Latinoamerica-online

 

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Afroamerica

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

bandiera ideata nel 1917 da Marcus Garvey per il rientro 

nella "nuova patria" africana dei neri americani

 

 

Altre pagine di Afroamerica

 

Altre pagine della cultura

  

  Archeologia e storia dei caraibi

 

 

Voci dell' Afroamerica

Dofimé - Racconto popolare haitiano (testo in creolo e in francese)

Derek Walcott: il negro rosso che ama il mare  (poesia)

Omaggio alla Donna Negra / Homenaje a la mujer negra

 

 

 

Il Mondo dei Caraibi

ogni martedì l'attualità e la cultura dei Caraibi

 

 

El genocidio negro en la Argentina    (13 maggio 2003)

¿Negros en Buenos Aires?   (segunda parte)   (15 aprile 2003)

¿Negros en Buenos Aires?   (8 aprile 2003)

 

 

La mappa di tutte le nostre pagine

       

 

mondocaraibi@yahoo.it

El genocidio negro en la Argentina

Emilio J. Corbière

LUCAS FERNANDEZ PRECURSOR DEL SOCIALISMO EN EL RIO DE LA PLATA

El primer genocidio en la Argentina y porque desapareció la nación de color. En el siglo XIX, entre 1850 y 1870, hubo una cultura de la negritud.

El socialismo llegó al Río de la Plata mucho antes que la corriente inmigratoria de origen europeo. Fue la comunidad negra de Buenos Aires, la de los ex esclavos liberados recién con la Constitución Nacional de 1853 (en la Asamblea del Año XIII sólo se les concedió la liberación a los por nacer) quienes trajeron las primeras ideas y doctrinas del socialismo utópico, en 1858, seis años antes de la fundación en Europa de la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional) que Marx, Engels y el anarquista Miguel Bakunin impulsaron en 1864.

Un intelectual negro, Lucas Fernández, creó y dirigió el semanario El Proletario, que vio la luz el 18 de abril de 1858, el cual expresó servir los "intereses de clase", los de la "clase de color". El movimiento se llamó Democracia Negra y se frustró porque se produjo el exterminio de la comunidad negra durante los aciagos días de la epidemia de fiebre amarilla.

La izquierda argentina está en deuda con esos pioneros negros, borrados de la historia y de la memoria. Salvo un trabajo del escritor Dardo Cúneo (El Primer Periodismo Obrero y Socialista en la Argentina, Editorial La Vanguardia, Buenos Aires, 1945) no se ha tenido en cuenta aquel movimiento precursor, mucho más vigoroso y expresión de las clases oprimidas de la época, que las referencias saintsimonianas de Esteban Echeverría y Sarmiento, estudiadas por José Ingenieros en la Evolución de las ideas argentinas.

Esa experiencia y su interrupción abrupta está ligada a uno de los hechos trágicos de la historia argentina: el aniquilamiento de la raza negra, el primero de los genocidios producidos en la Argentina. El segundo fue el de los indios, en la ya famosa Conquista del Desierto, que fue una conquista porque en realidad no era un desierto. A los aborígenes, especialmente los del Sur, se les aplicó la guerra bacteriológica mediante el envío de comerciantes a las tolderías que les entregaban mantas que habían estado en contacto con enfermos de viruela. Así fueron diezmados y luego asesinados -hombres, mujeres, niños y ancianos- por el ejército de línea.

De todas maneras no fuimos los creadores de esa anticipación vernácula del nazismo. Los norteamericanos utilizaron ese método para la conquista del Oeste y el exterminio indígena. Por mucho tiempo se creyó que había sido el célebre general Custer su inventor, pero nuevas investigaciones realizadas por historiadores de los Estados Unidos, según estudió David Viñas, han comprobado que ese método ya se empleaba desde fines del siglo XVIII.

El tercer genocidio fue el de los obreros -en la Patagonia de 1921- donde el Ejército reprimió las huelgas obreras y fueron fusilados cerca de mil quinientos trabajadores. El cuarto genocidio o masacre -que apuntó especialmente a la juventud- lo hemos vivido en los años del llamado Proceso militar. Pero el menos conocido sigue siendo el de los hombres y mujeres de color y con ellos aquella experiencia liberadora, destruida de cuajo, del primer socialismo en Buenos Aires.

