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Tratamos
de volver a nuestra raíz desde el cemento
Hernán Scandizzo
[articulo
enviado por el autor a www.latinoamerica-online.info]
Fakundo es un joven mapuche de Furilofche (Bariloche), uno
de los tantos jóvenes que vive en los barrios altos. Esos
barrios en los que reina la exclusión y que forman el
cinturón mapuche de la 'Suiza Argentina' de Perito Moreno.
Fakundo es mapunky igual que Ana o Berna pero él no es poesía, aunque a veces escribe algunos versos y los publica
en su fanzine, Tayiñ Weychan. En mayo de 2003 hablamos
sobre la vida en el cemento, la hipocresía y l@s
mapunkies
ka mapuheavies, la entrevista estuvo dominada por la
efervescencia de la irrupción mapuche no folcklorizada en
el festejo del 101 aniversario de esa ciudad.
¿Cómo se da esa síntesis del heavy y el punk en la vida del
mapuche urbano?
FW: El punk y el heavy ayudaron a llegar hasta donde estoy.
Por la cuestión de las letras, cuando vos te pones a
analizarlas te sentís identificado y después eso como que
te lleva a cuestionarte cosas, a preguntarte, a tratar de
ir más allá. Por ahí en un momento estás metido pero tocas
de oído. Por ahí tenés las opiniones de las bandas que
escuchas y después eso te lleva también a cuestionarte vos.
Cómo fue es tu caso, primero te hiciste cargo de la
identidad mapuche y después te fuiste metiendo en este
movimiento heavy punk o fue al revés.
FW: Yo siempre me hice cargo de que era mapuche, porque mi
vieja nos enseñó eso. Al estar en la ciudad, en todo este ámbito, conocí un par de gente (mapuche), que quizá hoy
sean criticables, pero fue un puente igual. Porque por ahí
yo decía: "Soy mapuche", pero más allá de eso no iba.
Conocí a esta gente y seguí conociendo gente... y (empecé)
a conocer el pensamiento, algunas posiciones que tenían,
que por ahí después en la práctica pueden ser
contradictorias o no, pero conocí ese lado.
Entonces ahí la música me siguió ayudando también. Por ahí
lo que te identifica con esos pibes es que, reconocidos o
no como originarios, por lo menos acá en Bariloche son
heavy y punk. Vos los ves que ellos son de apellido
Paynefil o tienen la cara y hoy están en esa situación.
Entonces te identificas con todos ellos. La postura crítica
del heavy y el punk hacia el sistema, a toda una forma de vida, y la lucha mapuche, que también tiene una visión
crítica hacia eso, es lo que hace también un punto de unión. Y es por ahí que a mí me llamó la atención y me pudo
hacer unir esas cosas.
Cuando estaba en Buenos Aires veía que la movida heavy punk
no existía más, sino que andaban los punk por un lado y los
heavies por el otro y se cagaban a trompadas también. En
cambio acá no se ve tanto eso, que hayan recitales heavies
punk se da acá. La otra es que de última terminan acá
siendo parientes los heavies y los punkies y andan en la
misma y tienen las mismas vivencias. Tienen un mismo pasado
en común: son mapuche y hoy comparten la misma realidad,
por más que no estén metidos a pleno en la lucha mapuche.
¿Las bandas reflejan la problemática mapuche?
FW: ¿Acá? Hasta en cierto sentido, porque hay un par de
bandas heavies que quizá hablan de la cuestión mapuche pero
están muy influenciados por lo que fue Hermética. Entonces
los locos están con La Revancha de América o algunas otras historias así. Malón, que también tiene un tema; los tontos
de Almafuerte que tienen algunos temas que hablan sobre la
cuestión indígena; o alguna vez escucharon Yanakonas.
Entonces desde ahí han escrito algunas cosas, han reflejado
algunas cuestiones, porque por más que son mapuche están
influenciados por eso (las bandas). Por ahí eso es lo que
los lleva a escribir pero no asumen un mayor compromiso todavía. Y está el tema de las confusiones. Porque en
algunos heavies se da todavía mucho la cuestión nacionalista, entonces a partir de ahí lo reflejan, piensan
que los Pueblos Originarios son la raíz de la patria. Es decir, cualquiera.
¿En Bariloche la movida heavy punk abarca a varios sectores
sociales o se concentra en los barrios altos?
FW: Por lo menos yo lo que más conozco son los de los barrios, pero después sí, hay heavies conchetos o algunos
que se la dan de punk que son conchetos, pero también andan
un par de gente que por ahí tiene algunas posibilidades más
pero no tienen esas actitudes que tiene la gente del centro
o de los kilómetros. Donde más se ve es en los barrios, en
el 34 Hectáreas están los punk, en el San Francisco están
los heavies. Abarca más que nada eso, de ahí también que
los piqueteros se reflejen en los punk.
