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Letteratura

 

 

 

XIII Festival Internacional de Poesia de Bogotá - 

 

Las fiestas de los poetas

 

 

Ignacio Ramiréz, director de Cronopios       ignacioramirez@cable.net.co

 

 

Cuando apenas acaba de celebrarse el XIII Festival Internacional de Poesía de Bogotá, nos preparamos ya para el XV Festival de Poesía de Medellín, el más grande y de mayor repercusión en el mundo por el número y la calidad de los poetas que convoca y por las atentas multitudes que lo habitan. ¿Para qué sirven los festivales de poesía en tiempos aciagos como los que padecemos? ¡Para vivir! ¿Qué más queremos? Cronopios, que estará presente en Medellín y desde allí multiplicará las emociones del encuentro de poetas para que las compartan nuestros lectores en el mundo entero, ha recibido dos bellos mensajes de un par de grandes poetas que asistieron a la cita en Bogotá: el brasileño Ledo Ivo y el mexicano Sergio Mondragón.  Sus palabras nos sirven para continuar en el trasiego del camino “golpe a golpe, verso a verso”...

 

Ledo Ivo, poeta, narrador y ensayista nacido en Maceió, Alagoas, Brasil en 1924. Es una de las figuras más destacadas de la moderna literatura brasileña, notablemente en poesía. La crítica literaria lo considera la figura más representativa de la Generación del 45, movimiento de reacción estética contra el clima demoledor y anarquista de la primera fase del modernismo, que pregonaba un regreso a la disciplina y al orden. Como otros poetas de esta generación, volvió a algunas formas poéticas fijas, como el soneto, pero conservando un estilo libre y marcadamente personal. Forjó una fisonomía fuerte y propia, con pleno dominio de la técnica y del lenguaje. Para él, la poesía es una invención de la palabra, una operación verbal destinada a ocultar la vida personal, generando una mitología particular que sustituye la verdad trivial de la existencia. De su obra, ampliamente premiada, destacan sus novelas As alianças (1947) y Ninho de cobras, su libro de crónicas A cidade e os dias (1957), el poemario Finisterra (1973) y sus memorias Confissôes de um poeta (1979).  © Francisco Castellón

 

Sergio Mondragón, nació en Cuernavaca, Morelia. Estudió periodismo e hizo estudios de lengua y literatura japonesa en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue corresponsal del periódico ‘Excélsior’ en Japón, donde residió dos años.  Ha sido editor de varias revistas culturales. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores. Actualmente forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte, de CONACULTA. Es autor de antologías de poesía hispanoamericana, mexicana y norteamericana, y coeditor  de la antología de poesía japonesa moderna, “Un rebaño bajo el sol”. Sus libros de poesía: “Yo soy el otro”, “El aprendiz de brujo”, “Pasión por el oxígeno y la luna”, “El ocre de los lodos” y “Hojarasca”.

 

 


 

Mi razón de vivir

Ledo Ivo – Poeta brasileño

La poesía representa en mi vida, mi propia vida, mi razón de ser, mi razón de vivir, de estar, mi lenguaje de comunicación con los hombres.
Desde la infancia yo quería ser poeta, de modo que la presencia de la poesía en mi vida es la justificación de mi existencia, es como si mi sueño de infancia se hubiese convertido en realidad.

Es muy difícil decir cómo se hace un poema. En primer lugar, la poesía es una vocación, es un oficio, de modo que ese oficio exige unos ingredientes específicos, una preparación, una formación intelectual y cultural, el conocimiento de lenguas que nos permitan tener acceso a otras literaturas, a otros poetas, porque el mundo de la literatura se hace con influencias, contribuciones, es una perpetua mutación, no hay ninguna literatura pura en el mundo, todas las literaturas se han beneficiado de influencias, aportes, la literatura francesa es un ejemplo nítido de eso, ha recibido muchos aportes, influencias, de los españoles, de los nórdicos, de los italianos, etc.