El esclavismo en el Río de la Plata

La cuestión negra, es decir la del sistema de la esclavitud, estaba ligada a los comerciantes porteños, particularmente desde mediados del siglo XVIII hasta la Revolución de Mayo.

El partido esclavista era muy fuerte durante el sistema colonial español, y tuvo todavía, en los primeros años de la Independencia, una presencia política importante. Los apellidos de los esclavistas permiten advertir su continuidad con el sistema oligárquico. Algunos de esos apellidos fueron Pedro Duval, Tomás Antonio Romero, José de María, Martínez de Hoz, Narciso Irauzaga, Manuel Aguirre, Rafael Guardia, Agustín García, Martín de Alzaga, Andrés Lista, José de la Oyuela, Casimiro Necochea, Francisco del Llano, Cornet, Molino Torres, Manuel Pacheco, Ventura Marcó del Pont, Francisco Antonio Beláustegui, Jaime Llavallol, Francisco Ignacio Ugarte, Diego de Agüero, González Cazón, Juan E. Terrada, Martín de Sarratea, Tomás O'Gorman, Mateo Magariños, Antonio Soler, Domingo Belgrano Pérez, Nicolás del Acha, Miguel de Riglos, Pedro de Warnes, Domingo de Acassuso, Lezica y Torrezuri, Manuel José de Borda.

Teniendo en cuenta que en 1816, el general José de San Martín tuvo en su poder un censo de esclavos negros posibles de reclutar militarmente, y que ascendía a 400.000, la pregunta es qué pasó con esos seres humanos en estas tierras.

La esclavitud no fue totalmente abolida hasta la consagración de la Constitución Nacional de 1853, es decir, cuarenta y tres años después de haberse iniciado el proceso emancipador. Esta demora se produjo por dos razones, una, porque los negros esclavos fueron utilizados, en esa calidad, como fuerza de los ejércitos criollos; en segundo lugar, porque el partido esclavista era muy poderoso entre los comerciantes porteños.

De todas maneras, la esclavitud era incompatible con la ideología del liberalismo burgués (aunque no en la práctica de ese liberalismo). El liberalismo revolucionario nutría a las corrientes más progresistas de la Revolución de Mayo de 1810. Por eso, en la Asamblea Constituyente de 1813 se otorgó la "libertad de vientres", es decir que quedaron libres los niños negros por nacer, pero los otros, toda la masa humana en poder de los amos, continuaron bajo el régimen de la esclavitud o en distintas formas de servidumbre.

Fueron esos negros los que nutrieron con su sangre y sacrificio a los ejércitos libertadores y San Martín reconocerá el valor de sus tropas negras y también el ambiente racista de la época ya que no logró unir los batallones negros con los de los mulatos y blancos. Los negros esclavos morirían en la lucha por la Independencia, "por separado", es decir, en riguroso "apartheid".

Sarmiento, en su obra de la vejez, Conflicto y armonía de las razas en América, recordará la epopeya negra en nuestra tierra. Esos valerosos negros murieron luchando durante el Cruce de los Andes, en la campaña sanmartiniana, en los famosos batallones (regimientos) 7º y 8º, en las batallas de Chacabuco, Maipú, Cancha Rayada, en la Campaña del Alto Perú.

El genocidio negro

El comercio de esclavos estaba relacionado principalmente con los comerciantes porteños, es decir, con el partido unitario. El partido saladeril bonaerense, el de Rosas, Anchorena, Roxas y Patrón, Ezcurra, Terrero, carecía de ideas abolicionistas. Los negros también poblaban la campaña bonaerense. Eran utilizados en el trabajo como siervos, especialmente por hacendados y representantes eclesiásticos. Pero los saladeriles no estaban vinculados específicamente con el tráfico de esclavos aunque los utilizaban como mano de obra servil.

