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Canción social y Teología de la Liberación convergen en una obra de alta cirugía 

El cirujano y escritor guatemalteco Juan José Guerrero obtuvo el premio de ensayo Mariano Picón Salas en Venezuela. 

 

Lil Rodríguez - Periodista, colaboradora de Adital en Venezuela 

 

Cuando muchos venezolanos no han entrado ni en la vida ni en la obra de Mariano Picón Salas (Mérida 26-01-1901- Caracas 01-01-1965) el médico y docente guatemalteco Juan José Guerrero Pérez pareciera estar de regreso en la investigación y afecto por la obra del ensayista y diplomático merideño. Y el premio obtenido en Venezuela es doble, primero por el premio mismo, y segundo porque lleva el nombre de un escritor estudiado y admirado por él desde los días de la escuela de su infancia en su ciudad natal, Cobán, departamento de Alta Verapaz, Guatemala.

El jurado del premio decidió por mayoría galardonar la propuesta “La canción protesta latinoamericana y la teología de la Liberación. Estudio de Género y análisis de vínculo socio político y religioso, años 1968-2000” firmada con el pseudónimo Martín Garatuza.

Al abrir los sobres identificatorios, Mirla Alcibíades, María Tejera y Luis Britto García se encontraron con un escritor, médico cirujano, nacido en Guatemala en 1953.

Antecedentes

Llegó a Caracas acompañado de su esposa Ileana, quien, al igual que él, transpira guatemalidad por los poros. Debió soportar una intensa agenda llena de entrevistas con los medios de comunicación, pues a todos interesó y cautivó un premio venezolano en manos de un guatemalteco, entre otros detalles porque no son muchos en tierra venezolana.

“Cuando yo comencé a estudiar, en mi pueblo no había carreteras; era un ambiente naturalmente rural. Tal vez por ese aislamiento nuestros maestros fueron tan excepcionales. Se esmeraron en mostrarnos el mejor mundo en aquellas aulas llenas de ruralidad.”

El ahora doctor evoca que a Mariano Picón Salas y a Rómulo gallegos, entre otros, los conocieron en aquellas memorables clases. “Y no eran clases de literatura. Eran clases de gramática”. Guerrero también recuerda que había que ser muy rápido con el pensamiento frente a los maestros. “Ahora, gracias a la computadora, los jóvenes son lentos en el pensamiento pues todo lo dejan en manos de la Internet”.

“En la educación de mi pueblo, lo mal hecho tenía un castigo singular. Por ejemplo, una vez, ante una falta mía, el castigo fue que escribiera un trabajo para enviarlo a un certamen internacional. Yo tenía 17 años y estaba muerto de angustia con semejante penitencia. Y resulta que obtuve el primer premio. Mi castigo se convirtió en un nuevo camino de exploración.”

Otro vínculo

Surgido en una familia conservadora católica, a falta de cine, tuvo, y con agrado, clases de latín. Pero además el padre le inculcó el amor y lo hizo hablar los idiomas (“no dialectos ni lenguas, por favor”, sugiere), de su región y de su patria.

Al internarse en el estudio de la iglesia católica se dio cuenta que desde David había canción protesta en el catolicismo. De la canción social de los pueblos de América parece que se dio cuenta desde siempre.

Siempre quiso ser maestro. Pero estudió primero medicina y se hizo cirujano. “Llegué a ser cirujano de guerra porque mi país atravesaba una. El stress nos vencía, y en mi familia todos se preocupaban porque en mi tierra un cirujano normalmente moría a los 50 años víctima del stress.

Con el tiempo estudió educación. “Y no sólo me hice maestro sino que me licencié pues quería ejercer con todas las herramientas a la mano”

Ha estudiado en profundidad los idiomas de su pueblo, el Keckchí, por ejemplo, y actualmente hace medicina de proyección social en su ciudad natal, Cobán, junto a su labor de docente universitario, y de investigador escritor.

La obra

En cuanto a la obra galardonada Guerrero la sostiene en la tesis de que antes de 1967 no hubo punto de contacto entre la práctica católica y la música de protesta surgida en el continente. “El punto de fusión, de contacto, fue la Teología de la Liberación, y eso abordo en este trabajo”. 

El Concilio Ecuménico Vaticano II fue determinante en todo ese proceso, afirma, y ante la pregunta en torno al uso de los idiomas natales trasladados a la liturgia, se alegró mucho. “Es que ese fue uno de los secretos. Antes no podía haber relación. No había cordón que uniera. No era posible pensar en Latín a Alí Primera ó a Los Guaraguao. Luego de ese avance de la Iglesia, en la canción social era con Dios con quien se hablaba mientras conquistábamos una religión con música. La Teología de la Liberación fue la gran síntesis. No hay duda”. Y fue explícito hablando de lo que significó lo hecho por Juan XXIII, y de aquella memorable e histórica visita de Paulo VI a tierras latinoamericanas.

Y fue más allá con lo que acontece en la actualidad.” Hoy hay problemas, porque mientras se pide que la liturgia y los cantos en la iglesia se expresen en los idiomas nacionales, los pueblos han ido más allá y se expresan ante Dios en sus idiomas vernáculos, regionales, hermosos, en los idiomas de su corazón”.

Juan José Guerrero recibió el premio Mariano Picón Salas el pasado 26 de enero. Reconfirmó ante el auditorio que plenó las instalaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, a Venezuela como cuna del Ensayo modernista en la América Latina. Sirvió su presencia para que muchos volvieran los ojos hacia el paso literario de venezolanos no conocidos como tendrían que serlo. Otro mérito para el guatemalteco que no se cansó, mientras estuco en Caracas, de invitar a todos a conocer Centro América, y en especial, a Guatemala.

Del libro, habrá que esperar a que entre en imprenta. Pero es una multitud pendiente, presionando. Luego de 14 años sin ellas, Juan José Guerrero piensa por fin en unas vacaciones… para seguir escribiendo. Y como cantaba Alí Primera, “Guatemala es corazón…”


Si usted quiere comunicarse con el doctor Juan José Guerrero, puede hacerlo a:  
guerrero@verapaz.com

 

 

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