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Chiese e religioni "lo real es lo que no se ve"
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La muerte del cardenal Aramburu y el compromiso de Ernesto Cardenal -
Cristianos
Carlos del Frade (especial para Argenpress.info)
'La revolución es la puesta en práctica del Evangelio; y es, sobre todas las cosas, una cuestión de amor' y 'el comunismo es Dios en la Tierra', fueron algunos de los conceptos que dejó Ernesto Cardenal en su paso por los dos congresos sobre las lenguas que se hicieron en Rosario. Cristiano comprometido con la historia de su pueblo, Cardenal expresó la síntesis de una manera de pensar la religión como una herramienta de cambio y no como mera política de resignación. Ese mismo día en que el nicaragüense ratificaba una corriente del pensamiento cristiano, moría en Buenos Aires el cardenal Juan Carlos Aramburu, quien durante veintidós años fue arzobispo de la capital argentina. Su rol durante la historia reciente del país forma parte de una crónica que tuvo su mayor nivel de debate hace nueve años atrás, cuando la Conferencia Episcopal Argentina amagó con decir qué hizo antes, durante y después del terrorismo de estado. Cardenal y Aramburu, en las formas, son parte de la misma institución pero en los dichos y en los hechos caminan por senderos diferentes. ¿Cuál será la posición de los millones de cristianos que habitan estos atribulados arrabales del sur?. El exilio de Cristo 'La noche previa al pronunciamiento, dos de los jefes de la conspiración 'el general Jorge Rafael Videla y el almirante Emilio Massera' se reunieron con las cabezas del Episcopado en la sede del mismo, Paraguay 1867 de la Capital Federal. El mismo 24 de marzo los tres integrantes de la junta militar mantuvieron una larga sesión con el vicario castrense, según informa el diario La Nación del día siguiente. Al salir de esa entrevista Totolo expresó que si bien 'la Iglesia tiene su misión específica...hay circunstancias en las cuales no puede dejar de participar aun cuando se trate de problemas que hacen el orden específico del Estado'. Instó a 'cooperar positivamente' con el nuevo gobierno. La opción política en reemplazo de la misión evangélica está claramente expuesta... Tortolo era arzobispo de Paraná, vicario de las Fuerzas Armadas y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina', de 'Iglesia y Dictadura', de Emilio Mignone, 1986. Breve crónica de la rebelión del pasado El viernes 3 de marzo de 1995, las revelaciones del capitán de corbeta Adolfo Scilingo conmovieron a la sociedad argentina. El ex jefe de automotores de la Escuela de Mecánica de la Armada denunció por encubrimiento al jefe de Estado Mayor de la Armada, almirante Enrique Molina Pico, ante la justicia. Le exigió que 'informara a la ciudadanía y en especial a los señores senadores, cuáles fueron los métodos que la superioridad ordenó emplear para detener, interrogar y eliminar al enemigo durante la guerra contra la subversión y, en caso de existir, el listado de los mal llamados desparecidos'. La causa quedó radicada en el juzgado correccional número 2 de la Capital Federal, a cargo de la doctora Mónica Nidia Atucha. El contenido de la denuncia se convirtió en un quiebre de los pactos de silencio que se habían dado las fuerzas armadas hacia adentro con la complicidad de otros sectores políticos y sociales, entre ellos la cúpula jerárquica de la Iglesia Católica Argentina, con muy pocas excepciones. La serie de notas realizadas por el periodista Horacio Verbitsky, publicadas en el libro 'El Vuelo' y en el diario 'Página/12', relataban la metodología de exterminio de la ESMA. 'El médico naval les aplicaba un calmante poderosísimo. Quedaban dormidos. Se los desvestía y, cuando el comandante del avión daba la orden, se abría la portezuela y se los arrojaba al mar uno por uno. En un vuelo resbalé y casi me caigo por la portezuela abierta', dijo Adolfo Scilingo. 'El Comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Luis María Mendía, dijo en el cine de la base que los subversivos que fuesen condenados a muerte o que decidiese eliminarlos iban a volar, y así como hay personas que tienen problemas, algunos no iban a llegar a destino. Y dijo que se había consultado con las autoridades eclesiásticas para buscar que fuese una forma cristiana y poco violenta', explicó Scilingo. Verbitsky apuntó que 'al regresar de los vuelos, los capellanes confortaban a los oficiales con citas de los evangelios sobre la necesaria separación del yuyo del trigal, agregó'. Las declaraciones de Scilingo descubrieron el pacto de silencio entre la connivencia de las jerarquías católica y del partido militar durante