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  Chiese e religioni

"lo real es lo que no se ve"

 

 
La muerte del cardenal Aramburu y el compromiso de Ernesto Cardenal - Cristianos

 

Carlos del Frade (especial para Argenpress.info) 

 

'La revolución es la puesta en práctica del Evangelio; y  es, sobre todas las cosas, una cuestión de amor' y 'el  comunismo es Dios en la Tierra', fueron algunos de los  conceptos que dejó Ernesto Cardenal en su paso por los  dos congresos sobre las lenguas que se hicieron en  Rosario. Cristiano comprometido con la historia de su  pueblo, Cardenal expresó la síntesis de una manera de  pensar la religión como una herramienta de cambio y no  como mera política de resignación. Ese mismo día en que  el nicaragüense ratificaba una corriente del pensamiento  cristiano, moría en Buenos Aires el cardenal Juan Carlos  Aramburu, quien durante veintidós años fue arzobispo de  la capital argentina. Su rol durante la historia  reciente del país forma parte de una crónica que tuvo su  mayor nivel de debate hace nueve años atrás, cuando la  Conferencia Episcopal Argentina amagó con decir qué hizo  antes, durante y después del terrorismo de estado.  Cardenal y Aramburu, en las formas, son parte de la  misma institución pero en los dichos y en los hechos  caminan por senderos diferentes. ¿Cuál será la posición  de los millones de cristianos que habitan estos  atribulados arrabales del sur?.

El exilio de Cristo

'La noche previa al pronunciamiento, dos de los jefes de  la conspiración 'el general Jorge Rafael Videla y el  almirante Emilio Massera' se reunieron con las cabezas  del Episcopado en la sede del mismo, Paraguay 1867 de la  Capital Federal. El mismo 24 de marzo los tres  integrantes de la junta militar mantuvieron una larga  sesión con el vicario castrense, según informa el diario  La Nación del día siguiente. Al salir de esa entrevista  Totolo expresó que si bien 'la Iglesia tiene su misión  específica...hay circunstancias en las cuales no puede  dejar de participar aun cuando se trate de problemas que  hacen el orden específico del Estado'.

Instó a 'cooperar positivamente' con el nuevo gobierno.

La opción política en reemplazo de la misión evangélica  está claramente expuesta... Tortolo era arzobispo de  Paraná, vicario de las Fuerzas Armadas y presidente de  la Conferencia Episcopal Argentina', de 'Iglesia y  Dictadura', de Emilio Mignone, 1986.

Breve crónica de la rebelión del pasado

El viernes 3 de marzo de 1995, las revelaciones del  capitán de corbeta Adolfo Scilingo conmovieron a la  sociedad argentina.

El ex jefe de automotores de la Escuela de Mecánica de  la Armada denunció por encubrimiento al jefe de Estado  Mayor de la Armada, almirante Enrique Molina Pico, ante  la justicia. Le exigió que 'informara a la ciudadanía y  en especial a los señores senadores, cuáles fueron los  métodos que la superioridad ordenó emplear para detener,  interrogar y eliminar al enemigo durante la guerra  contra la subversión y, en caso de existir, el listado  de los mal llamados desparecidos'. La causa quedó  radicada en el juzgado correccional número 2 de la  Capital Federal, a cargo de la doctora Mónica Nidia  Atucha. El contenido de la denuncia se convirtió en un  quiebre de los pactos de silencio que se habían dado las  fuerzas armadas hacia adentro con la complicidad de  otros sectores políticos y sociales, entre ellos la  cúpula jerárquica de la Iglesia Católica Argentina, con  muy pocas excepciones.

La serie de notas realizadas por el periodista Horacio  Verbitsky, publicadas en el libro 'El Vuelo' y en el  diario 'Página/12', relataban la metodología de  exterminio de la ESMA.

'El médico naval les aplicaba un calmante poderosísimo.  Quedaban dormidos. Se los desvestía y, cuando el  comandante del avión daba la orden, se abría la  portezuela y se los arrojaba al mar uno por uno. En un  vuelo resbalé y casi me caigo por la portezuela  abierta', dijo Adolfo Scilingo.

'El Comandante de Operaciones Navales, vicealmirante  Luis María Mendía, dijo en el cine de la base que los  subversivos que fuesen condenados a muerte o que  decidiese eliminarlos iban a volar, y así como hay  personas que tienen problemas, algunos no iban a llegar  a destino. Y dijo que se había consultado con las  autoridades eclesiásticas para buscar que fuese una  forma cristiana y poco violenta', explicó Scilingo.

Verbitsky apuntó que 'al regresar de los vuelos, los  capellanes confortaban a los oficiales con citas de los  evangelios sobre la necesaria separación del yuyo del  trigal, agregó'.

Las declaraciones de Scilingo descubrieron el pacto de  silencio entre la connivencia de las jerarquías católica  y del partido militar durante la dictadura.

