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di Mariella Moresco Fornasier

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El Día Nacional de la Floresta Atlántica   (3 giugno 2003)

Legislación brasileña no consigue impedir la biopirataría    (3 giugno 2003)

 

 

 

mondocaraibi@yahoo.it

  El Día Nacional de la Floresta Atlántica


La Floresta Atlántica abarca alrededor de 456 espacios verdes, irregularmente distribuidas por la costa atlántica brasileña, entre Rio Grande do Sul (municipio de Torres) y Rio Grande do Norte, que componen la Floresta Atlántica de la actualidad. Hoy solamente existe 7% de la floresta original que antes cubría alrededor de 100 millones de hectáreas. Pero lo que quedó (1.5 millones de kilómetros) todavía equivale al territorio de Francia y España juntas. Esas manchas verdes están extendidas por casi toda la costa brasileña.


La mata atlántica es considerada el santuario ecológico más generoso de la tierra y corresponde a uno de los ecosistemas más amenazados del mundo. Reúne 15% de todas las formas de vida animal y vegetal del mundo. El número de especies de aves –más de 650 identificadas hasta hoy-, es mayor que el número catalogado en toda Europa.
En la floresta existen 171 de las 202 especies de animales brasileños están amenazados de extinción.


La Floresta Atlántica es una formación vegetal perenne (siempre verde), densa (con muchos árboles por metro cuadrado) y heterogenia (con muchas especies vegetales distintas). La misma tiene 0.62% de áreas protegidas por Parques Nacionales.
Últimamente la Floresta Atlántica ha sido degradada través de muchas amenazas de las cuales podemos nombrar: explosión demográfica en su región; explotación predatoria de madera; extracción irregular de palmito; especulación inmobiliaria; falta de políticas públicas ambientales concretas y falta de conciencia ambiental de la población.


En febrero de 1993 un nuevo decreto reglamentó la explotación de la Floresta Atlántica aumentando el área de dimensión de la floresta a ser preservada lo que antes era restricta a la franja costeña.

 

 

Adital/Ambiente Brasil , 27.mayo/2003

Legislación brasileña no consigue impedir la

biopirataría

 

(v.Organizaciones de Amazonía protestan contra patente del cupuaçu )



Andiroba, copaíba, ayahuasca, curare, açaí y muchos otros productos y derivados de la flora y de especies de la fauna brasileña ya tienen marcas y patentes registradas en el extranjero. Desde el descubrimiento del país, cuando los portugueses se apropiaron del secreto de la extracción del pigmento rojo del Pau Brasil, miles de especies nativas son contrabandeadas y registradas en otros países.

El registro comercial de recursos naturales prospera porque no existe legislación internacional que prohíba tal actividad.  o el conocimiento tradicional, pero sí a quienes desarrollan nuevas tecnologías. En la mayoría de los casos, los países requieren la patente apenas de los productos producidos a partir de determinadas sustancias extraídas de plantas o animales. También existen casos de patentes de plantas.

La reciente tentativa japonesa de obtener la patente del cupuaçú de la Amazonía es apenas uno capítulo más de la larga historia de biopirataría en territorio nacional. La diferencia es que, de esta vez, la movilización de la opinión pública brasileña podrá impedir que el facto sea concretizado.

El registro comercial del cupuaçú por la empresa Asahi Foods es contestado en la justicia japonesa por organizaciones brasileñas y debe llevar hasta un año para ir a juicio. El argumento de defensa es muy simple: cupuaçú es el nombre de una planta indígena que caracteriza la propia fruta y, como tal, no se puede tornar una marca registrada.

La biopirataría no es apenas contrabandear diversas formas de vida de la flora y de la fauna, es también una actividad altamente rentable, que mueve billones de dólares e incluye la apropiación y monopolización de conocimientos de las poblaciones tradicionales en el que se refiere al uso de los recursos naturales. Brasil, a ejemplo de gran parte de los países en desarrollo, todavía no dispone de un sistema de protección legal de los derechos de propiedad intelectual de comunidades tradicionales.

El país detiene 23% de la biodiversidad del planeta, pero es presa fácil para la codicia internacional. Según cálculos del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea), el patrimonio genético nacional tiene un valor potencial estimado de US$ 2 trillones. Son miles de plantas, frutas, mamíferos, peces, anfibios e insectos, muchos de ellos aún no descritos por la ciencia.

Se calcula que, anualmente, cerca de 38 millones de animales silvestres pasan las fronteras ilegalmente, sendo que gran parte de este total es llevada para fines de biopirataría, como es el caso de las serpientes, cuyos venenos son pesquisados para servir de principios activos en el fabrico de medicinas.

En Brasil, la biodiversidad y los conocimientos tradicionales son protegidos por la Medida Provisoria 2.186 de 2001, que condiciona el acceso a recursos naturales la autorización del Estado y prevé la repartición de beneficios, en caso de uso y comercialización. Otros tantos proyectos de ley sobre el asunto también tramitan en el Congreso Nacional, entre ellos el da senadora y actual ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, que establece las condiciones para autorización de acceso a recursos genéticos nacionales.

 

Adital/Ambiente Brasil/Agência Brasil 27.mayo/2003

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