mostra fotografica   arte e cultura   letteratura   musica   cinema e teatro   feste e tradizioni   natura e ambiente   viaggi

popoli indigeni   afroamerica   società   appuntamenti   leggere/ascoltare   studi e ricerche

www.caribenet.info

el portal del Caribe

 

Letteratura

 

 

 

Entrevista a Horacio González, subdirector de la Biblioteca Nacional de Argentina

 

Maribel Duarte González 

 

Horacio González es sociólogo, docente, investigador, ensayista y disertante.

 

¿Que puede decirnos del papel de los intelectuales en la actualidad?

En principio alrededor de la palabra intelectual siempre hay  problema, se señalan cuestiones en términos de responsabilidad de  los intelectuales, teniendo en cuenta las cuestiones que interesan,  y la necesidad de un compromiso. Quizás siempre fue así en cada  generación, cada grupo intelectual percibe que las circunstancias en  que vive son las más dramáticas, las más convocantes en términos de  formular requerimientos de la vida intelectual. Hoy el intelectual  latinoamericano es una figura que hay que construir y que hay que  laborar en relación a un gran legado de textos y de biografías entre  las cuales menciono, a José Carlos Mariátegui, en Perú, Rodolfo  Walsh en Argentina; y muchos otros más. 

En relación a la pregunta  que hacías, los intelectuales debemos extremar la construcción de  nuestros textos como textos éticos, que deben formular alertas sobre  el destino de la humanidad sin que esto signifique usar un lenguaje  pomposo ni apocalíptico. Debemos formular ideas sobre la relación de  la técnica y la vida, sin que esto signifique un lenguaje concesivo  pero tampoco anulador de sus posibilidades de emancipación, tenemos  que formular un fuerte llamado a las ocasiones sociales y políticas  que indaguen en la producción de la violencia. La humanidad está  generando mucha violencia y muchos accesos a la violencia que son  profundamente auto destructivos. 

Por todo esto la idea intelectual  es también la idea de la formulación de una fuerte advertencia, y al  mismo tiempo una responsabilidad en decir que caminos se pueden  transitar. Sobre esto último hay un problema muy interesante; el  intelectual ha sido acusado de tener demasiados privilegios en  relación a su figura, que suele ser hasta estimada por los gobiernos  a los que se opone, y en muchos casos puede ser también alguien que  viva de un modo más cómodo que el resto de sus contemporáneos.  Simplemente te digo que los intelectuales podemos aparecer como  adueñados de la posibilidad de la palabra. Todo eso hace a la  historia gris, poco clara y poco interesante, que solamente estaría  destinada a certificar la existencia de los poderes dominantes… y  esto no debe ser nuestro objetivo, sino por el contrario aclarar la  historia de la humanidad. Tal como se concibe la vida intelectual en  Latinoamérica es justamente para elaborar la crítica del privilegio,  por eso para concluir con la pregunta diría lo siguiente: la vida  intelectual supone correr la suerte de aquello mismo que se critica,  supone la profunda solidaridad con aquellos a lo que se indica como  abanderados de una transformación y no hacerlo desde ninguna  exterioridad, desde ningún privilegio personal. Por eso mismo el  intelectual tiene en gran medida la responsabilidad de un auto  examen, de examinar sus propias condiciones, para muchos  desdeñables, para otros de mucho sacrificio y ahí está el punto en  lo que tiene de atractivo su papel, que puede ser oscuro y penoso en  ocasiones, pero que conduce a la palabra, a lo que hay que decir y  en que momento decir.

La vida intelectual es algo que nos lleva a un síntoma de justicia,  es lo que hay que explorar a costa de mucho sacrificio y es lo que  hay que precisar, ampliar, buscando nuevas significaciones y retos.  Por último te comento que el intelectual es el que trabaja en el  mundo de la abstracción, pero tiene el deber de trasladar, como si  fuera una especie de gran traductor, este mundo de las abstracciones  al mundo de las prácticas vivas, al mundo de las existencias reales,  al mundo del sufrimiento más palpable. En este sentido el  intelectual es algo así como una figura, hasta poética veces, y de  ahí acepto lo que tantas veces se dice, citando a Walsh: somos  agentes de esa gran traducción, del patrimonio de ideas que  expulsaron todos los momentos importantes de la humanidad, de las  transformaciones ocurridas en la vida real y concreta de estas  sociedades históricas.

