A 29
años del asesinato de Victor Jara
Un
artista y su legado
El 28
de este mes Víctor Jara debería cumplir 61 años de edad
y en esta fecha, hace 29 años, el cadáver del cantautor
chileno era encontrado con señas de haber sido sometido a
terribles torturas antes de morir (incluso le amputaron
ambas manos).
Fue así que un impreciso
día entre el 11 y el 16 de setiembre de 1973, el espanto de la muerte se
apoderó de su cuerpo. Músico, poeta, hombre de teatro, una vez escribió
un manifiesto que, como náufrago, escondió dentro de una botella para
que otros náufragos lo recogieran en el mar de la memoria.
Santiago de Chile.
El Estadio Nacional convertido en campo de concentración. En él, miles
de personas encerradas y acordonadas por fusiles con bayonetas caladas y
metralletas en manos de los militares golpistas. Entre los prisioneros
estaba Víctor quien comenzó a cantar el himno de la Unidad Popular. Un
carcelero lo reconoció, le gritó que callara, Jara siguió cantando y
a su voz se unieron otras miles de voces.
Lo fueron a buscar,
lo bajaron de la tribuna a golpes de culata. No volvió. Le cercenaron
sus manos para que no pudiera empuñar su guitarra, luego llenaron de
plomo su cuerpo.
Nacido en Chillán
se inició en la música con el grupo Cancumen. Más tarde, una vez
egresado de la Escuela Teatral de la Universidad de Chile, puso en
escena una decena de obras: El círculo de tiza caucasiano de Bertolt
Brecht, Remolienda, de Alejandro Sieverking y Viet rock de Megan Terry,
se destacaron por el aporte creativo de su dirección.
Cantó en la Peña
de los Parra y se integró al conjunto Quilapayún con quienes grabó un
fonograma.
En 1967 inició su
trabajo como solista y llegó a grabar seis discos entre los que se
destacan Testamento, La población, Canto por travesura y El derecho de
vivir en paz. Más tarde se plegó al incipiente movimiento de rock
existencialista y grabó con el grupo Blops.
Sus canciones
"Te recuerdo Amanda", "Plegaria a un labrador",
"Cuando voy al trabajo". "Vientos del pueblo",
"El cigarrito", "Puerto Mont", "Luchin",
"Las casitas" y "El gigante de ojos azules", entre
otras, son cantadas por César Isella, Mercedes Sosa, Isabel Parra,
León Gieco, Juan Carlos Baglietto, Víctor Heredia, Víctor Manuel, Ana
Belén, Joan Manuel Serrat, Pete Seeger, Peter Gabriel, Sting, Silvio
Rodríguez, Pablo Milanés, Quilapayún e Inti Illimani, entre otros
artistas mayores de la canción popular.
Ejemplo de
coherencia ética y ajustado con la época que le tocó vivir, hoy con
su apuesta de vida es uno de los ejemplos más claros de que "el
cantar tiene sentido, entendimiento y razón" como lo expresó su
compatriota Violeta Parra en contraposición a los cantantes cosméticos,
a los autoproclamados gestores culturales, a aquellos que practican
aerobismo para no perder su forma.
A veintinueve años
de su asesinato, sus palabras resuenan en las conciencias: "Los que
comercian con el espíritu, los que claudican segundo a segundo con su
canto, los negociantes, los tragamonedas, sean baladistas, roqueros,
comprometidos, pop o yeye, no comprenderán nunca que el canto es como
el agua que limpia las piedras. No hacemos negocio con la canción
popular, porque si lo hiciéramos tendríamos auto último modelo, casa
con piscina y llegaríamos a cantar en el Festival de San Remo...
Denunciamos pues, todas las lacras que hacen al ser humano
indigno". Sus verdugos lo asesinaron. Lo que no pudieron matar fue
su brillante, fecundadora obra con la que despertó mentes, abrió
caminos al canto de proyección folclórica y la influencia que con sus
coplas sigue ejerciendo en las actuales generaciones de músicos.
La Republica de
Uruguay, 15
de Septiembre de 2002 |