En mi caso, un poema se hace con mi experiencia personal, una experiencia de lenguaje en primer lugar y una experiencia de cosas personales y subjetivas, secretos, misterios. El poema, aún cuando pueda ser una realización súbita o el resultado de una larga maduración, sólo interesa cuando encuentra al lector, yo hago poemas para un lector imaginario.

La misión de la poesía está condicionada a la misión del poeta, la misión del poeta es hacer poemas, la poesía es varias cosas al mismo tiempo, es un arte fundamentalmente del lenguaje, con la misión de mantener el vigor, la vida del lenguaje, que es también un conocimiento del mundo y de la vida.

Usted puede encontrar en los poetas, desde Homero hasta cualquier joven poeta, una especie de memoria del mundo que sólo puede obtener a través del imaginario y no de la historia ni del documento, de modo que la poesía tiene por misión ayudar a vivir, servir a la vida al hacer que el hombre tenga conocimiento de sí mismo y de su condición terrena, es muy difícil decir cual es la utilidad de la poesía, nosotros sabemos apenas que ella es necesaria ¿a qué? al hombre, a la vida, a la condición humana, al mundo en que vivimos.

Tal vez la definición más justa de la poesía sea la definición tradicional: el arte de componer versos, ahora será necesario también saber qué es un verso porque la poesía ha atravesado muchas culturas y muchos movimientos de contestación a la propia naturaleza de la poesía. Hay poetas visuales que hacen poesía sin versos, a mí particularmente me satisface la definición tradicional.

Yo le recomendaría a un joven poeta no ser un joven poeta, especialmente si este joven poeta es un terrorista literario, un Rimbaud, un contestatario.

Yo le recomendaría que él procurase un día, tornarse un clásico de su país.  

 


 

 

Polifónica mezcla de hablas

 

Sergio Mondragón – poeta mexicano

 

El XIII Festival Internacional de Poesía de Bogotá fue para mí una experiencia inolvidable y entrañable:

Conocer y convivir fraternalmente con los amables y afanosos organizadores, Rafael del Castillo y sus colaboradores;

con los poetas invitados, los locales y los venidos de fuera, con su camaradería y sabiduría;

verme sumergido en esa polifónica mezcla de hablas, la colombiana y las de los otros países latinoamericanos que concurrieron;

recibir la cálida y cortés atención de las diferentes audiencias ante las que leí mis poemas o di conferencias;  

recorrer el paisaje urbano de Bogotá, sus barrios y modernas calles, hermosa mezcla de tradición y modernidad;

visitar el sorprendente tesoro del Museo del Oro, que me hizo ver la identidad profunda que hay entre las culturas ancestrales de México y Colombia y que somos uno con nuestros antepasados;

navegar por el arte barroco religioso de Bogotá, el espléndido interior de negro nogal del templo de San Francisco, tan excelentemente conservado; la capilla anexa de la iglesia de San Diego, íntima y misteriosa como un camerino real; la gruta de oro del Museo de Santa Clara, donde se puede contemplar entre otras maravillas de arte pictórico la más hermosa representación de la virgen de Guadalupe, y la ultramoderna versión de la purísima concepción sentada en un cuarto de luna creciente que la excede en tamaño y que semeja una carta del tarot.

En fin, que las arepas me dejaron el sabor de uno más de los sabrosos lazos de leyenda y maíz que unen a mexicanos y colombianos.

Por todo lo cual, quedo con gratitud prendado para siempre de Colombia, sus poetas y su gente industriosa, resistente y buena.

 

Atentamente. Su amigo,

Sergio Mondragón

 

LOS POEMAS

Los poemas

son pétalos frescos de cosechas doradas

son la imagen que mora en lo negro de un sueño

son el teatro de todos.

Los poemas desbordan vasijas coloreadas,

     siluetas de bocas activas en el pecho.

Los poemas respiran el pozo sagrado

                                                                 que yace en la frente,

la tarde rosada que tañen

                          dedos trascendentales.

Cuando el mundo transpira

surge una faz encantada

                       que nos dicta los versos y dice:

soy el eco en la noche y el día

       de dónde sale mi persona

               soy el eco llamado sigilo.

 Poetas: poned infinito cuidado al oír…

 Julio de 2005

 

 

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