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William Ospina y su visión futurista del país y del continente

"En Colombia se combinan el miedo y la resignación"

'América Mestiza ' y 'Poesía 1974-2004', dos oportunas obras del escritor y ensayista tolimense.

 

Ricardo Rondón Ch

Escritor y periodista colombiano, editor de las páginas de cultura y espectáculos del diario El espacio, de Bogotá



Siempre que William Ospina sorprende con un libro de ensayos o uno de poesía, produce revuelo en los círculos del pensamiento y de la intelectualidad. Hace ya tiempo que se convirtió en un escritor de culto.

Cuando se anuncia una conferencia suya en un alma mater o en un escenario particular como las modernas instalaciones de Compensar, agota las localidades y en más de una ocasión se ha quedado gente por fuera.

Ospina -y que me disculpe la comparación- tiene un poder de convocatoria similar al de una estrella de rock y una vigorosa fanaticada entre el sexo femenino.

Se entera uno en los tetuliaderos de la modernidad que las jovencitas universitarias, sobre todo las que cursan carreras de Literatura, Historia del Arte, Filosofía, Sociología y Antropología, han leído la mayoría de sus títulos, ya en poesía o en su obra ensayística: 'Es tarde para el hombre' (1992), 'Un álgebra embrujada' (1996), '¿Dónde está la franja amarilla?' (1997), 'Los nuevos centros de la esfera' (2001), 'La decadencia de los dragones' (2002) y 'La herida en la piel de la diosa' (2003).

Y justo para rematar este año tan agitado y desconcertante, William nos participa 'América Mestiza, el país del futuro', una alentadora reflexión, muy positiva por cierto, en medio de la debacle y el pesimismo imperantes.

La propuesta de Ospina es no observar a América Latina como un continente, sino como un posible país, íntegro y solidario, donde cada uno de nosotros aporte su responsabilidad, su honestidad, su compromiso, y cuando el ensayista habla de 'nosotros', se refiere al Estado y al pueblo en general. Ospina subraya: "La América Mestiza es hija de muy hondas y complejas civilizaciones y tiene el deber de recibir lo mejor de todas ellas. Ante el mero mensaje de la productividad, que no deja espacio para la vida ni para la imaginación, o ante el terrible mensaje del poder, que quiere ver a los humanos sometidos a una disciplina agobiante, nuestros pueblos tienen ante sí sólo dos imperativos fundamentales: el imperativo de sobrevivir, como lo dictan las más hondas leyes de la naturaleza, y para lo cual es necesario salvar también ese universo natural del que dependemos, y el imperativo de buscar la felicidad, la belleza y la armonía".

En estas 244 páginas, el lector se regocijará de ese caudal inteligente y visionario de unos de los ensayistas más centrados y comprometidos de esta curiosa y controvertida aldea, que según él todavía abriga claras esperanzas de redención.

Por otra parte, el libro 'Poesía 1974-2004' es una edición especial de la revista Número – de la que él es socio fundador-, de 360 páginas, con imágenes del artista José Antonio Suárez, que recoge los cinco libros de poesía publicados hasta ahora por Ospina: 'Hilo de arena', 'El país del viento', 'La luna del dragón' '¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua', 'África', así como poemas tempranos inéditos que abarcan sus primeros textos, escritos hace 30 años, y varios poemas, también inéditos de su libro en preparación 'La prisa de los árboles'.



Conversación con el autor


¿Será el mestizaje el gran culpable de nuestros dolores y fracasos?

"Yo creo que el mestizaje es nuestro gran problema y nuestra gran esperanza. Lo hemos vivido como un conflicto porque no hemos aprendido a valorar la enorme riqueza de ser descendientes de tantas tradiciones distintas".

¿Entonces será ese deplorable banco genético que nos dejaron los hidalgos de la Conquista?

"La historia de la humanidad es la historia de grandes sabios cuyos descendientes pueden ser criminales y de grandes monstruos cuyos descendientes pueden ser ángeles, lo que determina la historia no es un material genético que es idéntico en todos, sino el orden mental y cultural en que nos inscribimos. Nuestras males son hijos de la injusticia y no de la sangre".

Hace poco José Saramago dijo en una conferencia en la Biblioteca Luis Ángel Arango que la gran enfermedad de América Latina, y con mayor acentuación en nuestro país, es la de la resignación. ¿Qué opina usted, William?

"Yo creo que en parte tiene razón, aunque todas las regiones del mundo, Europa incluida, tienen edades de resignación y edades de audacia. Europa no es mejor que América, y más de una vez ha mostrado más brutalidad que nosotros".

¿Cómo es su mirada hacia el futuro de América?

"Tenemos con qué hacer una historia digna de orgullo, una humanidad rica en matices, una naturaleza todavía exuberante, una capacidad de mirar a occidente en su conjunto y desde la orilla, sin creernos superiores a nadie. Somos más creativos que disciplinados, somos más recursivos que sumisos, somos diversos y ocurrentes, y eso nos da una gran ventaja en un futuro que se adivina más fecundo para la creatividad que para la mera actividad física o mecánica".

¿Por dónde empezar en este ejercicio de redención?

