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Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Popoli indigeni

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

Altre pagine sui popoli indigeni

 

Altre pagine della cultura

 

 

 

Pueblo Mapuche proclama su autonomía   (25 giugno 2002)

Resoluciones Primer Congreso Internacional de Historia Mapuche - febbraio 2002   

(18 giugno 2002)

La nación mapuche, ni chilena ni argentina   (28 maggio 2002)

La literatura indígena precolombina  (16 aprile 2002)

El Príncipe defiende el derecho a las tradiciones de los pueblos indígenas   (7 marzo 2002)

Dall'Ecuador a Porto Alegre: un lungo mese di lotta   (4 febbraio 2002)

Caribbean: Indigenous Peoples Decry War and Oil   (21 gennaio 2002)

 

 

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Pueblo Mapuche proclama su autonomía

Por Juan Jorge Faundes

 


"Esos intrépidos guerreros han sabido hasta hoy hacer respetar su libertad,  defender sus  fronteras y conservar su independencia" (Claudio Gay).


En las proximidades de los llanos de Putúe,  cercanos a Villarrica, lugar donde en 1883 - tras la ocupación militar de su  país- fue sellada la derrota del pueblo mapuche, se realizó durante los días  6 y 7 de mayo últimos un parlamento de las principales "identidades  territoriales". 

Estas emitieron la "Declaración de Villarrica", que expone los derechos  políticos que hoy reclaman, fundadas en el derecho internacional y apuntando  hacia un horizonte final de autonomía.
Las identidades territoriales o butalmapus, son conjuntos de comunidades que  establecen alianzas al modo tradicional. Primero en rehues (conjuntos de  lof), luego en ayllarehues (agrupaciones de rehues) y finalmente en  butalmapus (alianzas de ayllarehues) o identidades territoriales.

 

Existe una tendencia de reconstrucción de estos modos tradicionales de  organización del pueblo mapuche. Por eso las identidades de hoy asumen los  nombres de las antiguas en sus mismos territorios: Wenteches (o arribanos,  llano central y precordillera andina, entre Malleco y Temuco); Nagche  (abajinos, estribaciones y valles de la Cordillera de Nahuelbuta: Traiguén, Lumaco, Los Sauces y Purén, por el norte, y Chol-Chol, Repocura y Galvarino, por el sur); Lafquenches (o costinos, litoral de Arauco, Malleco y Cautín);  Pehuenches (Alto Bío-Bío), y Puelches (del lado argentino de la Cordillera);  además, se identifican boroanos (entre los ríos Cautín y Toltén) y otras  menores. En el sur están los Huilliches (gente del sur).

Según fuentes consultadas, los firmantes de la "Declaración de Villarrica"  representan a la mitad de las comunidades mapuche existentes. Es decir, no  son cupulares, sino enraizados en la base rural territorial: en la comunidad  o lof que es el espacio donde se funda la identidad y el ser mapuche (gente  de la tierra).
En lo medular de su declaración, exigen al Estado el respeto a sus derechos  fundamentales e "inalienables": ser reconocidos como pueblo; derecho a las  tierras y territorio, al control político y cultural sobre el mismo, y  derecho a la libre determinación.

Aunque no se puede interpretar como una declaración de independencia - porque  apelan a la Declaración Americana de los Derechos de los Pueblos Indígenas,  a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y al Convenio 169 de la  Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas y  tribales, que no fomentan la independencia ni consideran la libre determinación -, la "Declaración de Villarrica" implica un objetivo  estratégico de autonomía territorial, económica, jurídico-política y de  cosmovisión, dentro de los límites del derecho internacional vigente.
Pero deja abierta la puerta a una futura independencia como reivindicación  final. 

Para comprender sus implicancias, se debe conocer el citado Convenio,  suscrito por Chile, pero pendiente de ratificación por el Senado desde 1991.

El Convenio 169

 

En virtud de este Convenio (ratificado por Noruega,  México, Colombia, Bolivia, Costa Rica, Paraguay, Perú, Honduras, Dinamarca,  Guatemala, Países Bajos, Islas Fiji y Argentina), los pueblos indígenas  "tienen derecho al control de sus propias instituciones y formas de vida y  de su desarrollo económico y a mantener y fortalecer sus identidades,  lenguas y religiones, dentro del marco de los Estados en que viven".

La expresión "dentro del marco de los Estados en que viven", presupone que  no se trata de  crear otro Estado - en este caso un Estado Mapuche -, sino una  autonomía regional o parcial, al modo de las españolas, o de los indígenas  canadienses, inclusive de los estados federados estadounidenses.
Un subsistema indígena sujeto a las normas generales de los sistemas  nacional e  internacional: "Dichos pueblos deberán tener el derecho de  conservar sus costumbres e instituciones propias, siempre que éstas no sean > incompatibles con los derechos  fundamentales definidos por el sistema  jurídico nacional ni con los derechos humanos internacionalmente  reconocidos" y "deberán establecerse procedimientos para solucionar los  conflictos que puedan surgir en la aplicación de este principio" (artículo  8).


De otros artículos, se deduce la obligación de un acatamiento a los poderes  del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), pero, a la inversa, el deber  de estos poderes de consultar a los pueblos indígenas y de respetar y  permitir el funcionamiento de sus autoridades e instituciones.

Circunscritos a ese marco, los indígenas tienen derecho a autogobernarse  mediante sus autoridades e instituciones; a administrarse justicia según su  derecho consuetudinario; a organizar su economía, su educación; a regirse  según su cosmovisión y costumbres, y ejercer propiedad y posesión sobre su  territorio, incluidos suelo, subsuelo y recursos naturales.