El otro día vi un video sobre los guluche (programa El
Mirador de TVN) y mostraban esta relación de los mapuche
urbanos en Santiago con movimientos como el hip-hop y el
punk.
FW: Sí. Yo lo que conozco de allá es David Añiñir, que yo
sé que es mapunky, mapuche punk.
¿Qué es eso: mapunky?
FW: Él tiene un poema incluso que se llama Ana mapunky o
Berna mapunky y habla de eso, de una fusión. Como cuando
dice 'mapurbe', los mapuche urbanos, los mapunkies: los
mapuche punk. Hace una cierta conexión. Ponele, el punk
cuando nació, nació desde un sector de la sociedad - por
más que haya sido por allá lejos - con una postura frente
al sistema. Y por ahí que muchos de nosotros nos hayamos
criado en la ciudad, que hayamos vivido en la ciudad y nos
hayamos relacionado con esas cuestiones es lo que nos lleva
a hacer esta conexión.
¿Es mucha la gente que hace esa relación?
FW: ¿En Bariloche? Hay un par... más que nada los jóvenes,
pero igual tampoco somos tantos los jóvenes mapuche que
estamos acá en Bariloche. No somos ¡uh! la manada.
Pero se hacen sentir.
FW: Sí, puede ser. Quizá los que estemos más empapados en
la cuestión mapuche o un poco más metidos, los otros pibes
también que son mapuche, se reconocen, pero todavía no
están tan metidos en los conflictos sino que tienen otras cuestiones. Tienen todas las necesidades de la gente de la
ciudad que no llega a fin de mes y están más preocupados en
eso. Por ahí no han asumido la cuestión mapuche como una
lucha también sino que siguen en otras luchas. El mapuche
hoy en día tiene que vivir esa.
¿Y cómo los toman otros mapuche que tienen una visión más
idealizada, que mapuche es el que vive en el campo, cuando
los ven a ustedes con esa estética y actitud heavy punk?
FW: Por ahí dicen: "Ah, son pendejos". Lo que dicen muchos
es: "Ah, porque están en la edad de la rebeldía".
Obviamente somos rebeldes, somos rebeldes a un sistema,
somos rebeldes a una forma de vida a la que fueron
obligados a estar nuestros padres: a ser laburantes, a
salir del campo cuando eran pibitos... Nosotros no vamos a
estar felices y contentos, y nos sentimos reflejados en la
actitud del punk. En la ciudad qué otra te queda, si vos
ves que en general te levantas allá arriba, ponele en el 34
Hectáreas, que te cagas de hambre, que en invierno no llega
la leña, todas esas cuestiones... no creo que estés
contento. Nosotros nos identificamos con eso y tampoco
importa mucho lo que digan los demás... creo que también es
otra forma de vida.
Yo no creo que sea una moda sino que es la cuestión del
barrio también. Nos criamos en el barrio, el barrio sigue
estando en Territorio Mapuche, entonces desde ahí tratamos
de volver a nuestra raíz desde el cemento. Por ahí suena
como una idea medio poética, pero es así, desde el cemento
volvemos a nuestra raíz. Esos barrios siguen estando en
Territorio Mapuche, estaba nuestra gente antes. No es tanto
una cuestión de moda sino que - por lo menos yo cuando
empecé a identificarme con esto - ya existía esta movida,
ya estaban. Entonces no creo que sea una cuestión de moda
sino una cuestión real, concreta, algo que se da
naturalmente.
¿Y cómo es asumir y vivir la identidad mapuche en una
ciudad? Encima con las particularidades de Bariloche, una
ciudad turística, preparada siempre para mostrar una cara
linda.
FW: ¿Cómo por ejemplo lo de ayer?
Por ejemplo.
FW: Lo que pasa que en una ciudad así a la cuestión mapuche
se la toma como una cuestión folklórica: qué lindo los
mapuche, por ahí hasta te chupan las medias o te quieren
ver atrás de un vidrio. Pero la cuestión es que los mapuche
hoy estamos en los barrios, hoy somos los piqueteros, los
delincuentes... la alcaidía está llena de mapuche. La
cuestión concreta, los mapuche reconocidos o no,
representamos la vergüenza del Bariloche postal y
turístico. Y allá abajo (en el Centro Cívico), para vender
usan nuestras cuestiones. Se acercan y dicen: "Ah, esto es
de los mapuche. ¡Hay qué lindo! ¡Mirá!". Y andan todos con
una fajita, con un makun (poncho mapuche). Y eso te da
rabia, porque cuando les conviene se acuerdan que existimos
y cuando les conviene sos la peor basura. Como los medios
ayer que en la movida decían: "Adelante viene la columna
del Pueblo Mapuche con la consigna 'Identidad, Territorio,
Justicia' y más atrás viene la gente encapuchada de los
barrios altos de la ciudad con reclamos sociales". Cuando
el reclamo es el mismo y ellos nos estaban apoyando y
estamos viviendo lo mismo. Quieren hacer esa diferencia,
cuando a ellos les conviene nos ponen la cuestión
folklórica, pero después, cuando le cantás la posta, la
justa, ahí los chabones se persiguen un montón... y les
salta la ficha de que son cualquiera.
