Argentina - Circo Social del Sur,
un proyecto de
la Fundación Pupi y de la Ong italiana Icei
Circo Social del Sur es una asociación
integrada por artistas de circo, comunicadores y trabajadores sociales quienes
utilizan las destrezas circenses como herramientas para intervenir de manera lúdica
sobre la infancia en situación de riesgo social.
A través de las técnicas de malabares, zancos, acrobacias y trapecio -propias
del circo-realizan una propuesta concreta de aprendizaje para aquellos niños y
niñas en condiciones de vulnerabilidad social.
Desde mediados de 2004 realizan, junto al ICEI (Instituto de Cooperación Económica
Internacional), sus actividades en la Fundación PUPI.
Proponen talleres semanales para 50 niños y niñas de entre 6 y 15 años
provenientes de la comunidad a la que pertenecen los chicos de nuestra
Fundación.
Con su trabajo, Circo Social del Sur, intenta potenciar las capacidades que los
niños y jóvenes poseen, estimular un mejor desarrollo físico, como así
también,
transmitir valores sociales, tales como solidaridad, respeto y confianza, para
alcanzar un desarrollo integral de los niños y jóvenes hacia mejores niveles
de vida.
www.fundacionpupi.org
El Circo Social del Sur
Mabel Bellucci especial para ARGENPRESS.info
Allá por 1840 arriba a la vieja aldea de Buenos Aires el 'Circo Olímpico' de Juan
Lippolis. Sin imaginar lo que significaría luego para su
vida, un jovenzuelo, Sebastián Suárez, concurrió a la estación de Retiro para ver el evento. De aquel
encuentro, como mágico, terminó sintiendo que el circo sería vital en sus correrías
futuras. Dos décadas después, confeccionó una rústica
carpa con cañas, alfajías, palos y maderas variadas.
Armado el precario sitio, a la entrada colgó un cartel - escrito con letras
relucientes, brillantes -,que rezaba: 'Flor América'. Con ropas estrafalarias y la cara
pintarrajeada, el joven Suárez se transformó en Tony Panchito, un payaso que además hacía sus piruetas
acrobáticas. Así, de este modo sencillo, nació el primer circo criollo que asombró y deleitó al público en
territorio argentino.
Con el tiempo, otras versiones circenses van saliendo a
escena. En 1866, los hermanos José Antonio (Pepe) y Gerónimo representan la obra de
'El Juan Moreira', de Eduardo Gutiérrez. Luego, en el agreste pueblito rural de Chivilcoy se eleva otro circo
criollo.
Pero las versiones no concluyen aquí. Se sabe de la iniciativa de un caballero
inglés, Santiago Spencer Wilde, de instalar- entre las calles Florida y Córdoba- el
'Parque Argentino'. Corría el año 1827 y este espacio cobró notoriedad por su arte
lúdico, continuando las funciones del espectáculo circense con artistas
nativos.
Wilde se caracterizó por ser un amable anfitrión de cuanto circo extranjero llegara por estas
tierras. Y qué hablar de los famosos hermanos Podestá, aunque muchos especialistas los identifiquen más a las tablas del teatro que al mundo del circo. No
obstante, los Podestá le dan una vuelta de tuerca al mundillo circense que imperaba en ese
entonces: comienzan a difundir música telúrica a lo largo y ancho del
país, rescatan una diversidad de canciones que habían caído en el
olvido, al tiempo que se mueven con coreografías y danzas
tradicionales. En suma: el punto distintivo de este espectáculo concluye siendo su temática
gauchesca.
Puede decirse entonces que el circo en la Argentina dispone de un tinte
propio: la impronta de su 'criolledad'. En cuanto al formato utilizado, se trata de una carpa redonda de lona blanca y rústica que dispone en su interior de dos escenarios de
acción: la pista y el tabladito. En ellos, se mueven diferentes
personajes, alejados del conocido clown sajón de peluca azafranada, como es el payaso que parodiando al gaucho en un estilo picaresco, satiriza a fondo la vida política de
entonces.
En verdad, el drama gauchesco entrecruza la pantomima circense naturalmente improvisada junto con técnicas tradicionales del teatro. En el circo criollo se ofrecen números de
acrobacia, trapecio y clown como primera parte del
espectáculo, y luego se representan obras teatrales.
Entre la mímica y la composición plástica de las escenas
denunciativas, el circo criollo ocupa un lugar preponderante en el espectáculo público desde mitad del siglo XIX en
adelante. En su condición de arte popular, representa el triunfo de la dramática
rioplatense.