Políticos, dirigentes y eclesiásticos se sintieron  aludidos y la sociedad argentina, vastamente instruida  en el ejercicio del olvido impuesto, demostró que la  verdad todavía no está dicha ni asumida, más allá de la  obediencia debida, el punto final, los indultos y el  juicio a la Junta Militar.

El pasado no quedaba atrás, sino que estaba en el  presente, en las preguntas sin respuestas que surgen de  la actualidad.

El ex presidente de la Nación, Carlos Menem, reaccionó  calificando a Scilingo de fascineroso y Molina Pico dijo  que el capitán había perdido 'sus virtudes de militar y  caballero'.

El hasta ese momento obispo de Viedma, Miguel Esteban  Hesayne, señaló que 'si esa autoridad ecelsiástica ha  respondido de esta manera, de haber sido así, ha sido  una traición al Evangelio. Dado que la Iglesia es la  Iglesia de los hombres pecadores, pudo haber sido. Es  factible, pero traicionando el evangelio'.

Para el conocido y mediático obispo de Morón, Justo  Laguna, Scilingo 'no dice nada que no supiéramos'.  Agregó que 'si algún eclesiástico alentó estas cosas,  cometía ciertamente un gravísimo pecado contra la más  clara doctrina católica'. Luego Laguna justificó a la  cúpula, diciendo que 'cuando se publiquen las actas  episcopales van a descubrir que la Iglesia no estaba  callada, sino que decía cosas con una claridad  meridiana'.

Esa supuesta 'claridad meridiana' alcanzó a muy pocos.

Algunos que se jugaron por la suerte de los  desaparecidos ocupando cargos importantes como Carlos  Ponce de León, obispo de San Nicolás, y Eduardo Vicente  Zazpe, arzobispo de Santa Fe, terminarían amenazados y  luego muertos en hechos nada naturales.

Los otros, como Novak, De Nevares y Hesayne, no pudieron  revertir los pactos de silencio celebrados entre las  jerarquías del partido militar y la iglesia. Los documentos que nombran la cuestión de los  desaparecidos no fueron difundidos como era lógico  prever en los medios de comunicación. Las homilías  fueron el único espacio público de comunicación en la  que los obispos nombrados denunciaron la violencia del  planificado y elaborado terrorismo de Estado.

Dicho terrorismo de estado fue la necesaria  justificación y herramienta política para la  concentración económica que hoy se observa, se vive y se  sufre en la Argentina.

Por aquellos días, el 4 de marzo de 1995, Osvaldo Bayer  escribió 'Los ejecutores y los ganadores', donde se  preguntaba 'quiénes estuvieron detrás del golpe de  Videla, quiénes se enriquecieron, adónde fue a parar la  deuda externa, qué papel jugó Cavallo, justamente quien  más metió los dedos en la cuestión de la deuda externa.

Los Menéndez, los Camps, los Suárez Mason fueron sólo  vergudos visibles de todo un sistema de corrupción y  crimen que los estudiosos de nuestras universidades  deben dejar esclarecido definitivamente, en especial  sobre los verdaderos ganadores de todo ese sistema de  crimen e impunidad'.

El presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales,  Emilio Mignone aclaró que 'fue monseñor Tortolo el que  los asesoró de esta manera (a los marinos que tiraban  detenidos desparecidos al río de la Plata). Lo se por  allegados a él, a quienes les contó acerca de sus  recomendaciones sobre cómo deshacerse de los prisioneros  de la manera más cristiana.

Tortolo defendió en la Conferencia Episcopal la  legitimidad de la tortura, y actuó con una actitud  antievangélica, él y otros obispos, y dejaron de ser  cristianos. Todo esto revela una deformación moral  impresionante', dijo el autor de 'Iglesia y Dictadura'.

El miércoles 8 de marzo de 1995, los diarios de todo el  país reflejaron la posición de la Conferencia Episcopal  con respecto a los jinetes rebeldes del pasado que  aparecieron en las palabras del capitán Adolfo Scilingo.

El vicepresidente de la CEA, monseñor Emilio Bianchi Di  Cárcano, aseguró que 'no se puede aceptar que la vida  humana sea suprimida de esta manera. Es algo que no  tiene ningún asidero moral ni legal. Es un procedimiento  que nosotros no podemos aprobar y por eso en su momento  pedimos al gobierno (de la dictadura) que aclarara esta  situación'.

Recordó una carta enviada el 15 de mayo de 1976 en la  que los obispos decían que 'el bien común y los derechos  humanos son permanentes, inalienables y valen en todo  tiempoespacio concreto, sin que ninguna emergencia, por  aguda que sea, autorice a ignorarlos'.

Di Cárcano dijo que 'el tema no estaba previsto en la  agenda pero los obispos no somos tontos, no estamos  fuera de la realidad y sabíamos que teníamos que  elaborar una respuesta' por las declaraciones de  Scilingo. En la misma jornada del martes 7 de marzo, una  delegación de Madres de Plaza de Mayo, con Hebe de  Bonafini a la cabeza, presentaron una carta a la CEA, en  la que afirmaban que 'alarmadas pero no sorprendidas por  la actuación directa en los crímenes contra nuestros  queridos hijos por miembros de vuestra Iglesia',  denunciaban que 'la cúpula de la Iglesia argentina y  algunos de sus sacerdotes hicieron del silencio  complicidad frente a las desapariciones de nuestros 30  mil hijos'.

