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El
Salvador - La
Puerta del Diablo
Isabel Soto Mayedo
Entre las múltiples propiedades atribuidas al
demonio en la tierra se destaca una majestuosa formación pétrea enclavada en
el cerro El Chulo, a un kilómetro del sureño parque de Balboa, en El Salvador.
Suerte de portón gigantesco abierto al paisaje del fondo es La
Puerta del Diablo, a través de la cual pueden divisarse el litoral del océano Pacífico,
la villa de Panchimalco, el lago de Ilopango, el cerro de las Pavas y el volcán
de San Vicente.
Cuentan que en tiempos de la colonia, la primogénita de los propietarios de los
terrenos conocidos también como Planes de Renderos, al centro de la capital de
San Salvador, era cortejada por el mismísimo espíritu del mal.
Enterados de esos amoríos, el padre y sus familiares decidieron una noche
cazarle la pelea al príncipe de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados
por él al abismo, según la tradición judeocristiana.
En la huida, y casi al ser atrapado por sus perseguidores, el indeseable
pretendiente rompió un peñasco al que luego se le empezó a llamar La Puerta
del Diablo por la curiosa forma de arco que aparentan las dos elevadas rocas que
la conforman.
La mitología alrededor de esa nomenclatura recoge otra historia sobre el
supuesto Renderos y su prole: se asegura que el sujeto llegó al lugar mucho
antes de esos sucesos, acompañado de su hija veinte añera y de varias semillas
de naranjo para sembrar.
Pero la moza se enamoró de un indio y hasta pretendió casarse con él, a pesar
de las objeciones de los indígenas que poblaban la zona, quienes aludían al
asecho del demonio, alentado por la belleza de la joven.
La pareja desatendió los consejos de los ancianos y una noche, de manera
inesperada, llegó el príncipe de los infiernos y la raptó por la fuerza.
A pesar de la lucha librada por el novio para evitar el secuestro de su
prometida, se impuso la fuerza del Diablo, quien logró darle muerte.
Enterado de lo que acontecía, Renderos se encaminó al sitio en mitad de la
madrugada y sólo encontró al Diablo convertido en toro.
Haciendo uso de sus mañas, el demonio arrastró hasta unas rocas gigantes al
padre de la joven objeto de sus pasiones y terminó lanzándolo hacia el abismo.
Han transcurrido varios siglos, en los cuales se ha seguido alimentando esta
leyenda que atrae a una gran cantidad de turistas, quienes visitan el escenario
donde, se dice, venció el Diablo.
La formación pétrea erigida en el área, quizás luego del copioso temporal de
1762, es ahora la atracción principal del lugar, donde se practica la escalada
y se ofertan platos tradicionales salvadoreños como las pupusas (tortillas de
maíz con chicharrones de cerdo).
Asesinatos en el lugar
Alfredo Elías Orellano, miembro del Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional radicado en Cuba, contó que en varias ocasiones aparecieron personas
asesinadas allí y muchos atribuyeron esas muertes a miembros de las Fuerzas
Armadas y paramilitares.
Uno de los casos que más impactó a la opinión pública nacional e
internacional fue el hallazgo en el área del cadáver de la bailarina Morena
Celarié (1930-1969), desaparecida el 20 de abril de 1972, día de su
cumpleaños.
Durante los años 60, Celarié, graduada de coreógrafa del palacio de Bellas
Artes de México, organizaba presentaciones gratuitas en escuelas, centros de
rehabilitación y en el interior del país, hasta su muerte, probablemente a
manos de uniformados.
La fama que la bailarina había alcanzado motivó a algunos a defender la idea
de sustituir el nombre del sitio por Puerta del Angel, algo que no fructificó
por el arraigo popular del término tradicional Puerta del Diablo.
También una denuncia recibida por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) en 1988, sobre la aparición en el lugar de los cadáveres de
José Javier Santamaría, de 16 años, y de José Luis Cornejo y Angel de Jesús
Santamaría, ambos de 27, prueban las declaraciones de Orellano.
Los tres jóvenes habían sido apresados por presuntos miembros de los
Escuadrones de la Muerte, creados por el Ejército en el cantón Meléndez, de
San José Guayabal, departamento de San Salvador, el 31 de enero de ese año.
Tras múltiples indagaciones y gestiones ante las autoridades salvadoreñas, la
CIDH concluyó que el gobierno de esa nación era el único responsable de esas
muertes y recomendó delimitar cargos y aplicar justicia.
Ese hecho ocurrió en el contexto de la guerra interna (1980-1992), último
episodio sangriento que azotó a ese territorio centroamericano y que arrojó
unos 75 mil muertos y desaparecidos, según investigaciones de la Comisión de
la Verdad, creada por Naciones Unidas.
www.argenpress.info
Julio de 2005
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