la dictadura. Políticos, dirigentes y eclesiásticos se sintieron aludidos y la sociedad argentina, vastamente instruida en el ejercicio del olvido impuesto, demostró que la verdad todavía no está dicha ni asumida, más allá de la obediencia debida, el punto final, los indultos y el juicio a la Junta Militar. El pasado no quedaba atrás, sino que estaba en el presente, en las preguntas sin respuestas que surgen de la actualidad. El ex presidente de la Nación, Carlos Menem, reaccionó calificando a Scilingo de fascineroso y Molina Pico dijo que el capitán había perdido 'sus virtudes de militar y caballero'. El hasta ese momento obispo de Viedma, Miguel Esteban Hesayne, señaló que 'si esa autoridad ecelsiástica ha respondido de esta manera, de haber sido así, ha sido una traición al Evangelio. Dado que la Iglesia es la Iglesia de los hombres pecadores, pudo haber sido. Es factible, pero traicionando el evangelio'. Para el conocido y mediático obispo de Morón, Justo Laguna, Scilingo 'no dice nada que no supiéramos'. Agregó que 'si algún eclesiástico alentó estas cosas, cometía ciertamente un gravísimo pecado contra la más clara doctrina católica'. Luego Laguna justificó a la cúpula, diciendo que 'cuando se publiquen las actas episcopales van a descubrir que la Iglesia no estaba callada, sino que decía cosas con una claridad meridiana'. Esa supuesta 'claridad meridiana' alcanzó a muy pocos. Algunos que se jugaron por la suerte de los desaparecidos ocupando cargos importantes como Carlos Ponce de León, obispo de San Nicolás, y Eduardo Vicente Zazpe, arzobispo de Santa Fe, terminarían amenazados y luego muertos en hechos nada naturales. Los otros, como Novak, De Nevares y Hesayne, no pudieron revertir los pactos de silencio celebrados entre las jerarquías del partido militar y la iglesia. Los documentos que nombran la cuestión de los desaparecidos no fueron difundidos como era lógico prever en los medios de comunicación. Las homilías fueron el único espacio público de comunicación en la que los obispos nombrados denunciaron la violencia del planificado y elaborado terrorismo de Estado. Dicho terrorismo de estado fue la necesaria justificación y herramienta política para la concentración económica que hoy se observa, se vive y se sufre en la Argentina. Por aquellos días, el 4 de marzo de 1995, Osvaldo Bayer escribió 'Los ejecutores y los ganadores', donde se preguntaba 'quiénes estuvieron detrás del golpe de Videla, quiénes se enriquecieron, adónde fue a parar la deuda externa, qué papel jugó Cavallo, justamente quien más metió los dedos en la cuestión de la deuda externa. Los Menéndez, los Camps, los Suárez Mason fueron sólo vergudos visibles de todo un sistema de corrupción y crimen que los estudiosos de nuestras universidades deben dejar esclarecido definitivamente, en especial sobre los verdaderos ganadores de todo ese sistema de crimen e impunidad'. El presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales, Emilio Mignone aclaró que 'fue monseñor Tortolo el que los asesoró de esta manera (a los marinos que tiraban detenidos desparecidos al río de la Plata). Lo se por allegados a él, a quienes les contó acerca de sus recomendaciones sobre cómo deshacerse de los prisioneros de la manera más cristiana. Tortolo defendió en la Conferencia Episcopal la legitimidad de la tortura, y actuó con una actitud antievangélica, él y otros obispos, y dejaron de ser cristianos. Todo esto revela una deformación moral impresionante', dijo el autor de 'Iglesia y Dictadura'. El miércoles 8 de marzo de 1995, los diarios de todo el país reflejaron la posición de la Conferencia Episcopal con respecto a los jinetes rebeldes del pasado que aparecieron en las palabras del capitán Adolfo Scilingo. El vicepresidente de la CEA, monseñor Emilio Bianchi Di Cárcano, aseguró que 'no se puede aceptar que la vida humana sea suprimida de esta manera. Es algo que no tiene ningún asidero moral ni legal. Es un procedimiento que nosotros no podemos aprobar y por eso en su momento pedimos al gobierno (de la dictadura) que aclarara esta situación'. Recordó una carta enviada el 15 de mayo de 1976 en la que los obispos decían que 'el bien común y los derechos humanos son permanentes, inalienables y valen en todo tiempoespacio concreto, sin que ninguna emergencia, por aguda que sea, autorice a ignorarlos'. Di Cárcano dijo que 'el tema no estaba previsto en la agenda pero los obispos no somos tontos, no estamos fuera de la realidad y sabíamos que teníamos que elaborar una respuesta' por las declaraciones de Scilingo. En la misma jornada del martes 7 de marzo, una delegación de Madres de Plaza de Mayo, con Hebe de Bonafini a la cabeza, presentaron una