Por su parte, el Estado nacional tiene la obligación de "consultar a los  pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a  través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas  legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente"  (artículo 6), y "dichos pueblos deberán participar en la formulación,
aplicación y evaluación de los planes y programas de desarrollo nacional y  regional susceptibles de afectarles directamente" (artículo 7).


A esto aspiran las identidades territoriales, lo que en un contexto jurídico  moderno no constituye una amenaza, sino una oportunidad de convivencia en  justicia y con respeto a la diversidad. El supuesto peligro de "división de  la nación" y "terrorismo" autonomista que anida en el discurso de la  derecha, tiene un origen distinto y un propósito de defensa de su hegemonía  de clase.

Hegemonía amenazada

 

 

Los mapuche son esencialmente un pueblo y no una  clase social. No obstante, el uso de categorías sociológicas ayuda a  entender una virtual alianza mapuche con el proletariado y campesinado pobre  no-mapuche, así como la reacción de las cúpulas en el poder.


En los 119 años transcurridos desde su derrota militar y dominación política  y económica, los mapuche de las zonas rurales fueron transmutados en  minifundistas de subsistencia en condiciones de extrema pobreza y  asalariados agrícolas, mientras los que emigraron o emigran a las ciudades,  han nutrido la clase de los obreros. En el campo o la ciudad, se los sumó a  la masa de explotados.
En efecto, según el censo de 1992, la población mayor de 14 años que se  declaró mapuche fue, en cifras redondas, de 928 mil personas. De ellos, 260  mil (28%) en zonas rurales y 670 mil (72%) en las ciudades. De los urbanos,  unos 300 mil viven en la Región Metropolitana, en comunas pobres como La  Pintana, Colina, Pudahuel y Cerro Navia. En Argentina serían unos 300 mil  más.


Por lo tanto, el mapuche del siglo XXI no es el del siglo XIX cuyos  butalmapus controlaban territorios en los que la influencia huinca era menor  y su identidad estaba tal vez muy cercana a la pureza. Hoy, está invadida y  penetrada por lo chileno, se los metió en el molde capitalista en el rol de  explotados y se los hizo funcionales a la sociedad dominadora.
Su identidad es de pueblo, pero también de clase. Su demanda de tierra,  coincide con la del campesino pobre no mapuche. La apropiación que de su  plusvalía hace el industrial, comerciante, banquero y el gran propietario  agrícola, es la misma del obrero no mapuche.

Que Chile no haya ratificado el Convenio 169 de la OIT no es independiente  de este sistema sustentado en la dominación de la clase dueña del capital y  controladora de los poderes del Estado. Que el mapuche sea reconocido como  pueblo atenta contra los intereses de la clase dominante, para la cual su  autonomía, aunque sea parcial, la afecta directamente, como es el caso de  los poderosos grupos Angelini y Matte, que tienen en la mira a las tierras  mapuches para sus negocios forestales (ver Punto Final N° 517, "El revés de la trama").
Por eso sus representantes en el Senado se oponen a la ratificación del  Convenio 169. 

Y conceptos como "nación" y "soberanía" son sólo una  justificación para su hegemonía. 

 

La Comisión de Constitución, Legislación y  Justicia del Senado, al discutir el proyecto de reforma constitucional para  el reconocimiento de los pueblos indígenas, subraya el carácter "indivisible" de la nación chilena y se niega a usar la palabra "pueblo"  cambiándola por "población", truco semántico con el que se elude las  obligaciones de Chile respecto del derecho internacional.
Los integrantes de esta comisión son Andrés Chadwick (UDI), Marcos Aburto  (senador designado, ex ministro de la Corte Suprema), Enrique Silva Cimma  (senador designado, Partido Radical), Rafael Moreno (DC), y Alberto Espina  (Renovación Nacional).


También atenta contra los intereses capitalistas el artículo 14 de la  Convención, al disponer que "deberá reconocerse a los pueblos interesados el  derecho de propiedad y de posesión sobre las tierras que tradicionalmente  ocupan... en los casos apropiados, deberán tomarse medidas para
salvaguardar  el derecho de los pueblos interesados a utilizar tierras que no estén exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido  tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de  subsistencia".
Es decir, se oponen a que se valore la tradición como fuente del derecho de  propiedad sobre la tierra, mientras sólo se tiene en cuenta la superficie  resguardada por los títulos de merced, los que consagraron el despojo tras  la ocupación militar.


Esto explica que en la "Declaración de Villarrica" se manifieste que "el  modelo económico neoliberal es atentatorio contra la existencia del Pueblo  Mapuche". Y que afirmen que su cosmovisión, conocimiento y prácticas sean  una alternativa al neoliberalismo, lo que es de considerar por los oprimidos  en esta era de aparente carencia de proyectos diferentes al hegemónico.

En el siglo XIX, el gran lonco Mañín Huenu (Pasto del Cielo), de la  identidad Wenteche, lideró a gran parte de los otros butalmapus y apoyó las  revoluciones federalistas de 1851 y 1859 contra el gobierno central, en una  estrategia de alianza con otros sectores sociales cuyos intereses
coincidían  con los del pueblo mapuche.
Así también, en las actuales identidades territoriales parece haber  conciencia de su doble condición, esencialmente de pueblo, pero también de  clase explotada, lo que caracteriza a la identidad mapuche del siglo XXI y  determinaría su política de alianzas.

 

Punto Final, 18 de junio

Resoluciones Primer Congreso Internacional de Historia Mapuche

 

 

Con la concurrencia de delegados de Argentina, Chile, Bolivia, Canadá, Estados Unidos y diversos países de Europa se llevó a efecto en la ciudad de Siegen; Alemania, entre el 1 al 4 de febrero de 2002 el Primer Congreso Internacional de Historia Mapuche. La convocatoria estuvo a cargo de tres instituciones mapuche: El Centro de Documentación Indígena Rucadugun, El Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu y Enlace Mapuche Internacional. Este evento se desarrolló gracias al apoyo y cooperación que brindan dos entidades; Fundación Friederich Hebert Stiftunt y Zentrum fur Friedemnskultur, ZFK (Centro para la Cultura de la Paz) las que junto al grupo local de apoyo mapuche gestionaron la habilitación de todos los medio necesarios para llevar a efecto este Congreso.  