¿Qué sabés de los mapunkies en Gulumapu?
FW: Sé que algo existe, incluso hay un colectivo cultural
Odiócratas que la mayoría son mapuche punk y alguno,
seguramente, de la movida hip-hop, que es lo que más se ve
allá. Los locos generan cosas desde ahí, incluso editaron
un disco, "Newen Peñi", que es un compilado por los presos
políticos. Sé que una movida hay dentro de los que es el
mapuche en la ciudad, el warriache, el mapurbe. Y acá algo
se está tratando de hacer, hay algunos fanzines dando
vueltas.
Hay organizaciones que plantean que la única lucha válida
es en el campo y que en algún momento de la historia los
mapurbe van a tener que dejar la ciudad.
FW: Eso es más una cuestión de elección, yo en algún
momento quiero volver al campo, me gustaría que mi familia
pueda volver también. Pero son procesos, porque antes de
plantear eso los mapuche se tienen que reconocer y después
reafirmar la cultura, tratar de rescatarla. Igual no creo
tener la solución ni que esas organizaciones tengan la
solución con ese discurso del Pueblo Mapuche, creo que va a
pasar mucho tiempo para poder plantear esas cosas. Porque
acá hay realidades que son concretas. En la ciudad por ahí
se trata de organizar, nacen proyectos, ideas de reafirmar
la cultura. Mientras que en el campo lo que se da más es la
defensa de la tierra.
Creo que volver al campo es una necesidad que le surge a la
mayoría de los mapuche. Mientras seguimos estando en esta
cultura y el heavy punk es una forma de contraponerse
frente a la cultura dominante, opresora. Es como una
respuesta a todo eso. No podés soportar esto toda la vida ver que tus hermanos se caguen de hambre o esas historias.
Entonces muchas veces buscas soluciones y encontras algo de
qué agarrarte.
¿Qué herramientas te dio la cuestión heavy punk que te
sirvieron para ponerlas en práctica en la lucha mapuche?
FW: En el punk la cuestión que se da mucho el anarkopunk,
eso me sirvió para pensar algunas cuestiones de cómo se
manejaba la sociedad, de ahí conocí la cuestión anarquista.
Entonces para entender algunos conceptos, entender algunos
manejos del sistema, algunas cuestiones de la izquierda,
algunos análisis de lo que es el sistema capitalista.
Y en
el heavy... no sé, más o menos lo mismo. La cuestión de las
ideas, de las posturas, de la rebeldía frente al sistema,
eso es en lo que me ayudó. Hoy como mapuche sigo
manteniendo esa rebeldía y no me dejo de considerar heavy
punk. Antes que nada soy mapuche, pero en la ciudad tomo estas herramientas.
La música es como que te refleja cómo estás adentro. Y es
la música que te pone los pelos de punta, te hace poner
alegre, te da fuerza, eso es lo que por ahí te ayuda cuando
estás en la ciudad. Te agarras de eso. Buscas algo que te
sostenga. De repente estás mal y escuchas un tema de La
Polla, escuchas un tema de Hermética y te da fuerza. Decís:
"Bueno, no soy el único pavo que está en contra, que no le
cabe este sistema, y los mapuche no somos los únicos que
estamos en esto sino que hay otra gente que también está en
lo mismo. Por ahí con otra forma de pensar, con otra
cultura, con otra lucha, pero tenemos un mismo enemigo".
¿Sirve como un puente con la sociedad no mapuche también?
FW: Claro, sirve como un puente. Nosotros tomamos eso de
otra cultura, de una contracultura, y esos puntos de unión
es lo que nos hace formar ese puente. Sirvió para unirnos
con los no mapuche y también para conocer la cuestión
mapuche.
¿Querés agregar algo más?
FW: A los warriache, que traten de manejarse, de ver un
poco más el tema de su identidad. Tienen una identidad,
tienen cosas de qué agarrarse. Porque vos ves muchos
punkies que ya se zarparon de escabio, están para atrás, la
cuestión no es esa sino que hay otras cosas. Como mapuche
aún estamos vivos, en la ciudad, en el campo, en todos
lados.
Mayo
de 2004
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