carta a la CEA, en la que afirmaban que 'alarmadas pero no sorprendidas por la actuación directa en los crímenes contra nuestros queridos hijos por miembros de vuestra Iglesia', denunciaban que 'la cúpula de la Iglesia argentina y algunos de sus sacerdotes hicieron del silencio complicidad frente a las desapariciones de nuestros 30 mil hijos'. Di Cárcano repitió a los medios de comunicación:'nosotros estamos en condiciones de afirmar con toda certeza que el episcopado argentino jamás fue consultado sobre un modo semejante de suprimir gente o cosas por el estilo. Nunca las Fuerzas Armadas o el Gobierno consultaron al Episcopado, ni se manifestó ningún deseo para involucrarnos en ese asunto'. Ese mismo día, el teólogo Rubén Dri daba a conocer su análisis sobre la cuestión: 'la iglesia católica es una institución jerárquica en la cual no es concebible el comportamiento de los capellanes militares denunciado por Scilingo sino como cumplimiento de la misión encomendada por sus superiores. En este caso, por el entonces vicario de las FFAA, monseñor Adolfo Tortolo. El entonces presidente de la CEA, teólogo de la mística del soldado cristiano era el impulsor de la legitimación evangélica de la desaparición de personas. El actual presidente de la misma conferencia Antonio Quarracino fue y es entusiasta propulsor del olvido y del perdón. Ello significa que la jerarquía eclesiástica está comprometida profundamente en el atroz genocidio perpetrado por la dictadura militar. No pueden los obispos disculparse diciendo que se trataba de casos aislados. Así es evidente un comportamiento de obediencia debida como en el caso de los militares'. Dri agregó que 'por otro lado está en total acuerdo con la concepción que tenía el entonces nuncio Pío Laghi, luego promovido a la Nunciatura de Estados Unidos y finalmente al cardenalato en el Vaticano. Efectivamente, decía el ilustre nuncio, en las tierras del genocida Bussi: 'el país tiene una ideología tradicional y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño, la nación reacciona como un organismo con anticuerpos frente a los gérmenes, generándose así la violencia. En este caso habrá que respetarse el derecho hasta donde se pueda'. Y continuaba entusiasmado el nuncio de Su Santidad:'los valores cristianos están amenazados por la agresión de una ideología que es rechazada por el pueblo. Por eso cada uno tiene su cuota de responsabilidad, la Iglesia y las Fuerzas Armadas; la primera está inserta en el proceso y acompaña a la segunda, no solamente con sus oraciones, sino con acciones en defensa de los derechos humanos y de la patria'. Terminaba diciendo Dri que 'Pío Laghi, Adolofo Tortolo, Antonio Quarracino, autoridades eclesiásticas de máximo nivel. Lo dicho por Scilingo sobre el comportamiento de los capellanes militares están plenamente de acuerdo con el pensamiento de tales autoridades. Como cristianos creemos en el mensaje liberador de Jesús de Nazareth y adherimos fervorosamente a su proyecto, nos indigna este comportamiento eclesiástico. No son algunas personas las que están comprometidas en el genocidio, es la misma Iglesia en cuanto institución, en la medida en que son autoridades de alto nivel las comprometidas'. v El jueves 9 de marzo, Scilingo estuvo en 'Hora Clave', conducido por el doctor Mariano Grondona, diciendo que se sentía 'un asesino', al mismo tiempo que el Estado Mayor General del Ejército informaba al ministerio de Defensa que no existe ningún antecedente en sus archivos sobre las personas desaparecidas durante la dictadura. El ejército fue la única fuerza que respondió a la solicitud. El silencio Con una nota de tapa, titulada 'El silencio', Horacio Verbitsky, el domingo 12 de marzo de 1995, informó que 'el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada montó un campo de concentración transitorio en una isla del Tigre al que llevó a medio centenar de secuestrados para que no los descubriera la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, en 1979. Esa isla, que pertenecía a la curia de Buenos Aires, y donde comía sus asados domingueros el cardenal Juan Carlos Aramburu, fue vendida por el monseñor Emilio Grasselli al grupo de tareas de la ESMA, que utilizó en la operación los documentos de un detenido ? desaparecido, cuya firma fue falsificada en la escritura. Esta historia asombrosa y poco concodia ejemplifica las relaciones peligrosas entre la jerarquía católica y los marinos de la guerra sucia, reactualizando por la confesión del capitán de corbeta Adolfo Scilingo. Explica también la conmoción que sus revelaciones causaron en el episcopado. La isla se llamaba El Silencio', marcaba el reconocido periodista. La nota despertó una serie