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Chiese e religioni
di Mariella Moresco Fornasier
"lo real es lo que no se ve"
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Cuba: Sacerdotes de Ifá: descocen al exterior nuestra religion (15 luglio 2003)
Cuba:
Congreso Mundial Yoruba (15
luglio 2003)
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Sacerdotes de Ifá: descocen al exterior nuestra religion
Cubanet - 9 de julio de 2003 |
Cuba: Congreso Mundial Yoruba¿Podrá
Ifá arreglar nuestro mundo imperfecto?
María Ileana Faguaga Iglesias y Enrique López Oliva
Del siete al trece de julio se realizó en la capital cubana el Octavo Congreso Mundial de Tradición y Cultura Orisha 2003, con el tema: “El lugar de la religión yoruba en la preservación de las sociedades africanas en el mundo moderno”, al que asistieron en total unas setecientas personas, pero con una permanencia de sólo alrededor de trescientas, procedentes de 16 países. Entre los participantes figuraron practicantes religiosos, investigadores y académicos de países como Nigeria –desde donde 20 religiosos no pudieron asistir por negarles varios países de la Unión Europea visa de tránsito hacia Cuba-, Brasil, Australia, Alemania, Colombia, Puerto Rico, EE.UU., México, Ecuador, Trinidad-Tobago, Venezuela, Guyana, Bahamas, Francia, Canadá y por supuesto Cuba. Llamó la atención la ausencia del Oní de Ilé Ifé o Rey de los yorubas y máxima autoridad religiosa para ese pueblo, y de otros reyes africanos, tal como se había anunciado previamente.
No obstante ser las religiones de origen esencialmente africano militantemente practicadas por un elevado por ciento de la población cubana –algunos estimados indican entre el 60 y el 70 por ciento; cálculo que otros consideran exagerado e intencionalmente manipulador-, y ocasionalmente practicadas por otro porcentaje importante de cubanos, la mayoría de los cubanos de la Isla, incluidos los afro-religiosos, supieron de la realización del Congreso por los medios de comunicación, cuando ya este estaba sesionando. Esto limitó la participación de importantes personalidades de las tradiciones afro-religiosas en el evento mundial. Un grupo de esas personalidades, perteneciente a la Comisión Organizadora de la Letra del Año –que cuenta actualmente con 817 babalawos y que posee el respaldo del pueblo afro-religioso cubano, que les considera personas serias y cumplidoras de su trabajo sacerdotal-, declaró en conferencia de prensa, que se le negó el acceso al Congreso, incluso después de haber hecho una pre-inscripción, y que tampoco les aceptaron sus ponencias. Algunas instituciones culturales de la Isla, así como investigadores de la temática, fueron igualmente ignorados o se les entorpeció la posibilidad de participación en el certamen mundial. Se considera que esta religión tiene actualmente en el mundo más de cien millones de practicantes, distribuidos en más de treinta países, según informó en el acto de inauguración, el Secretario general del mismo, el nigeriano Dr. Omotoso Eluyemi, Director general de la Comisión para Museos y Monumentos en Nigeria, quien recordó que en el anterior Congreso, realizado en su país, en el 2001, fueron creadas comisiones para tratar los temas de la mujer en estas culturas y la defensa de la religión, algunos de cuyos trabajos se presentaron en este Congreso. El Congreso se realizó en La Habana bajo una gran expectación, ya que las creencias religiosas traídas por los esclavos africanos -llegados forzosamente durante cuatro siglos de explotación colonial española-, tuvieron / tienen una gran incidencia en la conformación de la religiosidad cubana, especialmente en la popular. El
propio Vicario General de la Arquidiócesis católica de La Habana, Mons.
