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Arti e cultura 

 

Las voces de la mejor literatura en el Congreso  de la lengua  

 

 

José Saramago, Carlos Fuentes, Héctor Tizón,  Gilberto Gil y Roberto Fontanarrosa

 

 

 

 

El Congreso los tiene como protagonistas -junto  con otros grandes nombres de las letras- y las  actividades en las que participan se constituyen  en foros en los que sus opiniones suenan con la  misma contundencia que sus obras.  -Héctor Tizón convirtió en poesía la función de  la palabra, en su discurso de apertura:

”En mi mundo, mis vecinos, mi rincón, lo único  que de verdad conocía no era prestigioso –  explicó -. Y apelé a un castellano  incontaminado. Debí huir del regionalismo, que  contamina la obra, la engrilla, la acota. Pero  cómo contar entonces la lectura del hombre, su  morada, sus asombros, la presencia o ausencia de  sus dioses, en un lenguaje que conmoviera, en un  lenguaje de amor”. Recordó que "la palabra salva  las cosas del caos, es elección entre la vida y  la muerte". Opinó también que "creer ciegamente  en el progreso, como los positivistas del siglo  XIX, es ridículo hoy. A veces el mal anida en  ciertas palabras, pienso en la expresión  desaparecidos o en otra, daños colaterales.

-Carlos Fuentes pronunció palabras críticas y  lúcidas en el discurso de apertura, y recordó en  una entrevista, a su amigo, Julio Cortázar

En su discurso inaugural del 3º Congreso de la  Lengua, el mexicano Fuentes – uno de los  prosistas y ensayistas más importantes en lengua  española – recordó que “no todo es celebración.  La continuidad cultural de Iberoamérica aún no  encuentra continuidad económica y política  comparable. Tenemos coronas de laureles, pero  andamos con los pies descalzos. El hambre, el  desempleo, la ignorancia, la inseguridad, la  corrupción, la violencia, la discriminación son  todavía ciertos, ásperos, y pantanos insalubres  de la vida iberoamericana”. Y fue aplaudido de  pie cuando cerró su discurso con estas palabras:  "Nosotros aquí, en este gran congreso, sabemos  que la historia no ha terminado, ni han  terminado las palabras que manifiestan felicidad  e inconformidad, escepticismo, confianza, amor y  cólera benditos, dichos en lengua española. El  hispano parlante de ayer le da el verbo al de  hoy y éste, al de mañana. Descendemos del gran  flujo del habla castellana creada en las dos  orillas por mestizos, mulatos, indios, negros,  europeos. Estas voces se oyen en América, se  oyen en España, se oyen en el mundo y se oyen en  castellano”.

Antes, había participado de un coloquio sobre  Julio Cortázar en el Museo de Arte  Latinoamericano de Buenos Aires, junto con  Aurora Bernárdez, Nélida Piñón, Tomás Eloy  Martínez y Juan Luis Cebrián. Allí sostuvo que  “Cuando fui a conocer a Cortázar, me abrió la  puerta un joven muchacho. Le dije: pibe, vengo a  ver a tu papá, y él me respondió: che, soy yo.  Según el autor de La muerte de Artemio Cruz, lo  que hace tan latinoamericano a Cortázar es “el  hambre terrible del lenguaje”. Según él, este es  un rasgo propio de la Argentina, cuyo “carácter  insólito de ser un enorme vacío entre el mar, la  pampa y la montaña parece gritar “verbalíceme” y  acaso Cortázar haya sido una de sus voces más  nítidas”. 

