Espiritualidad afrocolombiana
Las
comunidades afrocolombianas también están celebrando los primeros 10 años
de la promulgación de la Ley 70 de 1993, desde lo espiritual y lo
religioso. Actualidad Étnica entrevistó a la Misionera negra, Aida
Orobio Granja, de la Casa Misioneras de la Madre Laura del departamento
del Cauca, quien hizo un llamado enfático, primero a la sociedad
colombiana para que reconozca y valore el aporte del pueblo negro en la
construcción de la identidad nacional, segundo al mismo pueblo
afrocolombiano para que busque y consolide la unión en pro de la defensa
de la vida y la subsistencia de su cultura y tradiciones milenarias.
¿Cuál
ha sido su trayectoria en el trabajo con comunidades negras?
La
congregación me ha permitido desarrollar la actividad de acompañamiento
al pueblo afrocolombiano. Inicialmente, desde un proceso personal,
asumiendo mis raíces y
valorando las tradiciones de mi pueblo. Posteriormente, desde el aporte
que puedo a partir de mi experiencia de vida religiosa. 1988 trabajaba en
el río San Juan (Chocó) cuando se estaba gestionando todo lo que llegó
a convertirse en el artículo transitorio No. 55 y posteriormente Ley 70.
Estuve involucrada en todo ese proceso. Esto me ayudó a entender que, así
como desde la espiritualidad, desde la vivencia religiosa el pueblo afro
se ha sentido marginalizado. Creo que desde ese mismo espacio se puede
aportar para acrecentar la identidad y el proceso organizativo.
¿Cómo
asumen las comunidades negras su espiritualidad, teniendo en cuanta que en
ellos confluyen tanto lo católico como las tradiciones africanas?
El
punto de partida es reconocer que existe una espiritualidad propia. Es un
pueblo que en su mayoría ha sido bautizado como católico, pero hay unas
expresiones de raíces africanas. Eso está en la cotidianidad. En el pacífico
colombiano, por ejemplo, históricamente al lado de las celebraciones que
impulsaban los misioneros, el pueblo fue capaz de mantener los bailes en
honor a los santos mediante las valsadas o el toque de tambor. Históricamente
se ha considerado que honrar una imagen con un baile es algo satánico y
por lo tanto prohibido. Cabe preguntarse: ¿cómo el pueblo fue capaz de
conservar sus tradiciones a espaldas de la religión oficial?. La iglesia
bautizaba y el afro se sometían a lo que el misionero decía incorporando
los símbolos, pero luego raptaba la imagen del santo, la pasaba a su
comunidad, y por las noches tomaba trago y bailaba en honor del santo.
Encontramos ahí tradiciones que han conservado el espíritu africano. Por
ello las fiestas patronales son un elemento de fortalecimiento cultural,
porque le dieron consistencia a este pueblo que tenía todas las de
<<perder>>, porque perdió su lengua, no pudo conservar su
religión, la mayoría de sus tradiciones fueron atacadas de frente. Al ir
asumiendo los elementos del cristianismo, fue encontrando elementos para
camuflar lo propio, y los santos patronos se convirtieron como en ese
puente de lo que se había vivido en los diferentes lugares de África,
como es la tradición a los antepasado. Encontramos, y es más claro en le
pacífico colombiano, que el santo patrono se viene a convertir como si
fuera el ancestro de la comunidad, es decir, una personificación de
alguien que nos proporciona unidad y dignidad. Por eso, encontramos que la
gente viene a Bogotá, va a Cali, a Medellín, pero tiene siempre la
referencia de identidad en sus santos. En Quibdo, por ejemplo, es San “Pacho”,
ni siquiera le dicen San Francisco; en Itsmina es Nuestra Señora de las
Mercedes. En las investigaciones que hemos adelantado hemos encontrado
características africanas muy fuertes pegadas a los santos cristianos.