Di Cárcano repitió a los medios de  comunicación:'nosotros estamos en condiciones de afirmar  con toda certeza que el episcopado argentino jamás fue  consultado sobre un modo semejante de suprimir gente o  cosas por el estilo.

Nunca las Fuerzas Armadas o el Gobierno consultaron al  Episcopado, ni se manifestó ningún deseo para  involucrarnos en ese asunto'.

Ese mismo día, el teólogo Rubén Dri daba a conocer su  análisis sobre la cuestión: 'la iglesia católica es una  institución jerárquica en la cual no es concebible el  comportamiento de los capellanes militares denunciado  por Scilingo sino como cumplimiento de la misión  encomendada por sus superiores. En este caso, por el  entonces vicario de las FFAA, monseñor Adolfo Tortolo.

El entonces presidente de la CEA, teólogo de la mística  del soldado cristiano era el impulsor de la legitimación  evangélica de la desaparición de personas. El actual  presidente de la misma conferencia Antonio Quarracino  fue y es entusiasta propulsor del olvido y del perdón.

Ello significa que la jerarquía eclesiástica está  comprometida profundamente en el atroz genocidio  perpetrado por la dictadura militar.

No pueden los obispos disculparse diciendo que se  trataba de casos aislados. Así es evidente un  comportamiento de obediencia debida como en el caso de  los militares'.

Dri agregó que 'por otro lado está en total acuerdo con  la concepción que tenía el entonces nuncio Pío Laghi,  luego promovido a la Nunciatura de Estados Unidos y  finalmente al cardenalato en el Vaticano. Efectivamente,  decía el ilustre nuncio, en las tierras del genocida  Bussi: 'el país tiene una ideología tradicional y cuando  alguien pretende imponer otro ideario diferente y  extraño, la nación reacciona como un organismo con  anticuerpos frente a los gérmenes, generándose así la  violencia. En este caso habrá que respetarse el derecho  hasta donde se pueda'. Y continuaba entusiasmado el  nuncio de Su Santidad:'los valores cristianos están  amenazados por la agresión de una ideología que es  rechazada por el pueblo. Por eso cada uno tiene su cuota  de responsabilidad, la Iglesia y las Fuerzas Armadas; la  primera está inserta en el proceso y acompaña a la  segunda, no solamente con sus oraciones, sino con  acciones en defensa de los derechos humanos y de la  patria'.

Terminaba diciendo Dri que 'Pío Laghi, Adolofo Tortolo,  Antonio Quarracino, autoridades eclesiásticas de máximo  nivel.

Lo dicho por Scilingo sobre el comportamiento de los  capellanes militares están plenamente de acuerdo con el  pensamiento de tales autoridades.

Como cristianos creemos en el mensaje liberador de Jesús  de Nazareth y adherimos fervorosamente a su proyecto,  nos indigna este comportamiento eclesiástico. No son  algunas personas las que están comprometidas en el  genocidio, es la misma Iglesia en cuanto institución, en  la medida en que son autoridades de alto nivel las  comprometidas'. v El jueves 9 de marzo, Scilingo estuvo en 'Hora Clave',  conducido por el doctor Mariano Grondona, diciendo que  se sentía 'un asesino', al mismo tiempo que el Estado  Mayor General del Ejército informaba al ministerio de  Defensa que no existe ningún antecedente en sus archivos  sobre las personas desaparecidas durante la dictadura.

El ejército fue la única fuerza que respondió a la  solicitud.

El silencio

Con una nota de tapa, titulada 'El silencio', Horacio  Verbitsky, el domingo 12 de marzo de 1995, informó que  'el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la  Armada montó un campo de concentración transitorio en  una isla del Tigre al que llevó a medio centenar de  secuestrados para que no los descubriera la Comisión  Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de  Estados Americanos, en 1979. Esa isla, que pertenecía a  la curia de Buenos Aires, y donde comía sus asados  domingueros el cardenal Juan Carlos Aramburu, fue  vendida por el monseñor Emilio Grasselli al grupo de  tareas de la ESMA, que utilizó en la operación los  documentos de un detenido ? desaparecido, cuya firma fue  falsificada en la escritura. Esta historia asombrosa y  poco concodia ejemplifica las relaciones peligrosas  entre la jerarquía católica y los marinos de la guerra  sucia, reactualizando por la confesión del capitán de  corbeta Adolfo Scilingo.

Explica también la conmoción que sus revelaciones  causaron en el episcopado.

La isla se llamaba El Silencio', marcaba el reconocido  periodista.

La nota despertó una serie de confesiones en distintos  lugares del país con referencia a los ficheros de  monseñor Emilio Grasselli y reactivó el pacto entre la  jerarquía y los militares en cada una de las provincias.

Algunos de estos hechos serán analizados en el presente  capítulo.