Carlos Manuel de Céspedes, reconoce que “el principal desafío” que
enfrenta el pensamiento católico en Cuba son las culturas y religiones de
origen africano. “Resulta extraño -dijo, poco antes de la visita a Cuba
del Papa, Juan Pablo Segundo, realizada en 1998- que no exista una reflexión
teológica pastoral de la Iglesia Católica, ante un tema de esta
importancia”. Lo cierto es que en la actualidad, como en la época colonial, la tendencia que muestra la jerarquía de la Iglesia Católica en Cuba es desconocer a las llamadas religiones afro-cubanas, a las que recientemente calificara de “boberías llevadas al rango de verdadera fe”. Aunque la Iglesia Católica no participó oficialmente en este Congreso, al que ignoró totalmente, la relación entre el cristianismo y estas religiones fue abordada en la comisión sobre el diálogo inter-religioso, por una pastora de la Iglesia Episcopal de Cuba, Clara Ajo Lázara, y un nigeriano Olumide Makinde Aduloju, y participó en el Congreso, como invitado, el secretario del Grupo (laico católico) de Reflexión “Oscar Arnulfo Romero”, Gabriel Coderch, quien fungió como moderador en una de las sesiones de trabajo. Los yorubas constituyen un grupo étnico-lingüístico-cultural de Nigeria que marcó significativamente, con sus características culturales / religiosas, a las religiones cubanas de origen africano que se practican en Cuba. Actualmente muchos religiosos e incluso académicos hablan de religiones cubanas de origen africano, ya que estas creencias tuvieron una evolución propia en la Isla, que las diferencia de lo que se conversó y, a su vez, se transformó, en el continente africano. Precisamente
estas diferencias han provocado un fuerte debate entre lo que se ha
auto-proclamado “yoruba auténtico”, “puro” o “tradicional”
–obviando, evidentemente, el proceso transformador, dialéctico, al que
estas religiones, también en su espacio de origen ancestral, se han visto
expuestas-, cuyos principales
exponentes pertenecen a la diáspora nigeriana residente en los EE.UU., y
en algunos países de Latinoamérica, como Venezuela, y la mayoría de los
practicantes cubanos, a quienes los primeros acusan de practicar una
religión “espuria”. En
la práctica, estamos asistiendo a un enfrentamiento entre la “santería
cubana” y la práctica del
culto yoruba a los orishas de la diáspora nigeriana, que aboga por
“purificar”, es decir, despojar de contenidos ajenos a las tradiciones
africanas, a esta expresión religiosa, y que piden a los afro-religiosos
cubanos retornar a una “pureza” de la que no puede hacer gala
-especialmente en tiempos de globalización- ningún grupo socio-cultural.
Durante
una conferencia de prensa realizada coincidiendo con el segundo día del
Congreso, un grupo de “babalawos” (sacerdotes de Ifá, es decir,
consagrados a la divinidad que preside el oráculo o sistema adivinatorio
de igual nombre) cubanos - pertenecientes
a la Comisión de la Letra del Año-, denunciaron la existencia de “una
conspiración” a nivel mundial para desconocer, dijo uno de los
directivos de dicha Comisión, Lázaro Cuesta, varios siglos de tradición
religiosa cubana en este campo. Algunos
observadores interpretan, que tras la pretensión de “purificar” a
estos cultos se esconden intentos de controlar lo que han calificado de
“negocio religioso”, que mueve millones de dólares por pagos de
servicios y artículos religiosos, literatura de diverso tipo –hay toda
una línea academicista al respecto-, literatura proselitista y
divulgadora –muchas veces superficial y desorientadora-, así como
vestimentas inspiradas en la estética africana del vestir, toda una red
de fábricas y tiendas de atributos religiosos, etc. En
el propio Congreso se estableció un quiosco -por nigerianos residentes en
los EE.UU. y cubanos-, con
mercadería de ese tipo. Una practicante colombiana comentó que los