Entonces, la gente apropió estas imágenes y les dio todos los elementos
de las religiones que se practicaban en el África. Si nos vamos a la región
del Atlántico, encontramos otras expresiones del pueblo caribeño –
ellos no se identifican tanto como afros sino como caribes – que también
están remitidas a los ancestros. Igual ocurre en otras regiones del país.
¿Ese
es un elemento que también se presenta en países que como Brasil y Cuba
tienen un alto porcentaje de población negra?
Sí,
además quiero destacar que el diálogo, en el ámbito de la Pastoral
Afrocolombiana, es abierto a otros países de América Latina, encontrando
mucho aporte y apoyo precisamente en Brasil y Cuba, que son lo lugares
donde las tradiciones alrededor de la religión Yoruba de los Orishas
tiene una conservación más clara. Para el caso colombiano, si vamos a
las vivencias de los pueblos en sus fiestas patronales, encontramos como
la gente ha conservado sus “alabaos”, sus “arrullos”,
celebraciones que se hacen fuera del Templo. El valor más grande es que
esas tradiciones se han conservado hasta hoy, por eso consideramos
fundamental, desde la Pastoral Afrocolombiana, rescatar estos valores y
potenciarlos, pues ya no hay que vivirlos escondidamente, hay que
alegrarnos y compartir las riquezas espirituales que tiene nuestro pueblo.
Estamos trabajando a nivel Latinoamericano, y cada tres años tenemos un
Encuentro de la Pastoral Afroamericana (EPA). Hasta el momento se ha
realizado 12 EPA, y espacio que nos ha permitido compartir el trabajo que
se hace en Panamá, Honduras, Brasil, Perú. La conclusión es que estamos
ante una tradición viva, y ante posibilidades de fortalecer la propia
identidad a través de las raíces africanas que encontramos en cada país
y cada región.
¿Cómo
ve la situación de las comunidades afrocolombianas?
Vemos
la urgencia de trabajarle a la unidad de criterios, a reforzarla, y por
eso estamos en estos espacios (celebración de los 10 años de la Ley 70),
porque consideramos que la vivencia de la espiritualidad afro tiene que
ser cómo la vida misma del pueblo: integral. Entonces, la parte de la
organización, del etnodesarrollo o la etnoeducación tienen que estar
unidas, hacer parte de una misma búsqueda. Somos concientes que el
proceso es lento, tiene sus dificultades, porque venimos de experiencias
muy locales, o sea, cada región tiene su propia experiencia, pero
sentimos el desafío de que esas experiencias particulares se vayan
sumando. El haber logrado la promulgación de la Ley 70, cuando no nos
conocíamos, porque cada uno trabajaba desde el campo, desde la educación,
desde la política o desde la espiritualidad y religiosidad, es un
paso trascendental. En este momento aparecen muchas organizaciones
y partidos, y el desafío que tenemos es el cómo unirnos, y, sobre todo,
cómo unirnos para cuidar la vida, porque ahí si estamos en la coyuntura
del país.
¿Cuál
es su mensaje para el pueblo colombiano, tanto afrocolombiano como no
afrocolombiano?
Veo
la necesidad de que el pueblo colombianos reconozca y valore los aportes
que ha hecho y hace el pueblo afrocolombiano en la construcción de la
identidad nacional. Reconocer que este pueblo aporta desde muchos ángulos,
no sólo con su fuerza física, porque es el constructor físico de esta
América Latina. No sólo reconocer al pueblo negro como el que trabaja,
el que divierte con sus danzas y que es bailador, no, es un pueblo con
cabeza y corazón, un pueblo con capacidad de aportar desde lo artístico,
desde lo intelectual, desde lo espiritual. Es un pueblo con mucha riqueza.
Y a nuestros hermanos afrocolombianos les hago un llamado a superar
nuestras diferencias, para unirnos en la construcción de nuestra
identidad, porque es urgente defender la vida y la vida digna a la que
tenemos derecho.
Etnias de Colombia,
Agosto
28 de 2003
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