-José Saramago: “La lengua es como las armas”

Entre las opiniones que el escritor portugués y  Premio Nobel de Literatura sostuvo en su visita  a la Argentina, es posible oír los ecos de un  pensamiento polémico e inteligente, orientado a  incomodar y producir una suerte de extrañamiento  que parece confirmar en sus respuestas aquello  que define al inconformismo: que las cosas  parezcan tan naturales en su funcionamiento  perverso, no implica que lo sean y mucho menos  que deban seguir siéndolo.  “La globalización puede llevar a que las grandes  potencias económicas impongan mañana sus propios  idiomas al resto de los países”, sostuvo en  Buenos Aires. Respecto del futuro del  castellano, dijo que, como ocurrió con algunas  civilizaciones por las invasiones, “puede  desaparecer” y advirtió que por las influencias  “la gente puede volverse políglota” aunque  remarcó que “con la fuerza que tiene el  castellano hoy todo el mundo quiere aprender ese  idioma”. Señaló también que hoy “se habla en un  lenguaje más acotado, en el que nos acercamos al  gruñido”. Respecto de la acción de los idiomas,  dijo que “a veces la lengua es un vehículo de la  dominación, como las armas” y recordó que “hace  nos años Disney prohibió a sus filiales en  América latina que sus personajes fueran  rebautizados con nombres en castellano, tenían  que respetar el nombre inglés de origen”.  Consideró que Internet “es un fenómeno juvenil”  y que es común entre los jóvenes “usar un  sistema de distorisiones de las palabras”,  aunque aclaró que no se les puede pedir a los  jóvenes que “sean diferentes en un mundo que  tiene los valores contrarios a los que debería  tener”.

-Entrevista de Silvina freira a Roberto  Fontanarrosa, para “Página 12”, a propósito de  su muy destacada participación en el Congreso de  la Lengua.  No aspira al Premio Nobel de Literatura porque  cuenta que está satisfecho cuando alguien le  pide un autógrafo y le dice: “Me cagué de risa  con tu libro”. “El Negro” Roberto Fontanarrosa  cree que se dirá de él que es un escritor  cómico. Pero no le quita el sueño la definición  que puedan hacer respecto de su estilo o de su  literatura. Sabe que juega de local en Rosario y  que gana por goleada. Quizá por su condición de  rosarino de pura cepa, el Negro será el escritor  argentino que cierre el III Congreso  Internacional de la Lengua Española (CILE) que  se inaugura hoy a las 11 en el teatro El  Círculo. “Tengo a cargo lo que se supone que  tendrían que ser las palabras finales, en  algunas partes lo ejemplifican como ‘lección’.  Si de mí esperan una lección, cagamos todos y  cerremos ya el Congreso”, dice Fontanarrosa en  la entrevista con Página/12. “Puto al que lee  esto”, escribió en un cuento de Usted no me lo  va a creer. “Ojalá se me hubiera ocurrido a mí  un comienzo semejante. Ese es el golpe que  necesita un lector para quedar inmovilizado. Un  buen patadón en los huevos que le quite el  aliento y lo paralice. Ahí, tenés, escapate  ahora, dejá el libro y abandoname si podés.” Fanático de Central, El Negro siente una  preocupación lógica porque Newell’s está  primero. “Una vez un periodista de TV me dijo  que le gustaría hacer un programa en el que me  acompañaran a la cancha. Ni en pedo, qué me van  a venir a romper las pelotas cuando estoy  preocupado con el partido. A la cancha no hay  que ir ni con un chico ni con la novia. Atendés  una cosa o la otra.” 

–¿Se imagina leyendo el texto que empieza  diciendo Puto al que lee esto en la clausura del  Congreso de la Lengua? –(Risas.) Eso en definitiva es un cuento, como  tantos otros. Cuando tuve que ordenar los  cuentos, me pareció lógico que por el título lo  pusiera en primer lugar y muchos pensaron que  era el mensaje o pensamiento vivo del autor, o  una encíclica. En el Congreso tengo una  intervención el próximo viernes y no sabía de  qué carajo hablar. Los lineamientos que te dan,  afortunadamente, son muy amplios. Entonces  decidí hablar sobre las malas palabras, tratando  de no darle un tono a lo Jorge Corona.  Preguntarse, cosa que uno no se ha planteado  mucho, ¿por qué son malas las malas palabras?  ¿Qué lo determina? Supongo que salen del uso y  la costumbre; cómo algunas se han ido integrando  y se las usa casi normalmente en los medios,  cómo hay malas palabras que según el uso pueden  devenir en elogio. Cuando alguien dice que es un  tipo que toca la guitarra “de puta madre”, es  elogioso, lo mismo cuando dicen que es un “hijo  de puta” cómo juega al fútbol. También pienso en  lo irremplazable de ciertas malas palabras: no  es lo mismo decir tonto que pelotudo. Las malas  palabras ya no escandalizan a nadie, pero hay  algunos diarios que siguen poniendo puntos  suspensivos. ¡Qué papel hipócrita que tienen los  puntos suspensivos! 

