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Aspectos
ideológicos de la lírica tanguera (II)
Guillermo
García
Facultad de Ciencias Sociales Universidad Nacional de Lomas de Zamora
(Argentina)
(vease
Parte I)
Ligado al esquema anterior, es digno de recordar "Toque de oración" [Yamandú
Rodríguez, 1931], donde también el barrio obra a manera de reservorio de añejas
virtudes:
"Hoy de tarde buscando no sé que cosa,
he vuelto al barrio amigo donde una vez
por lo ojos azules de otra mocosa
perdí el colegio junto con la niñez. (...)"
Abundan otros ejemplos: "Barrio reo" [Alfredo Navarrine, 1926]; "Isla
de Flores" [Román Machado, 1927]; "Melodía de arrabal" y "Arrabal
amargo" [Alfredo Le Pera, 1933 y 1934, respectivamente]. Los dos últimos títulos
merecen especial consideración porque en ellos su autor acomete un repaso
consciente de los tópicos más sobresalientes de esta poesía. Al respecto,
apunta Pedro Orgambide:
En 'Melodía de arrabal' el tango hace la lectura del tango. Se mira a sí mismo,
se reconoce. Por algo le gustaba tanto a Aníbal Troilo. La escenografía
inicial ('Barrio plateado por la luna') y la clave del origen humilde en ese
rumor de milonga que es 'toda su fortuna', vale como estampa, como viñeta
impresionista y también como crónica. El énfasis de 'barrio' en vez de 'arrabal'
(aunque esté presente como 'cuna de tauras y cantores/ de broncas y entreveros'),
la alternancia de una tipología de un ayer más o menos cercano (Margot, la
milonguita, la paica Rita, etc.), parecen preanunciar la poética de Homero
Manzi alrededor de los años 40".[ORGAMBIDE: 1985, pp. 168-169].
Como sea, el barrio nunca dejará de conformar un ámbito privilegiado y
recurrente para el imaginario poético tanguero. Homero Manzi vislumbra su valor
casi metafísico en "Sur" (1948):
"Nostalgia de las cosas que han pasado...
Arena que la vida se llevó...
Pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió...".
Y todavía se percibe en una composición sin duda tardía como es "El
corazón al sur" [Eladia Blázquez, 1975], su trascendente valor
existencial respecto de quien enuncia:
"La geografía de mi barrio llevo en mí,
será por eso que del todo no me fui:
la esquina, el almacén, el piberío
los reconozco... son algo mío...".
No carecerá de interés ahora repasar algunos ejemplos en los que, en cambio,
aparece representada la ciudad. Aunque menos numerosos, esos tangos muestran la
contraparte de la serie de elementos positivos adscriptos al suburbio y aludidos
en los ejemplos anteriores. Un caso curioso es el de "La mina del Ford"
[Pascual Contursi, 1924], acabada y jocosa réplica al tópico del bulín pobre
y decente. La pretenciosa emisora del texto exige:
"Yo quiero un cotorro
que tenga balcones,
cortinas muy largas
de seda crepé,
mirar los bacanes
pasando a montones,
pa' ver si algún reo
me dice ¡qué hacé!"
Catálogos completos de los engañosos fulgores de la noche ciudadana son "Noches
de Colón" [Roberto Cayol, 1925]:
"También los goces que da el dinero
en otros tiempos los tuve yo
y en las veladas del crudo invierno,
en auto propio, llegué al Colón.
Por los gemelos acribillado
supe a las damas interesar,
mientras lucía desde mi palco
el blanco peto del rico frac".
Y "Acquaforte" [Juan Carlos Marambio Catán, 1931]:
"Es medianoche, el cabaret despierta;
muchas mujeres, flores y champán...
Va a comenzar la eterna y triste fiesta
de los que viven al ritmo de un gotán".
