Latinoamerica-online

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Teatro e danza 

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

Gran encuentro de teatro joven   (9 settembre 2003)

El camino de la ira   (9 settembre 2003)

Gran encuentro de teatro joven

 

 

 

Ignacio Ramírez

 

 

   

Los integrantes de la Red Internacional de Cronopios tendrán frescas las noticias que hasta hace pocos meses transmitimos día a día sobre la aventura de un grupo de actores y actrices colombianos que en cumplimiento de un proyecto llamado Gira Macondo 2,  hizo la ruta que partiendo de Bogotá recorrió toda Sudamérica, sin dinero, sin ayudas oficiales ni privadas, sin nada entre las manos distinto a su sueño de llevar con sus funciones teatrales la bandera de Colombia como un señuelo al viento continental de la unión entre los pueblos.

 

Ese grupo, liderado por Fernando Prieto, un director y actor y dramaturgo bogotano, de 28 años, con un extraño nombre que los identifica como Equis al cubo por  10 unidades, es el mismo que a su regreso, sin tomar ni un día de reposo y sin tener en cuenta el complejo proceso de realizarlo, comenzó a organizar y asumir el reto del Encuentro Latinoamericano de Teatro Joven, que hoy a las 10 de la mañana, en la sala Fundadores de la Universidad Central, comenzará con la ponencia en torno al tema El papel del teatro popular en Chile, que presentará oficialmente el grupo La Carreta, de ese país austral.

 

El Encuentro, que no tiene patrocinio alguno, y que los observadores clasifican como un acontecimiento cultural producto del macondiano combustible que mezcla la locura con el milagro y convierte en realidad los sueños, es, aparte de una variada muestra de lo que hacen hoy los jóvenes teatreros del hemisferio, un punto de intercambio de experiencias y conocimientos que presentados como talleres y ponencias aportan de viva voz y palpitante presencia el testimonio de cómo mientras sin excepción los pueblos latinoamericanos enfrentan gravísimas situaciones políticas e inatajables ataques de violencia, la creación desde la cultura sirve de ejemplo y equilibrio para demostrar la fe y la dinámica de los jóvenes frente al futuro.

 

Los Equis enfrentan todo tipo de carencias: no tienen un lugar dónde ensayar ni un escenario fijo para presentar sus obras, no gozan de subsidio alguno, como sucede con la mayor parte de compañías teatrales que tienen su sede en el Distrito Capital de Bogotá, la gente no los conoce tanto como debería corresponder a su esfuerzo. Sin embargo, con la idea de no claudicar porque sienten la obligación de mantenerse firmes en sus propósitos de hacer teatro para contribuir con una actitud positiva al mejoramiento del estado de las cosas en un país en guerra, donde casi todo el mundo critica pero no asume actitud de consecuencia, siguen en pie de lucha de convivencia pacífica.

 

¿Cómo es La carreta?  

La carreta de los Equis es esa: no dejarse vencer. Por eso han tocado puertas en universidades, instituciones privadas, personas solidarias y todo género de grupo u organización que pueda aportarles cualquier tipo de ayuda: préstamo de escenarios, compra de boletería, ayuda logística, lo que sea.

 

Así, aunque parezca mentira, aspiran a sacar adelante el Encuentro que comienza hoy y al cual acuden, con igual ilusión y desinterés, jóvenes teatreros de todo el continente, a quienes deben recibir, hospedar y alimentar.

El capital visible de los participantes es el optimismo y el amor por el teatro, que se confunde con el amor por su países y la esperanza de ver un continente unido, más imaginativo y menos bárbaro.

 

Si uno se pone a hablar con ellos, o simplemente les escucha o les observa, se dará cuenta de cómo aún en medio de las necesidades y de la falta de apoyo surge una llama viva de acción que hace posible lo imposible y visible lo invisible: si este Encuentro se cumple completo y funciona como sus protagonistas esperan, valdrá la pena señalarlo como ejemplo y buscar cauces de apoyo para que tanto su actitud como su esfuerzo, su persistencia como su filosofía, tengan sustento sólido.

 

La otra Carreta, el grupo chileno que hoy presentará su ponencia sobre la importancia del teatro popular, en la mañana, y su obra Los pájaros mojados, a las 7 de la noche, en el teatro La Mama (calle 63 #9-60), es un grupo que ya está a punto de cumplir 20 años de ininterrumpida actividad en su país, donde  han hecho énfasis en la recuperación del teatro popular como patrimonio cultural, que a la vez funciona como eje de beneficio social en zonas y comunidades marginales y organizan encuentros similares al que hoy los acoge en Bogotá.

 

Los pájaros mojados, la obra de José Yovanne Montea, que presentarán hoy en el estreno del Encuentro, es una bella metáfora basada en la mitológica experiencia del ermitaño de Llay Llay y se expresa mediante la visión y la interpretación de cómo los seres humanos enfrentamos la soledad como un elemento inherente a la existencia, que mediante un lenguaje elemental logra el hallazgo de la poesía, la gratificación que las cosas pequeñas transmiten a la vida.

 

Los promotores de este Encuentro afirman de su trabajo “es grande en el ámbito del teatro joven pues ha permitido que compañías, delegaciones y grupos teatrales en formación, tengan un espacio de confrontación y encuentro a través del Entepola (Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano) fundado por Víctor Soto y David Musa, inspiradores de varios eventos a lo largo y ancho de nuestro continente”.   