–Usted es un escritor un tanto ajeno al discurso  de los ámbitos académicos. ¿Le sorprendió que lo  convocaran al Congreso? –Por un lado me sorprendió. Lo puedo entender  por mi relación con la ciudad. Si bien yo no voy  a hacer una charla tipo Seinfeld, tampoco haré  algo académico porque no lo puedo hacer. No voy  a leer, al menos que me digan que es  obligatorio. Si voy a una charla y veo que un  tipo saca quince páginas, tiene que ser algo  maravilloso para que a mí me atrape. 

–¿Esta convocatoria la siente como un  reconocimiento de intelectuales y académicos? –Sí, es una formalidad, pero nunca me he sentido  muy marginado. Por razones geográficas no tengo  mucho contacto con los escritores. Pero me  siento más cerca de los periodistas que de los  escritores, no por elección, sino porque trabajo  para los medios. Sé que de alguna manera es una  distinción que me den la palabra final,  especialmente acá en Rosario. Laprimera vez que  vino Víctor García de la Concha dijo que tenía  problemas con su apellido. Un tipo que arranca  así ya me cae bien. Cuando me habló por teléfono  me dijo que en algún momento junto con Rafael  Bielsa habían barajado mi nombre.

–Ernesto Schóo lo considera uno de los mejores  escritores argentinos y lo califica como “el  Fray Mocho de nuestra época”...  –Si tuviera que decir que no estoy de acuerdo,  es por el simple hecho de que no leí a Fray  Mocho. Debe ser cierto, porque respeto mucho a  Ernesto, que aparte es un amigo. Tengo  influencias de muchos escritores: desde  Oesterheld hasta Salgari. A mí me influyeron  mucho los narradores norteamericanos de corte  periodístico que cuentan algo, como Norman  Mailer, Ernest Hemingway, Truman Capote. Pero  hay cierta lejanía a través de la traducción y  de los paisajes, quizá por eso los  latinoamericanos están más cerca, como Osvaldo  Soriano, con el que me identifico mucho, en  ciertos planos, en contar lo que está alrededor  de uno. Woody Allen me deslumbra pero no sólo  por el humor sino porque tiene un ojo muy  afilado para ver lo que uno tiene adelante. Me  remito a Zelig: un tipo hablaba con un negro y  se empezaba a poner negro, hablaba con un gordo  y empezaba a engordar. Los personajes parecen  escapar de la pantalla y ser de la vida real.  Son esas cosas que decís: “Puta que lo parió,  por qué no se me ocurrió a mí”. Esa percepción  que va más allá de lo humorístico, que él  resuelve para el lado del humor y otro lo haría  hacia la tragedia o el drama. Una cosa que me  desvela es esa manera de captar lugares, escenas  y conflictos muy ricos. Yo no puedo hacer solo  costumbrismo, necesito encontrar algo más, cosas  dignas de ser contadas. 

