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Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Popoli indigeni

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

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Pueblo indígena Anacé declara su identidad étnica en Ceará   (23 settembre 2003)

Estereotipos occidentales de belleza fuera de las culturas indígenas    (23 settembre 2003)

 

 

 

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Pueblo indígena Anacé declara su identidad étnica en Ceará



El pueblo Anacé, compuesto por 450 familias residentes en el municipio de São Gonçalo do Amarante, será el decimosegundo grupo indígena con identidad étnica reconocida en Ceará, Brasil. El marco oficial del reconocimiento ocurrirá el día 11 de septiembre, en audiencia en la Procuraduría de la República, en la capital del estado, Fortaleza, con la presencia de líderes indígenas Anacé.

Los indios Anacé reivindican la inmediata demarcación de su territorio. Representantes de la etnia Anacé solicitaron en la Procuraduría Regional de los Derechos del Ciudadano una audiencia con un procurador y, si fuera posible, representantes de la Funai, para iniciar el proceso de demarcación de su territorio. Esto porque a partir de 1996 se inicia el proceso de construcción del Complejo Industrial y Portuario del Pecém (CIPP), que prevé la ocupación de sus tierras para instalaciones de una siderúrgica y varias industrias extranjeras.

El Gobierno del Estado, protagonista de este Proyecto, decreta la expropiación. Comienza un tiempo de inseguridad, miedo, incertidumbres y expulsión de familias indígenas. "Ellos vinieron, entraban en nuestros terrenos medidos, decían que era para pasar energía eléctrica. Después hicieron un registro. Después vino la expulsión, con una indemnización que no valía nada", declara un líder Anacé. Cerca de 85 familias ya fueron expulsadas y alojadas en tres asentamientos (Novo Torém, Forquilha y Monguba). Ahora el Gobierno pretende sacar a las demás familias para la conclusión del CIPP.


Pequeño histórico de los pueblos indígenas cearenses

El reconocimiento del origen étnico del pueblo Anacé es una victoria a ser registrada del histórico de las luchas de los pueblos indígenas en Ceará, marcado por la violencia, el desprecio y la represión estatal. En Ceará habitaban diversos pueblos hasta la intervención colonial en el siglo XVI. La política indigenista en esa época era de guerra, saqueo y apropiación de sus territorios, utilización de mano de obra esclava.

En 1863 el Gobierno Provincial decreta que no había más indios en Ceará. Alega que los indígenas fueron muertos o que huyeron. De esta forma los territorios indígenas podían ser usurpados. Ocurre que los pueblos indígenas no son eliminados por decretos, ni por guerra o cualquier tipo de persecución y humillación.

Como estrategia de sobrevivencia, las poblaciones indígenas optaron por ocultar su identidad, sobre todo en los aspectos más externos. Dejaron de hablar la lengua y adoptaron algunos elementos del catolicismo popular que se asemejaba a sus costumbres religiosas.

A partir de 1983, con ayuda de la Pastoral Indigenista de la Arquidiócesis de Fortaleza, el Pueblo Tapeba, en el municipio de Caucaia, se declara indígena. Comienzan un proceso de lucha por el reconocimiento étnico, demarcación de su territorio y políticas públicas de educación, salud, etc.

Hoy, veinte años después, son doce pueblos: Anacé (São Gonçalo do Amarante); Jenipapo-Kanidé (Aquirás); Kanindé (Aratuba y Canindé); Kariri (Crateús); Kalabaça (Crateús, Poranga y Itaporanga); Paupina (Messejana, Fortaleza); Pitaguary (Maracanaú y Pacatuba); Potiguara (Crateús, Monsenhor Tabosa); Tabajara (Crateús y Monsenhor Tabosa); Tapeba (Caucaia); Tremembé (Itarema, Acaraú y Itapipoca); Tupinambá (Crateús).

 

Adital/Pastoral Indigenista – 9.septiembre/2003

Estereotipos occidentales de belleza fuera de las culturas

indígenas

 

Las “cualidades” de una mujer “bella” para el mundo de occidente está muy lejos del concepto de belleza que las culturas originarias de los pueblos latinoamericanos tienen en su ideario colectivo desde hace siglos. Una dicotomía que nos enfrenta como sociedades, en la medida que somos una fusión de ambas imágenes culturales.