precios de los artículos: collares, vestimentas, gorros, artículos
religiosos, estatuillas, libros –algunos con un precio superior a los
cien dólares; recuérdese que el cambio está en Cuba a 27 pesos cubanos
un dólar- eran muy superiores, quizás el doble, de los que tienen en
Nueva York. Pareciera
que se está montando toda una “trasnacional” para explotar este filón
económico –lo que no deja de tener connotaciones políticas-, donde el
antiguo culto a Ifá, se ofrece como una solución alternativa a los
complejos problemas del mundo moderno, con una actitud que pudiera
interpretarse como ingenua o insidiosamente –según el caso-
etnocentrista y/o culturocentrista. De
hecho, es el criterio de algunos babalawos cubanos que, “estando las
otras religiones agotadas, la santería se presenta como la futura religión
mundial”, argumentando –posiblemente en el intento de promover un
producto cultural / religioso tercermundista, frente a la crisis del
cristianismo occidental-, que a través de esta se pueden solucionar
problemas que afectan la cotidianeidad de los humanos. En
su andar por el mundo, la santería se encuentra hoy en contextos tan disímiles
como Australia, China y Estados Unidos, por sólo mencionar algunos
espacios geográficos. Iyaloshas (madres de santo), babaloshas (padres de
santo) y babalawos cubanos, caribeños, latinoamericanos, africanos,
europeos y asiáticos se retroalimentan unos a otros en sus prácticas
religiosas, no pudiéndose prever hacia dónde conduce ese proceso. Interesante
está siendo, de momento, el intercambio afro-religioso que se mantiene
entre Cuba y Brasil y Estados Unidos, en este último país ya no sólo de
parte de la emigración cubana allí asentada y/o de las poblaciones
latinas y caribeñas, sino de parte de los estadounidenses negros, que
quizás “redescubren” por esa vía la parte de su identidad ancestral
que hasta hoy, dadas las características del tipo de colonización que
sufrió ese país, les fue negada. En
ese caso se halla el profesor William Caobun –de Chicago-, consagrado en
la santería cubana y en el candomblé brasileño, para quien “una de
las cosas positivas de esa migración forzada” –la que obligó a la
esclavitud a millones de negros africanos en tierras americanas-, “fue
el hecho de que hoy los orishas se extienden por todo el mundo”. Para
el profesor Caobun, “no es un problema, no es un desafío que no puede
ser aprovechado”, y no niega el hecho de que el culto a los orishas
“nació en Ilé Ifé”, ciudad sagrada de los yorubas, la
diversidad de formas que existe hoy, según los contextos en que se ha
desarrollado, de ese culto. Por eso, precisa: “yo no veo por qué
nosotros tenemos que dividirnos, porque nuestros orishas son sabios, son
inteligentes, son capaces de responder a nuestras necesidades, en nuestras
circunstancias locales”. El
Congreso fue inaugurado por el alcalde de La Habana, Juan Contino, y
clausurado por el Ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, quienes
aprovecharon la oportunidad para explotar políticamente a favor de la línea
oficial cubana la
realización del Congreso en La Habana, “en momentos, -se dijo-, en que
hay una campaña de desinformación
sobre lo que sucede en la
Isla, orquestada por los EE.UU.”, y ofrecieron estadísticas sobre los
logros revolucionarios en campos como la salud,
la educación y la cultura. El
trabajo del congreso se realizó en plenarias y en ocho comisiones, varias
de las cuales funcionaron simultáneamente sobre temas como: educación,
cultura y arte; continuidad y
cambios en los contextos de la diáspora; perspectivas éticas, filosóficas
y psicológicas; cultura, identidad y transculturación; perspectivas
etnobiológicas; ritos, ceremonias y experiencia en la tradición
religiosa yoruba; diálogo inter-religioso; Don Fernando Ortiz, tercer
descubridor de Cuba; relaciones étnicas, familiares y de género.