Por primera vez un grupo de intelectuales mapuche junto a los intérpretes de la memoria histórica (Ngenpin) y autoridad religiosa (Machi) se reunieron en territorio europeo para deliberar sobre nuestra historia.

La convocatoria tenia como propósito facilitar la participación de delegados de la mas importantes entidades territoriales mapuche de ambos lados de la cordillera de los Andes; Ngullumapu y Puelmapu.  

Gran parte la agenda temática de trabajo se concentró en discutir la elaboración de una pauta conceptual y teórica que fundamente el estudio y la redacción de la historia mapuche.

El programa contempló la presentación de ponencias que abarcaron diferentes ámbitos de la historia, realidad y cosmovisión mapuche. 

Particular énfasis se le asignó a la importancia de redactar una historia que considera la perspectiva e interpretación de la visión del mundo indígena. En contraposición a la versión lineal vigente de la historia, se hace necesario desarrollar un esquema interpretativo que considere una versión espiral de los eventos.

 

Un importante tópico fue el aporte en torno a la temática violencia, contribuyendo al desarrollo de perspectivas de análisis a fin de entender el efecto de la violencia que sistemáticamente ha ejercido los estados argentino y chileno en contra de la nación mapuche. 

Se hace necesario elaborar pautas de seguimiento y mapeo a fin de establecer sus orígenes, persistencia y efectos entre la población mapuche de ambos lados de la cordillera.  

Somos un pueblo con una historia y cultura autónoma y singular; nuestra expresión queda fuera del referente y matriz cultural impuesta por la lógica apologética de los estados nacionales.

Es de crucial importancia profundizar en el estudio de los tratados suscritos con la Corona española y los estados de Chile y Argentina a fin de establecer su vigencia y actualidad en el marco de la jurisprudencia de los organismos de derecho internacional. 

 

El debate sobre los Parlamentos mapuche como modalidad e instancia institucional propia, demanda una investigación mas profunda a fin de recrear su práctica contemporánea. El estudio de la historia política mapuche implica considerar el protagonismo de un considerable numero de personalidades, así como diferentes modalidades institucionales mapuche en el tiempo; se impone la necesidad de documentar y debatir sobre estos tópicos así como el definir una perspectiva analítica del debate.

 

Es necesario establecer criterios y procedimientos adecuados para elaborar la información emanada de las diferentes fuentes y documentos, en su mayoría redactados por los funcionarios administrativos, militares, exploradores y cronistas de la corona española, argentinos y chilenos.

Es necesario abrir un debate con las instituciones académicas sobre la producción y reproducción de nuestra historia en tanto producto intelectual tergiversado. Nos corresponde abrir un debate sobre la apropiación del espacio y tiempo histórico en el contexto de la redacción de la historia de los estados nacionales de las Américas. Particularmente en lo que refiere nuestra realidad política y social; así como nuestra cosmovisión.  

Se impone la necesidad de integrar la temática, perspectiva y participación de todos sectores de nuestra sociedad en la discusión y debate de nuestra historia. Por destacar algunos; es imperioso contar con el aporte de nuestras autoridades tradicionales, lamngen (hermanas), líderes políticos, jóvenes, niños, profesionales, amigos de la causa de la nación mapuche.  

Al momento de concluir nuestro trabajo lo hacemos en la conciencia de haber establecido un importante punto de partida en el propósito de redactar nuestra historia. 

Las conclusiones emanadas de este encuentro son el fruto de este trascendental evento. Nos declaramos convencidos de la necesidad de trabajar activamente para llevar a buen término nuestra propuesta temática.
 

Mari chi weu

Diez veces venceremos

   

Centro de Documentación Indígena

 

Enlace Mapuche Internacional 

 

Centro de Documentación Mapuche Ñuke-Mapu

 

Siegen -  Alemania, 5 de febrero 2002

La nación mapuche, ni chilena ni argentina


por 
Daniel Condeminas


 

El único pueblo americano que obtuvo el reconocimiento de su integridad territorial por parte de la corona española, vive en pleno proceso de reivindicación ante unos estados que, aún habiendo recuperado las formas democráticas, niegan la existencia de ninguna otra nación o patria que la chilena o argentina.

Los mapuche forman el principal pueblo indígena, tanto en Argentina como en Chile. En Chile, concretament, representan un 10% de la población total, porcentage muy superior al que suman los aymaras y atacameños en el norte y los rapa nui en la Isla de Pascua. La diferencia con estos pueblos no es sólo demográfica sinó, sobretodo, de una historia política seguramente única en toda la América del Sur.
 

350 años de independencia


La historia de la colonización española de América a presentado el proceso de ocupación del centro y el sur del continente como algo que se produjo con rapidez y, de hecho, fue más o menos así, hasta que llegaron al cono sur. 

Si el hundimiento de poderosos imperios como el inca o el azteca se explican por la decapitación violenta de sus estructuras de gobierno rígidamente piramidales - gracias a la suma de la tecnologia militar y la alianza coyuntural con pueblos americanos sometidos- al llegar pero al territorio mapuche, las cosas cambiaron abruptamente. Se encontraron con una sociedad  horizontal -sin monarcas ni grandes mandatarios- de relativamente pequeñas poblaciones, en parte nómadas, pero poderosamente interrelacionadas, que ya habían frenado por la fuerza los intentos incas de bajar al sur, y que no estaban dispuestos a permitirlo ahora a los codiciosos conquistadores.

