Pagina iniziale    Il nostro sito    Mappa del sito/Archivio    Appuntamenti della cultura    Per contattarci 

 Latinoamerica      Mondo Caraibi      Letteratura 

 

Letteratura

 

 

 

Confesiones explosivas

 

Ernesto Cardenal y los secretos de la Revolución

Edwin Sanchez         SANCHEZ edsanchez@elnuevodiario.com.ni

 

Interioridades jamás reveladas. Secretos casi inconfesables. La relación de Daniel Ortega y Rosario Murillo y el caso Bismarck Carballo, son parte de los condimentos con que Ernesto Cardenal salpica su libro de confesiones, más que de memorias, “La Revolución Perdida”.

En la primera semana que siguió al 19 de julio de 1979, el poeta andaba con todo su Ministerio de Cultura en la cabeza, no hallaba dónde poner aquel encargo inédito en los gabinetes nacionales desde los tiempos de Frutos Chamorro.

Pero el problema mayúsculo para Cardenal sería el surgimiento de una mujer que llegó a tener más poder que una Primera Dama titular de “un gobierno burgués”, donde las preocupaciones son las propias de una emperifollada “ángel de la guarda”: inaugurar orfanatos o entregar sillas de ruedas.

Las primeras damas de la revolución se distraen en otras cosas menos aburridas, si nos atenemos a lo que dice el autor: desbaratar un Ministerio de Cultura, por ejemplo, o arrinconar escritores y viceministras poetisas.

¡QUÉ BELLO DESORDEN!

Sin embargo, en una añoranza casi de hippie, en el libro le escucharemos, porque está escrito más para escucharse que para leerse: --¡Qué bello el desorden de los primeros días!

El gobierno comenzó a despachar desde el Hotel Intercontinental, desde sus cuartos, pasillos y hasta cafetería. Relata Cardenal en un estilo sin los vuelos literarios de Gioconda Belli: “Tomás Borge, con su Ministerio del Interior se tomó todo el último piso (del hotel) porque tenía un poder muy grande, casi un poder paralelo; el poder se lo había dado su popularidad, y su popularidad había sido por la guerrilla, la clandestinidad y la cárcel”.

SANTA REVOLUCION

Pero aun desde aquellas semanas, cuando apenas se empezaba a estrenar la Revolución, por cualquier razón rondaba la idea de una derrota, de un arrojo inaudito del poder, aunque se viera en ese momento tan imposible como una Junta de Gobierno juramentada por el mismísimo Ronald Reagan.

“Poeta --le dijo un Sergio Ramírez eufórico-- esta Revolución jamás será derrotada por los gringos, porque hasta los niños más pequeños son comunistas (remedando jocosamente a nuestros enemigos al decir esa palabra). Y ciertamente lo fueron en su inmensa mayoría esos jóvenes y niños... y lo hubieran sido también después los que entonces aún no podían caminar y los que aún no habían nacido, si la Revolución no hubiera sido derrotada, no por los gringos, sino por sus propios líderes”.

En esta retrospectiva, el autor de “La Hora Cero”, oye todavía a Tomás decir que “la revolución era invencible y que nadie la podría destruir, a no ser que la destruyeran los mismos sandinistas”. Y eso fue lo que ocurrió.

Un miembro de la Dirección Nacional dijo una vez que cuando la opinión es de un colectivo es más difícil equivocarse, subraya el poeta en esos años de embriagación idílica, cuando todo era lindo y los teólogos de la liberación miraban a los comandantes como arcángeles que habían destruido la Gomorra del somocismo. Él lo dice, en una suerte de nostalgia y remordimiento cruzado: “La sabiduría de esa dirección colectiva nos pasmaba, no sólo en Nicaragua; en el mundo entero. Ahora se pueden ver los errores, pero (antes) no se veían.”

“Y fue hasta después, cuando se perdió la Revolución, que en el sandinismo hubo el poder de una sola persona”, agrega en otra crítica.

CONSEJOS NO PEDIDOS A FIDEL

Fidel, cuenta después, le manifestó a Cardenal que era importante que la Revolución de Nicaragua no siguiera cometiendo los errores que cometía. “Le dije que él debía aconsejar a los comandantes, y él me dijo que nunca daba consejos a no ser que se los pidieran”.

“En cuanto a esos errores nuestros, sólo mencionó uno, diciendo: Nadie se debe meter en la vida privada de un sacerdote. Se refería a una trampa sexual que se le había puesto a un sacerdote, para después exhibirlo desnudo, como una evidencia de que había sido sorprendido in fraganti con una mujer”.

DEL PAPA Y SUS PREPARADOS DISCURSOS

Otro de los ingredientes, y de primera mano, hasta donde no puede mentir un cura, es todo el escenario de la primera venida de un Papa a Nicaragua. Es la pieza que hace falta de este rompecabezas llamado Juan Pablo II, quien durante su estadía en el país actuó más como el Karol Wojtyla de la Polonia comunista.

Los analistas religiosos en España observaron, señala Cardenal, que el Papa “estuvo muy efusivo y cariñoso en toda su gira por Centroamérica, acarició a los niños, a algún lisiado... pero no estuvo así en Nicaragua, sino que desde la llegada se mantuvo muy serio y muy rígido, sin ninguna espontaneidad afectiva, ningún gesto que no fuera controlado”.

Todo alrededor del viaje papal fue negociado. Hasta el saludo protocolario en el Aeropuerto, los que debían estar en la tarima, que si se quitaba el cartel de los héroes sandinistas, que esto y lo otro.

El entonces ministro de Cultura sospecha que la “brusca admonición” del Papa, a quien dice querer haberle besado el anillo, “fue bien premeditada” por el pontífice, y que las cámaras de TV “estaban sobre aviso”.

Uno de los puntos que no se negoció, ni se imaginaban los sandinistas, es que el arzobispo Miguel Obando interviniera, pero abrió “sorpresivamente” la misa. El autor no esconde su malestar devenido en crudo pesar: “Tanto que se esforzó la revolución en colmar esa plaza de gente y fue para que a esa gente le hablara ahora “el archienemigo de la Revolución”.

Era evidente que el Papa odiaba la Revolución sandinista y había llegado a Nicaragua a pelear, afirma. El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo.

EL TEXTO DE HUMBERTO BELLI

Aquella tarde, cuando se alejaban de la plaza, recuerda el sacerdote, cayeron tinieblas sobre los católicos y vaciló la fe de muchos, y algunos hasta la perdieron, refiriéndose a que el también jefe de Estado jamás oró por los caídos, como le pedía la gente.

El Papa había hecho bien su papel. Cita Cardenal que la revista Informaciones Católicas Internacionales, dijo: “Parece más bien un informe hecho por el Consejo de Seguridad de Estados Unidos que un documento pastoral. Todo ahí se realiza en términos políticos y relaciones de fuerza; no hay vestigio de una preocupación pastoral o evangélica”.

Se descubrió que el autor era el nicaragüense Humberto Belli, un fanático de derecha. El texto fue sintetizado por un equipo especializado de norteamericanos, con una estructura gramatical y sintáctica tomada del inglés, y con él fueron elaborados los discursos que el Papa llevó a Nicaragua.

 

www-ni.elnuevodiario.com.ni    29 de octubre de 2003

 

Latinoamerica-online .info

Ass. Cult. Imago Mundi - Direttore Mariella Moresco Fornasier

Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 768 del 1/12/2000 - © Tutti i diritti riservati