En forma paralela, el cardenal Antonio Quarracino  criticó los contenidos básicos comunes de la Ley de  Educación, diciendo que 'hay fallas que deberían  corregirse si no se quiere dejar de lado a Dios, a la  cultura, al orden natural y a la familia'.

Miércoles 15 de marzo de 1995, desde el pasado  aparentemente momificado del peronismo de los años  cuarenta, aquel sacerdote que entendió el sentimiento de  las masas populares como una profunda demostración de  religiosidad, el padre Hernán Benítez, confesor de  Evita, con 88 años de vida, escribió en torno a la  connivencia de la Jerarquía con la dictadura: 'poco  antes de decretara el proceso su sucia autoamnistía, un  prelado 'amigo mío, para peor' les hizo el caldo gordo a  los delincuentes, subversivos y antisubversivos,  abogando por un manto universal de olvido. Era  'aseguraba' la única manera de pacificar el país.

Sorprendido yo ante semejante barbaridad, no me aguanté  y le escribí:'San Gregorio Magano no pensaba como usted  piensa. Todo lo contrario. Aquel gran pontífice lo  juzgaría a usted tan asesino como los asesinos que trata  de apañar. Escuche estas palabras del santo: 'quienes  prudentes y silenciosos contemplan a los asesinos se  vuelven cómplices de sus asesinatos. Porque tan criminal  es el que mata como el que calla ante el que mata'...La  fe religiosa popular se sustenta más en el ejemplo del  sufrido cura de suburbio y de la hermanita de hospital  que en el poder político del aparato oficial de la  Iglesia. Las Madres de Plaza de Mayo señalan con nombre  y apellido a quienes ni se interesaron por sus  desaparecidos ni dignaron a recibirlas...pero los  recursos extraordinarios de salvación no excusan nuestro  silencio y nuestra despreocupación frente a la  conculcación de los derechos teológicos de nuestros  hermanos de morir con los sacramentos cristianos. Y en  su defensa no se alzó voz sacerdotal ninguna.

Ninguna, ni la mía. Por cobarde y miserable.

Razón tuvo Dios de negarme la palma del martirio que  ahora corona en la gloria al obispo Angelelli y  compañeros mártires. Perdónanos señor!'.

30 de marzo de 1995, desde Córdoba, los sacerdotes  Nicolás Alessio, Carlos Ponce de León, Delfor Brizuela,  Enri Pratolini, Claudio Faivre Duboz, Pablo Frigeri,  Ponciano Acosta, Raúl Franco, Jorge Aloi y Eduardo de la  Serna, emitieron una carta púlica que decía: 'queremos  expresar nuestro dolor y arrepentimiento como miembros  de la iglesia por aquellos hermanos nuestros de  diferentes instancias ministeriales que participaron y/o  legitimaron los actos de violencia o represión.

Sabemos que los hubo y queremos 'en consonancia con lo  que nos pide Juan Pablo II' hacer un examen de  conciencia que no se limpia con una sola confesión, en  orden a que se haga justicia.

Nuestro dolor y solidaridad con las víctimas, la mayoría  miembros de la Iglesia, laicos y laicas, sacerdotes y  religiosos, obispos y otros cristianos a quienes 'en  comunión con lo que el mismo Papa nos pide' consideramos  hermanos nuestros y mártires del Reino y la Justicia'.

El 5 de abril de 1995, el escritor Juan Gelman publicó  una nota titulada Etica, donde desmenuzó una frase de  monseñor Laguna quien había dicho 'quiero ser muy claro.  Los sacerdotes ? y no se si algún mayor de la jerarquía  eclesiástica' que pudieron haber colaborado con los  militares, estaban imbuidos de la doctrina de la  seguridad nacional y de la idea de la exterminación del  enemigo. Entonces, la ética cedía'.

Dice Gelman al respecto: 'a)admite que hubo sacerdotes,  incluidos mayores de la jerarquía eclesiástica, que  colaboraron con la dictadura militar; b)admite que la  lógica de la doctrina de la seguridad nacional, que  inventó el Pentágono, conduce al exterminio del enemigo,  es decir, los sectores de la sociedad que bregan por una  vida más justa, más cristiana; c)admite que doctrinas  terrenales como la de seguridad nacional pueden  destronar a las doctrinas religiosas en la conciencia y  el corazón de quienes han sido formados en el 'ama a tu  prójimo como a ti mismo', o en el mandato 'amáos los  unos a los otros'; d) aunque sugiere que se trató de  unos pocos, despierta interrogantes acerca de la ética  de esos sacerdotes, frágiles por lo visto 'cedentes,  dice el obispo Lagunas' ante el espíritu del poder'.

Agrega el poeta exiliado que 'los curas que canjearon  las enseñanzas de Cristo por los asesinatos de la  dictadura militar, merecen estar en las filas de la  Iglesia?.