Adaptándose con rapidez a los nuevos tiempos, se conviertieron en expertos jinetes y aprendieron las normas de la guerra moderna. El resultado: las periódicas destrucciones de las nuevas ciudades de la corona castellana - entre ellas el mismo Santiago- y que el primer Gobernador del futuro Chile dejara su vida después de ser capturado: nacia el mito del irredempto guerrero mapuche. Un siglo de jaque militar permanente a la naciente estructura colonial condució a la corona española a renunciar en el 1641 a sus intentos de ocupación, y en el Tratado de Quillin hizo el único reconocimiento institucional de fronteras en tierras americanas.
El caballo y la introducción de la ganaderia significaron además de una importante evolución de la economia, su creciente asentamiento en la otra vertiente de los Andes, en la actual pampa argentina.
 

 

De la independencia chilena a la guerra de "pacificación"


 Los cerca de dos siglos que siguieron hasta el fin del imperio español en América supusieron el mantenimiento -siempre conflictivo- de la frontera entre los mapuche y los "wigka" (extranjeros) hecho que continuó en las primeras décadas de los nuevos estados americanos, que asumieron los acuerdos frontereros de la antigua colonia. Y esto fue así hasta que la presión combinada de los terratenientes y de la llamada de nuevos colonos europeos decidió a los gobernantes chilenos y argentinos a unir sus fuerzas el 1860 y desalojar militarmente los mapuche de sus tierras históricas, iniciando una sangrienta guerra de ocupación que se alargó hasta el 1885 en la parte argentina; guerra que, eufemísticamente, feu denominada des de Chile como la "pacificación de la Araucania". La independencia reconocida hasta entonces quedaba definitivamente anulada.

Con la desposesión por la fuerza del territorio, los mapuche se vieron obligados a vivir en espacios reducidos, la reducciones, y a cambiar la ganaderia por la agricultura de subsistencia, inédita en la historia de este pueblo. Con los traslados forzosos primero, y con el inicio de la emigración económica a las ciudades a lo largo del siglo XX, los dos pilares de la civilidad mapuche, la tierra -entendida en un sentido más amplio que el terreno- y las amplias relaciones familiares, quedaron tocadas, y el pueblo mapuche abrió un largo periodo de repliegue y autodefensa de su cultura. Situación que ha durado hasta hoy ante unos gobiernos que, bajo diversas modalidades, han prodigado uno de los discursos y prácticas más nacionalistas de Sudamérica. El indígena, una vez "pacificado", iniciaba el camino de la invisibilidad: el Chile oficial tiene una historia protagonizada solo por europeos y sus descendientes.

 

El "conflicto indígena": problema de Estado

 

A lo largo de los últimos años, a las tradicionales argúcias legales para "comprar" las tierras mapuche con las que ya se vieron reducidos en el fin del siglo XIX, se ha sumó la Ley forestal del régimen pinochetista, que significó la brutal compra subvencionada de miles de Ha. Por parte de multinacionales que han ido substituyendo detrás de la aserradora los tradicionales bosques autóctonos por pinos... y eucaliptus que han empobrecido de forma dramática el suelo y secado muchos acuíferos.

La respuesta en estos últimos tiempos ha sido una continuada dinámica de ocupación de las tierras forestale, que han ido siempre acompañadas de unas brutales actuaciones por parte de la policia militarizada, los carabineros, que nada tienen que envidiar con las represiones efectuadas durante la dictadura; pero a diferencia de aquellos manifestantes chilenos, los mapuche no huyen nunca de la policia, se encaran. Pero lo que conoce la opinión pública no son los legítimos derechos reclamados, sinó una versión interesada de los enfrentamientos, donde siempre los mapuche son los culpables, y la policia las víctimas. Titulares de diario como el de "quince policias heridos y catorze mapuche detenidos", demuestran que la complicidad de los medios de comunicación con los mapuche es casi nula, y muchos de los que existen en los territorios afectados actuan directamente como prensa colonial, criminalizando cualquier reivindicación. ¿Resultado? Se da voz "autorizada" hasta a aquellos que insinuan contactos con el IRA y ETA; y ya tenemos la amenaza exterior de la patria servida en bandeja de plata.

 

La respuesta de las nuevas instituciones surgidas con el fin de la dictadura consistió en la promulgación, en el 1993, de la Ley Indígena, que introducia unas limitadas garanitas en la protección de tierras y aguas, así como la posibilidad de recuperar las que el mismo Estado les habia "concedido" en finalizar la guerra, pero que continua con la visión uniformista del Estado, al negarles la calificación de pueblos -son solo "etnias"- y al reducir sus derechos a un "rol tutelar" de sus culturas y tradiciones por parte de la administración. La aplicación sin demasiadas convicciones de programas de recuperación de tierras, siempre migrados económicamente, han acabado por hacer perder las esperanzas de muchos mapuche en que se produciria un giro copernicano de su situación, y han hecho de las ocupaciones un "tour de force" permanente con el Estado.  

Al conflicto con las empresas forestales se ha sumado dos operaciones de grandes dimensiones que suman aún mas atentados ecologicos en territorio mapuche, pero que han servido también para internacionalizar mas su causa. Producto de la "reconquista" auspiciada por el gobierno español, entidades financieras y grandes monopolios privatizados han desembarcado en Sudamérica, en unos momentos donde los USA no veian nada claro hacer según que inversiones en los procesos acelerados de privatizaciones de su "patio de atrás". Así, mientras Endesa iniciaba sus planes de construcción de represas en la cabezera del Bio Bio -la tradicional frontera norte mapuche- que suponen la inundación de espacios naturales de valor incalculable, en la otra vertiente de los Andes, las extracciones petrolíferas de Repsol estan destruyendo parajes donde viven diversas comunidades mapuche y que incluso ponen en grave riesgo su salud por la contaminación de las aguas.
La superación del discurso defensivo y de estricta reivindicación de tierras para vivir, da uno nuevo que plantea una salidad global al conflicto.
 

