|
Entusiasmo
y locura a la hora de contar historias
Entrevista a Gonzalo
Justiniano
Salvador Salazar
Navarro
¿De dónde
salió la trama?
B-Happy nace de una historia real, de una chica que yo conocí en el
norte de Chile, que tenía 14 años. Atendía en una fuente de soda y
mientras yo estaba esperando a un grupo de gente que venía de viaje, esta
chica se me acercaba, me daba un café y me contaba parte de su vida, así
iba y volvía muchas veces hasta completar su historia.
La historia de la muchacha me impresionó, porque para ella todo el mundo
vivía las mismas cosas. Me contó historias muy fuertes, acerca de la
relación familiar que tenía con su padre, que se había escapado de su
casa a los trece años.
Fue curioso encontrar a una joven que a pesar de vivir situaciones
extremadamente complicadas tuviera la energía y la luz para tratar de
sobrevivir.
Un poco lo que pide la protagonista de B-Happy,
y pedía la muchacha de la sodería, es que la dejen tranquila, no tienen
grandes ambiciones, la muchacha soñaba con llegar a Arica, que es el
extremo norte de Chile y a mí me pareció interesante contar quizás el
caso de una heroína anónima, común y corriente que sabe salir adelante a
pesar de su situación económica.
Pero como ella hay mucha gente en el mundo que vive ese tipo de situaciones
y muchas veces en el cine Latinoamericano, y en eso me incluyo, se muestra
un poco catastrófica la realidad de la gente joven.
Siempre terminan en mucha droga, asaltos, tiroteos. Entonces encontramos
estas personas que viviendo una vida común y corriente quizás pasan
desapercibidas.
¿Y por qué B-Happy?
Hay dos cosas, y una es como irónica y es que en el fondo hay un tipo de
felicidad que sobre todo se enseña en el colegio, y casi siempre en inglés,
que es una especie de felicidad que invita al consumismo, a pensar que la
felicidad es estar happy, a poder comprar miles de cosas sin pensar.
Y a mí lo que me parecía es que esta niña refleja que la felicidad pasa
por otras cosas, por cosas mínimas. Es feliz al contrario de muchos otros
seres humanos que a pesar de estar peleando una batalla semiperdida que es
haber nacido, ella busca la felicidad en mínimas oportunidades como
encontrar un amor, un pequeño trabajo, ya te lo digo, sin tanta presión.
Las escenas en la película se dividen dejando la pantalla en negro.
¿Qué se propuso con esto?
Como te decía antes, yo cuando pensé la película lo hice de la forma en
que esta chica me la había contado. Ella venía, me contaba un plano de su
vida. Volvía y me contaba otro. En el fondo lo que quedó en mí fue una
sucesión de anécdotas y a mí lo que me importaba era la emoción con que
se iba viviendo, más allá de atacar un guión. En B-Happy
no hay linealidad. Yo me acordaba mucho de esas situaciones en que uno
recuerda algo y aparece un paisaje o una persona y a partir de ello hay todo
un mundo emotivo que te cae encima. Soy como diapositivas que vienen y se
ven.
La unidad de la película no está en entrelazar las cosas que pasan sino en
la emotividad que se va ganando con cada escena.
El cine chileno de hoy está en una mini explosión, una mini explosión
positiva, en la que han surgido nuevas temáticas, nuevos directores,
diversos estilos y es muy importante la incorporación de mucha gente de la
escuela de cine, que se están empezando a graduar y que tienen mucha
energía y que tratan de demostrar su victoria.
Ha ocurrido una mejor relación con el público, Aquí se habla mucho de eso,
pero yo creo que antes que el público están los medios de comunicación y
quizás estos eran antes mucho más destructivos con los cineastas
nacionales.
¿Durante la dictadura?
En esa época nosotros éramos para los medios nacionales una banda de
izquierdistas comunistas y no les interesaba mucho que se expresaran.
¿Y ahora?
Pues ahora ha habido una cosa mucho más permisible y eso también se
refleja que el público recoge mucha más información positiva y por tanto
se interesa más y las películas realmente se aprecian más por los
nacionales.
¿Cómo es la relación de los cineastas chilenos con el mercado?
Hay fondos del estado que cubren pequeños porcentajes de la producción
pero yo creo que lo básico son la locura y las ganas de los cineastas de
hacer sus películas.
Pero esas cosas del mercado a veces son mucho más complejas. Las películas
nacionales, por ejemplo, tienen un raiting excelente y no les pagan lo
equivalente al raiting que tienen porque al mercado hay gente que lo
controla.
Entonces no es que sea una cosa de oferta y demanda que funcione
abiertamente.
Y para los dueños de los medios de comunicación es más lógico pagar
quinientos o mil dólares por una película de mierda americana, que
pagarlos a una película chilena. Yo creo que es como la democracia chilena,
que empezó como gateando y ahora se está afianzando un poco más.
Afortunadamente, hay gente que está haciendo algo más por la democracia.
http://www.habanafilmfestival.com
|