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cubanas
Última foto del profesor Ricardo Repilado Parreño, durante su participación en el Coloquio Nacional José Soler Puig, efectuado en Santiago de Cuba del 6 al 8 de noviembre pasado
Su figura diminuta, casi frágil, ya no caminará más por las calles arboladas del reparto Vista Alegre, o por entre los bancos y losas del Parque Céspedes; ni entrará más a la casona de la UNEAC, en la calle Heredia, ni a las aulas de la Universidad de Oriente, donde cinco generaciones de profesionales de las letras se nutrieron de su sabia. La mente de Ricardo Repilado Parreño, eso sí, estuvo clara hasta el último instante. Y tanto conocimiento y habilidad para explicar los secretos más íntimos de la gramática y la redacción; o para hacer el ensayo más profundo o la crítica más certera parecían no caber en tan breve humanidad. El sábado último, por la noche, las complicaciones pulmonares, ayudadas por los 87 años, pudieron más que el espíritu casi indoblegable de Repilado, y dieron fin a su existencia, en Santiago de Cuba, donde había nacido en 1916. Esta vez no pudo sortear al destino. Y su Santiago de Cuba, y Cuba entera, se quedaron sin un profesor insustituible; sin el escritor, ensayista y critico literario. Repilado fue una figura emblemática de las letras cubanas del siglo XX y junto con José A. Portuondo y Cintio Vitier integró la tríada perfecta de la crítica y la ensayística literaria cubana. Maestro de corazón, lo mismo sirvió en los cubículos universitarios, que en las bibliotecas, las librerías o en la casona de la UNEAC; o en la sede de la UPEC, donde llegaba 30 minutos antes de la hora acordada para el encuentro con los periodistas, pero con puntualidad cerraba la puerta al iniciar la conferencia, porque con él no cabían interrupciones; su ritmo, que extasiaba, era fluido, penetrante. Quizás ese empeño por ensañar mantuvo a Repilado en activo, casi hasta los últimos momentos. Nunca, en realidad, dejó al margen su labor de promotor cultural en Santiago de Cuba, y en 2001 dio a conocer otra faceta, casi desconocida: su arte en la fotografía artística, que la revista SIC de la Editorial Oriente, se encargó de perpetuar. Ahora, cuando llega el final, vienen a la mente sus obras literarias más conocidas, que son imprescindibles textos universitarios: Metodología de la Investigación Bibliográfica, y Dos temas de Redacción, tan utilizados por quienes aspiran a formarse en las letras; o Cosecha de dos parcelas, el libro de ensayo crítico e histórico, que le abrió las puertas del Premio Nacional de la Crítica Mirtha Aguirre, en 1978. Pero hubo más: sus trabajos numerosos, en publicaciones como Casa de las Américas, Del Caribe, Unión, Revolución y Cultura... También, ser jurado en el Premio Casa de las Américas, y llevar con orgullo la Placa José María Heredia, la Distinción Raúl Gómez García, y la Distinción por la Cultura Nacional. Hombre de memoria portentosa, Repilado además de maestro, pedagogo, profesor universitario, y prestigioso ensayista y crítico literario, fue un amante inveterado de Cuba, pero más aún de Santiago de Cuba. Fue ese amor por el terruño nacional, y su inteligencia preclara, la que hizo expresar a David Aguilar Peña, rector de la Universidad de Granada, a principios de 2003: "Dentro de un sitio tan bello y tan histórico como Santiago de Cuba; de entre tantos buenos momentos que he pasado aquí, puedo decir que el recuerdo más emocionante que me llevo es haber compartido con una personalidad única como es el profesor Repilado". Junto con Adolfino Cosío, José Soler Puig y Francisco Prat Puig, Ricardo Repilado se ganó un lugar dentro de la historia de las letras cubana y santiaguera. Jorge Luis Hernández, un entrañable amigo, le dijo las últimas palabras en el sepelio: "Vivió en el laberinto lleno de trampas de las palabras y supo domesticarlas hasta donde era posible. Vio luces y sombras en un parque de Brooklyn, como Walt Whitmam, y los canales de manso declive que en Samarcanda hizo abrir Alejandro, el Griego. Y también un niño que, sobre las tablas tal vez demasiado frágiles de un muelle, mira su mano, la cuerda que ella sostiene, y el milagro por hacerse del pez al otro lado del espejo. "Sus ojos siguieron las huellas de Deckens y Virginia wolf, y las de Víctor Hugo. Frecuentó la palabra fresca en la tinta de los papeles de los Céspedes y Melchor de Agüero... Quiso enseñarnos todo eso y revelarnos los instrumentos para que nosotros mismos pudiéramos dejar testimonio de nuestras luces y sombras... Pasó por momentos difíciles, como todos los hombres, y vivió con dignidad". Ricardo Repilado Parreño amó todo lo que fuera cultura y beneficio para el hombre. Era venerado por quien lo conocía, y admirado sin límite, por quien decidía aprender de él. Y ese fue el premio mayor que se llevó con él a la eternidad: la gratitud de los hombres.
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