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Sólo 1% de las comunidades quilombolas poseen títulos de propiedad   (23 settembre 2003)

 

 

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Sólo 1% de las comunidades quilombolas poseen títulos de propiedad

El gobierno brasilero pretende, a partir de octubre, identificar y otorgar títulos de propiedad a las tierras remanecientes de los quilombos, en virtud de la condición de abandono en que se encontraba este sector de la población por parte de los gobiernos anteriores. Según la ministra Matilde Ribeiro, de la Secretaría Especial de Políticas de Promoción de Igualdad Racial, "de las cerca de 2.000 comunidades quilombolas existentes en Brasil, apenas 29 poseen títulos de propiedad".

El primer acto gubernamental en este sentido fue la edición del decreto s/n, de 13/05/2003, que instituye un Grupo de Trabajo (GT) con la finalidad de reglamentar el Artículo 68 del Acto de las Disposiciones Constitucionales Transitorias. Este artículo define que "a los remanecientes de las comunidades de los quilombos que estén ocupando sus tierras es reconocida la propiedad definitiva, debiendo el estado emitirles los títulos respectivos".

El GT buscaba rever las disposiciones contenidas en el Decreto Nº: 3.912/01, promulgado durante el gobierno Fernando Henrique Cardoso. Esta norma define las directrices para el reconocimiento, la delimitación, la demarcación, los títulos y el registro inmobiliario de las tierras remanecientes de quilombos, designando como institución responsable para esos procedimientos a la Fundación Cultural Palmares, subordinada al Ministerio de la Cultura.

Para la ministra Matilde, las necesidades de los pueblos que viven en tierras de quilombos van más allá de cuestiones culturales. Por eso otros organismos gubernamentales serán llamados a realizar ese trabajo. "El Decreto 3.912 debe ser revocado. La misión originaria de la Fundación Palmares, establecida por la Constitución de 1988, es de fomento a la cultura y no de regularización latifundista, que es una atribución del Incra", afirma. Con la nueva reglamentación propuesta por el GT, el reconocimiento y registro de las tierras quilombolas debe volver a ser hecho por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra).

Otra novedad con relación entre los quilombolas y el Estado brasilero dice al respecto de la atención a la salud a las comunidades. El Ministerio de la Salud (MS), a través de la Fundación Nacional de la Salud (Funasa) y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) están discutiendo la posibilidad de crear una infraestructura de atención a la salud específica para las comunidades quilombolas.

La iniciativa tomada ocurrió después que un equipo da Fiocruz realizó en marzo una expedición a la región del Bajo Amazonas, en Pará, donde visitó seis comunidades quilombolas y constató un cuadro gravísimo de condiciones de salud. "El dato más alarmante corresponde a la desnutrición, que en algunos casos es semejante a la situación de tribus africanas", relató Luciano Toledo, uno de los directores de la Fiocruz en Manaus (AM). Un informe con los resultados de la expedición no fue encaminado al MS, a la Funasa y al Consejo Nacional de Seguridad Alimentar (CNSA).

Como consecuencia las seis comunidades fueron incluidas en el programa Hambre Cero y la Fiocruz envió medicamentos de emergencia para la región. Por su parte el MS dio inicio a la discusión sobre implementación de un sistema de atención a la salud para mejorar el acceso y la calidad de los servicios de salud para las comunidades quilombolas. Durante la primera reunión sobre la cuestión se pensó en la posibilidad de creación de Distritos Sanitarios Especiales, ejemplo de modelo que ya existe para las poblaciones indígenas, conforme relata Luciano Toledo. La discusión aún está en fase inicial, pero ya fue definido que las comunidades quilombolas tendrán tratamiento prioritario del Ministerio de la Salud y que todos los quilombos del Bajo Amazonas que fueron alcanzados por represas serán incluidos inmediatamente en el Programa Hambre Cero del gobierno federal.



Ejemplos de descaso y persecución de los quilombolas

Como ejemplo de la urgencia para la cuestión quilombola, se puede citar a la Comunidad de Porto Velho, en el municipio de Iporanga (SP), que tienen sus tierras sistemáticamente invadidas y degradadas por un hacendado local, por reivindicar la pose del área. Por eso un informe técnico-científico de la Fundación Instituto de Tierras del Estado de São Paulo (Itesp) reconoce el área en litigio como perteneciente a la comunidad de Porto Velho.

