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Un Papá Noel andino recorre
el altiplano desde hace siglos Hugo Lévano -
ALC
foto:
www.unap.edu.pe/cultural.htm
PERU -Aunque el mítico Santa Claus o Papá Noel ha desplazado en el
comercializado mundo global al verdadero motivo de la festividad navideña,
Jesucristo, es importante recordar que los pueblos andinos no tienen por
qué recurrir a la leyenda del viejito con traje rojo, abrigo de piel,
trineo y alces, objetos extraños a la cultura andina.
En realidad en la mitología andina existe un personaje tan o más antiguo
que el Sinter Klaas que los escandinavos incrustaron en las celebraciones
de Navidad de los primeros siglos del cristianismo, junto con el abeto
iluminado.
Ese personaje autóctono americano, y que no tiene nada que envidiar al
viejito carcajeante adoptado por los estadounidenses a partir de la
publicidad de una bebida, tiene un nombre mucho más sonoro: equecco.
El equecco es un muñequito diminuto, de no más de diez o quince centímetros
de altura, que lleva al hombro, unas pequeñas alforjas repletas de
regalos, pero, a diferencia de Papa Noel, no se trata de juguetes o artículos
vistosos y superfluos, sino de cosas útiles.
En las bolsas del equecco hay siempre cosas prácticas: autos, casas,
alimentos variados, relojes, herramientas, electrodomésticos y licores.
Todos, por supuesto, en miniatura, pero elaborados con la meticulosidad e
ingenio con que en el pasado los antiguos peruanos levantaron sus templos
y fortalezas.
El eqecco es un producto peruano que empezó a circular hace siglos en el
altiplano conocido como el Collao, una meseta de gran altitud, más de
3.000 metros sobre el nivel del mar, que se extiende por el sur andino de
Perú y parte de Bolivia, y que es poblado por gente de habla aymara.
No se sabe a ciencia cierta cómo surgió el equecco. Algunas leyendas
dicen que en un tiempo hubo una gran sequía en el altiplano. Fue entonces
que apareció el hombrecillo. Andaba entre el viento, tocando su antara o
flauta de cañas. Los que lo escuchaban recibían de obsequio los objetos
que llevaba en sus repletas alforjas.
Otros dicen que se originó como representación de los mercachifles, en
tiempos de la colonia. Esos comerciantes trashumantes, criollos o españoles
emprobrecidos, recorrían las aldeas andinas llevando los artículos que
para los indígenas eran símbolos de modernidad: relojes, ollas metálicas,
cubiertos.
Sea como fuera, el equecco lleva en sus bolsas infinidad de objetos, todos
diminutos, que se denominan alesitas. Estos se ofrecen en las ferias
campesinas. Alesita es una voz aymara que significa "llévame" o
"cómprame". Pero en los primeros tiempos, ni los equeccos ni
las alesitas eran comprados. Para que surtieran los efectos de prosperidad
que les atribuían tenían que ser obsequiados.
Los historiadores dicen que se confeccionaban equeccos y alesitas de oro y
plata. Pero ahora es común que se confeccionen de arcilla, hueso u otros
materiales poco costosos. El traje que llevan es el común de los indígenas,
aunque a veces luce andrajoso. Usan "ojotas", las sandalias de
cuero andinas, pero algunos llevan botas.
En todo caso, el equecco, como el verdadero "dueño" de la
Navidad, el Niño Jesús, es símbolo de amor y generosidad. Incluso de
fecundidad, que, en cierto modo, para el pueblo andino, es también símbolo
de opulencia.
www.adital.org.br
13 de diciembre de 2003
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