Cuando Juan Manuel de Rosas asumió el poder -tampoco dio la libertad a los esclavos-, mantuvo, sin embargo, un mejor trato con los hombres y mujeres de color. Rosas mantenía estrecha relación con las capas populares y en relación con los negros, solía participar con miembros de su familia, de las fiestas en el barrio del Tambor, en Monserrat, en San Telmo y en la Recoleta (el viejo Buenos Aires). Eran los famosos candombes y marimbas.

Cuando volvieron los antirrosistas al gobierno, después de 1851, no olvidaron a esos negros que habían motivado sus fantasías de terror. La venganza llegaría años después, durante la tragedia de la fiebre amarilla y la Guerra del Paraguay, a fines de los años sesenta.

"El Proletario"

Desde luego que no se puede hablar de obreros o de proletarios en el Buenos Aires de mitad del siglo pasado. La Primera Revolución Industrial todavía no había llegado a la producción. Pero en aquella Argentina decimonónica había capas o clases oprimidas. Junto a los criollos, el gauchaje y los indios, estaban los negros que realizaban las tareas más humildes de la ciudad o tenían los oficios más duros en el campo.

Un intelectual negro, que avizoró claramente las contradicciones políticas de su época y previó, tal vez no en la magnitud que alcanzó finalmente, la animadversión y odio de los blancos hacia sus connacionales de color, trató de impulsar una corriente de opinión ampliamente democratizadora para su época. Y lo hizo enarbolando las concepciones más progresivas de su tiempo, el utopismo social, el humanitarismo liberal, el socialismo.

Tales doctrinas, adaptadas a nuestro medio, fueron expuestas a través del periódico El Proletario que apareció el 18 de abril de 1858 para concluir su vida dos meses después, en el mes de junio. Esa corta vida permite, sin embargo, conocer qué pensaba un núcleo de negros, cuáles eran sus ideas, sus reclamos, su visión de los acontecimientos y de la cultura general.

La publicación tenía como subtítulo "Periódico Semanal, Político, Literario y de Variedades". Estaba dirigido por Lucas Fernández y su lema era el de Por una sociedad de la clase de color.

En su primer editorial, titulado La clase de color, sostenía:

"Esta importante y preciosa porción de la sociedad porteña a que nos honramos de pertenecer, no tiene un órgano que alivie las necesidades inherentes a toda clase desvalida y pobre de un país cualquier, y que vigile por sus intereses tan importantes y valiosos como los de las clases más acomodadas y felices; y si lo tuvo, él no pudo llenar sus fines y objetivos primordiales; pero aún cuando así lo hubiera hecho no existe ya.

"En la situación actual de nuestra clase, en la precocidad de inteligencia que se nota en la generación que se levanta, ávida de ideas y saber, y sobre todo, en el estado de progreso moral en que se halla el Estado de Buenos Aires, se hace indispensable ese órgano que la estimule y fomente, ya con el ejemplo, ya propendiendo a que se la ensanche por el camino de la educación y de la ciencia, un poco estrecho hasta aquí, y no como debe ser; ayudándola a vencer los obstáculos que le oponen las rancias preocupaciones de unos, y la malevolencia de otros; preocupaciones poderosas por lo mismo que son generales y sancionadas por los siglos; a través de los cuales se han ido transmitiendo con ultraje de la justicia, de una a otra generación, hasta llegar a nosotros, y que ponen una positiva valla a la práctica de ciertas leyes que nos amparan, haciendo que no se cumplan, porque hieren, no los intereses, sino el orgullo vano y malhabido de las clases elevadas".

El movimiento Democracia Negra

El movimiento progresista de la negritud estaba dirigido, en primer lugar, a formar conciencia entre los negros bonaerenses, particularmente a los sectores alfabetos. Pero tenía, indudablemente, un mensaje hacia los blancos, de todas las clases sociales, previendo los prejuicios y el racismo latentes, salía a identificarse con formas más evolucionadas de la organización social.