¿De la reivindicación de tierras a la autodeterminación?


El viejo sueño del general Pinochet de que era próximo el momento de poder decir "se acabó el problema indígena, ahora somos todos ya chilenos" se encuentra bien lejos de hacerse realidad. Si muchos mapuche se afiliaron a partidos de la oposición -básicamente de izquierdas- y se crearon organizaciones satelizadas, el resultado de los pactos subscritos entre ellos y el futuro primer gobierno democrático, ha traido solo la esmentada Ley Indígena. Ahora, los mapuche mas comprometidos ya no ven los partidos "wigkas" como herramientas válidas, y comienzan a pensar en tener propias.

La exigua representación mapuche en la vida política: algún diputado, seis alcaldes y una quinzena de concejales, puede cambiar mucho en los próximos años si las exitosas experiencias en las organizaciones de base comunal desarrolladas en la última década (cooperativas agrícolas, organizaciones de salud, centros de formación... ) se trasladan a la construcción de una organización política. De hecho, ya hubo un precedente que funcionó, la Corporación Araucana, que obtuvo representación -muy activa- en el Congreso de Valparaíso; y que significó, en la primera mitad del siglo XX, la primera consecución colectiva des de la derrota de la guerra. 

 

El objetivo de conseguir un reconocimiento institucional para el histórico territorio mapuche tiene no solamente graves problemas de cultura política en el interior de las sociedades chilena y argentina, sinó también demográficos: si nos centramos en la vertiente pacífica de los Andes, mas de un 40% de la ciudadania vive emigrada en el área metropolitana de Santiago, y en el territorio histórico -el Wall Mapu- repartido en tres regiones administrativas, no representan ya ni un tercio de la población total. Estrategias socioeconómicas que posibiliten el retorno familiar y el reforzamiento de las estructuras metropolitanas que hagan de palanca "exterior" estan aún en pañales.

En pleno procesos de reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas en toda América, el caso mapuche puede ser uno de los que tome mayor empuje en este periodo marcado por la globalización; un proceso que muestra la importancia creciente del derecho a la diferencia en un mundo cada vez más -formalmente- homogéneo, como garantia de la igualdad personal y la justícia social.
 

Quitar las plumas al indígena


La visión folclórica, ya sea la mitificación del guerrero a caballo o la visión reduccionista de la supuesta "pureza" de la vida campesina de agricultura de subsistencia, ha sido abandonada por unas nuevas generaciones, que ven en estos tópicos casi caricaturescos una de las armas culturales del nacionalismo chileno para asimilarlos. Sin renunciar a nada del pasado, ni de su cosmovisión y espiritualidad ancestral, sino todo lo contrario, grupos de jóvenes, estudiantes y profesionales, han entendido que para avanzar hacia falta pasar de la cultura resistencialista -única posible en otros momentos- per una más abierta y urbana, que diera un nuevo impulso a la construcción del discurso nacional mapuche; una que les permitiera hablar de tu a tu con el estado -y posibilitara un diálogo con la sociedad "wigka" chilena- con el objectivo de conseguir un nuevo modelo institucional, plural y igualitario con las dos principales naciones que componen la república. Este nuevo discurso, que hace frente al paternalismo chileno y a su vez a los purismos estériles de una parte del mundo mapuche, lo resumia gráficamente -medio en broma medio en serio- uno de los responsables del centro de estudios mapuche Liwen: "hay que quitarle las plumas al indio".

 

Hacer comparaciones entre realidades tan diferentes es a menudo temerario, pero constatar allí la desilusión creciente por los escasos resultados de la transición política chilena; la desconfianza con los partidos que la han protagonizado; la búsqueda de nuevas vias para la expresión cultural y cívica y, por que no decirlo, lúdica de la propia condición nacional; la voluntad de intervenir directamente en el diseño político de su futuro sin sentirse solidarios con las hipotecas del pasado; el desacomplejamiento en la reivindicación de los derechos colectivos, superando esquemas nostálgicos... es captar elementos que no nos son nada desconocidos. De hecho, son similares a los ingredientes de la dinamización de la juventud catalana de la segunda mitad de los 80 y que, una vez pasados por la "cocina" que significa el trabajo en equipo, han dado lugar a realidades tan tangibles como la Esquerra Republicana de Catalunya del cambio de siglo.

Ahora, cuando nos encontramos instalados en la segunda gran ofensiva españolizadora del Estado desde la muerte del dictador (Franco) -la primera la sufrimos con el PSOE- produce una sensación algo así como reconfortante el ver que al otro lado del Atlántico los pueblos indígenas de México, Perú, Nicaragua, Panamá, Brasil, Guatemala, Chile... impugna con cada vez mayor fuerza el mito imperial de "los 400 millones".
 
 
 

Revista Esquerra, 04 de abril de 2002

La literatura indígena precolombina

de Adrián Recinos (1886-1962), escritor e historiador guatemalteco.


El presente texto es la Introducción a su traducción de El Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, obra publicada originalmente en México en 1947.

 

Los pueblos del continente americano no se encontraban al tiempo del descubrimiento en el estado de atraso que generalmente se cree. En lo material habían alcanzado un notable grado de adelanto, a pesar de su aislamiento del resto del mundo, como lo demuestran las obras de arquitectura, los caminos de los incas del Perú y de los aztecas de México y los mayas de Yucatán y Guatemala, la organización social y política y las conquistas en el orden intelectual. Los mayas, especialmente, poseían conocimientos exactos de los movimientos de los astros, un calendario perfecto y una sorprendente aptitud para los trabajos literarios y artísticos.