de confesiones en distintos lugares del país con referencia a los ficheros de monseñor Emilio Grasselli y reactivó el pacto entre la jerarquía y los militares en cada una de las provincias. Algunos de estos hechos serán analizados en el presente capítulo. En forma paralela, el cardenal Antonio Quarracino criticó los contenidos básicos comunes de la Ley de Educación, diciendo que 'hay fallas que deberían corregirse si no se quiere dejar de lado a Dios, a la cultura, al orden natural y a la familia'. Miércoles 15 de marzo de 1995, desde el pasado aparentemente momificado del peronismo de los años cuarenta, aquel sacerdote que entendió el sentimiento de las masas populares como una profunda demostración de religiosidad, el padre Hernán Benítez, confesor de Evita, con 88 años de vida, escribió en torno a la connivencia de la Jerarquía con la dictadura: 'poco antes de decretara el proceso su sucia autoamnistía, un prelado 'amigo mío, para peor' les hizo el caldo gordo a los delincuentes, subversivos y antisubversivos, abogando por un manto universal de olvido. Era 'aseguraba' la única manera de pacificar el país. Sorprendido yo ante semejante barbaridad, no me aguanté y le escribí:'San Gregorio Magano no pensaba como usted piensa. Todo lo contrario. Aquel gran pontífice lo juzgaría a usted tan asesino como los asesinos que trata de apañar. Escuche estas palabras del santo: 'quienes prudentes y silenciosos contemplan a los asesinos se vuelven cómplices de sus asesinatos. Porque tan criminal es el que mata como el que calla ante el que mata'...La fe religiosa popular se sustenta más en el ejemplo del sufrido cura de suburbio y de la hermanita de hospital que en el poder político del aparato oficial de la Iglesia. Las Madres de Plaza de Mayo señalan con nombre y apellido a quienes ni se interesaron por sus desaparecidos ni dignaron a recibirlas...pero los recursos extraordinarios de salvación no excusan nuestro silencio y nuestra despreocupación frente a la conculcación de los derechos teológicos de nuestros hermanos de morir con los sacramentos cristianos. Y en su defensa no se alzó voz sacerdotal ninguna. Ninguna, ni la mía. Por cobarde y miserable. Razón tuvo Dios de negarme la palma del martirio que ahora corona en la gloria al obispo Angelelli y compañeros mártires. Perdónanos señor!'. 30 de marzo de 1995, desde Córdoba, los sacerdotes Nicolás Alessio, Carlos Ponce de León, Delfor Brizuela, Enri Pratolini, Claudio Faivre Duboz, Pablo Frigeri, Ponciano Acosta, Raúl Franco, Jorge Aloi y Eduardo de la Serna, emitieron una carta púlica que decía: 'queremos expresar nuestro dolor y arrepentimiento como miembros de la iglesia por aquellos hermanos nuestros de diferentes instancias ministeriales que participaron y/o legitimaron los actos de violencia o represión. Sabemos que los hubo y queremos 'en consonancia con lo que nos pide Juan Pablo II' hacer un examen de conciencia que no se limpia con una sola confesión, en orden a que se haga justicia. Nuestro dolor y solidaridad con las víctimas, la mayoría miembros de la Iglesia, laicos y laicas, sacerdotes y religiosos, obispos y otros cristianos a quienes 'en comunión con lo que el mismo Papa nos pide' consideramos hermanos nuestros y mártires del Reino y la Justicia'. El 5 de abril de 1995, el escritor Juan Gelman publicó una nota titulada Etica, donde desmenuzó una frase de monseñor Laguna quien había dicho 'quiero ser muy claro. Los sacerdotes ? y no se si algún mayor de la jerarquía eclesiástica' que pudieron haber colaborado con los militares, estaban imbuidos de la doctrina de la seguridad nacional y de la idea de la exterminación del enemigo. Entonces, la ética cedía'. Dice Gelman al respecto: 'a)admite que hubo sacerdotes, incluidos mayores de la jerarquía eclesiástica, que colaboraron con la dictadura militar; b)admite que la lógica de la doctrina de la seguridad nacional, que inventó el Pentágono, conduce al exterminio del enemigo, es decir, los sectores de la sociedad que bregan por una vida más justa, más cristiana; c)admite que doctrinas terrenales como la de seguridad nacional pueden destronar a las doctrinas religiosas en la conciencia y el corazón de quienes han sido formados en el 'ama a tu prójimo como a ti mismo', o en el mandato 'amáos los unos a los otros'; d) aunque sugiere que se trató de unos pocos, despierta interrogantes acerca de la ética de esos sacerdotes, frágiles por lo visto 'cedentes, dice el obispo Lagunas' ante el espíritu del poder'. Agrega el poeta exiliado que 'los curas que canjearon las enseñanzas de Cristo por los asesinatos de la dictadura militar, merecen estar en las filas de la Iglesia?. Y por qué lo merecen?. En todo