Si bien en ambos casos la voz enunciadora evoca, desde un presente
desesperanzado, un pasado de opulencia, dicha o juventud perdidas, en estos
ejemplos se destacan los espacios elegidos para ambientar las historias:
asociados a la ciudad: tanto el teatro como el cabaret se hallan ligados a la
pura exhibición, el simulacro y lo artificial. En lo que específicamente atañe
a la figuración del segundo ámbito, tan reiterada en las letras de los tangos
y en las representaciones teatrales del género chico criollo, el ensayista
Horacio Salas elabora una aguda interpretación de la 'función social' por él
desempeñada:
El tango de esos años [se refiere básicamente al período alvearista]
cuestiona al cabaret, le reprocha su amoralidad, a la que opone la ética de
barrio y de paso, desde los mismos palcos donde se instala para entretener a
quienes "derrochan su dinero" sin pensar en el pueblo, les muestra sus
lacras, lo cual es una manera de conformarse con la propia suerte. La educación
señala: los ricos no son felices, carecen de amor, deben pagarlo. Los pobres en
cambio pasan necesidades, sufren, pero son buenos, y sus amores, gratuitos y,
por lo tanto, auténticos. Los clientes del cabaret escuchan la monserga y gozan
con el reflejo de esa perversidad que les endilgan. Al fin es cierto, el cabaret
implica una marca de clase, un privilegio. ¿Y por qué no ostentarlo? [SALAS:
1997, p. 199].
No obstante, uno de los testimonios que mejor recrea la geografía de una ciudad
en franco proceso de modernización quizá sea "Talán... Talán"
[Alberto Vacarezza, 1924]. Este tango, que 'escenifica' una situación cara a
las obras del teatro popular rioplatense (la de los hijos que, atraídos por las
'luces del centro', abandonaron el reducto paterno situado en suburbio),
encierra al menos dos factores sumamente significativos: primero, que sitúa su
acción en un tranvía en movimiento; segundo, que con envidiable economía
acomete una vívida descripción del tráfago urbano con sus vehículos,
multitudes, voces, tipos e, incluso, alusión a esas discursividades características
del modo de vida ciudadano que son los periódicos:
"Talán, talán, talán...
pasa el tranvía por Tucumán.
'Prensa', 'Nación' y 'Argentina'
gritan los pibes de esquina a esquina.
'Ranca e macana, dorano e pera'
ya viene el tano por la vereda.
Detrás del puerto
se asoma el día,
ya van los pobres a trabajar,
y a casa vuelven
los calaveras
y las milongas
a descansar".
La incorporación de elementos provenientes de la modernidad urbana a los
registros artísticos populares ya pueden ser rastreados en manifestaciones
primitivas del tango. Así la letrilla de Ángel Villoldo titulada "La
bicicleta" [circa 1900]. En ella se describen -sin mucha continuidad, por
cierto- aspectos diversos de la vida en un Buenos Aires en crecimiento tales
como sus grandes avenidas, sus paseos, teatros, elegantes mujeres, modas, etc.:
"En la época presente
no hay nada tan floreciente
como la electricidad.
El teléfono, el micrófono,
el tan sin rival fonógrafo,
el pampirulintintófono,
y el nuevo cinematógrafo.
(...)
Todos estos nombres
y muchos más,
tienen los aparatos
de electricidad,
que han inventado
desde hace poco,
con la idea que el mundo
se vuelva loco".
La enumeración de artificios técnicos, entre reales e imaginarios, no ofrece
dudas acerca de la creciente incidencia de éstos en la vida cotidiana de aquel
entonces. Otra letra de Villoldo algo posterior, "Matufias o el arte de
vivir" [circa 1903], comienza de manera no menos elocuente:
"Es el siglo en que vivimos
de lo más original
el progreso nos ha dado
una vida artificial (...)".
Sin embargo, la apropiación de signos de la modernidad por parte de la poesía
no constituyó un rasgo privativo de los registros populares. Las vanguardias
también hicieron otro tanto. Baste si no repasar las primeras obras de Oliverio
Girondo: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía es el significativo título
de su primer libro (1922). Hacia 1926 Borges aparentemente se admiraba de ese
rasgo de su colega: "Lo he mirado tan hábil, tan apto para desgajarse de
un tranvía en plena largada y para renacer sano y salvo entre una amenaza de
claxon y un apartarse de transeúntes, que me he sentido provinciano junto a él".
[BORGES: 1998a, p.96].
Aunque un año antes no había dejado de señalar ciertos 'vicios' de los
estridentistas mexicanos capitaneados por Manuel Maples Arce: "(...) el
estridentismo: un diccionario amotinado, la gramática en fuga, un acopio
vehemente de tranvías, ventiladores, arcos voltaicos y otros cachivaches
jadeantes (...)". [BORGES: 1998b, pp. 131-132].