Las guerras de la Conquista fueron sumamente destructoras. La opulenta ciudad de México o Tenochtitlán fue arrasada por los vencedores. La capital de los quichés de Guatemala, llamada Utatlán o Gumarcaah, pereció entre las llamas junto con sus reyes, y sus habitantes fueron reducidos a la esclavitud. No corrieron mejor suerte los documentos pertenecientes a la cultura de los indios que fueron destruidos por los primeros misioneros cristianos para obligarlos a abandonar sus viejas creencias religiosas. Y, sin embargo, esos mismos misioneros, pasado el ardor de la persecución religiosa, se dieron a la fructuosa labor de recoger la tradición indígena y las noticias de sus artes y costumbres, las cuales se han conservado felizmente en las obras de Sahagún, Las Casas, Torquemada y otros escritores.

La existencia de una literatura indígena precolombina en el Continente americano permaneció ignorada hasta el siglo XIX. Si bien los cronistas españoles del período colonial habían incluido en sus obras algunas muestras de la poesía y las oraciones y admoniciones de los indios, su verdadero pensamiento no fue conocido hasta que los modernos investigadores descubrieron los cantos y leyendas que aún se conservan en los diversos países americanos. Entre todos aquellos pueblos se distinguen por su superior calidad las narraciones de los mayas de Yucatán y los quichés y cakchiqueles de Guatemala.

Los primitivos habitantes de esta región del Nuevo Mundo poseían un sistema propio de escritura que las califica de verdaderamente civilizados. Por medio de sus signos y caracteres escribían los datos de su comercio, sus noticias cronológicas, geográficas e históricas. Los mayas, principalmente, desarrollaron una brillante cultura en el sur de México y en el actual territorio de Guatemala, e inventaron una escritura jeroglífica que en parte se ha logrado descifrar. Algunos de los libros escritos por ellos en su sistema gráfico original se conservan felizmente en las bibliotecas europeas.

El historiador Bernal Díaz del Castillo dice que los indios de México tenían "unos librillos de un papel de corteza de árbol que llaman amate, y en ellas hechas sus señales del tiempo e de cosas pasadas". Otros cronistas de aquella época refieren que los antiguos pobladores de estas tierras poseían escritas sus historias, la genealogía y sucesión de sus reyes, los acontecimientos de cada año, la demarcación de sus tierras, las ceremonias y fiestas, sus leyes y ritos religiosos.

Los misioneros españoles que tomaron a su cargo la instrucción religiosa de los indios se preocuparon desde un principio por enseñarles a hablar y leer la lengua castellana, y algunos de ellos aprendieron a escribir usando el alfabeto latino, no sólo para componer las frases del nuevo idioma, sino también para transcribir las palabras y los textos de las lenguas indígenas. El buen sentido con que los naturales se dedicaron a estas disciplinas permitió que se conservaran por escrito las noticias de la antigüedad y el tesoro literario que sólo ellos conocían y que se había estado transmitiendo probablemente en forma oral, de generación en generación.

16 aprile 2002

El Príncipe defiende el derecho a las tradiciones de los pueblos indígenas



El acto de entrega del Premio Bartolomé de las Casas, que este año ha recaído en el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá (Colombia) -que recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1999- y en la Capitanía del Alto y Bajo Isoso de Bolivia, se celebró ayer en la Casa de América de Madrid. El acto fue presidido por el Príncipe deAsturias, quien reivindicó el derecho de los pueblos indígenas a su tradición y a su entorno.

'Este premio', señaló don Felipe, 'nos recuerda año tras año la importancia de las comunidades indígenas y la riqueza de unos pueblos que, con una conciencia viva y permanente de sus orígenes, luchan por mantener sus tradiciones, sus entornos, y así nos recuerdan constantemente la importancia del medio ambiente y del equilibrio ecológico'.


El jurado del Premio Bartolomé de las Casas, otorgado por la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional e Iberoamérica y dotado con cerca de 50.000 euros, decidió, el pasado 23 de octubre, otorgar por unanimidad el premio ex aequo al Instituto Caro y Cuervo, que fue recogido ayer por su director, Ignacio Chaves, y a la Capitanía del Alto y Bajo Isoso, como representante del pueblo guaraní. Recogió el galardón su líder, Bonifacio Barrientos. El jurado destacó del primero su continuada labor de estudio de las lenguas indígenas y su papel de transmisión y pervivencia de las culturas. 

Del segundo alabó su excepcional contribución a la conservación de la biodiversidad y las culturas originarias del Chaco y, en especial, de los pueblos guaraníes y ayoreo.


En ambos casos, el jurado concedió especial importancia a dos maneras de entender el conocimiento y preservación de los pueblos indígenas, así como a la convivencia pacífica y a la cooperación en las naciones iberoamericanas. 

El Príncipe de Asturias señaló ayer 'los méritos de cuantos promueven el conocimiento y el aprecio por las manifestaciones culturales, pasadas y presentes, de los pueblos indios americanos'.
El secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Miguel Ángel Cortés, resaltó que las dos instituciones galardonadas 'cumplen con creces' los objetivos que se plantean para entregar el premio.


El jurado estuvo presidido por Miguel Ángel Cortés y entre los vocales tomaron parte el director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes; el catedrático de Historia de América Mario 
Hernández Sánchez-Barba; el presidente del Comité Español del programa Hombre y Biosfera de la Unesco, Javier Castroviejo; el ganador del premio en su pasada edición, Miguel León Portilla, y el director general de Política Exterior para Iberoamérica, Alberto Carnero.