Y por qué lo merecen?. En todo caso, están. Incluidos no  pocos mayores de la jerarquía de hoy, desde luego,  intentan justificar lo crímenes que también se  cometieron en su nombre. O deslindarse de esos crímenes.  Por ejemplo, el del obispo Angelelli. Si de listas se  trata, la Iglesia argentina debería proporcionar la de  los sacerdotes que contribuyeron a la matanza militar.  También la lista de los sacerdotes asesinados por la  dictadura militar'.

Se preguntaba Gelman, 'en qué consistirá la ética de la  que habla el obispo Laguna?. Parece tan flaca. Si nos  atenemos al origen de la palabra 'del griego ethos,  costumbre, y sería la doctrina no escrita de las  costumbres y virtudes aceptadas por una comunidad', se  verá que cada quien tiene su ética. Existe la ética de  las putas, de los estafadores, de los ladrones, y cada  una de ellas dicta normas que hasta en la cárcel se  respetan. La ética mencionada por el obispo, tiene que  ver con la Iglesia?. Por qué sería tan débil frente a la  voluntad militar?. Se podrá explicar el contenido de  esta ética?. O habrá que pensar que la institución  eclesiástica argentina incuba conciencias y misiones  proclives a la complicidad con el terrorismo de Estado?.

El obispo Laguna podría recurrir a sus conocimientos  teológicos y, tal vez, responder a esas preguntas'.

'Al lado de los inquisidores de hace siglos, Caggiano,  Plaza y Aramburu 'entre otros' son figuras menores.

Torquemada creía en su misión y quemaba herejes en la  plaza pública sin ocultar ni disfrazar su propia  autoría.

Lo cual habla de una cierta coherencia de pensamiento,  por bárbaro que sea. v La jerarquía eclesiástica del país ha degradado esa  condición e incurre en una situación esquizofrénica tras  otra.

La fundamental es la dimanante de un movimiento pendular  entre lo que hay que dar a Dios y lo que hay que dar al  César. Se le ha ido la mano en esto último', dice  Gelman.

Termina escribiendo: 'entre tanto 'como dijera el Nobel  de Literatura, Isaac Bashevis Singer, un judío creyente  serio' 'los muertos están muertos. Los que viven tienen  sus memorias, sus cálculos y planes. En alguna parte, en  el fondo de Polonia, se encuentran las cenizas de los  que fueron quemados.

En Alemania, los ex nazis descansan en sus camas, cada  cual con su propia lista de asesinatos'.

Ni hablar de los militares argentinos. No pocos  eclesiásticos, incluso algunos 'mayores', descansan en  sus camas 'o conciencias con propiedades de colchón',  cada cual con su propia lista de desaparecidos'.

El 9 de abril de 1995, la información fue que 'el  representante del Vaticano durante la última dictadura,  Pío Laghi, conocía en detalle lo que ocurrió en la ESMA  y hasta fue consultado sobre si se debía dejar con vida  a 40 detenidos ? desaparecidos. Nunca lo denunció',  decía la tapa de Página/12.

María Ignacia Cercos de Delgado, esposa del secuestrado  perodista Julián Delgado aseguró que 'el comandante en  jefe de la Armada Armando Labruschini le dijo a Laghi  que no se decidía condenar a esos detenidos ?  desaparecidos a la muerte que habían sufrido todos los  demás que pasaron por la ESMA, pero tampoco a dejarlos  en libertad'.

María también aseguró que el propio Emilio Massera  conservaba en su computadora información sobre los  detenidos ? desaparecidos.

'Laghi me dijo que Julián no estaba entre ellos. Quiere  decir que tenía pleno acceso a la información. Durante  años le estuve agradecida por sus gestiones. Pero ahora  se que no puedo perdonarle su silencio cómplice.

Me siento un monstruo por haber escuchado esas cosas sin  reaccionar', dijo la esposa del periodista desparecido.

En forma paralela, Emilio Mignone, padre de una  desaparecida, solicitó a la Cámara Federal que declare  el derecho a la verdad y al duelo y la obligación del  respeto al cuerpo, invocando pautas culturales que se  remontan a la Edad de Piedra. No pide listas ni que sean  citados a declarar oficiales de las Fuerzas Armadas,  sino información detallada al Poder Ejecutivo y la  Armada sobre el destino de su hija.

El martes 11 de abril de 1995, en el diario 'Clarín',  apareció una entrevista con Pío Laghi, donde aseguró que  'no se lo que la gente espera de un nuncio. Si hubiera  conocido la verdad como se conoce hoy, todo el cuadro  que antes no se presentaba así, hubiese hecho más.

Yo llegué a Buenos Aires el día de la muerte de Perón.  Después, los militares tomaron el poder. Obviamente, no  tenía ni micrófonos ni espías que fuesen a los cuarteles  a ver lo que los militares hacían'.

