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Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Teatro e danza 

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un llamado por Viento Teatro y la memoria  (27 maggio 2003)

Viento Teatro  (27 maggio 2003)

 

 

 

 

Un llamado por Viento Teatro y la memoria

 

CARTA ABIERTA A TODAS LAS TRIBUS TEATRALES 

DEL MUNDO

 

foto del sito www.geocities.com/vientoteatro

 

 



El grupo Viento Teatro ha venido realizando desde hace más de quince años un trabajo único en el campo del teatro colombiano a través de su propuesta del Teatro Ceremonial de la Máscara Mítica. 

Propuesta investigativa que a  nuestro juicio, es única en todo el continente americano por la gran riqueza que ha logrado maravillosamente alcanzar a lo largo de sus puestas en escena
dirigidas por Alberto Torres tales como: "Pamuri Mahse" (Señor de la semilla), basada en la mitología de la comunidad indígena Desana del Vaupés, y "Sei-Nake Haba Sintu" (Tierra Negra Madre Universal), basada en el pensamiento y mitología de la comunidad indígena Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta. 

Obras que el grupo tiene actualmente en repertorio, en donde se sintetiza en la más alta y hermosa poesía en el espacio vacío, sus indagaciones y fusiones alquímicas, imágenes, cantos, música, danza y  representación; dentro de una diversidad de culturas y mundos míticos que han decidido encontrarsen en el tiempo y en el espacio tanto de Oriente como de Occidente, para así, no hablar solamente de los universos cosmogónicos de las comunidades indígenas de nuestro país, sino de los viajes encantatorios dados en los trueques e intercambios cuando existía la posibilidad de un diálogo desde el arte y la cultura como factores de fraternidad y crecimiento mutuo. Desde el respeto y escucha de la voz del otro, y no desde el arrasamiento, de la barbarie y del olvido como acaeció, y aun acontece con la invasión y el exterminio de los conquistadores a América, en contra de las culturas primigenias. 

Barbarie que sigue legitimándose y llevándose a cabo en casi toda la América Latina con especial asiento en Colombia; donde de paso, la gran mayoría del  presupuesto destinado para el Ministerio de Cultura se transfirió para asignárselo a algo más productivo que al arte y el teatro:  la Guerra, la gran  Fiesta de la Muerte, la Fiesta de la Sangre fratricida del hermano contra el hermano, de pueblo contra pueblo.

Son un grupo de artistas-investigadores que han logrado sacar del olvido la memoria de la máscara sagrada del mundo precolombino que fue arrasada y satanizada por la conquista española. Han hecho investigaciones sobre la dramaturgia de la máscara para ver el mito en el escenario vivo y lleno de asombro de revivir los tiempos sagrados. Están en la lucha por poder
publicar el libro de la máscara y dos libros más sobre los gestos sagrados y mudras de la iconografía precolombina, y la interpretación del arte rupestre Muisca, que son de gran trascendencia para el arte teatral y la antropología. Sobre la pintura, han dado un aporte fundamental para la recuperación del imaginario precolombino.  Pero todo está en grave peligro
de desaparecer ya que es una quijotada investigar en un país donde no se apoya y no se asume como un legado artístico la investigación.

En medio de la más alta y refinada barbarie que discurre en la actualidad, cuando los cañones y los mísiles de los acorazados norteamericanos son las únicas razones del Estado para aplastar y doblegar la voz  y la voluntad del otro, del frágil, del pueblo Iraquí; aquí en Colombia, también se pretende borrar a través del desconocimiento, del arrasamiento, la voz de todos aquellos que se niegan a hacer un arte estandarizado, homogenizado que se impone como gusto hegemónico, para que se venda masivamente y se consuma pasivamente como la Coca Cola y la hamburguesa. 

A esta negativa se ha plegado ¡a muerte! Viento Teatro desde su isla flotante y utópica, teniendo
que soportar por ello, el más violento y silencioso desconocimiento en el medio de quienes tienen en sus manos el poder o los poderes de elección y/o escogencia de lo que debe ser el teatro de hoy en el mundo. Ordenan lo que se debe presentar al público, de lo que se le debe privar o prohibir por conveniencia  y para sus bienes económicos según las leyes de la oferta y la
demanda del "arte" complaciendo  al capitalismo aberrante y devastador.

