Latinoamerica-online

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Teatro e danza 

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los 82 años, murió el actor Marcos Zucker    (20 mggio 2003)

Arte circense en comunidades azucareras   (8 aprile 2003)

Lorca otra vez y siempre   (8 aprile 2003)

Caminantes: sí hay caminos   (18 marzo 2003)

 

A los 82 años, murió el actor Marcos Zucker

 

Una leyenda del espectáculo.  En más de 75 años de carrera, hizo teatro de revista, textos clásicos, cine y televisión. Tenía un hijo desaparecido por la dictadura.

por sin-autor

 

“Yo soy tan porteño que nací a la vuelta de la casa de Carlitos Gardel, a una cuadra del Mercado del Abasto.” 

Así definía sus orígenes Marcos Zucker, una figura legendaria del teatro, el cine y la televisión, que murió ayer a los 82 años, de un paro cardíaco, según informó por la noche la Asociación Argentina de Actores. Había nacido el 15 de febrero de 1921, de padres inmigrantes polacos, y a los seis años ya estaba arriba de un escenario, como integrante de la compañía de Angelina Pagano, en la pieza Rosa de Oro, de Arturo Capdevila, donde interpretó al Rey de los Enanos. A partir de entonces –cantando el tango “Garufa” en el cine-teatro Ideal y asumiendo papeles de niño en piezas de diversas compañías–, Zucker no abandonó nunca más las tablas. “Me resulta imposible imaginar una vida sin teatro”, confesó hace poco, cuando celebró sus 75 años de actuación. “Si naciera de nuevo haría de mi vida la misma puesta en escena y si el teatro no existiera, lo inventaría.”

Admirador, en sus comienzos, de Florencio Parravicini y Pepe Arias, Zucker trabajó con todas las primeras figuras de la época dorada de la revista porteña, desde Adolfo Stray hasta Alberto Olmedo, pero no por eso le dio la espalda al teatro clásico. Acompañó durante muchos años a la actriz Luisa Vehil y llegó a protagonizar, entre otros textos, La alondra, de Jean Anouilh, bajo la dirección de Jean-Louis Barrault. También se lució en El violinista sobre el tejado, que puso en Chile durante siete exitosas temporadas. En 1996 había regresado a las tablas en la obra Los siete gatitos, que se presentó en el teatro Cervantes con dirección de Ricardo Holcer, y en 1997 trabajó en la pieza teatral Es difícil vivir, junto a Alfonso de Grazia y María Concepción César, en el Teatro de la Ribera, para la misma época en que reapareció en el ciclo televisivo “De corazón” (Canal 13), con Ana María Picchio y Víctor Laplace.

Anteriormente, la televisión también le había permitido mostrar sus dotes para el humor, con personajes a los que dotaba de una ternura a veces excesiva, como el ingenuo jubilado polaco que creó en 1982 para el programa cómico “La tuerca”. Sufrió a “El Contra” de Juan Carlos Calabró e integró el elenco de los ciclos “Compromiso” y “Son de 10”. De su relación con la pantalla grande, quedan los testimonios fílmicos de El casamiento de Chichilo (1938), Corazón (1947), El crack (1960), La cigarra no es un bicho (1963) y Angel, la diva y yo (1999). En los últimos años, y aunque algo alejado de los sets y los escenarios, Zucker se dio el gusto de ser distinguido, en 1997, con el título de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, otorgado por el Concejo Deliberante porteño.

A pesar de esa y otras distinciones, como la que en 1999 le otorgó el Instituto Nacional de Teatro, en reconocimiento a su trayectoria artística, vivió los últimos treinta años de su vida obsesionado por el recuerdo de su hijo Marcos Ricardo, desaparecido durante la dictadura militar de 1976-1983. “Si al menos supiera dónde está su cuerpo...”, dijo en un reportaje de 1992. “Se lo llevaron y como si no devolverlo no fuera suficiente, encima no sé si está en el río, en el campo o en un distrito militar. Hice todo lo que estuvo a mi alcance para encontrarlo. Intenté hablar con Videla, Suárez Mason, Viola, que me mandaban decir que me quedara tranquilo. ¿Cómo hace uno para quedarse tranquilo cuando te sacan parte de tu propio cuerpo?”

 

Página12 , 14 de mayo de 2003

Arte circense en comunidades azucareras

 

Por Elio Véliz Sánchez


La reanimación de la vida cultural y social llega en Cuba hasta las zonas más apartadas y muestra de ello es la reciente gira del Circo Nacional Metropolitano por comunidades azucareras de la provincia de Camagüey.

Desde el 15 de febrero y hasta finales de marzo la renombrada compañía se presentó en bateyes y localidades cañeras, para el disfrute de los trabajadores, sus familiares y pueblo en general de esos lugares, en momentos en que hombres y mujeres de esas zonas están enfrascados en la realización de la zafra azucarera.

La presencia del Metropolitano en tierras agramontinas, como entre otros territorios del país, responde a un convenio entre los Ministerios de Cultura y del Azúcar, con el objetivo de llevar la recreación y el esparcimiento a las fuerzas agroindustriales y sus familiares en medio de la actual contienda.

