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Mapuches
quieren regir su propio destino
María Cecilia
Espinosa
- colaboradora
de Tierramérica
La
principal comunidad indígena de Chile, compuesta por cerca de 700 mil
personas, busca un sistema de autodeterminación, sin amenazar la
integridad del Estado.
SANTIAGO.-
Los mapuches, quienes constituyen la principal comunidad indígena de
Chile, se organizan para reclamar sus derechos ancestrales, en el marco de
un movimiento creciente de los pueblos autóctonos de América Latina.
Estos indígenas, cerca de 700 mil en un país de unos 15 millones de
habitantes, demandan ser reconocidos constitucionalmente como pueblo
originario y buscan una forma de autodeterminación sobre su propio
destino y su cultura, sin amenazar la integridad del Estado chileno.
“Por razones de segregación, discriminación, pobreza o resistencia, a
diferencia de otras comunidades indígenas que han experimentado procesos
de integración, los mapuches mantienen muy puras sus formas de vida y eso
lo puede ver cualquier persona que conoce un poco el sur de Chile, donde
ellos viven”, dijo a Tierramérica José Bengoa, autor de “Historia
del Pueblo Mapuche”.
El conflicto y los desencuentros entre la sociedad chilena y las
comunidades originarias se encendieron en la última década, cuando jóvenes
mapuches irrumpieron en áreas rurales para denunciar que su etnia no sólo
afrontaba la pobreza, sino también el problema de no ser reconocida como
colectivo humano.
El movimiento indígena se tornó más violento, con ocupaciones de
terrenos, manifestaciones contra la construcción de la represa hidroeléctrica
de Ralco, en la región central del país y sobre el curso alto del río Bío
bío, y reiterados incendios de plantaciones de empresas forestales en el
sur.
El impacto del desarrollo forestal limita y altera las tradicionales
actividades económicas, sociales y culturales de los mapuches.
Los mapuches más radicalizados han intentado recuperar por la fuerza
territorios usurpados a su etnia, y proponen volver a formas ancestrales
de convivencia.
A los involucrados en esos actos se les ha acusado de terrorismo, para
aplicarles la Ley de Seguridad Interior del Estado.
La historia de despojos, abandono y resistencia comenzó hace cinco siglos
con la llegada de los conquistadores españoles y la guerra de Arauco. En
1881, mediante la “Pacificación de la Araucanía”, el Estado intentó
“civilizar” a los mapuches, porque los consideraba bárbaros.
Eso significó apropiarse de sus tierras, reducir sus comunidades y
someterlos a colonizadores no indígenas.
A comienzos de los años 70, las reivindicaciones del movimiento mapuche
se articularon con la Reforma Agraria impulsada por el gobierno de
Salvador Allende (1970-1973), pero a fines de la misma década, la
dictadura que derrocó a ese presidente socialista truncó el proceso.
Un decreto de ese régimen propició la división de las tierras de las
comunidades indígenas para incorporarlas al mercado, y estableció que
“una vez liquidada la comunidad (en lo relacionado con la posesión de
territorio), dejarán de ser tierras indígenas, e indígenas sus
habitantes”.
Tras la dictadura, se produjo un acercamiento entre el gobierno de
Patricio Aylwin (1990-1994) y el pueblo mapuche, y en 1993 se promulgó la
Ley Indígena vigente y se creó la Corporación Nacional de Desarrollo
Indígena (Conadi).
El principio rector fue reconocer a la sociedad “como pluriétnica y
multicultural”, y buscar “que toda su institucionalidad, política,
económica y social, en salud y educación, sea el reflejo de la realidad
multicultural que subyace en la base social”, afirmó hace poco el
director nacional de la Conadi, Aroldo Cayún.
La Ley Indígena expresó el esfuerzo del Estado por “reconocer que debía
hacer una compensación a todos los indígenas por el daño causado por la
civilización occidental, las pérdidas de vidas, las persecuciones, las
expropiaciones y los confinamientos” dijo a Tierramérica el ingeniero
Andrés Millaleo, asesor del Área de Desarrollo de la Conadi.
Sin embargo, el estatuto no contempló ningún tipo de autogobierno, ni
siquiera en términos relativos.
En la actualidad, los mapuches subrayan que no buscan la independencia,
sino una forma de autodeterminación que no ponga en riesgo la integridad
del Estado chileno.
El 12 de octubre, en el 511 aniversario de la llegada a América de Cristóbal
Colón, un millar de mapuches marcharon por el centro de Santiago para
protestar contra las políticas oficiales hacia su etnia.
Demandaron la libertad de los indígenas encarcelados por asociación ilícita
e incendios a fundos forestales en el sur.
Exigieron, además, que el 12 de octubre, llamado Día de la Hispanidad o
Día de la Raza, deje de ser un día festivo, puesto que para los indígenas
esa fecha representa el comienzo de la conquista colonial española. Por
eso prefieren llamarlo Día de la Resistencia Mapuche.
www.tierramerica.net
diciembre 2003
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