En La musa de la mala pata (1926), primer libro del singular poeta argentino
Nicolás Olivari, convergen elementos de procedencia popular -el imaginario del
tango es una constante en la obra- con otros de sesgo vanguardista. Allí pueden
hallarse poemas magníficos que captan y resignifican distintos signos de la
modernidad. Tal el caso de "La aventura de la pantalla", "En ómnibus
de doble piso voy en tu busca", "Nuestra vida en folletín",
"La musa en el asfalto" o el excelente "Tranvía a las dos de la
mañana":
"Aburrido carro de hierros económicos,
-diez centavos de ruidos a hierro viejo-
maderas nostalgiosas de bosques; lacónicos
edictos municipales y un higiénico consejo." [OLIVARI: 1982, p. 27].
Los ejemplos relativos a la negatividad de los modos de vida propios de la urbe
metropolitana, originados en un afán quizá desmedido y permanente de 'progreso'
considerado, básicamente, en el sentido de 'ascenso social', podrían
multiplicarse indefinidamente y son íntimos al proceso de formación y
consolidación de la clase media en la Argentina. Síntesis de la perspectiva de
la 'generación de los padres', implican la reacción ante una realidad que
muchas veces no cumplió lo que había prometido, y que sí amenazó, empero,
con desvirtuar e incluso borrar los valores sobre los que descansaba su
identidad de grupo.
Compendio de todo lo bueno que el paso del tiempo tiende a borrar, el arrabal,
la casa paterna, el patio del conventillo o la madre, seguirán siendo para el
imaginario popular -siempre reacio a todo tipo de cambio- 'lugares de redención'
a los que podrá retornarse cuando de encontrar el recto camino se trate. Así,
al menos, lo expresa Paloma, personaje central del más famoso de los sainetes,
El conventillo de la Paloma (1929), del citado Alberto Vacarezza:
PASEO DE JULIO.- No... no te asustés y contestá a lo que te pregunto: ¿por qué
te fuiste?
PALOMA.- (Cobrando firmeza poco a poco.) Pues nada más que por eso... por eso y
por todo lo que no hace falta que te diga. Yo no había nacido para aquella vida.
Y era más fuerte que yo la repugnancia que llegué a sentir por todo aquel
barro en que por vos y por tu culpa ya me estaba hundiendo. Por eso he venido
huyéndole al Bajo y a sus miserias; ¡para oponer a la falsa alegría de sus
turbios bodegones, la limpia claridad de estos barrios de trabajo! [VACAREZZA:
1982, Cuadro I. Subrayados nuestros]. (5)
La serie de oposiciones resulta transparente en cuanto a lo que venimos
remarcando, pero, hay que decirlo, habla también de un estadio de la creación
artística en que la repetición de esquemas similares bordea la automatización,
haciendo peligrar la eficacia significativa del texto (6).
Hacia 1930 y con la consolidación de las formas de vida propias de la nueva
clase social de los 'hijos de la inmigración', el arrabal y la suma de sus idílicas
connotaciones ya iba camino a no ser otra cosa que un grato recuerdo. Los versos
recitados a su barrio por Villa Crespo, personaje de la obra que comentamos, no
desmienten las observaciones previas:
Ah, Villa Crespo querida,
de mi recuerdo inocente,
¡cómo se cambia la gente!
¡cómo se pianta la vida!
¡Vos también, en la embestida
del edilicio poder,
viniste, al fin, a caer,
y tu lontano retrato
se fuga por Triunvirato
para nunca más volver!... [VACAREZZA: 1982, Cuadro III].
Notas
[1] La profesora Noemí Ulla apunta
acertadamente: "El barrio, juntamente con la madre, representa aquella
infancia perdida y aquel pasado donde el mundo transcurría serenamente, al
menos en la imagen que producen las evocaciones de esos lugares y seres que se
han sentido próximos y con los cuales se han compartido largos años de vida
irresponsable, en el sentido de no alertada por las exigencias y elecciones de
la mayoría de edad. Aunque Buenos Aires va creciendo y el tango se enseñorea
en el centro, la temática de las letras no determina el alejamiento de los
barrios, cuya presencia se hace sentir en gran cantidad de letristas, que
describen su ambiente en forma objetiva y realista, o evocándolos
subjetivamente con marcada nostalgia. (...)". [ULLA: 1982, p. 35].