"Lo fundamental es aprender a respetarnos, aprender a admirarnos y abandonar este papel de rendidos e ingenuos adoradores de todo lo ilustre y ajeno".

¿Y cómo ser indiferentes ante ese cinematográfico Imperio global que nos aturde, nos presiona y nos margina?

"A ese imperio global sólo se le puede responder con dignidad y con carácter. La causa de nuestras desgracias es que tenemos gobiernos demasiados sumisos que nos crean la ilusión de que somos peores que el resto de la humanidad, que nos acostumbran a mendigar y que nos hacen creer que hay que estarle pidiendo disculpas al mundo por ser idénticos a cualquier otro pueblo".

¿Qué es lo más próximo que se nos avecina?

"Yo creo que Colombia es un país impredecible, tiene un potencial enorme para ser un país grande e influyente, pero confía tan poco en sí mismo que siempre anda esperando a alguien que lo salve, y pronto podremos exclamar quién nos salvará de nuestro salvadores".

¿Qué opinión le merecen estos sistemas seuodosocialistas latinoamericanos, verbigracia Hugo Chaves y Lula?

"Hugo Chaves es la consecuencia necesaria de medio siglo de gobiernos irresponsables que en un país riquísimo mantuvieron a las mayorías en la miseria. No sé a dónde llegará su proyecto pero es completamente explicable como la reacción de un pueblo indignado y admirablemente pacífico".

¿Venezuela puede llegar a convertirse en una bomba de tiempo para Latinoamérica?

"Lo que yo siento es que el proceso venezolano está tratando de impedir por las vías pacíficas que la injusticia convierta a Venezuela en una víctima de la violencia que aquí padecemos cada día".

¿Cómo ha observado estas últimas noticias del proceso de paz que se viene adelantando en Colombia? ¿Cree en la acción del indulto inmediato?

"El indulto al parecer es un hecho, lo que ocurre es que en Colombia nunca sabemos del todo qué está ocurriendo porque cada hecho está más en la sombra que en la luz, y las palabras casi siempre sirven más para encubrir que para revelar lo que ocurre". Será por eso que la gente en la calle ya se acostumbró a decir que en este país nunca pasa nada: Ayer nos estremecíamos ante una masacre, hoy gritamos de júbilo por un partido de la Selección Colombia. Y no pasa nada. "En Colombia pasan muchas cosas, pero los colombianos ante cada noticia positiva sólo nos atrevemos a decir: ojalá sea cierto".

¿O será que en definitivamente somos una enorme tribu de resignados?

"Yo diría que en Colombia se combinan el miedo y la resignación. No se puede negar que hay inconformidad, que hay pensamiento y que hay resistencia, pero también hay intolerancia e irrespeto por los anhelos legítimos de muchas personas y cada día se nos venden altas dosis de letargo, de distracción y de frivolidad".

¿Qué cree que es eso que nos salvado en esta cuerda floja?

"La enorme capacidad de los colombianos de luchar, de sobrevivir y de resistir con ingenio y con alegría cuando todo parece derrumbarse. Cada colombiano sabe que sólo cuenta con su recursividad y con sus afectos y espera poco del Estado. Pero somos demasiado individuos y poco ciudadanos".

¿Por qué intelectuales como usted no se aferran al timonel de este barco tambaleante, con esas luces, con ese conocimiento, con esa sabiduría, pero por sobre todo, con esa honestidad?

"Colombia sólo saldrá adelante si cada quien hace lo suyo con responsabilidad y compromiso. Los escritores tienen un papel que cumplir, pero también los arquitectos, los periodistas, los médicos, los artistas; lo que nos hace falta no es un guía sino un propósito compartido".

Claro, pero todo eso tiene su principal asidero en el Estado. Es el Gobierno el que debe promover este tipo de herramientas.

"Yo no niego la importancia de las instituciones, pero de qué sirve el poder en manos de un gran espíritu si no hay un pueblo maduro, capaz de sostenerlo y de permitirle avanzar. El poder verdadero está en la gente y sólo un pueblo con criterio y carácter que no se deje deslumbrar por palabras, que exija acciones de dignidad y de justicia, es el verdadero fundamento de una democracia".

También es cierto que nuestra educación política es realmente mínima, por no decir nula.

"Nos importan más los hombres que los programas y nos importan más los programas que las realizaciones. Creemos que alguien va a ser algo porque dice que lo va a hacer y no somos capaces de reaccionar ante el incumplimiento de las promesas. Nuestra negligencia es aliada de nuestra ignorancia y bien decía Bolívar que se nos gobierna más por la seducción y por el miedo que por el ejemplo".

Esa otra gran falencia de este pueblo: la falta de información, la ausencia de libros en las mesas de noche, la ignorancia rampante.

"Eso es verdad y una ingenuidad adicional: la de creer todo lo que se nos dice si el que lo dice está bien vestido".

¿Cómo observa la reelección?

"Creo que el gobierno está en su derecho de aspirar a ser reelegido y creo que el pueblo está en su derecho de negarse a esa reelección si Colombia sigue siendo el reducto de miseria, mendicidad, inseguridad e indignidad que hoy es".

