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Afroamerica

 

 

bandiera ideata nel 1917 da Marcus Garvey

per il rientro nella "nuova patria" africana dei neri americani 

 
La divulgación de la historia de la trata de esclavos

 

La divulgación es un método que ha sido mal visto durante mucho tiempo por ciertos profesores universitarios occidentales, que se resistían en su mayoría a sacar la ciencia a la calle. Esta debía quedar reservada a una minoría que tenía su propia jerga.

Ibrahima Baba Kake  

De nacionalidad guineana, reconocido historiador que dirigió dos importantes ediciones sobre Historia de Africa. Fue también profesor en la Soborna, en París.

 

Los profesores africanos, como buenos discípulos, adoptaron evidentemente la misma actitud con respecto a la divulgación.

Afortunadamente, mucho ha cambiado desde entonces. En la actualidad, numerosos son los estudiosos que entienden la necesidad de comunicar sus conocimientos al gran público. Además, ¿de que podría servir una ciencia hermética y absolutamente confidencial?

Nada menos atrayente que una ciencia envuelta en un lenguaje esotérico. Los investigadores deben dirigirse de modo prioritario a los no-iniciados.

Divulgar el tema de la trata de esclavos me parece una decisión muy acertada pues es, sin ninguna duda, el capítulo más importante de toda la historia de Africa y, curiosamente, el menos conocido por el gran público, e incluso, por los intelectuales africanos.

Capítulo importante, en primer lugar, por la duración excepcional del fenómeno, no inferior a dos mil años, si se tiene en cuenta el período antiguo; y en segundo, por sus repercusiones político- económicas y socioculturales para el continente africano.

Sin embargo, no faltan documentos sobre la trata de esclavos y una vida entera no alcanzaría para inventariar todos los archivos referentes a ella que están ocultos en las bibliotecas europeas, americanas, asiáticas y en la memoria de los pueblos africanos.

Además, existen centenares de miles de títulos sobre la trata que seria conveniente evaluar. Pero no es necesaria toda esta documentación para hacer entender a los pueblos de Africa la tragedia que supuso la trata para el continente.

Existen hoy muy buenos trabajos de síntesis que deberían difundirse a gran escala. Esto nos parece tanto más necesario por cuanto los historiadores revisionistas se han interesado estos últimos años en la historia de la trata negrera, minimizando su alcance, tanto en su importancia numérica como en sus consecuencias.

Así, el historiador estadounidense Philip D. Curtin, uno de los más grandes especialistas en la trata transatlántica, no duda en afirmar:

'Es posible e incluso probable que el crecimiento demográfico que se produjo como consecuencia de la introducción de nuevos cultivos haya compensado las pérdidas sufridas por la trata de esclavos, por lo que el efecto demográfico neto de las migraciones transatlánticas fue un aumento y no un descenso de población.'

Ahora bien, los historiadores saben que la trata de esclavos, con las enfermedades que propagaba y las guerras civiles que provocaba, fue la causa primera del retroceso demográfico de la población de Africa: la sangría humana en dirección al Nuevo Mundo desde los puertos occidentales ascendía a 100 mil e incluso 150 mil en el siglo XVIII.

Del mismo modo, los historiadores revisionistas siembran conscientemente la confusión en las conciencias al atribuir toda la responsabilidad de la trata de esclavos a los reyes y príncipes africanos que vendieron a sus hermanos por codicia, dejando así libres de culpa a los negreros europeos.

Pero, si bien está demostrado que una cierta minoría, deseosa de salvaguardar sus intereses, hizo causa común con el invasor, como ha ocurrido desgraciadamente en todos los países y en todas las épocas, no es menos cierto que los africanos, empezando por muchos de sus jefes, lucharon contra los negreros europeos y árabes.

Citaremos la lucha desesperada, en el siglo XVI, contra los negreros portugueses, del rey Alfonso I del Congo, cuyas cartas de protesta dirigidas al rey de Portugal y al Papa se conservan en los archivos de Lisboa y del Vaticano.

La lucha llevada a cabo por Soundjata, fundador del imperio de Malí, contra la institución de la esclavitud; en el imperio Songhay, la famosa fatua (sentencia) de Ahmed Baba, el gran sabio de Tombuctú, en la que rechaza la idea de la maldición de Cham, antepasado de los negros, y condena la trata transhariana practicada por los magrebíes; o también la negativa de Chaka a abrir el país zulú, que estaba a su cargo, a los traficantes de esclavos.

No solamente es escandaloso, sino totalmente absurdo hacer responsables a los jefes africanos y exculpar a los negreros europeos y árabes.

Por otro lado, ¿no pidió el Papa, en su visita a Gorea en 1990, solemnemente a Africa el perdón para Occidente por el holocausto de los pueblos africanos debido a la trata de esclavos? ¿Acaso no debe Occidente una reparación a Africa por la trata de esclavos y la colonización?

Un principio de respuesta lo da, al principio de la década de 1950 el célebre médico de Lambarén, Albert Schweitzer, en su obra A l oré de la forét vierge:

¿Cómo han actuado los Blancos de todas las naciones con respecto a los indígenas a raíz del descubrimiento de tierras nuevas?

¿Qué significa el mero hecho de que, donde quiera que llegaran los Europeos, adornándose con el nombre de Jesús, desaparecieran tantos pueblos? (.) ¿Quién podrá descubrir las injusticias y crueldades cometidas a lo largo de los siglos por los pueblos de Europa?

