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di Mariella Moresco Fornasier

 

 

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Teólogos de la liberación se preparan para enfrentar la modernidad    (3 settembre 2003)

 

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Teólogos de la liberación se preparan para enfrentar la

modernidad


Adriana Santiago
- Editora Jefe de Adital

 

El último día de la "Conferencia sobre el Cristianismo en América Latina y el Caribe - Trayectorias, diagnósticos, prospectivas";, que se desarrolla del 28 de Julio al 1º de agosto en la Pontificia Universidad Católica (PUC-SP) y en el auditorio de las Facultades Batista, también en el barrio Perdizes, en São Paulo, tuvo como tema de su sesión plenaria "Prospectivas teológicas e pastorais";. Los 740 participantes tuvieron la oportunidad de discutir durante tres días de conferencias y mesas temáticas, el momento actual del cristianismo y cómo enfrentar la modernidad.

El primer disertante fue João Batista Libânio, doctor por la Universidad Gregoriana de Roma y actualmente profesor del Centro de Estudios Superiores de la Compañía de Jesús. El padre Libânio, de una manera bien humorada, dice que el "cristianismo parece una religión que ha arribado del pasado, que se siente mal en el presente y que teme el futuro". Él considera ese sentimiento una amenaza, principalmente delante de la tentación Del mesianismo y de la inminente explosión del fenómeno religioso, ambos sufriendo el efecto de la secularización desgastada.

Perplejidad frente a los cambios

Comenta sobre la perplejidad del cristianismo frente a los cambios actuales, que se llaman "neoliberalismo, globalización, revolución de la informática, sociedad post-industrial, avance de las biociencias y de la ingeniería genética, cosmología moderna, crisis de la ética y del sentido, fenómeno pentecostal, inter y transdiciplinaridad". Afirma que estos análisis del presente para descubrir en él los trazos del futuro son lo que se llama de óptica de la prospectiva. Pero recuerda que actualmente el cristianismo no es más hegemónico, apenas como referencia cultural para muchos contemporáneos.

Libânio recuerda, además, que la coexistencia de la fe y de la razón en el cristianismo es la salida para ambas, pues un debilitamiento de una de ellas provoca, por reacción, el riesgo del desvío de la otra. Dice además que el mayor desafío está en el campo de la cultura, puesto que no hay posibilidades de diálogo sin apertura, de esta forma propone la inculturación. Advierte que esta inculturación del cristianismo significa enfrentar una cultura occidental en crisis.

De esta forma cree que la teología y la pastoral de los próximos tiempos encuentran en la ética un excelente espacio para dialogar con la humanidad, tornando la acción social un campo prometedor de diálogo. Padre Libânio recuerda el diálogo con las ciencias, cada vez más desafiante para la teología cristiana, transformando la presencia cristiana en este campo como uno de los grandes desafíos.

Entre los enfrentamientos socio-políticos y económicos, destaca: el neoliberalismo y el mundo de los pobres y el enfrentamiento con la subjetividad del intercambio competitivo, una vez que el sueño cristiano sea comunitario. Con todo esto sugiere algunas pistas pastorales, como una agenda temática a partir de América Latina y del Caribe, que incluya el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia; el enfrentamiento con la ignorancia; pasar de un nivel de información a la praxis; y pasar de una fe individual a la comunitaria y comprometida, creando una red de comunidades.

Finalmente sugirió la necesidad de retomar las discusiones para la realización Del Concilio Vaticano II, con el fin de realizar una transformación estructural en la iglesia, haciéndola más leve para enfrentar un mundo cultural reticente delante de las instituciones y abierto a las experiencias existenciales.

Conocimiento es nueva forma de poder

Enseguida hizo uso de la palabra Carmen Lora Clara, educadora y coordinadora de la Mesa de Concertación para la Lucha contra La Pobreza en Perú, habiendo realizado estudios en el Programa de Actualización sobre Mujer y Perspectiva de Género. Carmen basó su conferencia en su experiencia de lega frente a la pobreza y desigualdad creciente en América Latina. Cree que el camino abierto por los obispos de Medellín y Puebla y por la Teología de la Liberación sigue firme y tiene el respeto y el respaldo del pensamiento social de Juan Paulo II y de la presencia de la voz de la iglesia en los foros internacionales.

Ella cree que la dificultad de acceso al desarrollo es una de las barreras para la producción del conocimiento, que es una nueva forma de poder. La producción intelectual está concentrada cada vez más en las instituciones privadas. Eso presupone un nuevo desafío para la teología en su capacidad de cuestionar el conocimiento científico, porque tendrá que recordar que el conocimiento debe estar al servicio de la liberación de la humanidad y no dirigido para ser dominio.