Defendía en su primer manifiesto los "intereses" de las "clases desvalidas" y apuntaba a fortalecer "la inteligencia que se nota en la generación que se levanta, ávida de ideas y saber", es decir en las nuevas generaciones. Quería que los hombres y mujeres de color se integraran a la sociedad de Buenos Aires desde sus propias raíces pero cultivando las nuevas ideas de redención social.

Es indudable que Lucas Fernández, de quien se tienen escasas referencias, no se sabe si murió durante la fiebre amarilla o cuándo ocurrió ese hecho, intentó oponerse al racismo imperante. Denunciaba la "malevolencia" y el "ultraje de la justicia" de la discriminación racial y social. Reclamaba la igualdad ante las leyes para los hombres y mujeres de color y planteaba la necesidad de la educación y el conocimiento de las ciencias como forma de liberación.

La tragedia 

Resulta sorprendente cómo los historiadores han tratado el tema de la negritud. Lo ignoran, o construyen teorías imaginarias sobre el destino de la enorme masa humana que componía ese sector de la sociedad porteña y bonaerense. Lo cierto es que los negros de la etapa colonial y de las cinco primeras décadas posteriores a la Revolución de Mayo parecen haberse esfumado. Sin embargo hay hechos que desmienten muchas teorías incongruentes. Si se cruza el Río de la Plata, aún hoy, a finales del siglo XX, se encontrarán barrios montevideanos habitados por personas de color. A lo largo del siglo XX, especialmente en la primera mitad, aparecieron revistas, periódicos, diarios, movimientos, como Nuestra Raza, que difundió la cultura de la negritud. A fines de los años cuarenta recibieron la visita del poeta e intelectual cubano Nicolás Guillén que fue agasajado con actos y fiestas. El movimiento negro en Montevideo estaba dirigido por Valentini Guerra. 

¿Por qué en la Argentina no ocurrió lo mismo? ¿Qué pasó con los negros anteriores a los años setenta del siglo pasado? Porque si hay entre nosotros negros, muchos de ellos pertenecen a las oleadas inmigratorias posteriores, especialmente caboverdiana, que datan de fines del siglo XIX. ¿Qué ocurrió con las generaciones anteriores?

Hay una explicación. Cruenta como trágica. Fueron suprimidos de manera cínica, brutal. Durante la fiebre amarilla de 1871 (en realidad la epidemia reunió variadas enfermedades contagiosas), los barrios más castigados por el flagelo fueron los que habitaban los negros. Eran barrios desprovistos de higiene en una Vieja Aldea que carecía de toda organización sanitaria. Eran los barrios más pobres y en donde la vida era más dura. Allí se desató la tragedia alentada por el hacinamiento, la promiscuidad, la miseria, la suciedad. No eran mejores las condiciones sanitarias y de vida en los barrios blancos, pero en los que habitaban los negros, era peor por la miseria reinante.

Había llegado la hora de la venganza y en medio del horror generalizado por la epidemia que no perdonaba ni discriminaba por el color de la piel, el ejército rodeó a los barrios negros y no les permitió la emigración hacia la zona que los blancos constituyeron el Barrio Norte como producto del escape de la epidemia. Los negros quedaron en sus barrios, contra su voluntad, allí murieron masivamente y fueron sepultados en fosas comunes. Algunos historiadores consideran que una de las zonas donde existirían esas fosas es en la Plazoleta Dorrego, en pleno San Telmo. Es necesario investigar todavía en los informes médicos y de las organizaciones solidarias que socorrieron a las víctimas, tragedia inmortalizada por el cuadro La fiebre amarilla del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes, donde el artista presenta al jefe del socorro a las víctimas, José Roque Pérez, fundador de la masonería argentina, junto al doctor Cosme Argerich, entrando en una casona en donde encuentran a una mujer muerta en el suelo y un niñito negro a su lado. Todavía, algunos otros negros, especialmente procedentes de la campaña, adonde el flagelo no había llegado, fueron reclutados compulsivamente, junto al irredento gauchaje criollo, y llevados a la guerra contra el Paraguay. Murieron luchando en los esteros guaraníes durante la Guerra de la Triple Alianza.