caso, están. Incluidos no pocos mayores de la jerarquía de hoy, desde luego, intentan justificar lo crímenes que también se cometieron en su nombre. O deslindarse de esos crímenes. Por ejemplo, el del obispo Angelelli. Si de listas se trata, la Iglesia argentina debería proporcionar la de los sacerdotes que contribuyeron a la matanza militar. También la lista de los sacerdotes asesinados por la dictadura militar'. Se preguntaba Gelman, 'en qué consistirá la ética de la que habla el obispo Laguna?. Parece tan flaca. Si nos atenemos al origen de la palabra 'del griego ethos, costumbre, y sería la doctrina no escrita de las costumbres y virtudes aceptadas por una comunidad', se verá que cada quien tiene su ética. Existe la ética de las putas, de los estafadores, de los ladrones, y cada una de ellas dicta normas que hasta en la cárcel se respetan. La ética mencionada por el obispo, tiene que ver con la Iglesia?. Por qué sería tan débil frente a la voluntad militar?. Se podrá explicar el contenido de esta ética?. O habrá que pensar que la institución eclesiástica argentina incuba conciencias y misiones proclives a la complicidad con el terrorismo de Estado?. El obispo Laguna podría recurrir a sus conocimientos teológicos y, tal vez, responder a esas preguntas'. 'Al lado de los inquisidores de hace siglos, Caggiano, Plaza y Aramburu 'entre otros' son figuras menores. Torquemada creía en su misión y quemaba herejes en la plaza pública sin ocultar ni disfrazar su propia autoría. Lo cual habla de una cierta coherencia de pensamiento, por bárbaro que sea. v La jerarquía eclesiástica del país ha degradado esa condición e incurre en una situación esquizofrénica tras otra. La fundamental es la dimanante de un movimiento pendular entre lo que hay que dar a Dios y lo que hay que dar al César. Se le ha ido la mano en esto último', dice Gelman.
Termina escribiendo: 'entre tanto 'como dijera el Nobel de Literatura, Isaac Bashevis Singer, un judío creyente serio' 'los muertos están muertos. Los que viven tienen sus memorias, sus cálculos y planes. En alguna parte, en el fondo de Polonia, se encuentran las cenizas de los que fueron quemados. En Alemania, los ex nazis descansan en sus camas, cada cual con su propia lista de asesinatos'. Ni hablar de los militares argentinos. No pocos eclesiásticos, incluso algunos 'mayores', descansan en sus camas 'o conciencias con propiedades de colchón', cada cual con su propia lista de desaparecidos'. El 9 de abril de 1995, la información fue que 'el representante del Vaticano durante la última dictadura, Pío Laghi, conocía en detalle lo que ocurrió en la ESMA y hasta fue consultado sobre si se debía dejar con vida a 40 detenidos ? desaparecidos. Nunca lo denunció', decía la tapa de Página/12. María Ignacia Cercos de Delgado, esposa del secuestrado perodista Julián Delgado aseguró que 'el comandante en jefe de la Armada Armando Labruschini le dijo a Laghi que no se decidía condenar a esos detenidos ? desaparecidos a la muerte que habían sufrido todos los demás que pasaron por la ESMA, pero tampoco a dejarlos en libertad'. María también aseguró que el propio Emilio Massera conservaba en su computadora información sobre los detenidos ? desaparecidos. 'Laghi me dijo que Julián no estaba entre ellos. Quiere decir que tenía pleno acceso a la información. Durante años le estuve agradecida por sus gestiones. Pero ahora se que no puedo perdonarle su silencio cómplice. Me siento un monstruo por haber escuchado esas cosas sin reaccionar', dijo la esposa del periodista desparecido. En forma paralela, Emilio Mignone, padre de una desaparecida, solicitó a la Cámara Federal que declare el derecho a la verdad y al duelo y la obligación del respeto al cuerpo, invocando pautas culturales que se remontan a la Edad de Piedra. No pide listas ni que sean citados a declarar oficiales de las Fuerzas Armadas, sino información detallada al Poder Ejecutivo y la Armada sobre el destino de su hija. El martes 11 de abril de 1995, en el diario 'Clarín', apareció una entrevista con Pío Laghi, donde aseguró que 'no se lo que la gente espera de un nuncio. Si hubiera conocido la verdad como se conoce hoy, todo el cuadro que antes no se presentaba así, hubiese hecho más. Yo llegué a Buenos Aires el día de la muerte de Perón. Después, los militares tomaron el poder. Obviamente, no tenía ni micrófonos ni espías que fuesen a los cuarteles a ver lo que los militares hacían'. Negó conocer la lista de los detenidos a la que aludió María de Delgado, diciendo que 'nunca tuve esa lista ni Lambruschini me habló de esto. Han pasado más de quince años, pero lo puedo desmentir con toda franqueza y con toda mi conciencia'. Sobre sus partidos de tenis