Pero a esta batalla cruel y terrible de desigualdad, del arrasamiento del Nuevo Orden Mundial (que también tiene su capítulo no menos terrorífico y espantoso en el campo del arte y la cultura), en el ámbito teatral comienzan a derrumbarse grupos de gran trayectoria y patrimonio cultural como el
Teatro la Candelaria, el Teatro Experimental de Cali, el Teatro Libre, la Casa del Teatro de Medellín, etc., y entre ellos las naves de Viento Teatro comienzan a despedazarse y agrietarse cuando el bloqueo económico en la proyección de su trabajo creador a través de funciones, talleres,
conferencias etc., es más que violento y soberbio.

Hace treinta años la solidaridad era un hecho ético, una convicción férrea, intransable, cargada de dignidad, argüida en la defensa del otro. Hoy infortunadamente la palabra solidaridad se ha tornado oscura, huidiza, y así como hoy sólo encontramos la presencia de la sordidaridad, de la
indiferencia total que se legaliza como otra forma más del crimen, que planifica y lleva a cabo un proceso de exterminio selectivo contra nuestros valores, grupos artísticos y patrimonio cultural más alto y valioso a escala nacional.

Esta voz aquí sólo busca hacer un llamado a todos aquellos que verdaderamente sentimos que al morir nuestros hermanos creadores, morimos también nosotros...

Viento Teatro no recibe condolencias pero sí necesita con urgencia la mano y el apoyo de todos aquellos que puedan posibilitar una solidaridad y ayuda a la difusión efectiva de su maravilloso trabajo artístico, en el que verán con felicidad la vida de nuestra memoria y de las  culturas tradicionales indígenas que la historia las ha llevado a su total olvido.

Dando por anticipado su valiosa atención y solidaridad, se despiden atentamente,


Fernando Duque Mesa
Investigador y crítico del teatro colombiano
fernandoduquemesa@hotmail.com

Ricardo Camacho
Director Teatro Libre de Bogotá
rcamacho@uniandes.edu.co

Martha Senn
Mezzosoprano
mcsenn19@yahoo.com

Guillermo González
Director
Revista Número
numero@elsitio.com


Santafe de Bogotá, Abril 10 /2003

Viento Teatro

 

Presentación 

foto del sito www.geocities.com/vientoteatro

 

El teatro ceremonial de la máscara mítica es el alimento de las fuentes secretas, el alimento mágico de la antigua tradición precolombina; es un paisaje de la imaginación, de los seres míticos y dioses de la naturaleza; es un canto a los orígenes, una geografía mítica que manifiesta lo sagrado en sus realidades invisibles. Es un lenguaje que tiene y debe tener voz propia en el riesgo de la aventura, en el acierto y el desacierto.                                                                                         

El teatro ceremonial no es un teatro precolombino que por supuesto ya no existe. No es un teatro indígena que sólo puede surgir de la raíz de la cultura indígena. Tampoco es un teatro indigenista que hace la mueca de las costumbres ancestrales imitando sus gestos y ofendiendo su identidad.

Por el contrario, el teatro ceremonial de la máscara mítica establece perspectivas estéticas de aproximación a la cultura de origen para preservar un diálogo de respeto, un sentido de reflexión desde nuestra propia realidad. Perspectivas estéticas como es el caso de la hermenéutica, para situarnos  en el arte de interpretar las antiguas culturas precolombinas, contemplando su iconografía, significados y simbolismos como un lenguaje creativo contemporáneo. La hermenéutica requiere de  un rigor  ético y estético  para  no llegar a desacralizar su cosmovisión, ni dejar desmoronar aquella memoria antigua que nos podría decir mucho en no tener nada que decirnos porque la hemos hecho banal adaptándola a lenguajes profanos y corrientes, vaciándola de profundidad,  de sentido y significación.

