Monte Rouge: micrófonos en el café
Rubén
“En ese instante llamaron a la puerta y entró un
hombre que él nunca había visto en la casa”
El Proceso, Franz Kafka
El
cortometraje puede verse en (http://www.arrebatus.com/downloads/index.php)
Yo pudiera ser un agente de la Seguridad y usted, estimado lector, también. Mas, en este momento, ninguno de los dos puede alcanzar esa certeza. Yo resguardo mi identidad tras un seudónimo. Usted es un lector x inmerso entre millones de cibernautas.
Pero Nicanor O’Donell —clásico personaje de Eduardo del Llano— sí lo sabe: esos dos hombres que han tocado a su puerta son auténticos funcionarios de la Seguridad. “Venimos a instalarle los micrófonos”, le informa Rodríguez, un moreno de guayabera blanca y gafas negras —el atuendo típico—, quien parece el de mayor jerarquía.
Notemos desde ya la sutileza, apenas susurrada en el uso del artículo definido los. No se trata de unos micrófonos indeterminados, sino de los que el espiado ya debería conocer. A pesar de la sorpresa inicial, la intromisión en su privacidad es un hecho, al parecer, normal.
Después de descubrir la misión que los ocupa —instalar los equipos para escuchar los comentarios antigubernamentales de Nicanor—, la pareja de detectives le demuestra al atónito personaje cuánto dominan los pormenores de su vida íntima. La legendaria omnipresencia de la Seguridad se pasea victoriosa frente a nuestra incredulidad. Ellos lo conocen todo, desde el detalle ridículo del flemón hasta cómo llegó la mesa de Sebastián Ocampo al apartamento de O’Donell. Son capaces de identificar, incluso, la marca de un café y dónde ha sido comprado.
Nos llega un guiño irónico con cada nueva revelación. Es una broma, como si detrás de las palabras de Rodríguez y su compinche Segura emergiera el eco de aquel famoso slogan orwelliano: “El Gran Hermano te vigila”. Sin embargo, “esto es en serio”, asevera Rodríguez. Lo que Nicanor califica de desfachatez forma parte de un plan para cambiar el sistema de trabajo de los órganos de la inteligencia, con el fin de hacer su presencia “más participativa”. Acaso sea el colmo del cinismo: ¿espionaje participativo? Debe ser una jodedera.
En semejante concepto de participación radica —a mi criterio— la esencia del fenómeno que nos quiere revelar Monte Rouge. Aun cuando el compañero O’Donell lo ignore, él también ha estado colaborando con las autoridades. “Usted ha hecho análisis realmente sagaces de nuestra política migratoria… que nos han ayudado mucho”, asegura Rodríguez. Luego, el propio gobierno le ha asignado ahora dos micrófonos con la orientación de que continúe hablando mal de la situación en el país.
La circunstancia desborda el absurdo. En lo adelante los comentarios de Nicanor obedecerán a una orden oficial, y para ello se valdrá del equipamiento que le corresponde, como si fuese un producto más de la libreta de racionamiento.
Cuestionar al gobierno, fustigar a sus medios de difusión y desentrañar las dobleces ocultas tras políticas supuestamente diáfanas, no será más una actitud de oposición, sino una tarea, una misión que contribuirá al buen funcionamiento de la sociedad. Hemos alcanzado la cúspide del control estatal.
Entonces la serpiente se muerde la cola. La ficción describe el destino probable de la obra misma en la realidad. Una advertencia cruza ante nuestra mirada y nos desvanece la sonrisa. La Seguridad ha logrado una cobertura tan amplia —real y mítica—, que no se le escapa ninguna opinión a favor o en contra. Cualquiera puede denostar a sus anchas, echar sapos y culebras por la boca. Todo está previsto. Hablar “mierda” —palabra que abre y cierra el cortometraje— no es un delito, y a veces hasta resulta útil.
Monte Rouge seguirá andando de computadora en computadora, entre los escasos dueños de un DVD y seguramente en centenares de videos VHS. El rumor correrá de voz a oído, y de nuevo a otra voz. Los discípulos de la escuela dogmática se horrorizarán; los entusiastas opositores sin filiación declarada aplaudirán con regocijo; los medios de prensa extranjeros hablarán —algo exageradamente— de “furor”. Pero no ocurrirá nada. A menos que alguien diga Basta, y se decida a hacer algo verdaderamente fuera del guión. Tal vez en ese instante, bajo la taza de café, dos diminutos censores ya estén al tanto de sus pensamientos.
PD: Dos detallitos para concluir: Observemos quién toma la taza de café más grande (Rodríguez). Es un símbolo del poder, de la oscuridad disimulada tras una impecable guayabera.Y el ofrecimiento que hace Segura a Nicanor de conseguirle la antena parabólica… ¿habrá también agentes corruptos dentro de la Seguridad?
Ficha Técnica
Título: Monte Rouge (Sex Machine Producciones)
Director y guionista: Eduardo del Llano
Actores: Luis Alberto García, Néstor Jiménez, Eduardo del Llano
Año: 2004
Duración: 14.44 minutos
www.arrebatus.com 15 de Marzo, 2005
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