El tráfico
ilegal de animales y sus consecuencias
Christian Sellés
- Periodista - Agencia de Información
Solidaria
Centenares de especies animales se encuentran en la actualidad en serio
peligro de extinción. Mamíferos, aves y primates son los principales
perjudicados. Las razones básicamente son tres: la caza, la captura y la
introducción de especies no autóctonas. Ninguna de estas acciones es
natural, todas son ejecutadas por la violenta mano del hombre. En muchas
ocasiones el destino final de estas actividades es el tráfico ilegal de
animales.
Tras las drogas y las armas, el comercio ilícito de animales es la
tercera actividad de delincuencia en el mundo en movimientos de dinero.
Las Naciones Unidas cifran entre 5.000 y 10.000 los millones de dólares
que este tipo de negocio mueve al año. Sólo en Brasil se estima en 12
millones el número de animales víctimas del contrabando de especies.
Los principales destinatarios normalmente son coleccionistas de animales
exóticos, zoológicos caracterizados por la paradoja de mostrar la vida
salvaje en cautividad y ricos caprichosos que quieren poseer abrigos de
pieles o colmillos de marfil adornando sus casas.
En 1973 se firmó el primer tratado internacional en contra de esta práctica.
La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de
Fauna y Flora Silvestres ha sido ratificada por 123 países. Pero desde
entonces las medidas tomadas han sido insuficientes y las penas a los
detenidos ínfimas.
A pesar de que en 1990 se prohibió la caza en todo el continente africano
del elefante, al año se matan 70.000 ejemplares, con un comercio cercano
a las mil toneladas de marfil. Caso similar es el del rinoceronte, tanto
blanco como negro, que ve como se reduce su número por el comercio de su
cuerno al que se le considera afrodisíaco.
En México uno de cada cinco cargamentos de exportación de flora o fauna
inspeccionados por el departamento de aduanas es ilegal. Desde 1995 se han
encontrado más de 70.000 ejemplares de animales exóticos cuyo comercio
ha sido prohibido. Los traficantes de especies falsifican documentos
oficiales, pagan sobornos y hasta llegan a hacer declaraciones aduaneras
fraudulentas. Todo vale.
Existe una clara división entre los países que participan en estos
negocios. Hay una serie de países exportadores, principalmente de América
Latina y África y una serie de compradores, normalmente pertenecientes a
América del Norte, Europa y Asia. Un coleccionista chino es capaz de
pagar hasta 3.000 dólares por un cuadro de alas de mariposa.
Brasil, el país con mayor biodiversidad del mundo, es el más perjudicado
con estas actividades. Un 20% del total de animales con los que se trafica
provienen de allí. El 20 de julio de 2001 tuvo lugar en Brasilia la
Conferencia sobre el Comercio Ilegal de la Fauna Silvestre. El arare azul
de lear es el ave brasileña más amenazada. Uno de los pájaros más
bellos con una viveza de colores sin igual que llega a alcanzar un precio
de hasta 60.000 dólares. Por un tucán brasileño se pagan 7.000 dólares
en Estados Unidos.
Se estima que sólo uno de cada diez animales con los que se comercializa
llega al destino final. Las condiciones de transporte son aterradoras;
escondidos para no ser descubiertos estos animales apenas pueden respirar.
Las empresas farmacéuticas también contribuyen a acabar con las especies
amenazadas. Por unos pocos centavos de dólar adquieren todo tipo de
animales para investigar, ya sea como "conejillos de indias" o
como fuente de materias primas. Esta biopiratería disfrazada como
investigación científica tiene su ejemplo en Marc von Roosmalen. En
julio de 2002 fue apresado en Manaos con cuatro monos ilegales tras dieciséis
años de investigador del Instituto Nacional de Pesquisas de la Amazonia.
La clave para acabar con estas atrocidades reside en la educación. Hay
que inculcar a las personas que la naturaleza es una fuente de riqueza de
todos. No se pueden enriquecer unos pocos de ella y agotar todos sus
recursos mediante la violación de leyes y normativas. Los animales no están
a disposición de los seres humanos sin más. El consumo debe ser
exclusivamente el necesario, ya que con control, todos los recursos
naturales son renovables. La herencia natural es algo de lo que debemos
sentirnos orgullosos y debemos tener la opción de contemplarla, no de
recordarla.
Adital
- 24.julio/2003
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