De aquellos primeros tiempos del circo criollo a estos
días, muchas otras cosas han sucedido tanto en la historia circense como en nuestro
país. Como eslabones de esa cadena original, el circo se va recreando no sólo para su perduración sino también para convertirse en una herramienta educativa de contención de aquellos sectores de riesgo social, tales como los niños y niñas en condiciones de
vulnerabilidad. En la actualidad, el ejemplo más significativo está representado por el Circo Social del Sur.
A través de las destrezas de malabares, zancos,
acrobacias, trapecio, danza, música y expresión plástica, esta asociación- integrada por artistas de circo, comunicadores y trabajadores sociales- implementa técnicas de pedagogía
lúdica. Partiendo de una noción grupal, trabaja con una clara intención de generar un espacio de aprendizaje mediante la utilización responsable y creativa del tiempo libre. En tal
contexto, sus actividades se presentan como un modelo alternativo de intervención y
prevención, así como también de educación, comunicación artística y
construcción comunitaria.
Para ello, disponen de módulos formativos en torno a cuatro áreas temáticas prioritarias que funcionan de manera
articulada: la pedagógica, lo social, lo artístico y las relaciones
internacionales. De esta forma, se trasmiten reglas, puntos de referencia y valores de notable importancia social, quebrantados por la lógica capitalista
neoliberal, como la solidaridad,
el respeto y la confianza para que los niños y jóvenes alcancen mejores niveles de vida
cotidiana, afectiva y pública.
En una sociedad capturada por la enajenación del mercado donde cada quien tiene un precio en el marco de una guerra civil permanente y
silenciosa, los jóvenes son las víctimas anónimas de nuestra Argentina democrática y
republicana.
Ellas y ellos están cruzados por una violencia naturalizada y sin mediaciones que se expresa por igual en las relaciones
íntimas, familiares y sociales. Dentro de tal escenario, las lógicas de vivir o morir están por fuera de sus propias decisiones
individuales. En rigor, se trata de almas abandonadas a su
suerte.
Sus aventuras y desventuras suelen ser desconocidas por la llamada democracia y recordadas por los guardianes del
orden, toda vez que, hasta aquí, fueron y son los jóvenes de sectores humildes los blancos preferidos de cualquier tipo de
agresión. Y es por eso que el barrio concluye convirtiéndose en una fortaleza
amurallada, difícil de traspasar o con un franqueo
militarizado, en donde la tentación es demasiado grande para esos adolescentes que no disponen más que de sus
cuerpos.
El Circo Social del Sur, al estar inserto dentro de un espacio socio-familiar de los
chicos/as, permite utilizar una metodología de trabajo acorde al propio escenario de los jóvenes que participan de la
iniciativa. De esta manera, por un lado establecen una interacción directa tanto con los otros actores de la comunidad que influyen en sus vidas
(las familias, las escuelas y los amigos), por otro les permite hacer realidad una amplia red con los comedores
comunitarios, las organizaciones de base y las instituciones dedicadas a la niñez en riesgo que también arriman el hombro en el territorio
barrial.
Sus orígenes se remontan hacia 1991, cuando el Circo Social del Sur empieza a organizar un taller de zancos para
muchachos/as en edad escolar en Florencio Varela, un barrio muy carenciado del cordón suburbano del Gran Buenos Aires. Y desde ese momento los trabajos solidarios continuaron en diferentes lugares marginales de Capital Federal y Gran Buenos, en colaboración con otras organizaciones de base, como el
SERPAJ. Así, intervienen en varias villas de emergencias como la de
Zabaleta, o la 31 del barrio de Retiro, y la 21 y 24 de
Barracas.
En 1996, frente a los excelentes resultados logrados, el Circo Social del Sur participa de la primera y segunda
'Convención Argentina de Malabares, Circo y Espectáculos Callejeros'.También interviene del primer
'Encuentro Latinoamericano de Circo Social' convocado por Circo del
Mundo, en Santiago de Chile y, en 2000, organiza el 'Segundo Encuentro Latinoamericano de Circo Social' en Buenos Aires.
Desde mediados de 2004, junto con el 'Instituto de Cooperación Económica Internacional'
(ICEI) realizan sus actividades en la Fundación PUPI y en el hogar 'La
Casita'; coordinando talleres semanales para 50 niños y niñas - entre 6 y 15 años - provenientes del viejo arrabal obrero de
Barracas.
www.argenpress.info
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de abril de 2005
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