¿Quién podrá jamás evaluar los daños causados por el aguardiente y las enfermedades que les llevamos? (.) Una deuda pesa sobre nosotros. El bien que les hacemos es un acto no de caridad, sino de reparación y cuando hayamos hecho todo el bien que esté en nuestra mano, solo habremos reparado una mínima parte de las faltas cometidas.

En 1993, el nigeriano Mosshood Olawale Abiola pedía que se indemnizara a los pueblos negros por los daños sufridos por el continente como consecuencia de la trata.

El historiador Ali A. Mazrui abunda en el mismo sentido: 'El Estado de Israel no existía todavía cuando los nazis perpetraron sus crímenes contra los judíos; sin embargo, el Estado de Israel es beneficiario de las indemnizaciones pagadas por la República Federal Alemana por el holocausto. Doce años de infierno para los judíos frente a varios siglos de esclavitud para los negros.'

Del mismo modo, hacia finales de la década de 1980, la mayoría de los estadounidenses creían que se debía indemnizar a los estadounidenses supervivientes de origen japonés que fueron encerrados en campos de concentración durante la segunda guerra mundial por decisión del gobierno de Roosevelt que temía que se movilizaran a favor del Japón. (También en este caso se trata de años de injusticia -siete en total- frente a varios siglos de esclavitud para los negros).

Las reparaciones debidas a Africa no se fundamentan en la culpabilidad de Occidente, sino en su responsabilidad por haber perpetuado, después de la abolición de la esclavitud, el racismo hereditario de generación en generación. Por lo tanto, el objetivo es sensibilizar a los Blancos en la necesidad de transmitir el capital moral de padres a hijos.

Hay quien cree que Africa debería olvidar los sufrimientos del pasado -la esclavitud y la colonización- y mirar hacia el futuro. Pero quien así piensa olvida que los daños causados por la esclavitud y la colonización son perceptibles aquí y ahora.

Esta es la razón por la cual la divulgación de la historia de la trata de esclavos es de un interés capital para los africanos y para los supervivientes de la gran travesía, los africanos de la diáspora dispersados por el mundo.

Lo que hay que hacer primero y ante todo es hacerles cobrar conciencia del alcance de este fenómeno que fue el tráfico de esclavos y sus consecuencias en la evolución del continente.

Hay que difundir lo más posible entre el público los resultados de los trabajos de los investigadores especializados -historiadores, economistas, sociólogos, entre otros- a través de todos los medios de comunicación existentes, sin excepción.

En la escuela y en la universidad, la historia de la trata negrera debería figurar obligatoriamente en todos los programas de enseñanza y de examen, y en todos los niveles de estudio. Además, los estudiantes de licenciatura o maestría deberían presentar estudios monográficos sobre algún aspecto de la trata.

Sería muy útil que distintos especialistas en la materia confeccionaran publicaciones dirigidas al público escolar (manuales) o a un público más amplio (ensayo).

Los documentos audiovisuales (especialmente las diapositivas) son muy importantes para enriquecer las clases y las conferencias sobre el tráfico de esclavos dirigidas a un público no-escolar.

Los cineastas africanos, asesorados por especialistas en este tema, deberían realizar películas de corto y largo metraje, que fueran proyectadas con regularidad en los cines y en las escuelas.

Recordemos el extraordinario éxito alcanzado por el folletín americano sacado del libro de Alex Haley, Roots, que contribuyó a hacer entender a los americanos, blancos y negros, la tragedia del pueblo negro en la época de la trata.

Sería conveniente que un equipo interdisciplinario formado por geógrafos, historiadores, economistas, entre otros, elaborara un atlas general de la trata de esclavos y que este estuviera presente en todas las bibliotecas de todos los intelectuales, decidores y demás responsables de la gestión política de los Estados africanos.

Se deberían organizar con frecuencia exposiciones sobre la trata de esclavos, tomando como modelo la que organizó la ciudad de Nantes en 1993 'Los eslabones de la memoria', que traten de los mecanismos de la trata, las condiciones de viaje de los esclavos, las rutas marítimas y terrestres, las sublevaciones, el trato recibido en los países de acogida, entre otros.

La realización de estas exposiciones requiere una gran documentación iconográfica que existe sobre todo en las bibliotecas europeas y americanas. Ciertos documentos más significativos, por ejemplo los retratos de esclavos famosos, podrían servir para postales y sellos, lo que constituiría un medio de difusión y divulgación de gran eficacia.

También se podría elaborar un inventario de los antiguos mercados de esclavos, tanto en el litoral como en el interior del continente, y restaurar algunos lugares para el recuerdo, como Gorea. Igualmente, poner a las plazas y calles principales de las ciudades los nombres de los dirigentes de las sublevaciones de esclavos, como Toussaint Louverture, Nat Turner, Karnou, entre otros.

Se podría instituir un premio cada dos años para recompensar al autor o a la institución que más contribuya al conocimiento de la historia de la trata de esclavos. Igualmente, establecer un concurso en los colegios e institutos sobre este mismo tema, destinado a los alumnos de los últimos cursos de bachillerato.

A los autores de los 10 mejores trabajos se les podría premiar con una beca de viaje a las Antillas o a América.

La realización de estas diferentes propuestas dependerán de la decisión y voluntad política de los gobiernos africanos pues, como es sabido, la trata de esclavos es la Shoa de los pueblos negros. A imitación del pueblo judío, el pueblo negro tiene el deber imperioso de no ocultar su pasado, pues el olvido constituiría otro crimen contra la humanidad.

No lo olvidemos, la memoria es la garantía del futuro. Solo por esto, merece la pena conservarla.


www.argenpress.info   29/12/2003

 

 

Latinoamerica-online 

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