En este final del siglo XX los argentinos deberíamos meditar sobre esta etapa olvidada de nuestra historia. Los historiadores, especialmente los que han dedicado su esfuerzo a la historia del movimiento obrero y social argentino, están en deuda con Lucas Fernández y el movimiento Democracia Negra, una página memorable de la lucha social en la Argentina.

 

Argenpress, 12 de abril de 2003

¿Negros en Buenos Aires?

 

Emilio Ruchansky



Sarmiento: 'Llego feliz a esta Cámara de Diputados de Buenos Aires, donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres. Somos la gente decente, es decir patriota'.

El 6 de julio de 1976, el diario La Opinión de Bs. As. publicaba una nota titulada 'Los negros han desaparecido del ámbito de Buenos Aires' firmada por el escritor y periodista, Blas Matamoro. 
Antecediendo al título, la volanta intentaba aclararle al desprevenido lector los motivos de dicha desaparición que fue concretada (supuestamente), 'Tras siglos de guerras, esclavitud, candombes y tango'. Se trata de una nota de tono nostálgico, descriptiva y rica en matices; que comienza con una afirmación contundente: 'Buenos Aires fue una ciudad de predominio negro. Hay quien arriesga un probable 60 por ciento de población de color'. 
Negros, mulatos, blancos, amarillos... Parecería que se intentó evitar la repetición de la palabra 'Negro'. Aunque debe pensarse que, esta frase más que ambigua, resulta ingrata.

¿A qué se refiere Matamoro con 'población de color'? Tal vez a una historia 'antigua', donde los portadores de piel blanca decretaron que podían considerarse los únicos dignos de pertenecer al género humano. Algo razonable para algunos intelectuales como el filósofo francés Charles Louis Montesquieu -que tantas ideas aportara a los patriotas de la Revolución de Mayo allá por el cercano 1810- a quien le 'Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro'. Nadie advirtió el error de Matamoro, pues parece que ningún secretario de redacción del ya mítico diario -dirigido por Jacobo Timerman- olvidó retractarse y publicar al día siguiente -o durante la semana- la obligada disculpa, comúnmente titulada 'Fe de erratas'. Dos años antes de la publicación de esta nota, el plan que perseguía el gobierno Juan Carlos Onganía desde 1966, se llevaba a cabo con clausura del Shimmy club, uno de los espacios culturales más importantes de los afro-argentinos y los militares trasladaban a Ciudad Evita a la comunidad africana que habitaba la Ciudad de Buenos Aires.

Finalmente, el artículo atribuye esta desaparición de los afro-argentinos, puntualmente, a las guerras patrias, las enfermedades, el mestizaje con la primera inmigración europea y el alto nivel de mortalidad infantil. Luego se despide aclarando que 'multitudes de voces y raíces negras y bozales (de castellano deformado por los negros) quedaron en el habla corriente de Buenos 
Aires, y pueblan nuestra conversación cotidiana'. Pero los negros no se han esfumado de esta ciudad y su herencia sigue teniendo más herederos de lo que se piensa.

Según las estadísticas extraoficiales, la población de origen africano en Argentina está estimada en medio millón, desperdigada por todo el país, formando a veces pequeñas comunidades en la 
provincia de Buenos Aires en Munro, Palermo, Liniers, Morón, Chascomús y La Plata. También viven en Tucumán, Salta, Río Negro o Santa Fe, donde según relata la fundadora de la asociación África Vive, María Magdalena Lamadrid: 'Una química -antes de irse a Francia- vino a contarnos que ella hizo un estudio de sangre en Rosario y el 3 por ciento es negro, y de eso no se habla, y cuando vuelva de París, quiere hacerlo acá (Buenos Aires), quiere hacer las pruebas de sangre y me dijo, 'tráeme a la persona más blanca que conozcas y nosotros le analizamos la sangre, vamos a ver si es blanca o negra''.

[sigue]

 

 Adital/Argenpress - 4 de febrero de 2003 

¿Negros en Buenos Aires?

