavó luz en ojos invidentes, preparó los calderos del infierno para inaugurar la eterna danza iniciática de los herederos del verbo, ajustó las riendas de su cuerpo y arremetió contra sí mismo, siendo exiliado de lo que nunca tuvo: patria y dios.  

La infidelidad es una rareza exquisita, fruta prohibida de los dioses y del hombre,  mango chupado y jugoso de imposible no-deseo que un día encontró servido mi amigo Juan Manuel sobre la mesa. Una noche extraña de un año olvidado, picado de insomnio y aventura, Juan, posiblemente, atravesó el pequeño espacio que lo separaba de su máquina vieja, aguantó el devaneo de sus dedos sobre las goteantes teclas y procuró infidelidad contra su milenario íncubo-súcubo. Aparecieron en la palestra dos señores de aire húmedo y rugoso, uno tirado en mitad de la noche y de la calle, apellido Ferguson, con cuchillo enterrado no se sabe si en el pecho; el asesino: mister Graziano. Necesitaba Roca aventurarse en otro roce de manos y de amores misteriosos, de otra magia, de otras sábanas más tibias, más sensuales al roce de los dedos y sin temor en su página se escribió El Hombre que buscaba su sonrisa, pero su antigua forma de entregarse era evidente y predecible a la vez, el súcubo, limpiándose los labios, lo rumoraba mordisqueándole la oreja izquierda. Alguien cuenta, luego de verlo más de dos semanas con los colores desteñidos contra su rostro, que la preocupación del barrio pasó de puerta en puerta, de ventana en ventana y así mismo toda una manzana fue testigo durante muchas noches de altisonantes quejidos provenientes de su tímida buhardilla de trabajo. El diablo lo había descubierto y por lo tanto también lo había abandonado.  

No pudo hablar de un paisaje sencillo y misterioso sin la sórdida influencia de los colores fétidos, de los olores ácidos. La palabra silencio nunca más se descolgó de su paraguas, lo obligaba a abrirlo sin atisbo alguno de lluvia. Éste paisa volvió a encerrarse en sí mismo, quería andar el camino de los íncubos y los súcubos por separado, quería volverse uno solo dentro de sí, ser un nuevo luzbel en la trastienda de los libreros, encontrar con sus propias manos el elixir de un silencio de una gota, ser el dueño de las estaciones perdidas, confabularse contra el mismo  Dios para inventarse un tiempo y un mundo donde fueran posibles el puñal y la sangre sin el filo, donde seres de cabezas emplumadas volvieran del futuro con sus motocicletas a cuestas, donde el miedo y la burla se hicieran tan reales, que el espía al otro lado de las letras, tuviese hormigas en lugar de nervios y un vómito afelpado en lugar de carcajadas. Y de ahí ese roce afrancesado de alas góticas, comido de sueños desdibujados que más parecen una pintura abandonada a mitad de la calle cuando el tráfico marca la hora pico en la ciudad.  

Para Roca bastaba concebir la apariencia de Satán, sobretodo en época de carnaval, y el fuego cruzado de rosas y pistilos aparejaba el dintel de los altos campanarios, manos sensibles y sensibleras  abarataban el tañido que convocaba a misa de siete y treinta, aparecían las señoras con sombreros de ala ancha bandoneándose entre atrios y plazas desvaídas, viudos con traje de leva acantonando ‘el libro de agradecimientos a los dioses tutelares del escritor’ y vociferando el fin del mundo, llamando al arrepentimiento. No era Roca quien insistía en llevar capa roja y cola de cerdo, eran sus cómplices señoras con manos de aire, las que siempre acostumbraban tejer vestidos especiales para ocasiones especiales, como éstas y aquellas; eran ellas quienes le obligaban a usar calzón de seda en las noches sabáticas y compraban Tres en Uno para dar un brillo argentado a las puntas del tridente. Traje de luces, a la hora de las tinieblas.  

Sin embargo, añora la presencia del maligno, extraña el ronroneo contra la almohada, a menudo se sorprende desnudo y sudoroso en mitad de la noche, envuelto en pátina y esperma, haciéndose marchito en sus dedos y deletéreo en las páginas que escupe. Desde que el cuento abriga sus fiebres, Juan Manuel es otro y quiere ser otro, pero Luzbel ya no le acompaña, ya no es su amante, y cómo lo extraño.  

Cronopios,   prensacronopios@hotmail.com

Las obras completas del argentino Julio Cortázar se editan 

a partir de noviembre

 

 

Los nueve tomos que publicará Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg recogen además textos inéditos, correspondencia y entrevistas del autor de 'Rayuela'

Con la intención de ofrecer al lector un conocimiento pleno del escritor argentino Julio Cortázar, el Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg comenzará a publicar a finales de este año las Obras Completas del autor de Rayuela, cuya aspiración fue cambiar el mundo a través de la literatura.