Más de 52 mil personas en la provincia disfrutaron del ameno y variado espectáculo, dirigido por Alberto Rigual Piñero, decano de los animadores de circo en Cuba.

Entre las actuaciones sobresalen la acrobacia aérea de los hermanos Chapman, el junior de los malabares, los monociclos de Iván, el mago Héctor, la Onda aérea de Félix, la doma de los cincos leones, las ocurrencias de los payasos Remolacha y Pelusa, entre otras variedades.

Como en otras oportunidades el elenco del Metropolitano dejó en el legendario Camagüey un ambiente de alegría y complacencia por sus presentaciones en bateyes y comunidades, donde se asientan fundamentalmente las familias de los trabajadores de la agroindustria azucarera.

Boletín CUBARTE,  Año 3 Número 3_14. del  4 de Abril del 2003

Lorca otra vez y siempre



Por Amado Del Pino



En varias ocasiones me he referido a la decisiva influencia de García Lorca en la vida escénica cubana de las últimas siete décadas. Desde los tiempos de las luchas por un teatro de arte a finales de los treinta, las obras lorquianas han funcionado como un sinónimo de ambición creadora, como el mejor aliado para convocar esa poesía levantada del libro que el andaluz vinculó con su concepto de Teatro.

Ahora el actor argentino-español Eduardo Sánchez Torel ha sido el animador de Romance a Federico, a partir de un guión suyo y de Jesús Barreiro. A la concepción dramatúrgica se sumó Nelson Dorr, quien además asume la puesta en escena del espectáculo que podrá verse, luego de una estancia en la sala Covarrubias, del Teatro Nacional, a partir del 10 de abril, en el Gran Teatro de La Habana.

Dorr es una figura bastante olvidada por la teatrología cubana de la última década. Con más de un centenar de puestas en escena (cifra rara en un ambiente teatral que suele padecer, desde hace rato, la lentitud), Nelson es un sólido profesional que ha servido de maestro a muchos directores y actores jóvenes. Su nombre se vincula con los mejores años del Teatro Musical de La Habana y con puestas exitosas en diversos géneros. Ahora enfrenta otro proyecto ambicioso que, además de las complejidades técnicas de un elenco amplio y la conjugación de actuación, música y danza, compite en la memoria de los menos jóvenes con el antecedente de formidables espectáculos lorquianos. Por solo mencionar tres clásicos, Yerma y Mariana, según el inolvidable Roberto Blanco, y Bodas de sangre, según la maestra Berta Martínez.

El guión hace coincidir una conjetura sobre los últimos días de Lorca y escenas de sus textos en los que, por diversos caminos, Federico hablaba de la muerte. Ahora es ella la que le habla y le propone un pase de cuentas o un examen de conciencia. Los diálogos están basados en una seria investigación, a partir de declaraciones del gran dramaturgo, pero las situaciones padecen cierta rigidez y abunda lo descriptivo sobre lo sensorial.

La puesta que nos ocupa ratifica el talento de Dorr para mover un buen número de intérpretes en el escenario, la alternancia entre lo danzario y lo dramático resulta eficaz y debe hacerse más fluida con la sucesión de funciones. La escenografía y el diseño de vestuario, a cargo del propio Nelson, votan por la síntesis y logran crear una atmósfera sobria y solemne. Como en otros espectáculos de los últimos tiempos en la escena cubana, la presencia de evidentes micrófonos afecta una visualidad que, en este caso, se revela expresiva y hermosa. En el plano sonoro, el montaje apela a la música en vivo, a cargo de la compañía Ecos, y también a una de resonancias andaluzas. En ambos casos lo musical está utilizado con sabiduría, pero hubiese sido preferible que se resolviera con la frescura de lo inmediato.

Sobresalen en el amplio elenco el impecable decir y la ligereza escénica de Roberto Perdomo. En su regreso a las tablas cubanas, Perdomo nos hace recordar que aprendió bien la lección de Blanco cuando fue uno de los protagonistas de Mariana. El Federico de Frank González ratifica el encanto y la profesionalidad de este intérprete, consagrado en los últimos lustros a la pequeña pantalla. En las escenas lorquianas sobresalen Nieves Riovalles con una Yerma personal y poderosa, Walfrido Serrano en un Leonardo convincente y Susana Alonso sin caer en la trampa de los estereotipos al interpretar a la clásica Bernarda Alba. En la escena de esta última que, además cierra la obra, se hace muy visible el desnivel de las interpretaciones. Por ejemplo, a Odette Cruz le falta mucho en cuanto a proyección y oficio para asumir a la rebelde Adela.

Vale este homenaje a Lorca, vigente en su canto sin fronteras al amor, y sus avisos sobre los peligros del odio y la intolerancia. Aplausos también para los que, contra cualquier viento o marea cotidianos, siguen apostando a la esencia colectiva del teatro.

 

Boletín CUBARTE,  Año 3 Número 3_14. del  4 de Abril del 2003

Caminantes: sí hay caminos

 

Aventuras de un grupo de teatreros colombianos que van por las rutas de América con un mensaje de paz y una consigna de vida.