[2] De nuevo Noemí Ulla: "La presencia de la figura materna en nuestras
letras de tango alcanza un número infinito de matices, cuyos significados
configuran siempre el mismo sustrato aparentemente irracional. No se advierte
con la misma frecuencia y, más aún, se advierte en forma muy esporádica, la
presencia de Dios. Creo que tiene validez afirmar que la sustitución de la
figura divina se realiza en tanto la materna responde a similar articulación de
valores morales de comportamiento. Esta sustitución puede explicarse por la
categoría de realidad que, por un lado, cumple la madre durante la infancia,
aunque en el tango se extienda muchas veces hasta la madurez." [Ibid., p.
47].
[3] Otra letra de Linyera dedicada a esta misma calle, "Florida de arrabal"
[1928], expresa: Boedo, Boedo,/ la calle de todos,/ la alegre Florida/ del
triste arrabal,/ decile muy quedo,/ decile a la piba/ romántica y papa/ que ya
va a llegar".
[4] El ambiente de la pieza de conventillo constituirá un lugar privilegiado
para la representación de conflictos dramáticos dentro del llamado género
chico criollo. Un antecedente memorable se encuentra en la obrita de José González
Castillo titulada El retrato del pibe (1908). Obsérvense los rasgos pertinentes
a las acotaciones escénicas y la curiosa manera de enunciarlas: "Decoración:
Bulín bastante mistongo, aunque de aspecto 'sencillo', de un modesto
conventillo en el barrio del mondongo. Una catrera otomana, una mesa, una culera,
un balde, una escupidera y cualquier otra macana, que me pongan el salón sin
cara de cambalache y uno que otro cachivache en uno que otro rincón. Un armario
algo arruinao; encima de éste un portrete y el escracho de un pebete vestido de
Juan Soldao. Un baulito carcelario, y cualquier requisitoria que convenga al
zanagoria que me arranye el escenario." [González Castillo: 1983, p.15].
En la poesía fundacional de Pascual Contursi, el bulín representa un
ámbito de soledad, abandono y desamparo por excelencia. Al menos si
pensamos en tangos como "Mi noche triste" (1916), "De vuelta al
bulín" (1917), "El motivo" (1920) o "Bandoneón arrabalero"
(1928), donde la voz poética le habla así a su instrumento: "Te llevé
para mi pieza,/ te acuné en mi pecho frío.../ Yo también abandonado/ me
encontraba en el bulín...". Un último ejemplo sumamente significativo lo
expone el comienzo del tango "El ciruja" [Francisco Marino, 1926]:
"Como con bronca y junando,/ de rabo de ojo a un costado,/ sus pasos ha
encaminado/ derecho pa' l arrabal./ Lo lleva el presentimiento/ de que en aquel
potrerito/ no existe ya el bulincito/ que fue su único ideal."
[5] Y también: "Y qué otra cosa pude ser yo que una víctima infeliz de
tus instintos rastreros, que asqueada una noche de su propia vida, esperó la mañana
y huyó para venir a confundirse entre los que saben vivir honradamente."
[Ibidem.]
[6] Este fenómeno, común en el tango, conduce indefectiblemente a la elaboración
de formas paródicas. Así lo induce a pensar, por ejemplo, un parlamento de
Mariquiña, la 'gallega' de El conventillo...: "Entonces canta tú, Doce
Pesos, uno de esos tan lindos que hablan de malandrines enjropidos y pircantas
imbirritinadas." [Ibid., cuadro III.]. También en la anteriormente citada
Mateo, de Armando Discépolo, Chichilo, el hijo menor de don Miguel, expresa en
estos términos sus temores de que su hermana Lucía caiga en la mala vida:
"¡Ja, otario! Tan difícil que es trabajarse una mina: le hablan de la
seda, del capelín, del champán, de la milonga; le hacen oír un tango, le
muestran un reló de pulsera y se la remolcan! Después los viejos lloran y los
hermanos atropellan pero ya es tarde, ya es flor de fango que se arrastra, sin
perfume... ¿No has visto en el teatro? Andá a ver. Te hacen llorar". [DISCÉPOLO:
1980, cuadro primero, énfasis nuestros].
Espéculo.
Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/liricata.html
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