La sombra del caminante - Una película para la historia
Ignacio Ramírez Director de Cronopios
Bella y buena y perdurable película ha realizado el equipo de artistas y de técnicos colombianos que encabezados por el jovencísimo director Ciro Guerra y el veterano productor Jaime Osorio, hizo La sombra del caminante, que a partir de hoy podrá ver el público en numerosas salas de cine en Bogotá, después en Colombia y con seguridad en el mundo entero, en donde por fuerza de calidad será aplaudida y admirada y recordada, porque se trata de un hecho cinematográfico cuyo equilibrio y ritmo trascienden todo lo hasta ahora logrado en un país que lleva mucho más de un siglo trajinando cine y a pesar de ello tal industria aún se califica con razón como incipiente y balbuceante.
En La sombra del caminante se palpan el amor y la mesura con que se fue configurando un sueño en blanco y negro. La terquedad y el rigor de un muchacho con talento y vocación y ganas de hacer cine del bueno. La dimensión profesional de un par de actores que se conservan limpios de farándula y entienden la encarnación de personajes y la interpretación de historias como causas supremas. Con ellos, un elenco de colegas firmes en sus roles secundarios que no por tales pierden importancia o densidad. Fotografía, sonido, luces, música, como una pequeña sinfonía experimental para el acierto y para el desconcierto: nunca perfectas, siempre decorosas, porque lo que se elogia aquí no es el surgimiento de una obra maestra pero sí el nacimiento de una señal de identidad de un cine que hasta ahora (con excepciones mínimas) parecía ser orientado por un bastón de ciego.
Lo emocionante y válido también es encontrar la fusión de los lenguajes para que haya armonía en el empalme de las generaciones y el talento: el precoz director consciente y consecuente con su reto, y la mano magistral de un productor y un editor que acomoda los elementos de tal forma que logra el milagro de convertir lo que pudo ser parroquial en algo tan universal y respetable, tanto, que yo no tengo duda alguna de que esta película pasará por encima de elogios emocionados y críticas alevosas, a figurar en los anales del cine colombiano como una referencia histórica, un punto de partida para que la gente que hace cine, ahora, se atreva a hacer posible lo imposible e inclusive visible lo invisible.
Esta es la historia de las sombrías callejuelas bogotanas, la cojera del pueblo, la carga del destino en una silla, la pobreza, el rebusque, el hambre, la miseria, la planta milagrosa, el bumerán de la violencia, el pueblo que camina con su sombra a cuestas, la sombra que se arrastra y duerme frío y resentimiento en su cambuche tan cerca de las estrellas, tan distante del cielo.
¡Bravo por este cine joven que no le tiene miedo a transgredir facilismos y trivialidades! Por este testimonio tácito contra jurados de festivales como el de Cartagena, que premiaron lo recurrente, lo inconcluso, lo sórdido, en aras de mantener en pie contra viento y marea lo que no se sostiene por sí mismo, haciéndose los sordos y los ciegos frente a lo que el público reconocía como mejor, más suyo, más de todos.
Buena hora para poner el dedo en la llaga del cine nacional. La sombra del caminante atiza en fuego.
Cronopios
8
de abril de 2005
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