El proyecto, con el que el Círculo pondrá broche final a la celebración de sus cuarenta años de implantación en España, constará de nueve tomos, de más de mil páginas cada uno, y estará dirigido por el ensayista y poeta argentino Saúl Yurkievich, amigo personal y albacea de Cortázar y experto en la obra del autor de El perseguidor.

Es la primera vez que se publican las obras completas de Cortázar (1914-1984), un escritor dotado de "una franca e impresionante vocación literaria y que hizo de la literatura el eje de su vida durante mucho tiempo", según afirma Yurkievich, responsable de fijar los textos de cada tomo y autor de la introducción general del proyecto.

Alfaguara editó en su día los libros más destacados del escritor, incluida parte de la correspondencia y de la obra crítica, dentro de la Biblioteca Cortázar, pero el proyecto que dirige Yurkievich nace con la intención de "ser definitivo", contendrá además numerosos inéditos e incluirán todo el material disperso que se conoce del escritor.

Nueve tomos

El próximo mes de noviembre verán ya la luz los dos primeros volúmenes, el de poesía y el de cuentos. El deseo de la editorial es ir sacando luego dos tomos por año. El volumen de poesía incluirá Presencia, poemario publicado por el escritor argentino en 1938 bajo el seudónimo de Julio Denis. Disconforme con su contenido, Cortázar "destruyó gran parte de la edición". También contendrá una obra escrita a los doce años, "de versos simpáticos, producto de la educación escolar de ese período", y poemas inéditos.

En el tercero figurará el teatro y las novelas anteriores a Rayuela, entre ellas Divertimento, El examen, Diario de Andrés Fava y Los premios. El cuarto estará dedicado a las novelas de madurez: Rayuela, Cuaderno de bitácora, 62. Modelo para armar, y Libro de Manuel.

El quinto incluirá textos variados de prosa, uno de los que más novedades presentará "porque contiene textos de muy difícil acceso" y porque irán acompañados de las ilustraciones originales de diversos artistas y de las fotografías que hizo Cortázar.

El sexto, la obra crítica; el séptimo y el octavo recopilarán la correspondencia (con numerosas cartas inéditas), y el noveno recogerá las principales entrevistas publicadas en distintos medios.

Textos inéditos

En su testamento, Cortázar le confió a Yurkievich y a su mujer, Gladys, su obra inédita para que la editaran o la destruyeran, si así lo veían necesario. Pero, lógicamente, nada destruyeron sino que fueron publicando el teatro, las dos primeras novelas (El examen y Divertimento) y ensayos. El resto se incluirá en estas obras completas.

También manejó Yurkievich un gran número de manuscritos y su ingente correspondencia, ésa en la que el autor de La vuelta al día en ochenta mundos se explayaba a sus anchas y "contaba todo: lo que estaba haciendo, lo que pensaba, sus proyectos... Las cartas son su verdadera biografía", añade el albacea.

Por eso, nadie mejor que él para dirigir las Obras Completas, un proyecto necesario porque "aportan siempre una imagen global" y permiten tener "un conocimiento cabal" del escritor. Lo que le da "un valor extraordinario" a esta iniciativa editorial es "esa integración, esa posibilidad de totalizar el conocimiento de Cortázar".

La intención de los responsables del proyecto es que sean "las obras definitivas", pero "siempre quedarán textos sueltos", advierte el director, ya que hay algunos que no se podrán conseguir, como, por ejemplo, su correspondencia con Carlos Fuentes, con quien tuvo una gran relación. Esas cartas están en la Universidad de Princeton y hay una prohibición de acceso durante 50 años.

Hombre de letras orgulloso de sus cuentos

Si se le pregunta a Yurkievich cómo era Cortázar no duda ni dos segundos en responder que, "fundamentalmente, era un hombre de letras. Su mayor aspiración era cambiar la vida y dominarla a través de la literatura; en el campo literario veía posible llegar a la manifestación más intensa, más íntima y más poderosa de lo humano".

"También quiso cambiar el mundo, y en un momento dado descubre la revolución, descubre la solidaridad", dice Yurkievich al referirse a la militancia política de Cortázar, que comenzó "cuando ya había escrito la mayor parte de su obra".

Para el director de las Obras Completas tan importante es la faceta cuentística del gran escritor argentino como la novelística. "El estaba muy orgulloso de sus cuentos", y, de hecho, añade Yurkievich, "es difícil encontrar en la literatura española un corpus de más de cien cuentos de esa calidad".

La obra novelística "es más osada, porque hay una gran capacidad de innovación en ella. Los cuentos le salían solos y le salían redondos; sus novelas son lo contrario de lo redondo, tienen una forma estallada, en el sentido de que son fragmentadas, intermitentes", asegura Yurkievich, para quien sacar adelante estas obras completas supone culminar "la misión que nos confió Cortázar".

 

 

Estrella digital,  13 de enero 2003

www.Latinoamerica-online.info

Ass. Cult. IMAGO MUNDI 

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