El tema del homosexualismo provocó una fuerte reacción de algunos
nigerianos, que expresaron su inconformidad
por haber los organizadores cubanos admitido que se incluyera en el
evento, por un ponente de Cuba. En
la clausura del Congreso, Antonio Castañeda, presidente de la
controversial Sociedad Cultural Yoruba de Cuba, expreso que en relación a
las religiones afro “Cuba ha jugado un papel determinante, ya que se ha
convertido (...) en su verdadero y más fuerte transmisor al mundo”. Con
independencia de las diferencias de criterios que puedan existir entre los
afro-religiosos cubanos, sin dudas todos coinciden en ese criterio, y un
orgullo de salvaguardas de un tesoro cultural les es propio a todos. En
lo que no son muchos los afro-religiosos que coincidan con Castañeda, es
en su afirmación de que “en nuestro país se demuestra que se está por
encima de todo vestigio de discriminación racial”. De hecho, la
existencia de la discriminación en
relación al color de la piel no sólo ha sido en la Isla, en los últimos
tiempos, tema de investigación para los cientistas sociales, sino motivo
de preocupación para las propias autoridades políticas, que lo han señalado
públicamente. Si
para aquellos negros y mestizos cubanos reivindicadores de su negritud, África
se mantiene en el imaginario como la “madre patria”, en la clausura
del Congreso el Dr. Abimbola –babalawo e investigador nigeriano- señaló
a Cuba como “segunda patria”, “segunda casa”, y concluyó
ofreciendo a los presentes la bendición de Ogun –orisha o divinidad
guerrera, a la que pertenecen los metales-, tras insistir en la necesidad
de “proyectar esta religión (...) a nivel mundial”.
Se
destacaron en las resoluciones finales del evento, leídas en el acto de
clausura por Omar Quevedo, “Araba Ifá”, Decano de la Asociación
Cultural Yoruba de Cuba, el agradecimiento del Congreso a las autoridades y al pueblo
cubano por las facilidades brindadas, y el acuerdo de trabajar por “la
unidad de los creyentes en los orishas, respetando siempre la
heterogeneidad de sus manifestaciones religiosas y la idiosincrasia de
cada pueblo, en busca, además, de un mayor acercamiento entre los
herederos de las tradiciones religiosas de origen africano”. También
se hizo un llamado “al respeto de la diversidad cultural y
religiosa, superando posiciones de intolerancia que aún se mantienen en
diferentes partes del orbe” y se acordó “continuar el diálogo
constructivo entre practicantes orichas e investigadores y académicos”,
así como “abogar, promover y fortalecer la paz entre los pueblos del
Mundo”. Se
aprobó la nueva directiva del Congreso Mundial, ratificando en sus cargos al actual presidente y secretario general, prof. Wande
Abimbola y al Dr. Omotoso Eluyemi, respectivamente.
Igualmente
se acordó celebrar el próximo congreso, el Noveno, en Río de Janeiro,
Brasil, en julio del 2005, y realizar dos precongresos: uno en Miami,
EE.UU., en febrero del 2004, y el otro en San Salvador de Bahía, Brasil,
en agosto también del 2004. “El hombre paciente se hace Rey del mundo”, dice Ifá. De Olofi -dios supremo de los yorubas y, por tanto, de los santeros en cualquier parte que se encuentren-, se dice condenó a su pueblo a vagar por la tierra. Los afro-religiosos yoruba-descendientes o no, han sabido ser suficientemente pacientes para conservar y recrear sus tradiciones culturales / religiosas y, aún más, extenderlas por la tierra. Cabe preguntarse: ¿se desangrarán en disputas fraticidas a la búsqueda de lo imposible? O, acaso, ¿seguirán los caminos que abre y cierra Eleggua –orisha de los caminos y las encrucijadas-, con su astucia y picardía, y apoyándose en la sabiduría de sus ancestrales divinidades, avanzarán en medio de su diversidad? Sólo el tiempo dirá. A las personas pacientes, cabe esperar, observar y, a su debido tiempo, actuar.
La Habana - 13 de julio de 2003 |
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