Negó conocer la lista de los detenidos a la que aludió  María de Delgado, diciendo que 'nunca tuve esa lista ni  Lambruschini me habló de esto. Han pasado más de quince  años, pero lo puedo desmentir con toda franqueza y con  toda mi conciencia'. Sobre sus partidos de tenis con  Massera, dijo que 'habré jugado una o dos veces. Yo iba  al Club Argentino porque necesitaba un poco de  ejercicio. Una vez allí, necesitaba un compañero para  poder jugar. Pero se hacen verdaderas novelas de estas  cosas...son los obispos de lugar los que deben hacer el  profetismo...No sabía lo que estaba pasando. En un  momento, como consideraban que yo levantaba la voz, tuve  una amenaza de muerte.

El periodista Mariano Grondona sabe de esto. No fue una  amenaza anónima. En los diarios de fines del 79 o  principios del 80, allí se refleja que yo, en Mar del  Plata, dije que la represión se había puesto al mismo  nivel que la subversión, al punto que me llamaron los  comandantes. Me dijeron cosas muy duras'.

Los obispos Justo Laguna, Carlos Galán, Domingo  Castagna, Emilio de Bianchi di Cárcano y Jorge Casaretto  declararon que lo hecho por la Iglesia en aquellos años  no aclanzó y que sin duda pdoría 'haber hecho más', pero  defendieron la actuación de Laghi como 'uno de los  hombres que más se preocupó y trabajó por los derechos  humanos en la difícil década del 70', descalificando al  periodista Horacio Verbitsky, al igual que lo hiciera el  ex presidente Carlos Menem.

El miércoles 12 de abril, los diarios publicaron un  apoyo más a la persona de Pío Laghi: el de Massera,  quien aseguró que 'todas las autoridades de la Iglesia y  en particular Pío Laghi, se preocuparon por la suerte de  los llamados desparecidos'. El cardenal se había  defendido diciendo que 'no conocía lo que pasaba'.

Verbitsky contestó diciendo 'para qué debemos conocer  toda la verdad?. Para volver a enfrentarnos o para  reconciliarnos?', preguntaron cinco enfurecidos obispos  el domingo (10 de abril).

Por suerte hay algo más entre el cielo y la tierra,  aunque la filosofía de estos prelados no lo comprenda.  Ni enfrentamientos o venganzas, que a pesar de la  impunidad garantizada por ley ningún familiar de las  víctimas ha buscado, ni reconciliación con los verdugos  y sus cómplices. La respuesta a tan capciosa pregunta la  da Santo Tomás: 'sólo la verdad nos hará libres'. Y ayer  (por el martes 11 de abril con la aparición de Massera  avalando a Laghi) que ya no hay forma de impedir que la  verdad resplandezca'. Laghi había casado a los hijos,  bautizó a los nietos de Massera, más allá de desayunar y  jugar tenis juntos, tal como lo afirmó el almirante  Horacio Zaratiegui, durante el juicio en 1985.

Por su parte, Emilio Mignone relató su propia  experiencia, que 'pese a sus esfuerzos humanitarios, no  me cabe la menor duda de que Laghi, contra lo que ahora  dice, tenía plena conciencia, por las denuncias que  recibía, de lo que estaba ocurriendo, es decir que miles  de argentinos se encontraban en ese momento sometidos a  tormentos en centros clandestinos de detención de las  fuerzas armadas y en su mayoría terminaban siendo  asesinados. De cualquier manera yo se lo expliqué con  todas las letras 'dado que esa fue tempranamente mi  intuición' y me escuchó con atención, sin contradecirme.  Si me creyó o no escapa a mi capacidad de percepción'.

El domingo 16 de abril de 1995, en el diario 'La  Capital', monseñor Justo Laguna afirmaba que 'hubo  sacerdotes y algunos obispos que estuvieron conformes  con el gobierno militar', pero 'la inmensa mayoría de  los obispos' enviaban a la comisión de enlace que él  integraba 'toneladas de casos tristísimos, de gente a  veces muy humilde.

Ellos, desde sus diócesis hacían lo que podían.

No se puede, por un número ínfimo, juzgar a la iglesia  toda', afirmó el obispo de Morón.

Lunes 17 de abril de 1995.

Miguel Esteban Hesayne (hoy obispo emérito de Viedma,  Río Negro) se refirió al día de 1977 en que los obispos  se negaron a recibir a las Madres de Plaza de Mayo: 'fue  trágica esa reunión, durante toda la mañana estuvimos  discutiendo que si se las recibía, que si no se las  recibía; unos cuantos decíamos que era lógico hacerlo  porque habíamos recibido a los militares'. Un día antes,  Nora Cortiñas, de la Línea Fundadora de Madres de Plaza  de Mayo, relató que 'esa reunión fue trágica: llovía en  forma torrencial, no nos recibieron y ni siquiera nos  ofrecieron un techo para cobijarnos. Sólo Hesayne, el  obispo de Neuquén Jaime de Nevares y el de Santa Fe,  Vicente Zazpe, salieron a la puerta para hablar con  nosotras, que estábamos mojadas hasta los huesos'.  Hesayne recordó que los obispos habían almorzado con los  ex comandantes: 'nos vinieron a querer adoctrinar contra  la guerrilla, pero en una actitud de represión...En  aquel momento me preguntaba: qué estará diciendo  Jesucristo en este momento, en que no recibimos el  clamor de las madres?. Lamentablemente, el  arrepentimiento todavía no alcanzó a quienes tiene que  alcanzar, incluida la misma Conferencia Episcopal...No  basta como por ahí ha dicho el señor presidente que los  represores arrepentidos llamen a un sacerdote y a otra  cosa. Eso no es cristiano, no es doctrina católica.