Los conflictos con Barbosa tuvieron inicio en los años 70, cuando los quilombolas comenzaron a recusarse a trabajar para él. "La relación de trabajo establecida por el hacendado se caracterizaba por un régimen de semiesclavitud", afirma la abogada Maria Suely Berlanga, que hoy cuida de los intereses de la comunidad. El primer grave incidente ocurrió hace 23 años, cuando el hacendado demolió una iglesia construida por los antepasados quilombolas de la comunidad de Porto Velho.

El Itesp, que posee como atribución identificar y proponer soluciones para los conflictos agrarios, además de prestar asistencia técnica a las familias asentadas y a los remanecientes de las comunidades de quilombos, han enviado equipos de mediadores al local para que la disputa no sea más violenta.

Asimismo, ni la mediación ni el reconocimiento oficial del Itesp a la tierra quilombola resuelven el conflicto. Esto porque el registro de la tierra sólo puede ser hecho de inmediato caso se trate de un área desocupada. Pero como existe una posición de la tierra quilombola a un área supuestamente particular, generando litigio, el registro pasa para la esfera federal, bajo la jurisdicción de la Fundación Palmares, actual responsable por la solución de cuestiones agrarias. Por eso la Fundación no dispone de instrumentos para la retirada de ocupantes y arrendantes de las tierras. Este caso muestra la validez de la acción del gobierno federal en intentar repasar la atribución de cuidar de la cuestión del registro de títulos de tierras para el Incra.

Otro ejemplo de los problemas de las poblaciones quilombolas que ha pasado desapercibido por las autoridades se trata de las comunidades negras existentes en Alcântara, Maranhão. Hasta hace poco el gobierno había colocado en votación en el Congreso Nacional el acuerdo que concede a Estados Unidos el derecho de uso de la base militar aeroespacial en la ciudad.

Caso sea aprobado el proyecto llevaría al desplazamiento forzado de innumerables familias quilombolas que viven en las cercanías de la base para otras regiones, para que la infraestructura de operación fuese ampliada y por razones de seguridad. La medida representaba una amenaza a la propia supervivencia de las comunidades locales, ya que su sustento e identidad cultural dependen del ambiente que ocupan.

Para felicidad de las comunidades el gobierno resolvió excluir de la agenda de votaciones el acuerdo. A pesar de eso la cuestión quilombola no tuvo gran atención en la discusión sobre Alcântara. El principal motivo para que se retire el acuerdo de la agenda del Congreso, según comunicado del diputado Aldo Rebelo, fue la existencia de dispositivos como la exigencia de autorización de los estadounidenses para el acceso de militares, científicos y auditores fiscales brasileros a la Base de Alcântara; y la prohibición de inversiones de los recursos financieros obtenidos con el alquiler de la base en el programa espacial brasilero.



Políticas de inclusión social para población negra brasilera

La ministra Matilde Ribeiro, de la Secretaría Especial de Políticas de Promoción de la Igualdad Racial, afirma que, 115 años después de la abolición de la esclavitud en Brasil, los negros aún necesitan políticas afirmativas para que sean integralmente incluidos en la sociedad nacional. A pesar de la población brasilera ser constituida por 80 millones de afro-descendientes, solamente en 1988, con la nueva Constitución Federal, el racismo se transformó en crimen.

El diputado Luiz Alberto (PT-BA) defiende políticas de inclusión social, como el primer empleo para jóvenes negros y las cotas en las instituciones de enseñanza del País. Luiz Alberto informó que Salvador es la ciudad brasilera con el mayor número de afro-descendientes, y que cerca de un millón de moradores de la capital bahiana anda a pie por no tener condiciones de pagar pasaje de ómnibus.

La diputada Maria do Rosário (PT-RS) recuerda que las mujeres afro-descendientes son las que más necesitan de la política del primer empleo. A su criterio las cotas en las universidades deben ser un beneficio provisorio para que se alcance la real igualdad racial en el País.

Ya el diputado Daniel Almeida (PCdoB-BA), que integra el Frente Parlamentario de Combate al Racismo, defiende la inclusión de estudios sobre el continente africano en las escuelas brasileras.

 

Adital/Ambiente Brasil - 17.septiembre/2003

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