(SEGUNDA PARTE)

 

Emilio Ruchansky

  

El origen de un destino 

'Es acaso esta la vez primera que vamos a preguntarnos quiénes éramos cuando nos llamaron americanos, y quiénes somos cuando argentinos nos llamamos. ¿Somos europeos? ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten! ¿Somos indígenas? Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la única respuesta. ¿Mixtos? Nadie quiere serlo, y hay millones que ni americanos ni argentinos querrían ser llamados', se interrogaba el escritor y presidente de la República, Juan Domingo Faustino Sarmiento -en 1883- en su libro Conflictos y armonía de las razas en América. En esas mismas páginas predijo la desaparición total de la raza negra durante los siguiente 20 años. Pocos años después, en 1887, el segundo censo de población argentina determinó que solo había un dos por ciento de negros entre los 433.375 habitantes que tenía la ciudad y versaba: 'Podemos decir que actualmente no existen negros en cantidad apreciable, los hay dentro de la provincia de Buenos Aires y específicamente en la Capital Federal, donde ocupan preferentemente los puestos de servicio doméstico, principalmente en las familias ricas'.

Ya a principios del 1900, se decía que para ver un negro había que irse a Brasil. Sin embargo, por esos años se editaban dos diarios que afirmaban la presencia de los afroargentinos y hablaban sobre sus problemas. Se trataba de La Verdad, editado por Benedicto Ferreira, y La Protectora, publicado por una mutual homónima que existió hasta los '50.

También hubo asociaciones como La Agrupación Patriótica 25 de Mayo, el Círculo Social Juvencia y la Asociación de Fomento General San Martín. A principios de los '20, apareció una discoteca atendida casi exclusivamente por negros en el Teatro Marconi, el legendario 'Shimmy Club'. Según el historiador Binayán Carmona fue fundado en 1924, contaba con cientos de miembros y aceptaba blancos. Allí los habitúes concurrían los primeros sábados de cada mes al club -que quedaba en el barrio de,Almagro- y durante el carnaval alquilaban un salón, donde bailaban toda la noche candombe, rumba y una mezcla de ambos. Cultores de esta música, tradicionalistas y modernistas discutían vivamente, al punto de formar dos grupos rivales de tambores y bailarines. Sin embargo, el feriado de carnaval sería eliminado.

¿Pero por qué se los marginaba? ¿Por qué tratan de negar la existencia de esta cultura? Para el sociólogo Gino Germani esta supuesta desaparición era parte de una política inmigratoria racista, cuyo 'primer y explícito objetivo' consistía en 'modificar substancialmente la composición de la población' para europeizar a la población. Marvin A. Lewis, autor de El discurso Afro-Argentino : otra dimensión de la diáspora negra, denuncia que 'hubo una planificación oficial, que concentró sus esfuerzos en eliminar a los negros de la sociedad Argentina'. Se les impuso un doble desarraigo. Perseguidos y secuestrados en su continente, los trajeron a levantar la América recién descubierta. Luego de edificar la fortuna de sus raptores, fueron maldecidos por la tierra que los enterró, tras penar la condena de una ley ajena e indescifrable.

Un viaje sin despedidas

El ingreso sistemático de africanos al puerto de Buenos Aires comenzó poco después de 1580, a causa de las necesidades de mano de obra y la casi inexistencia de indios. Procedían mayoritariamente de la costa occidental africana (Senegal, Gambia, Sierra Leona, Ghana, Guinea, Angola). Víctimas del hacinamiento, el hambre, la pestilencia, la tortura, el dolor y el pánico, muchos murieron en el barco durante la penosa travesía que duraba dos meses. Los que sobrevivían, llegaban enfermos o heridos, lo que representaba una mala inversión para los mercaderes y eran lanzados al mar. Los demás, una vez llegados a destino, solían ser cebados o incluso drogados para que lucieran lo más saludable posible. Luego se los marcaba con hierro candente en la frente o en la espalda -con un instrumento que tenía el nombre africano de carimba.

Este comercio triangular entre Africa-Europa-América dejó varias regiones africanas totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su libro La Acumulación Mundial 1492-1789, afirma que fueron 13.750.000 los esclavos traídos a América. Si se añade el número de muertes en el trayecto más las muertes provocadas en África con motivo de las guerras de captura, la cifra asciende a un total de veinte millones.