La fiesta apenas comienza hoy. Cronopios les mantendrá informados. Bienvenida la gente de teatro de Latinoamérica. 

 

Suerte a los Equis.

 

Cronopios, Sábado 6 de septiembre 2003     cronopios@cable.net.co   

El camino de la ira

 

 

Ignacio Ramírez

 

Suena a paráfrasis pero en el fondo es el espejo de un círculo vicioso, un laberinto sin salida, una pregunta sin respuesta: ¿A dónde el camino irá, en un estado de cosas como las cosas están? Al camino de la ira, sin duda, al sendero sin fin, al envolvente destino infinito del Azhaverus: la condena de caminar y caminar y no llegar jamás a parte alguna.  

Tales andanzas sin destino son las que se captan en el nuevo monólogo de testimonio social puesto en la escena de La Casa del Teatro Nacional por la actriz Carlota Llano, con la dirección de Fernando Montes, en un intento por crear una saga que desde la dramaturgia intervenga en la Torre de Babel de la violencia que hace camino al andar en el presente colombiano.

Viene de Las mujeres de la guerra, de hace un par de años, cuando basada en un libro de reportajes de Patricia Lara, Carlota interpretó a protagonistas de esta situación de angustia y desalojo que cunde por el mapa nacional como un desaforado incendio atizado por las llamas del delirio: todos matan a todos, nadie sabe a ciencia cierta por qué, nadie defiende a nadie, el miedo hace de las suyas azuzado por cincuenta mil locos de cuatro o cinco bandos mientras 40 millones de indiferentes sólo reaccionan como individuos (nunca como pueblo) cuando les llega el turno de la masacre o la desesperanza.  

Por eso, cuando uno ya ha visto Las mujeres de la guerra y llega a A dónde el camino irá, va necesariamente predispuesto a hallar continuidad en el soliloquio y comprobar de qué manera es cierto aquello de “nunca segundas partes fueron buenas”.

Pero no. Posiblemente armados con otro adagio de popular filosofía (“echando a perder se aprende”), los responsables de la puesta en escena han enmendado fallas ostensibles en el antecedente y aunque de todas maneras tienen que enfrentarse a los trances del monólogo en un medio donde la cuentería sobrepasó los límites de lo folclórico y se empinó creyendo que podía llegar a lo artístico –infructuosamente— salen airosos o por lo menos decorosos en una prueba rodeada de riesgos por todas partes.  

Carlota Llano aquí interpreta a otras dos mujeres de la guerra: Chave, la guerrillera/paramilitar (esos engendros se dan más de lo que la gente cree) sinuana, quien en el fondo lo único que desea es que la gente asuma que debe vivir en armonía, aunque no entienda de doctrinas políticas ni se preocupe por su identidad ideológica. Por eso mujeres como ella terminan contando sus historias en las cárceles. Por eso solo hasta el final de la vida se dan cuenta que han perdido el tiempo en estériles luchas, ríos de sangre, mares de lágrimas.  

La otra es Angelita, una niña de Nechí, uno de aquellos pueblos que fueron siempre paraísos y de un momento a otro terminaron convertidos en infiernos por obra y desgracia de los bárbaros. Entonces, con su imaginación bordeando el río y aireando la cometa de los sueños desde la realidad del hambre y el desplazamiento a la urbe  feroz, la chiquita desata la historia que todos conocemos: la ciudad indiferente y monstruosa y agresiva no es aconsejable ni hospitalaria con quienes todo lo tenían (menos plata... ¿Para qué plata en el edén?) y terminaron humillados y ofendidos pidiendo limosna en los semáforos y comprobando que la vida es dura y los colombianos estamos hechos de materia blanda.  

¿Teatro? Sí, teatro, aunque se puede discutir. Esta vez la fuerza del teatro es exclusivamente la actriz, su versatilidad, su capacidad recursiva, porque a veces uno como espectador tiene la sensación de que ya va a comenzar el monorritmo que incuba los bostezos. 

Pero no, por fortuna: Carlota maneja con idoneidad los espacios y el tiempo y en una pieza de 70 minutos logra comunicar al público lo que los personajes encarnados quisieron transmitir: no más violencia, por favor, no más violencia. Pero... ¿A dónde el camino irá si siempre se devuelve?  

Basada en textos de Patricia Lara y Alfredo Molano, quienes a su vez los recogieron de personajes con los que mantienen permanente contacto en su actividad de investigadores, reporteros, antropólogos y buscadores de la paz, la tarea de Montes y Carlota fue de la adaptar para pieza teatral estos monólogos, a los que les pusieron música de piano (Bach y Mozart) ejecutado por Carlota, y textos fundamentales y magistrales de Don Antonio Machado, que son a la hora de la verdad los grandes soportes de poesía y de filosofía que sustentan el todo.  

Más que alegórica o punto de apoyo o recursiva o complementaria o postmoderna, la escenografía es simplista y ni haría falta: un árbol acrílico con brazos donde nada se sostiene. Un supuesto camino que ni quita ni pone. Que quede claro: esta obra es Carlota y es Machado. Y por eso se salva.  

Al final, al menos en la función de anoche, la gente aplaudió contenta e hizo salir (más contenta (s)  que todos) por tres veces al escenario, a las tres mujeres del cuento: La Chave, Angelita y Carlota, tres féminas distintas y una sola verdadera. O al contrario.  Caminante: ¿sí hay camino?...

 

Cronopios, Jueves 4 de septiembre 2003      cronopios@cable.net.co 

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