¿Y qué opina de la reelección de Uribe?

"Es todavía un sueño en la cabeza de algunos, pero ojalá, cuando llegue el día, tengamos motivos para reelegirlo. Eso depende de las transformaciones reales que obre en bien de nuestra sociedad y a estas alturas yo no las he visto".

¿Cree que la felicidad no es otra cosa que ese acto breve que de cuando en cuando hacemos en los trapecios de la imaginación?

"No, también es felicidad mucho de lo que vivimos cada día, pero no siempre somos conscientes de ser felices".

¿Somos conformistas?

"Sí, toda felicidad presente exige algo más y a veces olvidamos pedirlo".

¿Somos más mezquinos que ambiciosos?

"Esta pregunta tiene tantas respuestas como seres humanos".

¿Sigue viendo el mundo con los ojos de la infancia?

"Son los únicos ojos que tenemos"

¿Cree que actuamos más con el corazón que con el cerebro?

"Ojalá, pero pensamos demasiado".

¿Por qué nos acostumbramos a matarnos?

"Por falta de imaginación".

¿Cuándo encontraremos ese conjuro contra la violencia?

"Cuando tengamos un sueño común".

¿Si Bush fuera un intelectual cree que otra sería la suerte del mundo?

"Podría ser peor. Porque lo importante no son las ideas sino al servicio de qué están".

Dice Manuel Vicent que lo estimulante de los países convulsivos y violentos, como Colombia, es que la gente se aferra más a la vida...

"Nadie debería hablar de países convulsivos y violentos, sino de momentos convulsivos y violentos de los países, por ejemplo, los años de la Guerra Civil Española".

¿Cree que Europa se está convirtiendo en el gran museo de la historia?

"Hace tiempo se convirtió en el gran museo de la historia, ahora se dedica más a mercadearlo".

Dénos su fórmula para tejer un verso.

"Ser todo oídos".

¿En cuántos hervores se cocina un ensayo?

"Depende de la materia".

Reinventarse la vida, esa parece ser la labor del novelista. ¿Cómo podría definirse entonces el oficio del poeta?

"Inventarla".

¿El poeta como instrumento mediador del sufrimiento y su obra como el gran estímulo de su redención?

"También hay una poesía de la felicidad".

Acaso la felicidad no es el fracaso, como decía Sartre.

"Él no fracaso y sin embargo fue feliz".

Si la selva es la catedral gótica de la naturaleza, ¿qué viene a ser la urbe?

"La selva del espíritu".

Usted es un gran retratista de la urbe, un cronista del asfalto. ¿Cómo percibe el color local de cada ciudad?

"Hay ciudades color de arena como el Cairo, color de agua como Venecia, y ciudades de todos los colores como París y ciudades que son muros en el cielo, como Manhattan".

¿En qué ciudad le gustaría vivir?

"Viviría un año en cada una de mis diez ciudades favoritas".

¿Por dónde le gusta caminar en Bogotá?

"Por el parque de la 87, por el Park Way y por la Séptima, mirando hacia los cerros al atardecer".

¿Es usted tan solitario como uno se imagina?

"Menos".

¿Cómo es su neurosis?

"La incapacidad de tener una obra destinada a cada cosa y el alargar el tiempo al ritmo del capricho".

¿Cuál es su religión?

"Soy pagano practicante".

¿Qué es lo que más lo deslumbra de Rubén Darío?

"Que la lengua castellana vieja de mil años nunca haya sonado tan armoniosa como en los labios de un indio nicaragüense"

¿Podríamos referirnos a 'Cien años de soledad' como el vallenato más largo de la historia?

"Un vallenato tan largo sólo es perfecto sin acordeón".

¿Cuál es el verso que más le gusta de José Manuel Arango?

"Cuando los objetos se alargan para entrar en la noche".

¿Cómo es su amor por los libros?

"Adúltero".

¿Cuál es el libro más bello que ha leído en su vida?

"La Odisea"

¿Qué autor recomienda para leer en un avión?

"A Borges".

¿Por qué no escribe en Soho?

"Los lectores de Soho no tendrían tiempo para leer lo que yo escribo".

¿Cómo es que le cabe todo el país en la cabeza? ¿Y ahora todo el continente?

"La respuesta la dio Borges: es que el lenguaje puede simular la sabiduría".

¿Cómo se divierte William Ospina?

"Conversando con mis amigos, callando ante los desconocidos y dibujando cuando estoy solo".

¿Ama el vino?

"Más yo a él que él a mí".

¿Qué músicas lo hacen levitar?

"El 'Ave María', de Schubert; la Apasionata de Beethoven, la canción 'Alma Tumaqueña', de Tito Cortés, las canciones árabes y griegas".

¿Qué tipo de mujeres lo seducen?

"Las que no son afeminadas".

¿Cuál es su concepto del amor?

"Que es difícil"

¿Qué es para usted la vida?

"Es lo mejor que conozco"

¿De la muerte?

"Ya veremos".

¿Cómo es que usted escribe cosas tan diáfanas y maravillosas en medio del caos y el desorden que nos rodea?

"Gracias por darme esa noticia".






Cronopios    Diciembre 2004

 

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