El que se arrepiente tiene que reparar y si es pecado  público tiene que reparar públicamente de alguna  manera'.

Jorge Novak, obispo de Quilmes, afirmó que 'el ocultar  la verdad no trae pacificación.

La Iglesia tiene que predicar siempre la verdad y hacer  ver cuándo se oculta una información a la que se está  obligado, en conciencia, a difundir.

Los familiares de desaparecidos tienen derecho a saber  cuál fue el paradero de sus hijos'.

Otro obispo, desde otro lugar político, Cándido Rubiolo,  titular de la diócesis mendocina, dijo que 'se acusa con  cierta ligereza y facilidad porque hay testimonios de  personas, incluso que pertenecen al clero, que revelan  que no saben qué dicen y parece que hablan de oídas.

Hay deshonestidad e inmoralidad en quienes tienen la  intención de dañar la imagen de la Iglesia, no por mala  voluntad sino por ignorancia o por alguna necesidad de  desahogarse...nunca avalamos la forma de proceder del  gobierno militar.

Si se constatara que alguna persona de la Iglesia estuvo  implicado será penado por el Código de Derecho  Eclesiástico'.

Martes 25 de abril.

Desde el escenario mediático de 'Tiempo Nuevo', bajo la  mirada fría de Bernardo Neustadt, el general Martín  Balza, jefe del Ejército argentino dijo que 'nadie está  obligado a cumplir una orden inmoral o que se aparte de  las leyes y reglamentos militares. Quien lo hiciera,  incurre en una inconducta viciosa, digna de la sanción  que su gravedad requiera.

Sin eufemismos digo claramente: delinque quien vulnera  la Constitución Nacional, delinque quien imparte órdenes  inmorales, delinque quien cumple órdenes inmorales,  delinque quien, para cumplir un fin que cree justo,  emplea medios injustos, inmorales.

La comprensión de estos aspectos esenciales hace a la  vida republicana de un Estado y cuando ese Estado  peligra, no es el Ejército la única reserva de la  Patria, palabras dichas a los oídos militares por  muchos, muchas veces...Si no logramos elaborar el duelo  y cerrar las heridas no tendremos futuro, no debemos  negar más el horror vivido y así poder pensar en nuestra  vida como sociedad hacia adelante, superando la pena y  el sufrimiento. En estas horas cruciales para nuestra  sociedad, quiero decirles como jefe del Ejército que,  asegurando su continuidad histórica como Institución de  la Nación, asumo nuestra parte de la responsabilidad de  los errores de esta lucha entre argentinos que hoy nos  vuelve a conmover...' Viernes 28 de abril de 1995.

Otro postal del Cristo verdadero

Jorge Novak, obispo de Quilmes, emitió un documento en  el que decía: 'la Iglesia, en la Argentina, nosotros que  la constituimos, tenemos varios capítulos para confesar  nuestros pecados y para pedir perdón por nuestra  insensibilidad, por nuestra cobardía, por nuestras  omisiones, por nuestras complicidades' y pedía 'que Dios  nos purifique' para ser su instrumento 'solidario con el  que sufre...Fue una época en que la Patria casi muere de  tristeza...el drama de los desaparecidos ha recobrado  actualidad, por razones complejas y quizás, por  motivaciones no coincidentes...es un sagrado deber unir  nuestras voces a las de los familiares y tantos  ciudadanos que profesan éticamente el sistema  democrático, para que se brinde la información, en forma  respetuosa y objetiva, superando la complicidad de la  mentira'.

Mientras tanto, la Conferencia Episcopal, reunida en San  Miguel, en la provincia de Buenos Aires, resolvía hacer  un 'examen de conciencia con tiempo y serenidad' y  'libre de presiones'.

Martes 2 de mayo de 1995.

Miguel Bonasso escribió en Página/12 que 'hace diez años  justos, cuando el país se sacudía (igual que ahora) con  el descubrimiento del terrorismo de Estado, un hombre de  inteligencia de la Curia, el entonces secretario privado  del vicario castrense, monseñor Emilio Grasselli, mintió  reiteradas veces al tribunal que juzgaba a los  comandantes militares, con el fin de ocultar su propia  complicidad con el plan del almirante Emilio Massera que  permitió sobrevivir a un puñado de prisioneros de la  ESMA, para lavarles el cerebro y convertirlos en  'asesores' de su proyecto político...También sabía  Grasselli quiénes podían ser trasladados los miércoles.

