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el portal del Caribe

Cinema e teatro 

 

Patricios renace gracias al arte

 

Inés Hayes        inihayes@yahoo.com

 

 

 

foto: Mariella Moresco Fornasier

 

El pueblo bonaerense de Patricios, ubicado a 250 Km de la Capital argentina, quedó diezmado luego del levantamiento de su ramal ferroviario en 1977. De 6 mil habitantes quedaron 600 hasta que en 2003 un grupo de vecinos y vecinas se organizó formando un teatro comunitario que le devolvió la identidad y las raíces. En septiembre la localidad fue sede de AvecinArte, un fin de semana de arte con vecinos de distintas partes de Buenos Aires que buscan la transformación social a través de la manifestación artística.

 

El reloj de la estación marca las 12 del mediodía, por la avenida de tierra cuatro mujeres caminan cargadas de pan. Dos hombres trasladan algunas mesas a la galería techada y el humo del asado se va yendo con la tormenta. Familias enteras se juntan alrededor de la parrilla y algunas ovejas buscan pasto fresco. Por el acceso de tierra que va desde la ruta al pueblo, vienen dos colectivos llenos de gente. Los integrantes del Circo Social del Sur se acomodan en la Escuela junto con los vecinos actores del grupo de teatro comunitario Los Pompapetriyasos del barrio porteño de Parque Patricios y entre el viento y las sonrisas se va poniendo en marcha el fin de semana de arte con vecinos. 

AvecinArte surgió de la iniciativa de Sabrina Carlini, integrante de la Fundación Pasos, una ONG argentina que busca la organización de eventos artísticos como vehículos para la transformación social. “La primera vez que fui a Patricios, me enamoré del cine, con su antiguo proyector y sus butacas y de la calidez de la gente”, dice Sabrina que con los años habla un castellano casi perfecto. La “Tana” como le dicen los vecinos de Patricios, se puso en contacto con Bicho Hayes, la coordinadora del grupo de Teatro de Patricios y con Fabio Junco y Julio Midú, los directores de Cine con Vecinos de Saladillo para darle forma a este proyecto que busca la trasformación social a través del arte. 

La primera jornada comenzó Los Cruzavías. “Este grupo nace de una barriada, de la necesidad de expresarse y dejar atrás los prejuicios”, explicó su directora Alejandra Arosteguy quien también dirige al grupo de teatro de Patricios. Romero Montero y Juliera Capulesta cuenta la historia de estos dos jóvenes enamorados que viven separados por la vía del ferrocarril. Los Cruzavías (más de 20 vecinos de la ciudad de Nueve de Julio) armaron su primer escena entre todos, rescatando la identidad del barrio y retratando la discriminación que sufren por vivir de un lado de la vía. “Dicen que yo por ser de aquí tengo que perder, si soy de aquí o soy de allí, qué tiene que ver. Piensan que estoy perdiéndome en este lugar, que por estar en mi raíz, yo no crezco más...”, cantan los vecinos y vecinas del grupo mientras que los vecinos del público los acompañan aplaudiendo al ritmo de la música. Cuando la función termina, los vecinos y vecinas abrazan a los actores y actrices y de a poco se anima el sol. Por el micrófono se anuncia que empieza La Visita Guiada de Parque Patricios. 

“Los Pompapetriyasos” nacieron hace más de 3 años. Su nombre alude al origen de sus integrantes que vienen del barrio de Pompeya y de Parque Patricios. Paradas en la avenida principal del pueblo, alrededor de 300 personas se preparan para disfrutar de la obra. La visita comienza por el centro del Parque. Un hombre con un puntero en la mano y una mujer con minifalda son los guías que muestran cada rincón del lugar: las estatuas vivientes, el paso de la barra brava de Huracán, el sitio de los piropeadores (4 compadritos en 4 pedestales que les dicen cosas lindas a las mujeres del público que recorren el Parque), y el monumento a La Llorona que vive lamentándose por lo que no fue. Cuando la tensión dramática va cayendo junto con los lamentos de la Llorona, empiezan a escucharse las voces de todo el grupo que invita a renovar la esperanza. “Vengan a ver, acerquénse porque este barrio vecino, es para usted...” cantan Los Pompapetriyasos mientras que su directora Agustina Ruiz Barrea que no llega a los 30 años, explica que: “Hoy estrenamos dos escenas, decidimos hacerlo acá en Patricios como siempre porque este lugar nos trae suerte”. La gente del público aplaude a más no poder y las lágrimas dan paso a las sonrisas.

El Club Compañía General Buenos Aires se prepara para recibir el espectáculo del Circo Social del Sur. Hace más de 10 años que Pablo y Mariana, los coordinadores del circo, empezaron a trabajar en la Villa 24, detrás del barrio de Barracas, con chicos y adolescentes. La idea del circo es formar multiplicadores que a su vez puedan enseñar y transmitir su experiencia a otros chicos. “Yo empecé a los 6 años, hoy tengo 16”, cuenta Marcela abriendo sus ojos negros. Del tinglado del club cuelgan dos telas blancas; la gente se va sentando en las sillas de bar, las luces se apagan y una música gitana invade el lugar. Una joven de unos 18 años se cuelga de la tela y sus acrobacias se transforman en una danza envolvente. La gente permanece quieta en sus asientos, con las miradas fijas a la bailarina acróbata que se despide deslizándose por el género blanco. Ahora, una voz canta en francés, una mujer joven se sube a un trapecio y cuenta una historia con su cuerpo. La función termina con una demostración de gimnasia de los 11 integrantes del circo y el escenario de convierte en una sala de cine.

