Película
cubana reta a teólogos
José Aurelio Paz
Coordinador del Área de Comunicaciones del Consejo de
las Iglesias de Cuba (CIC).
foto:
buletín CIC
Motivado
por el más reciente estreno del filme cubano Suite Habana, el reverendo
Francisco (Paco) Rodés, pastor bautista y presidente de la Fraternidad de
Iglesias Bautistas de Cuba (Fibac), acaba de escribir un artículo para la
revista Cuba Teológica, donde plantea que "Los teólogos cubanos que
se sienten llamados a interpretar, a la luz de la fe, el momento actual,
tienen, por necesidad, que salir a la calle, oír historias, contemplar el
heroísmo anónimo, bucear profundo en los sueños de tanta gente humilde
que vive situaciones verdaderamente dramáticas. Y éste es, precisamente,
el mismo reto que nos presenta Fernando Pérez cuando, cámara en mano,
salió a conocer historias…".
La cinta, que quedara desclasificada en el pasado Festival Internacional
del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, por entender el jurado que no
cumplía los parámetros del género documental, partió para su realización
de la propuesta al cineasta, por parte de un productor español, para que
tomara parte en una serie televisiva que se llamaría Ciudades Invisibles,
a filmarse en diversos países y en soporte digital.
De ahí la idea de tomar la parte más fea y deteriorada de la ciudad para
mostrar la multiplicidad de rostros y lugares donde se entrecruzan las
historias de un grupo de personajes anónimos que, en el decorrer de un día
y una noche, muestran su agónica existencia por conseguir el sueño
individual de cada uno de ellos. Significativo resulta el hecho de que la
banda sonora está urdida solo a base de música y sonidos sin que medie
diálogo alguno; de ahí su difícil clasificación cuando el cine
contemporáneo, como fenómeno estético, tiende a fundir los géneros
preestablecidos.
Suite Habana, por la manera conmovedora en que hurga en la cotidianidad de
la subsistencia, en un país con un bloqueo estadounidense impuesto por más
de 40 años y luego de la caída del Campo Socialista, llevó a Rodés a
expresar en su artículo que "si una debilidad se le puede atribuir a
la teología es que, en ocasiones, ha establecido un diálogo de elites
intelectuales exclusivamente. Así ha surgido la teología académica, de
recinto universitario, vinculada a la modernidad con su optimista
confianza en los logros científicos.
Y más adelante plantea: "No hay que temer a perder de vista la gran
utopía, a perdernos en una teología de la vida privada. La gran historia
se alimenta de millones de pequeñas historias, el gran ideal se enriquece
con la realización de los sueños de la gente humilde. Porque de esta
forma se irá cristalizando una nueva espiritualidad, que será fuente de
resistencia contra todo desencanto. Esas narraciones tienen poder para
liberarnos de todo nihilismo y hacernos sentir que sí vale la pena vivir
(…) Así pues la matriz de la teología liberadora es el pueblo, desde
su situación y de sus luchas es que partimos a hacer teología. Los teólogos
ayudan a articular y sistematizar esta reflexión que parte, como hemos
dicho, del propio pueblo."
En la cinta de marras, con una duración de 80 minutos, los personajes
reales "interpretan", en pantalla, sus propias vidas. Un joven
bailarín que se va al ballet luego de todo un día cargando materiales
para reconstruir la casa de su madre; la relación entre los abuelos y el
padre de un niño con el Síndrome de Down que ha perdido su madre; un médico
que, luego de su faena, se va a trabajar de payaso en cumpleaños privados
con la aspiración de llegar a ser actor; un joven que abandona el país
enamorado de una cubano-americana; un obrero de ferrocarriles que toca el
saxo en una iglesia evangélica y un joven negro, empleado de higiene de
un hospital, que en la noche se transforma en la cantante de un espectáculo,
son las historias que se van entrelazando entre música, ruidos reales y
primerísimos planos que le dan el protagónico, también, a ciertos
objetos.
El reverendo Rodés, en su reflexión titulada "Suite Habana, un reto
teológico", concluye: "Lo que no se le perdonaría a la teología
cubana actual es la evasión cínica. Hay muchas formas de evasión, no
solo en una religiosidad enajenada que busca solo las emociones intensas.
Existe también la tentación de vivir en un universo de verdades
universales, de categorías absolutas, y hasta de posiciones ideológicamente
impecables, pero que no aterrizan en la vida cotidiana del pueblo.
"Los cubanos podemos sentirnos agradecidos de que a nuestros
dirigentes políticos les sobra la conciencia sobre los grandes problemas
de la globalización neoliberal y no es bueno que no solo los dirigentes
políticos la tengan, sino también los dirigentes de iglesia. Pero el
aporte específico de la Iglesia y de los teólogos es tener los ojos y
los oídos bien abiertos a los problemas que atañen a la salud espiritual
de nuestro pueblo.
"Ubicarse en el lugar anónimo de los humildes es difícil, tal vez
ciertos privilegios sean una barrera para esto. Un aldabonazo como Suite
Habana es un llamado a los teólogos para adentrarse en el mundo real del
que nunca debimos salir. La teología cubana de hoy está llamada a ser
narrativa, histórica, sensible, reflejando las contradicciones y
conflictos de nuestra azarosa vida. Tenemos aliados en esos artistas y
poetas tan bellamente proféticos. Aceptemos el reto."
CIC
- Resumen noticioso del Consejo de Iglesias de Cuba
septiembre/2003
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