con Massera, dijo que 'habré jugado una o dos veces. Yo iba al Club Argentino porque necesitaba un poco de ejercicio. Una vez allí, necesitaba un compañero para poder jugar. Pero se hacen verdaderas novelas de estas cosas...son los obispos de lugar los que deben hacer el profetismo...No sabía lo que estaba pasando. En un momento, como consideraban que yo levantaba la voz, tuve una amenaza de muerte. El periodista Mariano Grondona sabe de esto. No fue una amenaza anónima. En los diarios de fines del 79 o principios del 80, allí se refleja que yo, en Mar del Plata, dije que la represión se había puesto al mismo nivel que la subversión, al punto que me llamaron los comandantes. Me dijeron cosas muy duras'. Los obispos Justo Laguna, Carlos Galán, Domingo Castagna, Emilio de Bianchi di Cárcano y Jorge Casaretto declararon que lo hecho por la Iglesia en aquellos años no aclanzó y que sin duda pdoría 'haber hecho más', pero defendieron la actuación de Laghi como 'uno de los hombres que más se preocupó y trabajó por los derechos humanos en la difícil década del 70', descalificando al periodista Horacio Verbitsky, al igual que lo hiciera el ex presidente Carlos Menem. El miércoles 12 de abril, los diarios publicaron un apoyo más a la persona de Pío Laghi: el de Massera, quien aseguró que 'todas las autoridades de la Iglesia y en particular Pío Laghi, se preocuparon por la suerte de los llamados desparecidos'. El cardenal se había defendido diciendo que 'no conocía lo que pasaba'. Verbitsky contestó diciendo 'para qué debemos conocer toda la verdad?. Para volver a enfrentarnos o para reconciliarnos?', preguntaron cinco enfurecidos obispos el domingo (10 de abril). Por suerte hay algo más entre el cielo y la tierra, aunque la filosofía de estos prelados no lo comprenda. Ni enfrentamientos o venganzas, que a pesar de la impunidad garantizada por ley ningún familiar de las víctimas ha buscado, ni reconciliación con los verdugos y sus cómplices. La respuesta a tan capciosa pregunta la da Santo Tomás: 'sólo la verdad nos hará libres'. Y ayer (por el martes 11 de abril con la aparición de Massera avalando a Laghi) que ya no hay forma de impedir que la verdad resplandezca'. Laghi había casado a los hijos, bautizó a los nietos de Massera, más allá de desayunar y jugar tenis juntos, tal como lo afirmó el almirante Horacio Zaratiegui, durante el juicio en 1985. Por su parte, Emilio Mignone relató su propia experiencia, que 'pese a sus esfuerzos humanitarios, no me cabe la menor duda de que Laghi, contra lo que ahora dice, tenía plena conciencia, por las denuncias que recibía, de lo que estaba ocurriendo, es decir que miles de argentinos se encontraban en ese momento sometidos a tormentos en centros clandestinos de detención de las fuerzas armadas y en su mayoría terminaban siendo asesinados. De cualquier manera yo se lo expliqué con todas las letras 'dado que esa fue tempranamente mi intuición' y me escuchó con atención, sin contradecirme. Si me creyó o no escapa a mi capacidad de percepción'. El domingo 16 de abril de 1995, en el diario 'La Capital', monseñor Justo Laguna afirmaba que 'hubo sacerdotes y algunos obispos que estuvieron conformes con el gobierno militar', pero 'la inmensa mayoría de los obispos' enviaban a la comisión de enlace que él integraba 'toneladas de casos tristísimos, de gente a veces muy humilde. Ellos, desde sus diócesis hacían lo que podían. No se puede, por un número ínfimo, juzgar a la iglesia toda', afirmó el obispo de Morón. Lunes 17 de abril de 1995. Miguel Esteban Hesayne (hoy obispo emérito de Viedma, Río Negro) se refirió al día de 1977 en que los obispos se negaron a recibir a las Madres de Plaza de Mayo: 'fue trágica esa reunión, durante toda la mañana estuvimos discutiendo que si se las recibía, que si no se las recibía; unos cuantos decíamos que era lógico hacerlo porque habíamos recibido a los militares'. Un día antes, Nora Cortiñas, de la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, relató que 'esa reunión fue trágica: llovía en forma torrencial, no nos recibieron y ni siquiera nos ofrecieron un techo para cobijarnos. Sólo Hesayne, el obispo de Neuquén Jaime de Nevares y el de Santa Fe, Vicente Zazpe, salieron a la puerta para hablar con nosotras, que estábamos mojadas hasta los huesos'. Hesayne recordó que los obispos habían almorzado con los ex comandantes: 'nos vinieron a querer adoctrinar contra la guerrilla, pero en una actitud de represión...En aquel momento me preguntaba: qué estará diciendo Jesucristo en este momento, en que no recibimos el clamor de las madres?. Lamentablemente, el arrepentimiento todavía no alcanzó a quienes tiene que alcanzar, incluida la misma