 

Por Ignacio Ramírez

 

Como los cómicos de la legua que identificaron al siglo de oro español, 8 muchachos colombianos (Adriana,  2 Dianas, Tatiana, Andrea, Jonny, Camilo y Fernando) andan hace ya varios meses recorriendo los pueblos suramericanos con el único capital de dos montajes teatrales que sustentan sus sueños de dar a conocer a Colombia con una imagen que le canta a la vida y le hace frente a la barbarie.  Todo lo  contrario de las noticias que constantemente escuchan en los radios de los buses y en los diarios y las televisiones de los pueblos a donde cada día llegan en una gira que han denominado Macondo 2, porque ya habían hecho la primera y pensaron que les faltó ver, mostrar y sentir para vivir y no olvidar.

Llevan un diario riguroso y una lista de direcciones electrónicas de sus amigos y donde por cualquier circunstancia encuentran un computador conectado a Internet, lanzan al viento su botella de navegantes de un continente en crisis y piensan que esa puede ser una de las muchas maneras como los colombianos que no estamos de acuerdo con los descarriados, podemos aplacarlos o acallarlos y aunque ellos no tengan tiempo para enterarse de tan vivificante manifiesto, saben bien que cuando palpita una estrella es porque ha agitado sus alas una mariposa, y por ello confían en que el prodigio del orden del universo que vive en la creación, alguna vez lleve el eco de sus sueños a los confines del monte, donde también sueñan y esperan los que matan y mueren con infinita pena e invisible gloria.

Cosas como esta han escrito en su diario de sustento: “...en este lugar se ven muchos rostros indígenas y gente que anda con mucha ropa encima y gorros de lana, nos sorprende que en su mayoría anden en alpargatas y  con los pies embarrados.../ ...mucho cansancio acumulado, los buses no son los mejores para dormir, nos mantiene la idea de ir a hacer teatro a Villa Montes y ya perdimos la cuenta de cuando fue el ultimo duchazo.../ ... anhelo un baño de agua caliente y jabón, un tinto de mi mama o de mi abuela y un buen plato de sopa...”

Por esta vía del viento nos hemos enterado de sus andanzas que van desde el centro de Bogotá hasta la Patagonia, sin descansar un día, ni un minuto, sin dejar de trasegar un camino ni esquivar un avatar o un riesgo.

Llevan siempre sus pesados morrales a las espaldas y sus bártulos de teatreros como la casa de los caracoles. Y donde pueden arman toldo y representan sus montajes. Duermen en buses o en playas o en parques o en estaciones de policía o en casas de samaritanos que no faltan aún en este continente donde no todos quieren sacarles los ojos a su prójimo.

Tienen un nombre absurdo que sacaron quién sabe de dónde y que nada tiene que ver con su andar peregrino: 

X³ . 10  UniDaDeS, que lo único que indica es el delirio que los impulsa paso a paso.

¿Quiénes son? Ellos responden: un equipo de artistas entre músicos, actores, bailarines, escritores, fotógrafos y juglares que buscan encontrar un estilo de vida a través del arte, en especial del teatro. Jonny (así, sin hache alguna) Arredondo, 27 años, locutor de Radio Capital AM, estuvo en la barajas, y luego en el grupo donde lleva año y medio; Camilo Pinzón 20 años, lleva un año con Equis  y antes en un llamado Sombra gris, es estudiante de literatura de la Nacional. Diana Marcela Rodríguez 21 años, estudia sociología en la Nacho. Diana Castillo, 21 años, tres en teatro. Tatiana Nieto 16 años, estudiante de colegio, año y medio con el grupo. Andrea toro, 24 años, estuvo cuatro años en la Academia de Rubén Di Pietro lleva año y medio con los Equis.

¿Qué obras llevan? Jacobo, una historia pasional de un joven al que la vida involucra en un torbellino de situaciones inconclusas que van desde su relación con la familia, hasta la manera como se percibe para la época, un país donde todo pasa y nada pasa y nadie dice nada. Y Hologramas del pasado, obra basada en el lenguaje estético de los comics, donde se palpa la relación que tiene la realidad con los efectos secundarios que produce la guerra en los jóvenes y  también la ficción, la posibilidad de una nueva jerarquía.

Fernando Prieto, el director, 29 años, formó parte de El Tecal, un grupo que ha ganado notables premios internacionales. Y es, por supuesto, el alma del proyecto en marcha, quien atiza el fuego y escribe cada día esas notas de buses que trepan las montañas, escenarios que se iluminan y se apagan, manos latinoamericanas que se estrechan, estampas de los habitantes del hemisferio de la desesperante espera, caminantes que sí encuentran caminos y que también los hacen al andar.

Con sus mochilas al hombro y sus sueños en pleno, ellos mismos se proclaman Ejército de bufones, que no dispara balas para matar sino arte para vivir. Si quiere contactarlos, haga click macondo2@yahoo.com  Suerte, muchachos. ¡Y que viva el delirio!


Cronopios – Agencia de Prensa    10 de marzo de 2003   cronopios@cable.net.co

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