–¿Para qué sirve este encuentro, cuyo lema es  “identidad lingüística y globalización”? –La ceremonia, la formalidad, debería servirnos  para darnos cuenta del idioma que tenemos a  nuestra disposición. Daría la impresión de que  el idioma tiene como dos condiciones propias del  aire: es fundamental e inadvertido. No nos damos  cuenta porque lo escuchaste hablar siempre y no  reparamos en el instrumento que es un idioma  como el castellano, que no es un dialecto ni una  lengua de grupo. No creo que haya otra región  tan enorme en el mundo que esté ligada por el  mismo idioma. De Ushuaia hasta la frontera de  México con EE. UU. hablamos en español. Una vez  fui a un congreso de dibujantes de toda América  latina, en Quito. A los cinco minutos ya éramos  como chanchos gracias al idioma. Había un  estadounidense que estaba colgado, pobre. Tomar  conciencia de la riqueza que tiene el idioma es  importante. Estoy en contra de toda imposición o  limitación. En tanto uno empieza a conocer más  el idioma, encontrás una cantidad de palabras  que tienen una belleza de sonido que no pueden  ser reemplazadas en otra lengua. No creo que un  congreso pueda influir en el habla popular, ni  me parece que sea la intención. Lo que sí se  puede sacar es conclusiones respecto de la  enseñanza en las escuelas. Ver si se puede  trabajar para un mayor conocimiento del lenguaje  y una cercanía con la lectura. Siempre digo que  lo que más viste a las personas es el lenguaje;  todavía hay cierto prestigio cuando alguien dice  “habla muy bien”, típico del chanta argentino  que siempre se expresa bien. Hay que volver la  mirada y el oído al lenguaje.

–¿Qué influye sobre el habla popular? –Es difícil de establecer, aunque hay veces en  que el periodismo influye a través de programas  de televisión o radiales, que la mayoría  desaparecen, a menos que sean muy acertados. Da  la impresión de ser una realimentación: el habla  popular alimenta al periodismo, y el periodismo,  que usa un vocabulario mucho más rico, influye  en tanto que permite que la gente se familiarice  con el uso de ciertas palabras. Pero el habla  popular es algo muy natural y dinámico. Lo que  empobrece el lenguaje es no saber expresarse. Si  yo escucho a un chico que dice “había un coso,  que tenía una cosa arriba, de donde salían dos  cositos”, me alarmaría por la pobreza con la que  cuenta algo.  -Gilberto Gil y la hibridación de las culturas 

En su fugaz paso por el Congreso, el músico  Gilberto Gil – actual ministro de Cultura de  Brasil – explicó que "Sólo tenemos dos cosas en  la vida: la naturaleza y la cultura, con sus  lenguajes. La lengua es una metáfora para la  madre y, más que una patria, como dicen algunos  artistas, es una matria." 

"Estoy aquí porque somos vecinos, países  hermanos herederos de una misma tradición  ibérica - reflexionó el artista y funcionario-.  El español es una lengua de cultura y de  formación de identidades." "El portugués ha  tenido el mismo papel en la exploración de las  Américas y de África, y creo que debemos  incentivar el intercambio entre nuestros dos  idiomas. En Brasil tenemos que recuperar el  interés por el español, que fue una lengua  importante para nosotros en el pasado, y al  mismo tiempo favorecer la difusión del portugués  en países como la Argentina y Chile." 

Para Gil, el empobrecimiento del habla de los  jóvenes es un problema mundial. "Por ejemplo, el  inglés en los Estados Unidos y en Inglaterra es  horrible. Creo que esto tiene que ver en gran  parte, con la difusión de las nuevas  tecnologías: la televisión, Internet. Los  programas de computación que corrigen la  ortografía, y otros adelantos, favorecen una  tendencia que crece, en el sentido de que  dominar una lengua ya no es tan importante como  lo era en el pasado. Las lenguas se van  convirtiendo, en cierto modo, en elementos  descartables."  "Tenemos que tener una posición relajada,  tranquila – explicó -. Debemos saber que las  lenguas se mueven, no son algo fijo y la simple  voluntad no modifica sus procesos naturales.  Cuando las lenguas viven, viven; y si estaban  muertas y resucitan, mejor, pero eso no ocurre  en ciclos que uno pueda forzar. Las lenguas son  entes vivos y así hay que tratarlas: con cariño  y sin violencia." 

 

www.cubarte.cult.cu     22 de Noviembre, 2004 

 

 

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