Conferencia Episcopal...No basta como por ahí ha dicho el señor presidente que los represores arrepentidos llamen a un sacerdote y a otra cosa. Eso no es cristiano, no es doctrina católica. El que se arrepiente tiene que reparar y si es pecado público tiene que reparar públicamente de alguna manera'. Jorge Novak, obispo de Quilmes, afirmó que 'el ocultar la verdad no trae pacificación. La Iglesia tiene que predicar siempre la verdad y hacer ver cuándo se oculta una información a la que se está obligado, en conciencia, a difundir. Los familiares de desaparecidos tienen derecho a saber cuál fue el paradero de sus hijos'. Otro obispo, desde otro lugar político, Cándido Rubiolo, titular de la diócesis mendocina, dijo que 'se acusa con cierta ligereza y facilidad porque hay testimonios de personas, incluso que pertenecen al clero, que revelan que no saben qué dicen y parece que hablan de oídas. Hay deshonestidad e inmoralidad en quienes tienen la intención de dañar la imagen de la Iglesia, no por mala voluntad sino por ignorancia o por alguna necesidad de desahogarse...nunca avalamos la forma de proceder del gobierno militar. Si se constatara que alguna persona de la Iglesia estuvo implicado será penado por el Código de Derecho Eclesiástico'. Martes 25 de abril. Desde el escenario mediático de 'Tiempo Nuevo', bajo la mirada fría de Bernardo Neustadt, el general Martín Balza, jefe del Ejército argentino dijo que 'nadie está obligado a cumplir una orden inmoral o que se aparte de las leyes y reglamentos militares. Quien lo hiciera, incurre en una inconducta viciosa, digna de la sanción que su gravedad requiera. Sin eufemismos digo claramente: delinque quien vulnera la Constitución Nacional, delinque quien imparte órdenes inmorales, delinque quien cumple órdenes inmorales, delinque quien, para cumplir un fin que cree justo, emplea medios injustos, inmorales. La comprensión de estos aspectos esenciales hace a la vida republicana de un Estado y cuando ese Estado peligra, no es el Ejército la única reserva de la Patria, palabras dichas a los oídos militares por muchos, muchas veces...Si no logramos elaborar el duelo y cerrar las heridas no tendremos futuro, no debemos negar más el horror vivido y así poder pensar en nuestra vida como sociedad hacia adelante, superando la pena y el sufrimiento. En estas horas cruciales para nuestra sociedad, quiero decirles como jefe del Ejército que, asegurando su continuidad histórica como Institución de la Nación, asumo nuestra parte de la responsabilidad de los errores de esta lucha entre argentinos que hoy nos vuelve a conmover...' Viernes 28 de abril de 1995. Otro postal del Cristo verdadero Jorge Novak, obispo de Quilmes, emitió un documento en el que decía: 'la Iglesia, en la Argentina, nosotros que la constituimos, tenemos varios capítulos para confesar nuestros pecados y para pedir perdón por nuestra insensibilidad, por nuestra cobardía, por nuestras omisiones, por nuestras complicidades' y pedía 'que Dios nos purifique' para ser su instrumento 'solidario con el que sufre...Fue una época en que la Patria casi muere de tristeza...el drama de los desaparecidos ha recobrado actualidad, por razones complejas y quizás, por motivaciones no coincidentes...es un sagrado deber unir nuestras voces a las de los familiares y tantos ciudadanos que profesan éticamente el sistema democrático, para que se brinde la información, en forma respetuosa y objetiva, superando la complicidad de la mentira'. Mientras tanto, la Conferencia Episcopal, reunida en San Miguel, en la provincia de Buenos Aires, resolvía hacer un 'examen de conciencia con tiempo y serenidad' y 'libre de presiones'. Martes 2 de mayo de 1995. Miguel Bonasso escribió en Página/12 que 'hace diez años justos, cuando el país se sacudía (igual que ahora) con el descubrimiento del terrorismo de Estado, un hombre de inteligencia de la Curia, el entonces secretario privado del vicario castrense, monseñor Emilio Grasselli, mintió reiteradas veces al tribunal que juzgaba a los comandantes militares, con el fin de ocultar su propia complicidad con el plan del almirante Emilio Massera que permitió sobrevivir a un puñado de prisioneros de la ESMA, para lavarles el cerebro y convertirlos en 'asesores' de su proyecto político...También sabía Grasselli quiénes podían ser trasladados los miércoles. Por órdenes de Tortolo y con pleno conocimiento de Laghi, Grasselli había confeccionado un fichero de dos mil quinientos desaparecidos, que iba llenando y consultando a pedido de los familiares...El sacerdote admitió ante la Justicia que sólo logró establecer el paradero de uno solo de los dos mil quinientos casos que fue compilando en los años de plomo. Sería