La escritora colombiana Laura Restrepo (Bogotá, 1950), ganadora entre
muchos otros galardones de los premios Sor Juana Inés de la Cruz en México
y del Prix France Culture que concede la crítica francesa a la mejor
novela extranjera, es sin duda una de las voces narrativas más
importantes en el actual panorama de las letras latinoamericanas y una de
las conciencias más lúcidas e informadas a la hora de examinar la
encrucijada que atraviesa Colombia y el continente.
Después de estudiar Filosofía y Letras y de obtener un postgrado en
Ciencias Políticas, Restrepo fue profesora en la Universidad Nacional de
Colombia, periodista, editora de un semanario e integrante de la Comisión
de Paz nombrada por el presidente Belisario Betancur, antes de volcarse
con entusiasmo y pasión a la literatura, en cuyo ejercicio, por cierto,
nunca ha dejado de lado su bagaje periodístico, su visión política y su
conciencia crítica.
La
autora, cuya novela más reciente, La multitud errante, acaba de aparecer
en inglés bajo el título "The wandering crowd", visitó
recientemente Nueva York para ofrecer una charla en Barnard College, ocasión
que aprovechamos para conversar de nuevo con ella, indagar algunos
momentos de su trayectoria y repasar brevemente sus principales obras.
Periodista,
novelista, viajera, política... ¿Podríamos empezar por cualificar
brevemente los términos para tener una mejor idea de quién es Laura
Restrepo?
"Periodista...
Sí, durante años lo ejercí en los medios y ahora lo sigo ejerciendo en
mis novelas, porque lo que estoy escribiendo ahora es ficción pero se
apoya en reportajes y en un tipo de trabajo similar: una primera etapa
periodística y una segunda parte de elaboración literaria".
¿Escritora?
"Bueno,
considero la ficción como una manera de complementar la realidad. Una
primera aproximación a través de los hechos que recojo con el periodismo
y una segunda versión ya complementada y pasada por la interioridad y la
subjetividad, por los sueños, por los deseos, lo cual es la ficción".
¿Viajera?
"Por
placer, por vocación... pero a veces también por obligación. A los
colombianos a veces nos toca hacerlo forzosamente".
Y
participante activa en la política colombiana...
"Fui
miembro de la comisión de Paz, una comisión negociadora que por primera
vez en Latinoamérica intentó una salida pacífica al conflicto armado
entre las fuerzas insurgentes y el gobierno colombiano. Esto fue del 82 al
86. Y hablar de paz, hablar de salida negociada era algo prácticamente
innombrable en América Latina. Un poco lo que está sucediendo ahora aquí.
La negociación era un término sospechoso y entonces eso me significó el
exilio, persecución política y otras cosas. Pero lo que yo siempre
propugné fue una salida negociada al conflicto armado. Detesto las
armas, de cualquier lado, vengan de donde vengan".
¿Una
combatiente sólo con la palabra?
"No
sólo con la palabra. También con la movilización, con la política. Me
encantan la política como expresión de la conquista de un futuro y de
una vida digna y mejor por parte de la gente, pero sí creo que tiene que
ser por la vía democrática, por la vía política".
Rastreando
un poco la historia familiar, encontré referencias a aquel abuelo
autodidacta...
"Ah,
sí. Se llamaba don Enrique Restrepo. No fue a colegio. Desde los 12, 13 años
ya estaba ganándose la vida, y sosteniendo a sus hermanos, y aprendió
inglés, francés, italiano, alemán, latín, griego... y tenía una
biblioteca que cada día crecía... todavía se conserva en la casa de mi
mamá, con tomos y tomos, por ejemplo de los metafísicos
franceses... ¡Una cosa extraordinaria! No se imagina uno cómo era
la mente de esta gente, esa avidez de conocimiento que los llevaba del
analfabetismo a una compenetración grande con los idiomas, con la cultura
universal. Un personaje apasionante: fue escritor, fotógrafo, hacía
perfumes... Tenía una vocación de universalidad que estaba tan vigente
en esa generación de los abuelos".
En
muchos escritos tuyos he encontrado menciones de tu padre...
"Sí,
era un personaje encantador, con una vitalidad muy grande, muy heterodoxo,
muy desapegado a las instituciones, muy inclinado a vivir la vida con
mucha libertad, pero siempre teniendo la familia como punto de referencia
importante. Para él la felicidad estaba allí, en su mujer, en sus dos
hijas... Tuve una infancia dichosa, conocí la felicidad durante la
infancia."