El intelectual es el que piensa que ninguna palabra ya está dicha,  las palabras son las que en el futuro vamos a pronunciar y por lo  tanto el dilema central del intelectual es como operar la producción  de ese legado que tiene palabras en el archivo de la humanidad. El  intelectual es el que indica fórmulas de consulta de ese legado y lo  convierte en su propio discurso.

Cada vez se entrelazan más la cultura y la política, ¿qué nos puede  decir al respecto?

No fui breve en la anterior respuesta a tu pregunta. Es una  tentación no ser breve. Ante la posición de que la política es la  cultura, digamos que la política interviene decisivamente en la  cultura, pero la cultura tiene su autonomía, sus lógicas propias,  sus modos de conocimientos y por lo tanto política y cultura están  destinadas a encontrarse. Te agrego que ese encuentro no debe surgir  la superposición y el asfixiamiento de la una por la otra, sino por  contrario su complemento interrelación. 

¿Como subdirector de la Biblioteca Nacional de Argentina, ¿cuáles  son los nuevos retos que enfrenta esta Institución?  

La Biblioteca Nacional es parte de un estado argentino que está muy  resquebrajado, con muchos dilemas para sostenerse como tal y autor  de muchas injusticias también. En el pasado hemos estado  desmantelados por las políticas anteriores que nos sacaron  prácticamente de nuestras capacidades mínimas de intervención a  favor de los que están más desfavorecidos. A la Biblioteca Nacional  de Argentina hay que reconstruirla, como se debe reconstruir el  estado por encima de las cabezas de la gente, no por encima de la  sociedad y no formulando estilos coercitivos o de dominación, sino  haciendo del estado una reproducción en primera instancia de las  formas alegres de vida. Por lo tanto la Biblioteca Nacional de  Argentina corre la suerte de esa reconstrucción del estado por un  lado y por otro lado debe hacer un gran balance entre las nuevas  tecnologías de archivo, de difusión, de preservación de los  materiales escritos y la capacidad de entregarlos de forma viva y  espontánea al lector. En resumen, tiene que recrear a los lectores,  tiene que reinventar y generar lectores porque muchas veces se  piensa que una Biblioteca Nacional los recibe meramente, creo que  los recibe, los recrea y los reinventa y formula temas ella misma de  investigación, de escritura. Te añadiría que concibo una Biblioteca  Nacional activa, de escritores y de permanentes temas de  investigación. 

Es su primer viaje a Cuba, pero conoce mucho de nuestras  características, nuestra literatura, y nuestra historia, ¿Cuál es su  valoración sobre nuestro país?

Cuba está en un momento difícil, de alguna manera siempre lo estuvo,  y es una gran promesa para Latinoamérica. La revolución cubana es  una promesa constante y viva y las dificultades son nuevas, te diría  que son las dificultades que propone el mundo de dominación  estrecha, cerrada, imperialista, incapaz de reconocer las grandes  aventuras humanas de transformación. Por eso en esencia Cuba  significa siempre un faro encendido, un compromiso con la vida  intelectual latinoamericana y los intelectuales tenemos una deuda  con Cuba. 

Muchas gracias por este interesante dialogo

Gracias a ti.

 

 

http://www.bnjm.cu/librinsula/2005/julio/80/index.htm     Septiembre 2005

 

 

  Latinoamerica-online 

Ass. Cult. Imago Mundi - Direttore  responsabile Mariella Moresco Fornasier

  Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 768 del 1/12/2000  e n. 258 del 13/04/2004 

ISSN 1824-1360 © Tutti i diritti riservati