En el período que abarca desde el 1700 hasta principios del 1800, entraron legal e ilegalmente esclavos africanos al puerto de Buenos Aires traídos por la Compañía de Guinea -después se sumaría la inglesa South Sea Company.

Los censos estimaban ya en 1778 que, sobre un total de 24.205 habitantes, había 3.153 mulatos y 4.115 negros. Ellos eran la parte estable que la ciudad necesitaba, de los esclavos que el puerto -uno de los principales de América- había recibido.

Tras la llegada, fueron literalmente 'almacenados' en galpones en la zona de Retiro. Para salir de allí hizo falta que su propia desgracia afectara al resto de los habitantes, por lo que el gobierno consideró que 'para preservar a la ciudad de alguna infección o contagio, es no menos útil, oportuno y conducente, que se renueven las órdenes antiguas, sobre que los lotes o partidas de negros se depositen y alojen en los extramuros de la Ciudad (...) a fin de que los mercaderes introductores de negros los acomoden precisamente al fin de la población por la parte del Sur para que si hubieren que hacerlos bañar lo practiquen en el río, por aquella parte, donde no hay que temor que infesten con sus malos humores el agua por ser río abajo', ordenaba una orden del Cabildo de Buenos Aires.

Este viaje sin despedidas al continente americano fue terriblemente positivo para el crecimiento económico de los europeos, que ganaron dinero por su captura en África, su traslado, su venta y su posterior explotación. Usualmente se señala, entre las razones que impidieron –en el Río de la Plata- que la gravitación del régimen esclavista alcanzase la intensidad que tuvo en otras regiones americanas, la falta de plantaciones. 'Así se enmarca a la esclavitud como un fenómeno más urbano que rural, eso explica la diferencia de trato que tuvieron los africanos en el campo y en la ciudad', aclara el historiador Alejandro Frigerio y agrega que: 'En la ciudad era común que en los caserones coloniales trabajaran alrededor de doce negros'.

Pero los esclavos no se compraban sólo para servir en tareas del hogar, sino también para obtener ganancias mediante la explotación. Muchas familias vivían del trabajo de sus esclavos que, siendo hábiles artesanos, eran empleados en los amplios patios de las casas haciendo escobas, velas o dulces que luego vendían por las calles. También eran cocineros, mucamos, albañiles, blanqueadores, cavaban pozos o hacían changas. 'Otro oficio que tenían era el de sacadores de hormigas u hormiguereros, como ellos se titulaban', señala José Ingenieros enBuenos Aires desde 70 años atrás, y comenta que vendían alimentos como, ají, limón, cebolla y la más importante, las aceitunas: 'Este artículo era muy vendible, y muchas familias especulaban en ese ramo, no teniendo el moreno más parte en el negocio que el vendaje; es decir, el tanto por peso, que generalmente era 10 centavos'. Algo tan irrisorio si se compara con el precio de su propia libertad que podía costarles 200 pesos, lo mismo que salía -según afirma el historiador Carlos Mayo- ponerse una pulpería, esos boliches de campo a los que no tenían permitido el acceso.

En los años que siguieron al 1810 no se registraron grandes cambios en la población y en la estructura física de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, hubo transformaciones profundas en todos los planos pues la revolución significó un corte abrupto en el proceso político además de una ruptura en lo comercial y económico, el pensamiento, las creencias y las costumbres. La esclavitud empezaba a ser cuestionada, los negros fueron considerados como personas, sí... Personas de menor categoría.