En
cambio pocas menciones de la madre...
"Éramos
las tres tan fascinadas con mi padre... y él murió hace más de veinte años.
Pero ahí está la presencia extraordinaria de mi madre, que me está
acompañando aquí en Nueva York, que me ha acompañado en muchos de estos
viajes que hay que hacer para esto de los libros. Los libros te llevan a
muchos lados, y mi mamá me acompaña y es una viajera encantadora, muy
vital, muy divertida. ¡No!, ¡qué tal yo viajando sin ella!
Y
seguramente por la herencia paterna también una educación muy ecléctica...
"Sí,
mucho, porque mi papá no creía en los colegios. Le parecía que era la
mejor manera de hacer que los niños perdieran el tiempo... Además se movía
mucho porque era comerciante, por muchos países. Y un hombre que creía
mucho en lo de aprender por cuenta propia. Él también era un gran lector
y nos hacía leer a mi hermana y a mí, nos llevaba a teatro, nos llevaba
a conciertos, a conocer ruinas, ciudades, volcanes... Él creía mucho más
en eso que en la rutina de un colegio y pienso que no le faltaba razón".
Otra
experiencia importante debió ser la de profesora en un barrio humilde de
Bogotá...
"Fue
algo crucial. Entré muy jovencita a la universidad, a los quince años,
precisamente por esto, porque terminé presentando todos los exámenes en
el Ministerio. Y a los 16 era profesora de una escuela pública en
Bogotá, una escuela para varones. Los alumnos eran por lo general mayores
que yo, sabían mucho más, habían leído más, entonces yo corría a
tomar mis clases en la Universidad y lo que me enseñaban allá volaba al
colegio y lo repetía. Y si me preguntaban algo en el colegio, les decía
'mañana les digo' y entonces les preguntaba a mis profesores en la
universidad. Lo que les dije a mis alumnos desde un principio fue:
'no sé tanto como ustedes' pero nos leímos un montón de libros y
los discutimos. Ellos me enseñaron mucho a mí. Fueron unos años
extraordinarios".
Y
supongo que también fue importante el hecho de salir del propio entorno...
"En
las ciudades nuestras, como es bien sabido, las diferencias entre ricos y
pobres son insondables. Hay tal vez mayor cercanía entre Nueva York y París
que en una misma ciudad entre los sectores ricos y los sectores pobres,
algo que es casi imposible de atravesar. De modo que la posibilidad de
trabajar tan joven en una escuela pública con muchachos de otra clase
social era como descubrir un mundo, algo que en esa época me resultaba
fascinante. Mucho más duro, más difícil, pero también más rico en
contenido. El mundo que yo había vivido era el mundo de los afectos, el
mundo de la felicidad y el de la cultura, pero ese de allá me parecía
que de pronto sí era el mundo real".
Una
experiencia que llevaste casi a un extremo durante el tiempo que viviste
en las comunas de Medellín.
"Eso
fue sólo un mes... De todos modos fue una ventana insospechada. La
oportunidad de salir de tu propio terreno, decidirte a entrar en los
terrenos de los demás... y no sólo en términos geográficos sino también
en términos morales, políticos, en términos de entender por qué los
demás hacen lo que hacen... tal vez el ejercicio mental más difícil que
puede hacerse. Y el más apasionante".
Que
ha influido, supongo, en tu rechazo a la injusticia, la explotación...
"Sí,
claro; es que la experiencia de ver sufrir a la gente te marca para
siempre. Y te hace consciente de que los países latinoamericanos tenemos
que ponerle fin a la desigualdad en la cual vivimos. Y ahora también la
desigualdad entre Norte y Sur, algo que no veo justificado".
Colombia
sigue sumergida en una guerra intestina... como si no pudiera salir del
pasado...
"Pero
yo creo que la guerra en Colombia también tiene mucho que ver con el
futuro. Nuestro país es escenario de guerras futuras. No sólo la nuestra.
Muchas de las cosas que están pasando en nuestro país tienen que ver con
nuestro atraso, pero también en gran parte con la globalización. Hay que
tener en cuenta que todas estas guerras del narcotráfico están moviendo
millones de dólares que no sólo están en Colombia sino también
en los bancos suizos, en la economía norteamericana. Colombia es un
escenario donde se está dirimiendo una batalla mundial. Desde luego es
mucho lo que está en juego."