Por órdenes de Tortolo y con pleno conocimiento de  Laghi, Grasselli había confeccionado un fichero de dos  mil quinientos desaparecidos, que iba llenando y  consultando a pedido de los familiares...El sacerdote  admitió ante la Justicia que sólo logró establecer el  paradero de uno solo de los dos mil quinientos casos que  fue compilando en los años de plomo. Sería bueno que  ahora, aprovechando este segundo sacudón de la  conciencia nacional, alguien tratara de conseguir el  fichero de Grasselli'.

Viernes 5 de mayo de 1995, el almirante Enrique Molina  Pico, aseguró que Alfredo Astiz, el secuestrador de las  monjas francesas y de la primera presidenta de las  Madres de Plaza de Mayo, 'tiene todas las condiciones  morales para ser oficial de la Armada'.

Martes 10 de mayo de 1995.

Organismos de derechos humanos pidieron que se forme una  comisión bicameral y que se deroguen las leyes de  impunidad.

Miécoles 11 de mayo de 1995.

Declaraciones del sacerdote Rubén Capitanio, de Neuquén:  'la iglesia, fundamentalmente su jerarquía episcopal,  fue cómplice del genocidio vivido en la Argentina  durante la dictadura militar, porque no se hizo todo lo  que podía para evitar semejante atrocidad social...La  Iglesia es responsable de miles de vidas, no porque la  haya matado sino porque no las salvó. La Iglesia tenía  las herramientas para presionar y parar la masacre.

¿Cómo?. Diciendo que no se iba a tolerar un desaparecido  más, por lo tanto que detuvieran ya los secuestros y la  represión.

Hubiéramos tenido miles de presos políticos, pero  vivos...Porque de verdad amo a la Iglesia deseo que  reconozcamos con total sinceridad el mal del que  participamos y nos arrepintamos de todo corazón...Seamos  justos y reconozcamos que la Iglesia aportó muchas más  víctimas que hermanos que fueron cómplices del genocidio  por participación u omisión...La única reparación  posible es que colaboremos en reconstruir toda la  verdad, trabajemos firmemente para que haya justicia en  serio sobre lo acontecido y entonces si podremos pedir  perdón con autenticidad'.

Miércoles 28 de junio de 1995.

Luego del triunfo en las elecciones del 14 de mayo que  le dieron la posibilidad de un segundo mandato al  presidente de la Nación, doctor Carlos Menem, las  declaraciones de los obispos criticando al plan  económico llegaron a plantear la necesidad de dejar de  pagar por un año los intereses de la deuda externa, como  fue el caso del padre Osvaldo Musto (se analizará más  adelante).

Pero ese día, los medios reflejaron la renuncia al cargo  de obispo de Miguel Esteban Hesayne, aceptada por el  Papa Juan Pablo II, a quien se la presentó el 16 de  abril de 1995.

'No es que largo la toalla ni renuncio por renunciar. Lo  hago para dedicarme a una tarea más urgente: dedicarme  ala formación de laicos para un compromiso desde la  Iglesia hacia el mundo.

Un compromiso en lo político, en lo cultural, en lo  económico y en lo educacional', dijo Hesayne.

En su encuentro con el Papa, Hesayne dijo que 'le hablé  sobre la situación actual en nuestro país y noté que no  estaba bien informado de los últimos acontecimientos, lo  cual quiere decir que hay cosas que no se le comunican.  Al Papa no se lo informa correctamente bajo el pretexto,  totalmente falso, de que son cuestiones sociales o  políticas y no religiosas. Pero ese dualismo en  Jesucristo no existía ni debe existir en sus sucesores'.

Hesayne sigue en la lucha...entre otros tantos nombres  que tiene la dignidad, por la memoria y la verdad.

Fines de junio de 1995.

El cardenal Raúl Francisco Primatesta, el mismo que no  respondió al pedido que le hiciera Zazpe para que  cuidara la vida de monseñor Angelelli en julio de 1976,  se convertía en el mediador entre el gobierno cordobés y  el nacional para evitar una nueva explosión social en La  Docta, luego de los sucesos del viernes 23 de junio,  cuando se quemaron la casa Radical, el shopping de la  capital cordobesa y prácticamente se llegaba a una  instancia pre intervención federal.

Entre otras cosas, Primatesta, pudo frenar un nuevo paro  y movilización de los trabajadores estatales cordobeses.

Ultimo día de junio de 1995.

El ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo informó a la  Cámara Federal que durante su desempeño como oficial en  la Escuela de Mecánica de la Armada conoció al  secuestrado sacerdote católico Pablo María Gazzarri,  quien aún figura en la nómina de desaparecidos.

El caso del sacerdote, por cuya libertad se había  interesado el Vaticano a través de una gestión del  cardenal Eduardo Pironio, se conoció en la década pasada  a través de los testimonios prestados por sobrevivientes  de aquel campo de concentración.

El sacerdote fue secuestrado el 27 de noviembre de 1976  y trabajaba en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen  de Villa Urquiza, en la Capital Federal, y estaba por  ingresar en la Fraternidad del Evangelio, del padre  Carlos de Foucauld, para la cual se había postulado con  el fin de dedicarse más al apostolado entre los pobres.

 

www.argenpress.info    21/11/2004

 

 

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