Carmen Lora llama la atención para el desafío del cristianismo delante de la vida moderna, donde las personas trabajan más para satisfacer hábitos crecientes de consumo, tienen que atender las altas exigencias del mercado, que van debilitando cada vez más los espacios de convivencia, de relaciones humanas, forzando a las personas al individualismo. Todo esto con el agravante de la revolución tecnológica.

Como prospectiva, Carmen apunta la capacidad de inculturar los mensajes cristianos en América Latina y de hacer intercambios interculturales, que posibilitará el descubrimiento de valiosas nuevas formas evangelizadoras. No se puede perder la alegría al enfrentarse con el hecho de que los niños tienen mayor perspectivas de vida, pero después tendrán que enfrentar la violencia en sus más variadas formas, como la guerra, el tráfico sexual, la droga etc. Recuerda que hay poco tiempo, los horizontes eran muchos menores, pero hoy existen varias maneras de reafirmar sus experiencias y protestar contra el poder, como es el caso del Foro Social Mundial y las manifestaciones mundiales contra la guerra.

La Iglesia tiene que estar presente en medio del pueblo

Don Demétrio Valletini, obispo de Jales, São Paulo, considera que la presencia de la Iglesia, mismo de manera discreta, imprescindible para la superación de las tensiones y para la consolidación de nuevos escalones de unidad y acción comunitaria. "La iglesia precisa estar presente donde se traban los embates de las decisiones políticas que afectan la vida del pueblo. Allá es su lugar". Dice que los rumbos que están siendo seguidos por la Iglesia Católica Latinoamericana no son claros. Entre los desafíos enfrentados apunta la acelerada urbanización que los aleja de la vida comunitaria; las cuestiones de orden cultural influenciadas, principalmente por los medios de comunicación; el clima de inseguridad económica que suscita una onda de religiosidad marcada por el fundamentalismo y por la búsqueda de amparo emocional; y la religiosidad que despedazó la expresión eclesial, llevando a una multiplicidad de denominaciones. "La Iglesia está siendo puesta a prueba en América Latina y en el Caribe. Eso es provechoso".

Remarca aspectos positivos como la emersión de nuevos movimientos sociales con articulación creciente en el continente; el surgimiento de nuevos sujetos sociales, como el indio, la mujer, el negro, el sin tierra, el pueblo de la calle, el inmigrante; el lego y la mujer abriendo nuevos espacios de actuación eclesial. "Incluir toda esa gama de realidades en un proyecto de renovación eclesial se transformo en un desafío mucho más amplio de lo que parecía".

Analizando el Concilio, Don Demétrio cree que fue la iglesia latinoamericana la que realizó su recepción más fecunda, liderando la aplicación concreta de su inspiración teórica y de sus recomendaciones pastorales. Por eso defiende la teología propia que dio soporte y garantía de autenticidad a esa inculturación cultural. Criticó, además, la oposición a esa teología, pues sin ella, "se paraliza la encarnación de la iglesia y se crean inseguridades cuanto a su caminar".

Por lo tanto, propone que se retome la caminata, apostando en la visión bíblica de "iglesia del pueblo de Dios"; reuniendo nuevamente en pueblo en comunidades; cultivando la práctica libertadora del Evangelio; cultivando la lectura popular de la Biblia; y buscando un nuevo modelo de iglesia. Una iglesia más participativa; superando las dicotomías y cultivando la fraternidad; diversificando los ministerios; valorizando los nuevos sujetos eclesiales; y fortaleciendo la solidariedad y el compromiso con la causa de la vida.

Habló sobre el encuentro ocurrido en noviembre del 2002 en Quito, Ecuador, paralelo a la reunión de los ministros del Exterior y de la Economía para discutir los pasos para la implementación del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca). Consideró la ocasión histórica por la amplia participación de los indios ecuatorianos que llegaron a pie al local del encuentro. Era el único obispo en el local y los indios pidieron una misa para sellar la caminata y en la plaza central de la ciudad se improvisó una celebración. Allí se notó que no había ninguna articulación de la iglesia y la inquietud por saber dónde hoy la iglesia de América Latina, cuáles son sus prioridades, cuáles son sus caminos.

Al analizar esa caminata, no se opone a un nuevo Concilio y hasta cita algunas razones para hacerlo, en consecuencia afirma que no basta hacer un Concilio, que es una práctica excepcional y esporádica, pero sí para encontrar formas más permanentes de discusión y prácticas. Defiende un nuevo concilio, más ecuménico y con participación de todos.

Adital - 2 de agosto de 2003

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