 

El teatro ceremonial es el tiempo que condensa toda una vida dedicados por entero a la melodía de su silencio y su soledad, al espacio de creación  y conocimiento que no pacta con el tiempo de sobra. Tiene una responsabilidad ética y estética con la memoria precolombina a la que no puede poner en juego ni dejarla al vaivén de los caprichos, de las frivolidades del consumo o de la tiranía de la globalización. Ya han sido suficientes más de 500 años de saqueo y utilización de la memoria precolombina para fines lucrativos y deplorables. La visión de éste legado de vida es una conciencia en movimiento, es un estado de reflexión y crítica que no se tranza en sus principios y no se condena a la servidumbre de la existencia.

 

   

                                 

EL DESVANECIMIENTO DE LA MÁSCARA SAGRADA  

 

foto del sito www.geocities.com/vientoteatro

La conquista nos ha dejado como seres de una rotunda soledad histórica. No conocemos nuestras raíces ni nuestra ascendencia; la violencia descomunal nos ha dejado huérfanos de historia y de orígenes. No conocemos la raíz del árbol del indio y del mestizo, estamos inmersos en una raza del olvido. Y ese espacio reflexivo es el que a nosotros nos ha dejado vernos en la mirada de los orígenes prehispánicos;  de mirar desde otro ángulo, el ángulo de la salida del sol, del nacimiento y renacimiento de las antiguas culturas y las mitologías sagradas. Es el espacio propicio en el que puedes recoger tus pensamientos, descifrar tus silencios y el ritmo de tus utopías creadoras; el momento en que se desencadena una conciencia definitiva, una actitud clara de para dónde vas y que es lo que deseas rehacer en la aventura de la belleza y el conocimiento.  

Nuestro teatro es la memoria de la máscara mítica precolombina en movimiento que respira por sus poros la cosmovisión y la lucha de todo un pueblo que fue sometido a una violencia exterminadora. La máscara es una escultura en movimiento que quiere sugerir en estos tiempos modernos un lenguaje que dibuja y acaricia a unos dioses de la naturaleza que fueron canto y poesía de nuestros antepasados, de nuestros taitas de Amerikua. La máscara en la época de la conquista fue satanizada y perseguida hasta llegar al exterminio junto con la vida del poeta, del artista y del chamán que conservaban la memoria de los rostros de los dioses de la naturaleza.

En nuestra sociedad la máscara es un objeto de uso y desuso, un acto de simulación y disfraz. La máscara legendaria y nativa tiene una filosofía de vida, tiene una relación mágico-religiosa con la naturaleza, con la lluvia, con el águila, con el sol; una comunión en la danza y su antigua magia para cifrar la transfiguración del ser en águila, en jaguar, en serpiente; o hasta llegar a encontrar el vuelo mágico en el ritmo del éxtasis, en la música de la naturaleza, y de los seres sobrenaturales. La máscara  nativa tiene una vida mágica en la mitología y ritualidad como realidad sagrada que no la tiene la máscara en la sociedad moderna que se haya adherida a la realidad profana y a un tiempo histórico.

La máscara ritual tiene una acción directa sobre la naturaleza. La relación espiritual con la naturaleza de las culturas arcaicas dibuja una situación equidistante entre el hombre y el animal que se refleja en la fisiognomía de la máscara y  en su danza mágica. El indígena se coloca  al mismo nivel del animal porque no se ha visto superior a él, lo conoce como su doble,  hermano o espíritu familiar, ni siquiera con la intención de domarlo o demostrar su poder de dominación y sometimiento. Se adhiere a los ritmos cíclicos de la naturaleza, no busca dominar los fenómenos naturales, pacta con ellos en un diálogo de equilibrio de vida, muerte y renovación.

Ese distanciamiento abrupto de la vida del hombre moderno con la naturaleza se expresa en el tejido histórico de la máscara observando su evolución desde sus más antiguos orígenes. La desigualdad y el desequilibrio natural que experimenta el hombre civilizado, que cree superar todo en inteligencia y ponerse en una posición superior a los seres y fenómenos de la naturaleza para dominarlos y someterlos, es un fenómeno que puede explicarse a través de la historia de la máscara como un testimonio cultural de su auge y decadencia.

 

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