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Arti e cultura 

 

  Medellín: El ombligo poético del mundo

 

 

Andrés Felipe Osorio  -  escritor y periodista colombiano

 

 

 

 

 

 

 

El Festival Internacional de Poesía de Medellín ha llegado a los catorce años, con la plenitud de un adolescente.

Es el festival más importante del mundo y este año hubo cuatro recitales en Bogotá, algo que se había reservado hasta la fecha.

Sus logros son muchos, pero quizá el más atrayente sea su capacidad para utilizar la palabra como un antídoto contra la violencia. En el año de su creación, 1991, el horror invadía las calles de Medellín. Incluso el lenguaje estaba contaminado. Los organizadores del festival lo recuerdan así: “había una alta tensión en la atmósfera anímica de la población y el lenguaje cotidiano entró en un lamentable deterioro, irradiando violencia y malestar. Imperaba el miedo. Miedo a ser silenciado, es decir, aniquilado.”

Pero fue precisamente el lenguaje el que sirvió de antídoto, como lo testimonio el poeta brasilero Alfonso Romano de Sant'Anna, participante del III festival: "la poesía ocupando espacios entre bombas y flores, allí donde la esperanza es tan explosivamente necesaria".

El director del evento, el poeta Fernando Rendón, habló con Cronopios sobre detalles fundamentales de esta iniciativa.

 

¿Cómo nació la idea de hacer el Festival?

 

1991, año de fundación del Festival Internacional de Poesía de Medellín, fue particularmente duro para Colombia (¿cuál no lo ha sido?), y Medellín en particular sufrió, más que ninguna otra región del país, los rigores de la brutal guerra entre el narcotráfico y el Estado. La ciudad vivía aterrorizada, y los carros-bomba eran el pan cotidiano de la comunidad. No sólo esa guerra se libraba: también, y como desde hace 40 años, se mantenía el enfrentamiento entre la insurgencia y el Estado. En esas condiciones, la dirección de la Revista Prometeo decide convocar el I Festival de Poesía de Medellín, el cual tuvo un carácter nacional, con la participación de 13 poetas. La masiva respuesta del público mostró que existían necesidades de carácter cultural y espiritual no satisfechas, que una sed de cosas nuevas se manifestaba de manera clara, y que la poesía parecía poder satisfacer parte de esa necesidad.

Desde entonces se han celebrado trece ediciones del Festival Internacional de Poesía de Medellín, con un claro desarrollo ascendente cuantitativo y cualitativo respecto al público y a los poetas invitados, con la participación hasta la fecha de cerca de 600 poetas de 105 naciones, a través de 700 lecturas de poemas en casi todas las principales ciudades colombianas.

 

 

¿Cuál es el recuerdo más grato que tiene usted del Festival?

 

Sin duda la gran alegría popular que se percibe, como hoy, a medida que se acerca el Festival, y en el desarrollo del encuentro mismo, y la maravillada impresión que se llevan los poetas que toman parte en el Festival, que hizo expresar al poeta y filósofo alemán Hans Magnus Enzensberger:

“Un enigma es todo esto; todos se preguntan cómo es posible una metrópoli de la violencia que arde en deseos de escuchar poesía...Tal vez sea preciso viajar hasta el otro confín de la Tierra para salirse de esa atmósfera de insensibilidad que reina en nuestro ámbito cultural, y para convencerse de que unos cuantos versos -¡Quién lo hubiera imaginado!- pueden, todavía hoy, insuflar espíritu a toda una ciudad, como en los tiempos homéricos”. (Revistas Du y Humboldt, año 2000).

 

¿Cuál es en su concepto el impacto cultural y espiritual del Festival? 

 

La poesía que nutre la imaginación y el espíritu de la sociedad, en un tiempo de miseria material y penuria espiritual generadas por la guerra, la poesía que congrega o disgrega, como decía José Martí, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe o el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues mientras esta les proporciona el modo de subsistir, la poesía les da el deseo y la fuerza de la vida".

El Festival Internacional de Poesía de Medellín encarna el escenario ideal de diálogo y unidad entre las culturas, el reconocimiento y abrazo de las tradiciones culturales y poéticas del mundo actual a la vista de todos.

