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Latinoamerica-online Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi |
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di Mariella Moresco Fornasier
Murió Roberto Bolaño, escritor chileno ''de carácter insobornable'' (22 luglio 2003) Roberto Bolaño (22 luglio 2003) Indios y gitanos poetas (15 luglio 2003) |
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Roberto Bolaño
Esta mañana muy temprano al regresar del aeropuerto, a donde había ido para dejar a un amigo, encendí el computador y, luego de leer algunos insulsos titulares, llegué a uno que me golpeó en la mandíbula, aunque debería decir que me golpeó el corazón: "Fallece a los 50 años el escritor chileno Roberto Bolaño". Un ataque hepático, un coma de diez días y luego la muerte. Me levanté del computador, incrédulo y, sobre todo, asustado, asustado de que fuera cierto, así que marqué varias veces los números de Roberto, su casa, donde nadie contestaba, y luego su celular, que tenía un helado aviso anunciando estar apagado o fuera de red. Entonces, con más miedo aún, llamé a Rodrigo Fresán, a Barcelona. Se volvieron todos locos, le dije, ¿viste lo que andan diciendo de Roberto? Pero Rodrigo, que era su mejor amigo, me confirmó la noticia. Como suele suceder, me pasó por delante la película de mi amistad con él, desde la primera vez que lo vi en Roma, en el año 2000, hasta hacía apenas dos semanas, cuando nos despedimos en el aeropuerto de Sevilla, tras un congreso de narrativa latinoamericana en el que Roberto fue entronizado como el tótem de toda una generación. Pasaban las imágenes y de nuevo lo vi hablar de Stendhal en Civitavecchia. Lo vi en su ascético estudio de Blanes (Cataluña) mostrándome su lema: Et in Esparta ego. Escuché su voz diciendo: "Hay cosas que uno escribe para que nadie las vea. Que sólo dios podría ver". Yo creo, pero ésta es una opinión muy personal, que Roberto Bolaño era un verdadero genio de la literatura. Incluso diría que era un genio a secas. Pero lo mejor de Roberto no estaba sólo en sus libros, sino también en él, y esto, a pesar de ser una persona terca y radical como pocas, un escritor implacable en sus opiniones y juicios, lo que le valió mil enemistades. Era sincero y ponía la literatura por encima de todas las cosas. Hay que leer y releer a Bolaño. Es el mejor. En él está toda la literatura contemporánea, y mucho más. Está la más vigorosa unión entre escritura y vida, entre cultura e imaginación, entre ficción y erudición. Una de las noches del congreso de Sevilla, cuando nadie podía siquiera imaginar que iba a morir, Roberto nos contó 22 versiones de un mismo chiste, un chiste muy sencillo y hermoso: Un hombre entra a un bar y se acerca a una mujer. Le dice: ¿Cómo te llamas? Ella contesta: Nuria. Él dice: ¿Quieres hacer el amor conmigo? Ella responde: Pensé que nunca lo dirías. Jorge Volpi, Rodrigo Fresán, Ignacio Padilla, Fernando Iwasaki, Adolfo García Ortega y otros escritores lo escuchamos con júbilo, y, de algún modo, en el recuerdo, esta anécdota se ha transformado en una gran (y última) lección de literatura. Ahora Roberto está muerto y el mundo, en apariencia, sigue siendo el mismo. Pero no es el mismo. No sé cuánto tiempo habrá que esperar para que surja otro escritor de la talla de Roberto Bolaño, si es que aparece, y yo daría la vida por no haber tenido que escribir esta columna. Sólo me consuela (aunque en realidad no me consuela) imaginar que sí existe el más allá, y que ahora Roberto está sentado en un cómodo sillón del cielo, fumando y charlando, o mejor aún, parafraseándolo, imaginar que su espíritu vaga por estepas desiertas observando aquella inquietante tormenta "que no está localizada en el cielo de Europa sino en el espacio que media entre planeta y planeta, una tormenta sin ruido y sin ojos que viene de otro mundo, un mundo que ni los satélites que giran alrededor de la Tierra pueden captar, y donde existía un hueco que era su hueco, una sombra que era su sombra". Adiós Roberto. Adiós.
Revista Cambio - 20 de julio de 2003 |
Indios y gitanos poetas Jotamario Arbelaez
Yo, el poeta, señor del canto,
yo. el cantor, hago resonar mi tambor. ¡Ojalá
mi canto despierte las
almas de mis compañeros muertos!
Poeta
de Las Casas del Canto
Los
conquistadores invadieron los territorios de los príncipes indios y los
despojaron del oro, cuentan las crónicas, pero les dejaron la poesía.
Menos mal que la Independencia puso de patitas en el mar a los españoles,
pero dejaron a los criollos la herencia de seguir despojando a los pobres
indios, ahora de la tierra pero no de la poesía. Porque algo hay que
dejarles, para que por lo menos se quejen sin apelar al garrote. El que
tiene la poesía para protestar no tiene porqué valerse de otros recursos
para reclamar sus derechos.
La
poesía precolombina nos es dada en curiosas antologías donde se muestra
el atraso de unas culturas que no tenían contacto con Jesucristo, ni
siquiera con Garcilaso. Sólo que una princesa peruana nieta del último
emperador del sol pariría de un conquistador otro Garcilaso. Inca de la
Vega. Guerrero como su padre e inspirado como su abuelo.