 

La libertad de vientres y la prisión de la piel

'Sabed: que la Asamblea Soberana general constituyente se ha servido expedir el decreto del tenor siguiente: 'Siendo tan deshonroso como ultrajante a la humanidad el que en los mismos pueblos, que con tanto tesón y esfuerzo caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la esclavitud los niños que nacen en todo el territorio de las Provincas Unidas del Río de la Plata sean considerados y tenidos por libres, todos los que en dicho territorio hubiesen nacido desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad por la feliz instalación de la Asamblea general, bajo las reglas y disposiciones que al efecto decretará la Asamblea general constituyente' decretaba el 5 de febrero de 1813, el Supremo Poder Ejecutivo Provisorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Se terminaba la esclavitud, pero no la discriminación. Muchos de los esclavos liberados tuvieron que volver a sus antiguas vidas por no conocer otra, por no tener herramientas ni acceso a un puesto de trabajo.

Anunciada con bombos y platillos, esta ley, según señala el investigador Lyman Johnson: 'No fue más que un recurso legal para disponer de los esclavos débiles, enfermos o lisiados que constituían una carga económica para sus amos'. Los archivos del Cabildo confirman que esto fue tan frecuente que se hizo necesario prohibir el abandono de los esclavos heridos en las calles de la ciudad. Ya había esclavos liberados antes de 1813, algunos por participar de la defensa de la ciudad durante las invasiones inglesas en 1806 y 1807. En esa ocasión formaron parte del 'Cuerpo de Indios, Pardos y Morenos'. Otros habían logrado reunir los 200 pesos para pagar su libertad gracias a que 'las familias de esclavos, al sumar sus recursos, permitieron acelerar el proceso de acumulación y desempeñaron un papel esencial en el proceso de manumisión' argumenta Johnson. Pese a esto, debe remarcarse que solo los mulatos tenían mayores probabilidades que los negros de obtener su libertad en forma gratuita. Según señala el historiador H. Hoetnik: 'Dado que los mulatos, y en particular los de piel más clara, se asemejaban al tipo físico del grupo socio-racial predominante, eran considerados como una amenaza menor a la permanencia del orden social y por ende eran los principales beneficiarios de las concesiones de los blancos'. Pero los mulatos representaban en 1810 mucho menos del 50 por ciento de la población de esclavos.

El anuncio de la libertad de vientres, no terminó con el racismo. En los tiempos de formación del país se ejerció desde las elites gobernantes una suerte de eurocentrismo ligado a las ideas de raza y de cultura que se tomaron prestadas de las naciones dominantes de la época. Así lo testimonia, otra frase de Sarmiento: 'Llego feliz a esta Cámara de Diputados de Buenos Aires, donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres. Somos la gente decente, es decir patriota'. La sociedad argentina acuñó gran número de prejuicios parecidos a éste a lo largo de su historia. 'Los negros, por llevar la marca de la esclavitud, constituían la casta más baja' escribió el historiador José Luis Molinari. Este pensamiento limitaría su vida hasta nuestros días. Así todavía hoy, en el Instituto Argentino contra la Discriminación y la Xenofobia (INADIX) el 30,5 por ciento de las denuncias son hechas por personas segregadas por su nacionalidad o su etnia. 'Si sos negro, no podés tener un buen trabajo, un buen estudio, una buena casa, eso no, no porque es para los blancos, está comprobado de que no son todos blancos. Los negros están pero están donde hay pobreza', enfatiza Lamadrid y agrega: 'Acá el negro no pudo estudiar, y si han podido estudiar y si han podido blanquearse son blancos. Te digo porque han llamado acá (a la asociación) diciendo: 'Soy blanca, me tiño el pelo como para parecer más blanca todavía porque es la única forma de encontrar un trabajo'. Si hay un trabajo para dar, no se lo van a dar al negrito, se lo van a dar al blanco. La buena presencia la tiene el blanco, nunca la va a tener un negro por más que se vista bien'.

Aunque Frigerio afirma que los negros en Argentina más que estigmáticos resultan exóticos, esta conclusión se torna incompleta para responderle a un joven senegalés, llamado Claude, quién todavía no entiende por qué en Buenos Aires le fue más fácil encontrar novia que conseguir un trabajo.

 

Adital/Argenpress - 4 de febrero de 2003 

Latinoamerica-online - Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi 

Ass. Cult. IMAGO MUNDI 

Direttore Mariella Moresco Fornasier

Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 768 del 1/12/2000 

Tutti i diritti riservati