Abandonando
el terreno político... o mejor, trasladándonos a la conjunción política,
periodismo y literatura hablemos de tus obras. Empezando por la primera de
largo aliento, Historia de un entusiasmo...
”Es
una especie de crónica del primer intento de negociación como solución
del conflicto armado que se daba en América Latina. Y que ocurrió en
Colombia".
En
tu primera novela, La isla de la pasión, permanece un elemento periodístico...
"Es
una novela histórica. Unos capítulos que corresponden a la investigación
propiamente dicha, bien en los archivos o personalmente, y otros capítulos
que ya son de recreación literaria, o sea que ya empezaba a verse la
mezcla que después retomaría en todas las novelas, de elementos
ficticios y elementos reales, de literatura y de periodismo, como en un
juego permanente con el lector, un juego del gato y el ratón, de tratar
de discernir dónde termina la realidad y dónde empieza la ficción, que
yo pienso que es un juego lícito y que además es divertido. Y que si el
lector está dispuesto a jugarlo se presta para pasar un buen rato
con un libro".
La
investigación también está muy presente en Leopardo al sol. ¿Nos
puedes contar un poco del génesis de esta obra?
Leopardo
al sol, sobre los orígenes de la mafia en Colombia, es un tema que empecé
a investigar inicialmente como reportera de televisión, después fue un
artículo para una revista, a raíz de eso una programadora de televisión
me llamó y me dijo que quería hacer una miniserie. Entonces empezamos a
trabajar en los libretos, pero ya en ese punto, los personajes reales de
quienes estaba contando la historia se negaron. Me mandaron decir que
ellos no querían que sus historias aparecieran por televisión y que
pondrían una bomba en la programadora. Y un abogado de ellos me dijo que
televisión nada, porque sus mujeres y sus hijas veían televisión.
Propuse entonces escribir una novela, y contestaron: "Sí, si es
libro escriba lo que quiera que ellas no leen".
En
la siguiente novela, Dulce Compañía, aunque la protagonista es una
periodista, ya no está comprometida con la investigación política, sino
con algo mucho más íntimo.
"Sí,
claro, es más interior, de todas maneras se mantiene esa forma de ficción
de una narradora que es periodista. En mis libros siempre hay una figura
que es periodista o que investiga por alguna razón. El elemento común es
una persona que llega a un lugar sin saber cómo son las características
y que empieza a preguntar. Siempre hay alguien que empieza a indagar. En
Dulce compañía se hace la misma investigación pero es la historia de
una periodista que ha llegado a los 40
al margen de la fe religiosa y que tiene un reencuentro con esa fe
de su infancia cuando la mandan a un barrio a investigar la aparición de
un ángel".
En
la novela siguiente, La novia oscura, se mezcla la parte de la intimidad
de las personas con la parte política, económica...
"En
esta novela yo quería que la investigación se diera desde la intimidad
de la alcoba y por eso también era interesante unas protagonistas como
las prostitutas que tienen una relación tan particular con sus propias
almas y sus propios cuerpos. Está ese elemento, está la investigación
del mundo del petróleo, de la explotación de las compañías extranjeras,
los particulares códigos de la relación entre hombre y mujer que pasa
por lados muy distintos a los que la moral ha decidido. Y la dimensión
política de todo esto, que es la lucha antiimperialista en los países
nuestros en los años 40 y 50, vinculado con la situación política
actual. Yo quería ir desde lo más íntimo de la alcoba hasta una especia
de visión panorámica".
La
novela más reciente, La multitud errante, retoma otro de nuestros grandes
dramas....
"Es
una novela corta sobre el desplazamiento. En Colombia hoy en día tenemos
internamente más de dos millones de desplazados huyendo de un lugar a
otro, tratando de encontrar un lugar dónde asentar la vida. Y ese, yo
creo, es el gran drama del mundo contemporáneo... las hordas que andan
buscando la tierra prometida. Es también una historia de amor, un hombre
que anda buscando a una mujer que se ha refundido en el tráfago de
la guerra y como trasfondo, todo el drama humano del desplazamiento".
¿Qué
ocupa ahora tu escritorio?
"Estaba
en Madrid hasta hace un par de días, y fui testigo, participé en
movilizaciones enormes en contra de la invasión y la ocupación de Irak.
En este momento, contemplando lo que el gobierno de este país está
haciendo, en Irak, aquí, en muchas partes, no logro concentrarme en
la escritura. Es muy difícil escribir en medio de la barbarie".