Por
más Mio Cid que trajeran América es iba a recibir con el Popol Vuh. A
los poetas de las cortes tendría para oponerles los de la Casa del Canto.
Porque la poesía de las tribus fue desde siempre canto y ceremonia, himno
triunfal al son de tambores, exorcismo y fiesta encendida. Por eso conoció
el fuego religioso, por pecaminosa y solar, por bruja y complaciente con
el demonio. Menos mal que otros frailes desatendidos de sus oraciones
rescataron estas cantatas.
A
los indios les quitaron las narigueras de oro y las ollas de cerámica,
les quitaron la tierra, y hasta su sagrada costumbre de mambear coca
terminó impuesta como vicio imperial y ocasión de guerra. (Por fortuna
el yagé no lo han descubierto de los gringos sino los poetas beatnikcs,
casi todos hoy muertos con el secreto). Por espejitos les cambiaron el
reflejo de sus lagunas. Pero no pudieron quitarles el don de la poesía.
No lo descubrieron siquiera. El dorado era la poesía.
A
la tumba del poeta Jorge Zalamea hay que abonarle su gran descubrimiento
de que “en poesía no hay pueblos subdesarrollados”.
Aquellos
indios brutos hoy están en el Parlamento de la mano de la nueva
Constitución, y ganando premios de poesía como el Casa de las Américas
de Cuba desde un risco pastoreando cabras salvajes. Porque ya la cultura
no es sólo la función de títeres ni la Opera, ni la retrospectiva de
Arte Moderno, sino lo que vienen a buscar los extasiados antropólogos. la
sabiduría oculta en Ciudad Perdida.
Los
dioses de nuestros indios no se suicidaron en el Salto del Tequendama.
sino que siguiendo el ejemplo del mestizaje se acoplaron con la banda de
Roma, y crearon una entidad espiritual el doble de fuerte para defender a
su pueblo a través del soplo poético.
Los
errantes gitanos por el mundo que en Colombia han tenido amorosos
asentamientos, y los indios postcolombinos, lanzan su voz al mundo ya no sólo
a través del humo y el vaticinio sino del viento huracanado de sus poemas.
Woumain. Poesía indígena y Gitana Contemporánea de Colombia. libro
ritual y combatiente, no es un testimonio de las depredaciones pasadas
sino un documento lírico con las vivencias de un pueblo que se niega a
desaparecer antes de haber vivido su contemporaneidad merecida.
Cantan,
porque eso es un cantar aunque sea también un treno y una denuncia, M.
Argel, indio Zenú de San Andrés de Sotavento; Manipiniktíkinya (El
Nacimiento de la Plata Nueva), indio Kuna; Vitorio Apüshana. indio Wayúu
de La Guajira, quien acaba de ganar el máximo galardón de
poesía que reconoce la revolución cubana; Gonzalo Gómez Cabiativa,
indio Muisca, vicegobernador del Cabildo en Suba; Luis Carlos Ariza,
indio Kankuamo de la Sierra Nevada, quien además es inspirado
compositor vallenato; Erancelina Muchavisoy Becerra, india lnga nacida en
el Putumayo; Fredy Chicangana, indio Yanacona; y los poetas Rom (gitanos
legítimos) Ana DaIila Gómez Baos y Venecer Gómez Fuentes.
Los
nadaístas, que desde hace más de 40 años venimos martillando con el
poema para hacer vivible la casa, que predicamos siempre que el poeta es
la voz de la tribu, y que no hemos encontrado a quien entregar los
instrumentos del relevo, al fin hallamos en Colombia un clan al que une la
poesía para cantar la tabla al bosque talado, pulir las piedras del
camino hacia el más allá y pedir para el más acá lo que requiere la
dignidad de la sangre. En eso nos hermanamos.
Recuerdo
el poema de mi compañero de la tribu nadaista Jaime Jaramillo Escobar, Mi
vida con el chamán, donde narra su experiencia con el sabio de la selva,
y de cómo Fue puliendo sus poderes a la sombra de sus milagros. Cito el
final de este poema, como un recordatorio de todos los vejámenes a que se
ha visto enfrentada esta noble raza, y como una muestra de solidaridad con
su queja, de parte de este grupo de poetas de la nada que practicamos el
poema como el único exorcismo contra la muerte y el despojo.
“Con
el nombre de “el indio Tascón ”fue conocido en Andes el chamán. Cursó
bachillerato en el Liceo Juan de Dios Uribe y fue rechazado en la facultad
de medicina por ser indio. Entonces estudió derecho. Alcanzó la dignidad
de juez en un pueblo antioqueño. Después de haber sido juez estuvo dos
veces en la cárcel porque nunca dejó de ser indio y eso no tiene perdón.
Fue
siempre defensor de su tribu hasta que un terrateniente lo mandó asesinar
porque los terratenientes nunca tienen suficiente tierra. Y esto fue en la
carretera que sale de Andes a Jardín, siendo Gobernador el señor doctor,
y Presidente el señor doctor y Ministro el señor doctor en aquel año de
gracia de 1981 que está grabado en tantos bloques de piedra por tantos
motivos, mas no por este. Caiga su sangre sobre nosotros.
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