El Pais,  7 marzo2002

Caribbean: Indigenous Peoples Decry War and Oil 

by  Kintto Lucas    

      

Native peoples from nine countries of Latin America and the Caribbean drew up strategies and issued declarations against the anti-drug Plan Colombia, the Colombian civil war and against petroleum and mining activities on their lands, during a weekend meet in the Ecuadorian     capital.

The indigenous delegates issued a declaration rejecting the implementation of Plan Colombia, the anti-narcotics fight launched by the Andrés Pastrana  government with international assistance, within their lands, "because of its environmental, social, cultural and economic effects, and particularly because it is a violation of human rights."

They also resolved to withhold political recognition of the peace talks currently under way in Colombia because native peoples "are not directly represented" at the negotiating table, despite the fact that they  continually have been victims in the decades- long armed conflict.  

Another resolution of the two-day conference was to demand compensation and reparations from the governments of the Amazon Basin countries and from oil and mining firms "for the environmental, social and cultural  damages caused by petroleum exploitation and mining in indigenous  territories."  

They further demand that those countries standardize and reform their Constitutions to recognize the rights of indigenous peoples and that this process must include their participation.  

The indigenous leaders from the region also called for the demarcation and legalization of their ancestral territories and the creation of a state agency to control the boundaries of these lands.  

The participants in the meeting - from Bolivia, Brazil, Colombia, Ecuador, French Guiana, Guyana, Peru, Suriname and Venezuela - are members of the Coordinating Body for the Indigenous Peoples' Organisations of the Amazon Basin (COICA), which held its annual conference here Saturday and Sunday.

The objective of the gathering was to draw up the Amazon Indigenous Agenda "so that all organizations in the Basin are working from the same perspective and in a coordinated way," said Sebastiao Haji Manchineri, a  Yine native from Brazil and COICA general coordinator.  

"We must have our own agenda, because until now we did not had a concrete  mission as Amazon peoples," Manchineri told IPS.

      

Plan Colombia, oil exploitation and mining "are life-and-death issues for our peoples, issues that are threatening our reality. We must move forward   with joint actions" that favor the sustainable development of the lands,  said the COICA leader.

The coalition of native groups is working to prevent Plan Colombia from  "increasing the militarization of the Amazon Basin," which would harm the local communities and turn the area into a "no-man's land".

Plan Colombia, the Pastrana government's anti-drug initiative that has over a billion dollars in mostly military support from the United States, is considered by many political analysts and civil society representatives as a plan to fight Colombia's guerrilla organizations.

"With the Colombian war, our people do not have anyone to turn to for help in meeting their most urgent needs, and this lack of alternatives is   pushing them into situations of extreme poverty," said Manchineri.  

 

COICA was founded in 1985 to "defend territorial rights, the free determination of indigenous peoples and the continuity of their unique cultures". The organization represents 400 indigenous groups from the  Amazon Basin, or approximately 1.5 million people.

The Association of Sarayaku Indigenous Centres, of the central- eastern  Ecuadorian province of Pastaza, denounced that, since 1998, representatives from major oil companies have been making offers to  indigenous leaders in efforts to divide them and convince them to back down from their refusal to allow oil exploration in their ancestral lands.

Franco Viteri, of the Tayjasaruta-Sarayaku Government Council, stated that these actions by the petroleum companies violate the collective rights  recognized by the Constitution of Ecuador and by the International Labour Organization (ILO) Convention 169.       

The ILO Convention stipulates that before natural resources may be exploited within indigenous territory, the native community that holds rights over the land must be consulted and grant its permission. [...]

    

In February 2001, some 500 indigenous peoples from nearby communities were  threatened and forced to abandon their homes by a commando of right-wing Colombian paramilitaries operating inside Ecuador.

Aguinda pointed to other effects of the Colombian war, saying that a month after the incident with the paramilitaries, three Cofán women died from a strange intoxication, a poisoning the residents attribute to the contamination caused by the aerial fumigation of the illicit coca crops in  the Colombian border area.

The pesticide used in the operations, glyphosate, "is a chemical so powerful that its effects are felt well inside the Ecuadorian side of the border," Aguinda said.

  

The widespread fumigation - part of Plan Colombia - and the clashes between the leftist insurgent Revolutionary Armed Forces of Colombia (FARC) and the right-wing paramilitaries of the United Self-Defence Forces of Colombia (AUC) caused en exodus of the Cofán to Ecuador, where they were received by their fellow native communities in Sucumbíos.

Ten years ago, the Cofán numbered 10,000 between Ecuador and Colombia.

Today, their population has dwindled to less than 3,000.

Plan Colombia is one more reason why the indigenous peoples of the Amazon Basin face extinction. War and petroleum seem to be persecuting us," said COICA leader Manchineri.

 

Inter Press Service - Quito, January 21st 2002

Dall'Ecuador a Porto Alegre: un lungo mese di lotta

 

La manifestazione dei popoli indigeni in apertura del Forum di  Porto Alegre corona un mese di lotte ed iniziative in molti paesi latinoamericani, in particolare in Ecuador, Colombia e nell’Amazzonia brasiliana.  Gli obiettivi  principali rimangono la difesa della terra ed il rifiuto alla militarizzazione ed allo sfruttamento scriteriato dei loro territori. 

Gli indigeni latinoamericani vivono una situazione di oppressione e di costante violenza. Non a caso la conferenza sui popoli indigeni di Porto Alegre è iniziata con l'osservanza di un minuto di silenzio per ricordare i troppi morti indigeni, assassinati nei propri paesi.

Presenti centinaia di rappresentanti indigeni dal Brasile, Perù, Bolivia,  Messico ed Ecuador.