 

Muy poco se ha investigado sobre las nociones de estética en las naciones originarias de Latinoamérica, una construcción cultural que definitivamente nos determina como sociedades.

Uno de los pocos y pocas que ha trabajado en el tema es el antropólogo boliviano Wigberto Rivero, estudioso de la organización social, política y económica de al menos 24 comunidades que pueblan la amazonia boliviana, quien distingue dos elementos que armonizan con el paradigma de belleza.

El primero que señala: como estos pueblos se encuentran en permanente lucha por la sobrevivencia, “la mujer flaca no es bella para ellos; lo es aquella gordita, rellenita, pero no obesa. El concepto (de lo bello) está en función a cierta prosperidad”. La explicación está en que tratándose de comunidades itinerantes, que se mueven de un espacio a otro de manera planificada, es preciso que la mujer resista con fortaleza los continuos recorridos, siendo capaz de cargar sus pertenencias y a los hijos e hijas.

El segundo elemento es la simbiosis entre naturaleza y mujer. El indígena aprecia, tanto como a una mujer fuerte, una que luzca adornos en sintonía con la naturaleza, con la fauna y flora de la selva, es decir artesanías con semillas, dientes y plumas de animales y maderas. En lo que se refiere a la vestimenta, una mujer que lleva una falda de hojas o corteza de árbol es más apreciada. En la actualidad, este hábito sólo sobrevive en los pueblos más aislados, pues con el proceso de aculturación tiende a perderse.

Lo que sí marca una diferencia es que mientras más cercana a la cultura occidentalizada se encuentre una cultura indígena, más restringido se encontrará el uso de joyas y ornamentos en las mujeres, quienes suelen desplegarlos para las celebraciones pagano-religiosas.

Igual de importante para los pueblos originarios de la región de los Andes es la forma en que la mujer luce la indumentaria.

Por su parte, el sociólogo Germán Guaygua explica que esto tiene que ver con su constitución física. El uso de la pollera, la manta y el sombrero no es bien visto si quien lleva las prendas es una mujer muy delgada. “En occidente, la estética privilegia la armonía estilizada del cuerpo, en el campo es a la inversa; esa estética está orientada a la obesidad. La gordura es un patrón muy fuerte vinculado al éxito”.

Un elemento de singular importancia es el cabello. En la mayoría de las regiones latinoamericanas el pelo largo es sinónimo de abundancia y prestancia. “Cuanto más largo se tiene da mayor presencia”, dice Guaygua sobre las largas trenzas que se observan en las mujeres más cercanas a los mundos rurales y/o indígenas.

Una hermosa costumbre que aún se mantiene en algunos pueblos originarios es la celebración de la llegada de la primera menstruación en las jóvenes indígenas: adquieren el estatus de mujer y todas las féminas de la aldea o grupo humano más cercano se reúnen para festejar a la nueva casadera. A partir de esta fecha, la mujer adquiere nuevos hábitos de vestimenta orientados a resaltar su belleza.

En muchos pueblos, las mujeres y niñas visten de diferente forma: en las naciones altiplánicas, generalmente las adolescentes visten una pollera sin frizado, largas, con colores muy llamativos, contrastantes, y no llevan sombrero, mas al casarse o al alcanzar la mayoría de edad usan uno y adhieren a su indumentaria la manta, la pollera frizada y las medias.

La transculturación de los pueblos originarios y la gradual migración del campo a la ciudad ha configurado en estos colectivos diversas transformaciones del canon del prototipo de la belleza femenina.

Las mujeres desarrollan un concepto de belleza en base al modelo occidental y construye los cánones de acuerdo a cómo se perciban, aunque obviamente se advierte una serie de contradicciones.

Los nuevos idearios de belleza van modificándose de acuerdo al estrato social y/o los espacios económicos donde van integrándose, dependiendo mucho, además, del grado de occidentalización del país latinoamericano donde el pueblo originario habite.

Una contradicción que tal vez debería aceptarse como tal para que emerja quizá un modelo de belleza, si se quiere, más latinoamericano y que acepte este sincretismo.

 

CIMAC Noticias25 de Agosto de 2003)

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