En un país en el que los niveles de participación cultural están cada vez más cerrados a las amplias masas de la población, en el que las condiciones de vida materiales y espirituales se encuentran cada vez más deterioradas, y en el que los niveles de violencia se recrudecen sin que haya una esperanza razonable de que decrezcan en el corto y mediano plazo, el Festival Internacional de Poesía de Medellín se convierte en una alternativa real para que la comunidad se reúna y se mire a sí misma desde otra perspectiva, se revalorice y enriquezca su imaginario.

 

¿Cuál es el impacto social del Festival? 

 

El Festival ha realizado lecturas de poemas en auditorios cerrados y al aire libre, calles, parques, puentes, barrios populares y asentamientos de desplazados, universidades, bibliotecas, planetario, teatros, sedes sindicales y cooperativas, colegios, casas de la cultura, tabernas, sedes campestres, coliseos deportivos, centros comerciales, estaciones del metro, museos, fábricas, iglesias, cárceles, hospitales, cerros y reservas ecológicas.

El Festival Internacional de Poesía de Medellín se ha constituido, a lo largo de estos trece años, en un evento imprescindible para la ciudad de Medellín y para Colombia, que ha convocado más de un millón de personas desde su fundación.   

El Festival es uno de los bastiones del proceso de democratización de la cultura colombiana y de la libertad de expresión y de reunión. Es también una expresión de la defensa de los derechos culturales de nuestro pueblo, en un país intolerante y hostil a la vida.  

Contribuye mediante la presencia de los poetas venidos de diversos países del mundo,  a romper el aislamiento cultural en el que, paradójicamente, nos han sumido la proliferación y la hegemonía de los medios de comunicación.  

Involucra a los jóvenes en los procesos de amorosa participación comunitaria, ayudando de esta manera a acrecentar o construir un sano sentido de pertenencia tanto a un entorno inmediato como al de participación en las grandes preocupaciones del hombre actual. 

 

¿Cuál es el impacto económico?

 

El Festival ha demostrado que los poetas y artistas colombianos pueden organizarse y constituirse en una fuerza política y económica independiente. El Festival ha ingresado a nuestro país cerca de mil quinientos millones de pesos en aportes de entidades internacionales para su realización en los últimos años. Ha atraído turistas de otras naciones y de otras ciudades colombianas. Para que el Festival sea posible trabaja un equipo de Prometeo que en los días de realización del evento asciende a más de cien personas, de manera directa, pero cabe tener en cuenta que intervienen en todo el mundo a su favor empleados de los ministerios y de las embajadas colombianas, asociaciones de escritores y aerolíneas, y en nuestro país funcionarios del cuerpo diplomático, empleados en los hoteles, las sedes culturales, el cuerpo de bomberos, la defensa civil, la logística, quienes esperan a los poetas en el aeropuerto, los que editan o difunden la información relativa al evento, los que colocan pasacalles y pendones, los que atienden los stands de información y distribución de literatura, los traductores, los intérpretes, los vendedores que se movilizan alrededor del evento en los actos públicos. ¿Cuánto suma todo ello? No lo sabemos.

 

¿Por qué tardó tanto en traerlo a Bogotá?

 

Porque solo un alcalde con una mente abierta y pluralista como Luis Eduardo Garzón, podía comprender la dimensión e importancia para Colombia, en el mundo, de tener poetas de todos los continentes en la capital del país, para propiciar el enriquecimiento espiritual y sensible de sus habitantes. Los anteriores alcaldes se habían negado a ello. El propio Banco de la República, que escasamente pagaba cada año los tiquetes aéreos y el alojamiento de poetas invitados por el Festival para llevarlos a otras ciudades colombianas, este año contrarió los intereses y aspiraciones del público de otras ciudades colombianas, eliminando de tajo su aporte. 

 

 

¿Cuál es el propósito de traer el Festival a Bogotá?

 

 

Insuflar a la capital del país del espíritu irreductible y revolucionario de la poesía, propiciar una revolución poética en las costumbres del país, proponer a los colombianos una patria para la vida, extender el abrazo fraterno y solidario de la poesía mundial al pueblo colombiano, abrir una tronera en los muros del desencanto y el nihilismo para que Colombia sepa que sin poesía y contra la poesía no habrá un nuevo país.  

 

 

cronopios@cable.net.co

 

 

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