 

Proprio da quest'ultimo paese è arrivata Blanca Chancoso, rappresentante della Conaie, la Confederazione delle nazionalità indigene, che nel suo intervento ha sottolineato che sarà possibile costruire un mondo diverso solo se sarà "inclusivo", se rispetterà tutte le differenze e quindi anche quelle dei popoli indigeni (ma non solo, visto che la guatemalteca Rigoberta Menchù, premio nobel per la Pace si è fatta promotrice della manifestazione"Le voci delle donne contro i fondamentalismi").

Ricordando la crescita dei movimenti indigeni in questi ultimi anni, Blanca Chancoso  ha preso ad esempio il suo paese, l'Ecuador, dove vengono riconosciute le nazionalità indigene e le loro lingue. Ma solo a livello ufficiale, nella prassi la realtà è ben lontana dal riconoscimento degli indigeni "come persone"  e "come popoli", ha aggiunto, riferendosi all'annoso iter alle Nazioni Unite della Dichiarazione dei Popoli Indigeni (v.  Il Decennio e le speranze deluse)
Anche i delegati brasiliani hanno ricordato gli ostacoli continuamente frapposti ai lavori sulla Dichiarazione, a causa delle forti resistenze attuate dagli Stati, che temono di perdere la loro sovranità nazionale, accettando la richiesta dei popoli indigeni di istituire Stati plurinazionali, come ha spiegato Aurivan dos Santos, del popolo Truká. 

 

A questI già gravi motivi di conflitto, in Ecuador si è aggiunta nello scorso gennaio  anche la lotta per il rincaro dei prezzi, che le organizzazioni indigene stanno conducendo insieme ad altre organizzazioni popolari.

Secondo Pablo de la Vega, coordinatore del Centro per i diritti umani Segundo Montes Mozo S. J., l’Ecuador ha sofferto negli ultimi anni un drastico impoverimento, a causa della peggiore regressione economica che ha colpito la regione andina negli ultimi 100 anni.

In una situazione di forte e sempre crescente disuguaglianza e polarizzazione sociale, gli indigeni si trovano nella situazione peggiore. Suddivisi in 28 nazionalità, rappresentano circa il 40% dell’intera popolazione ma possiedono solo il 6% delle terre coltivabili e dei mezzi di produzione. Il loro reddito giornaliero si aggira su una media di 2 dollari al giorno.

 

Le proteste popolari dei primi giorni di gennaio contro il rincaro del combustibile hanno causato l’uccisione da parte della polizia di un giovane ed il ferimento di altri quattro. Immediata la risposta dei movimenti indigeni della Sierra e della Selva:  Conaie, Ecuarunari, Feine, Fenocin e  Seguro Campesino.

La Conaie si è successivamente riunita a Cuenca in un clima teso di protesta e di volontà a non tollerare ulteriori violenze e sopprusi: il suo presidente, Leonidas Iza, dopo avere avvertito il governo che la sua organizzazione non permetterà più violenze ed aggressioni, pronta anche ad “un intervento forte”, ha evidenziato l’importanza del Parlamento dei  Popoli. 

Questa istanza, presieduta da monsignor Alberto Luna Tobar, già arcivescovo di Cuenca, è sede di incontro e discussione di tutti i soggetti sociali normalmente esclusi dalle decisioni politiche che li riguardano. Iza ha lanciato un appello a tutto il popolo ecuadoriano affinché continui a partecipare  a quelle istanze che nel gennaio del 2000, lottando contro la corruzione politica,  furono le protagoniste della caduta dell’allora presidente Jamil Mahuad. 

Obiettivo dell’azione del Parlamento dei  Popoli dovrebbe essere, secondo Leonidas Iza, la lotta alle imposizioni economiche, alle privatizzazioni ed alla corruzione ancora presente nel governo.

 

Molte le iniziative e le mobilitazioni in tutto l’Ecuador, dove la crisi economica rende ancora più difficile la vita del 70% della popolazione che sopravvive in condizione di miseria. Ciò nonostante il Fondo Monetario ha suggerito ulteriori tagli alla spesa sociale (o quello che ne resta) e di procedere ad una più spinta privatizzazione.

Il 21 gennaio, anniversario della destituzione di Jamil Mahuad migliaia di persone, tra le quali una folta delegazione indigena, hanno marciato verso la sede del governo. Alla testa del corteo il  colonnello Lucio Gutierrez, uno dei leader del levantamiento del 2000. Una delegazione della Conaie è stata ricevuta dal presidente Noboa, cui ha consegnato un dossier, stilato durante la riunione del  Parlamento dei Popoli tenutasi alcuni giorni prima, e contenente  richieste e  proposte per la riforma tributaria, la riattivazione dell’economia, il recupero delle risorse finanziarie cadute in mano a banchieri corrotti, la rinegoziazione del debito estero, un progetto per  l’uscita dalla dollarizzazione e la riforma in senso più democratico del sistema elettorale.

 “Se non verremo ascoltati, ritorneremo alla mobilitazione nazionale",  ha  minacciato il presidente della Conaie.

 

A fine gennaio il  Movimento Pachacutik, espressione politica della Conaie,  che conta 5 deputati, 30 sindaci e 5  presidenti  regionali, ha raggiunto due importanti obiettivi. Ha indicato come proprio candidato alle prossime elezioni di settembre il giovane  economista Auki Tituaña, 38enne sindaco di Cotacachi, vice-presidente dell'Associazione dei comuni dell'Ecuador e uno dei negoziatori col governo durante l'insurrezione indigena del gennaio 2001, ed ha presentato

al Congresso nazionale  le proposte  di legge sulle nazionalità indigene e sulla amministrazione della giustizia indigena.

 

[Mariella Moresco Fornasier]

 

4 febbraio 2002

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