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Arti e cultura 

 

Tras los vestigios de una ciudad indigena nicaraguense

 

 

Mayra Pardillo Gómez

 

 

Entre las cosas que primero se aprenden al llegar a Nicaragua están la imagen del departamento (provincia) de Chontales, como la describió el poeta, con 'sus ríos de leche y piedras de cuajada (queso fresco)' y las de otras ciudades, cada una con sus características propias.

Sin embargo, el experto Rubén González planteó hace poco a un medio de prensa local que este territorio es por encima de todo una potencia en arqueología, cuya riqueza se esconde entre los llanos, montañas y ríos.

Este arqueólogo añade que 'por donde quiera que uno se mete en Chontales, hay vestigios arqueológicos' y recomienda preservar ese patrimonio, pero además crear las condiciones para el turismo nacional y extranjero.

En su opinión, este rubro debe ser explotado más que la imagen que se ha promovido del Departamento como una tierra ganadera y minera, cualidades que tradicionalmente posee.

El Salto, por ejemplo, fue un lugar donde se asentaron los aborígenes y allí se realizaron excavaciones y extrajeron ídolos que están actualmente en el Museo Arqueológico Gregorio Aguilar Barea, considerado uno de los más valiosos del país centroamericano.

Versiones periodísticas plantean que en este sitio recientemente se sacaron cinco estatuas, las cuales fueron trasladadas al Instituto Nacional de Cultura para ser estudiadas.

Juigalpa, cabecera departamental a 139 kilómetros al sur de la capital, según el escritor Alfonso Valle se deriva del azteca Xuctli-calli-pan, que significa 'criadero de caracolitos negros'.

Con relación al origen del nombre Juigalpa, existen otras dos versiones: una que apunta a un 'lugar abundante en jícaros' y la otra a una 'Gran Ciudad'.

Datos históricos revelan que los Chontales demostraron ser uno de los pueblos indígenas más rebeldes y aguerridos, pues fueron de los últimos aborígenes que mantuvieron una feroz resistencia frente a la dominación española por más de dos siglos, hasta su total exterminio.

Aunque Juigalpa ya existía como asentamiento indígena al arribo de los conquistadores, no es hasta 1659 que su nombre aparece mencionado en un documento de la época.

Raíces en petroglifos

Petroglifos e inmensos montículos de piedra, se asegura aquí, conservan bajo tierra vestigios de los aborígenes nicaragüenses y se pueden apreciar en la comarca San Isidro, en la jurisdicción de Juigalpa.

Para los entendidos, ese es un sitio inexplorado y propicio con vistas a construir un parque arqueológico y de recreación histórica. La riqueza arqueológica es considerada como incalculable, al yacer bajo tierra, en potreros usados para la agricultura y la ganadería.

En la actualidad, en las llanuras de San Isidro se hallan petroglifos que muestran a una madre abrazada a su hijo, un garrobo (reptil comestible) y hasta el pico de un gorrión, entre otros.

González enfatiza que en ese mismo sitio también existen cerca de 150 montículos, sobre los cuales los nativos solían construir sus casas.

Las paredes eran cubiertas con pieles de animales o plantas y los indígenas los escogieron para habitar el área de la ribera de los ríos, 'pues el agua constituía la fuente de vida', apuntó.

Los montículos de San Isidro constituían el asentamiento de la ciudadela de los aborígenes, que con el transcurso del tiempo se fue destruyendo bajo los estragos del sol y la lluvia, aunque los montículos y la mayoría de los petroglifos permanecen intactos.

En los petroglifos sobresalen 'los santos o rituales; los (los indígenas) tallaban en la piedra dibujos abstractos, muchas espirales, figuras concéntricas, porque todo eso eran sus dioses y los petroglifos estaban ligados a sus creencias', explicó el arqueólogo.

En su opinión, 'nuestras raíces están en nuestros petroglifos. Es muy importante para el ser humano saber de dónde venimos y quiénes somos'.

Asimismo se plantea que, a unos 500 metros de donde se encuentran estas piedras grabadas, está un cementerio indígena y que bajo grandes montículos de piedra existen tumbas de los antepasados.

El Museo Arqueológico Gregorio Aguilar exhibe interesantes estatuas precolombinas, descubiertas en la sierra de Amerrique, junto al río Mayales y en Garrobo Grande, cerca del río Mico.

Para los expertos, las estatuas labradas en piedra con formas muy estilizadas son bien diferentes a las descubiertas en la región del Pacífico nicaragüense.

Ahora, con el conocimiento de estos detalles y aunque no es lo mismo ver que escuchar o leer -para los asiáticos una imagen vale más que mil palabras-, se confirma que, además de 'sus ríos de leche y piedras de cuajada', en los cuales se inspiró el poeta Carlos A. Bravo, Chontales emerge como una potencia arqueológica.

 

 

www.argenpress.info   01/07/2004

 

 

Latinoamerica-online  

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