Cuadros de Quinquela con voces en off de alumnos de la Escuela de La Boca se funden con imágenes de chicos sentados en sus aulas. Además de contar la historia de Quinquela y el estado derruido de sus frescos, el documental demuestra lo que el cine puede hacer como herramienta de trabajo con los niños. Muchos de los chicos que participaron activamente del armado del guión, la investigación, las voces de narración, pertenecen a la Isla Maciel, un barrio que queda cruzando el riachuelo, en frente de La Boca. El cine les permitió cambiar sus subjetividades y encontrarle un sentido a la vida. 

Los vecinos permanecen en sus butacas para ver Lo Bueno de los Otros, el largometraje número 17 de Cine con Vecinos de Saladillo. Este proyecto de hacer cine con gente del pueblo nació hace más de 10 años cuando Julio Midú, en ese entonces un adolescente de 19 años, pidió la cámara del canal local para hacer una telenovela con los habitantes de Saladillo. “Hoy más de 200 saladillenses han participado en alguna de las películas”, cuenta orgulloso Fabio. 

Como el juego de la búsqueda del tesoro, por el micrófono se anuncia que habrá baile y cena en El Prado, un salón de fiestas que la construyó la Sociedad de Fomento EL Progreso. Grupos de personas salen del cine secándose las lágrimas que dejó la película, y caminan bajo un cielo que se ha llenado de estrellas. Algunos pasan por el almacén de Don Tierno para mirar las fotografías antiguas en las que se ven los viejos talleres de locomotoras funcionando. Ya en EL Prado, el frío de la noche se va yendo con la cumbia y el vino tinto. 

A medida que va pasando la noche, los D y D (Dormir y Desayunar en casas de familia, el equivalente al Bed & Breakfast europeo) empiezan a dar refugio a los cuerpos felices pero un poco cansados. Los salones de la escuela se llenan de bolsos de dormir y las habitaciones de la parte superior de la estación prestan sus camas a chicos y grandes. Las calles de tierra quedan vacías y la luna en cuarto menguante se para en el medio del cielo abierto. 

El sol entra por todas las ventanas de Patricios;  y habitantes e invitados se levantan a disfrutar la mañana. Dos hombres encienden el fuego en la estación y en el cine empieza el taller de cine para chicos. Sentados en mesas largas, más de 10 niños dibujan lo que se imaginan y luego recortan sus obras de arte. Esteban y Marcela recorren la historia del cine con imágenes en un televisor mientras que en frente de la estación los integrantes del Circo Social se preparan para compartir su sabiduría circense. 

Después de los talleres y del almuerzo, cuando el reloj de la estación marca las 4 de la tarde comienza Nuestros Recuerdos, la obra de creación colectiva de Patricios. Una vieja linyera deambula por las vías ausentes de tren mientras que una mujer joven limpia el hall de la Sala de Espera. “Carta, carta” corea un cartero que llega en bicicleta, Ana, la que limpia, le quita ansiosa la carta de la mano, la abre y sus ojos se iluminan. “Vuelve Juan, vuelve el tren”, se emociona. “¿Volverá el tren, volverá?”, se pregunta retóricamente el cartero mientras se aleja por los rieles. Así comienza Nuestros Recuerdos que vuelve a poner sobre el andén la historia del origen del pueblo. 

Patricios nació en 1907. La compañía ferroviaria que tendió los rieles desde la Capital Federal hasta La Pampa, pasando por Patricios fue la General Buenos Aires, de origen francés. Los vecinos y vecinas actrices recuperaron la memoria colectiva y entre mates y tortafritas fueron armando la dramaturgia en la que aparecen grupos de franceses, italianos, españoles y criollos que le dieron vida al pueblo. “De Galicia llegan los gallegos con sus redes de pescar, las llenan de grano ajeno y las vuelven a vaciar” cantan los actores representando a los inmigrantes españoles. La trama se va desarrollando entre el presente en el que sólo han quedado Ana, la linyera, el cartero y unas vecinas chusmas y el pasado, repleto de inmigrantes, costumbres y alegría. En la obra no vuelve el tren pero reaparece la esperanza y la energía de todo un pueblo que se resiste a desaparecer. “El pueblo de Patricios es así, es muy grandioso, por todos lados hay que repetir que la esperanza debe resistir. Viva Patricios!!!!!!!”, se escucha después del tintineo de una campana. Los vecinos y vecinas del público se conmueven hasta las lágrimas, sentados en el andén aplauden, algunos de paran y saludan a los actores y actrices agradeciéndoles con abrazos lo que acaban de ver. 

La fiesta termina en el cine del Club Atlético donde se ve Los Chicos de Patricios, un corto de 10 minutos que Sabrina Carlini y Francesca Marconi han realizado con los niños del pueblo. En la oscuridad de la sala los chicos se ríen cuando se ven en la pantalla. Las luces se prenden y después de aplausos acalorados se ve la última proyección: Patricios, La Resistencia, un documental realizado por Miguel Domínguez que cuenta la historia del pueblo antes y después del teatro. El documental demuestra, al igual que AvecinArte, lo que el arte puede ser como herramienta de cambio social. De a poco las calles del pueblo vuelven a su tranquilidad habitual, los colectivos se alejan por el acceso de tierra y los vecinos y vecinas de Patricios vuelven a sus casas con la emoción en la piel

 

Octubre de 2005

 

 

Latinoamerica-online 

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