bueno que ahora, aprovechando este segundo sacudón de la conciencia nacional, alguien tratara de conseguir el fichero de Grasselli'. Viernes 5 de mayo de 1995, el almirante Enrique Molina Pico, aseguró que Alfredo Astiz, el secuestrador de las monjas francesas y de la primera presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, 'tiene todas las condiciones morales para ser oficial de la Armada'. Martes 10 de mayo de 1995. Organismos de derechos humanos pidieron que se forme una comisión bicameral y que se deroguen las leyes de impunidad. Miécoles 11 de mayo de 1995. Declaraciones del sacerdote Rubén Capitanio, de Neuquén: 'la iglesia, fundamentalmente su jerarquía episcopal, fue cómplice del genocidio vivido en la Argentina durante la dictadura militar, porque no se hizo todo lo que podía para evitar semejante atrocidad social...La Iglesia es responsable de miles de vidas, no porque la haya matado sino porque no las salvó. La Iglesia tenía las herramientas para presionar y parar la masacre. ¿Cómo?. Diciendo que no se iba a tolerar un desaparecido más, por lo tanto que detuvieran ya los secuestros y la represión. Hubiéramos tenido miles de presos políticos, pero vivos...Porque de verdad amo a la Iglesia deseo que reconozcamos con total sinceridad el mal del que participamos y nos arrepintamos de todo corazón...Seamos justos y reconozcamos que la Iglesia aportó muchas más víctimas que hermanos que fueron cómplices del genocidio por participación u omisión...La única reparación posible es que colaboremos en reconstruir toda la verdad, trabajemos firmemente para que haya justicia en serio sobre lo acontecido y entonces si podremos pedir perdón con autenticidad'. Miércoles 28 de junio de 1995. Luego del triunfo en las elecciones del 14 de mayo que le dieron la posibilidad de un segundo mandato al presidente de la Nación, doctor Carlos Menem, las declaraciones de los obispos criticando al plan económico llegaron a plantear la necesidad de dejar de pagar por un año los intereses de la deuda externa, como fue el caso del padre Osvaldo Musto (se analizará más adelante). Pero ese día, los medios reflejaron la renuncia al cargo de obispo de Miguel Esteban Hesayne, aceptada por el Papa Juan Pablo II, a quien se la presentó el 16 de abril de 1995. 'No es que largo la toalla ni renuncio por renunciar. Lo hago para dedicarme a una tarea más urgente: dedicarme ala formación de laicos para un compromiso desde la Iglesia hacia el mundo. Un compromiso en lo político, en lo cultural, en lo económico y en lo educacional', dijo Hesayne. En su encuentro con el Papa, Hesayne dijo que 'le hablé sobre la situación actual en nuestro país y noté que no estaba bien informado de los últimos acontecimientos, lo cual quiere decir que hay cosas que no se le comunican. Al Papa no se lo informa correctamente bajo el pretexto, totalmente falso, de que son cuestiones sociales o políticas y no religiosas. Pero ese dualismo en Jesucristo no existía ni debe existir en sus sucesores'. Hesayne sigue en la lucha...entre otros tantos nombres que tiene la dignidad, por la memoria y la verdad. Fines de junio de 1995. El cardenal Raúl Francisco Primatesta, el mismo que no respondió al pedido que le hiciera Zazpe para que cuidara la vida de monseñor Angelelli en julio de 1976, se convertía en el mediador entre el gobierno cordobés y el nacional para evitar una nueva explosión social en La Docta, luego de los sucesos del viernes 23 de junio, cuando se quemaron la casa Radical, el shopping de la capital cordobesa y prácticamente se llegaba a una instancia pre intervención federal. Entre otras cosas, Primatesta, pudo frenar un nuevo paro y movilización de los trabajadores estatales cordobeses. Ultimo día de junio de 1995. El ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo informó a la Cámara Federal que durante su desempeño como oficial en la Escuela de Mecánica de la Armada conoció al secuestrado sacerdote católico Pablo María Gazzarri, quien aún figura en la nómina de desaparecidos. El caso del sacerdote, por cuya libertad se había interesado el Vaticano a través de una gestión del cardenal Eduardo Pironio, se conoció en la década pasada a través de los testimonios prestados por sobrevivientes de aquel campo de concentración. El sacerdote fue secuestrado el 27 de noviembre de 1976 y trabajaba en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Villa Urquiza, en la Capital Federal, y estaba por ingresar en la Fraternidad del Evangelio, del padre Carlos de Foucauld, para la cual se había postulado con el fin de dedicarse más al apostolado entre los pobres.
www.argenpress.info 21/11/2004
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