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Grupos empresariales
disputan recursos de la selva Lacandona
Ya está confirmado por ecologistas y por el Banco Mundial (Bird) que
Chiapas es un territorio interesante para empresarios con interés en
biogenética y en las investigaciones sobre la biodiversidad. En la selva
Lacandona grandes grupos empresariales nacionales y extranjeros buscan el
control de la biodiversidad, del petróleo y del agua. Y el Gobierno
mexicano allana su camino: saca a las comunidades indígenas de la reserva
de la biosfera de Montes Azules porque la "ponen en peligro" y,
una vez más, como hace más de 30 años, los convierte en los "exiliados
de su propia tierra". Afirma que sólo se trata de un problema
social; niega la existencia de un forcejeo en el que se entretejen
intereses políticos, económicos, sociales y biológicos.
Andrés Barreda Marín, en su tesis de doctorado "Atlas geoeconómico
y geopolítico del estado de Chiapas", desmenuza los intereses
ocultos de fuertes grupos empresariales vinculados con capitales
extranjeros y de ONG ambientalistas, como Conservation International,
Nature Conservancy y Fundación Paseo Pantera. "No es casual la
presencia de esas fundaciones y organizaciones ambientalistas
internacionales, pues están vinculadas a las empresas trasnacionales que
desarrollan la biogenética".
Tampoco es improvisada la constitución del llamado Fondo Chiapas -en
donde participan Roberto Alcántara, de Bancrecer; Enrique Molina Sobrino,
del Grupo Escorpión; Jorge Ballesteros Franco, presidente del Grupo
Mexicano de Desarrollo; y Roberto González Barrera, de Maseca-, ni la
activa presencia de la Fundación Produce o del Grupo Moderna-Pulsar, de
Alfonso Romo; ni el resurgimiento del interés de los Consejos
Empresariales Mexicanos de Asuntos Internacionales (Cemai) y de Inversión
y Desarrollo del Sureste por la construcción de ocho hidroeléctricas en
las grandes cuencas que hay en esa región. Todos están interesados en
esos nuevos espacios potencialmente explotables y para los cuales
requieren del agua, la biodiversidad y el petróleo, menciona.
En 1996, una década después que la Comisión Federal de Electricidad (CFE)
habló de la posibilidad de construir diez hidroeléctricas en el río
Usumacinta y sus afluentes, los empresarios de la Cemai revivieron la
propuesta, pero ahora bajo su responsabilidad. En 1998, durante una de sus
giras a Chiapas, el presidente Ernesto Zedillo se refirió a la "planificación
regional para la conservación y desarrollo sustentable de la gran cuenca
del río Usumacinta", agrega el investigador. Y es que en el paraíso
selvático se registra una abundante lluvia que escurre con gran fuerza
por las pendientes de las Cañadas, que puede ser utilizada para esas
hidroeléctricas.
"Después de años de producción, depredación, exploración e
investigación científica, los grandes inversionistas reconocen que las
numerosas cadenas montañosas de la selva Lacandona son el punto estratégico
donde se encuentran grandes brotes biológicos del subcontinente
norteamericano", y es uno de los sitios que, por la abundancia de
agua, es idóneo para el nuevo patrón técnico de producción: el de la
biogenética y de las plantaciones forestales comerciales.
El Fondo Chiapas, que nació con un capital de 2.3 millones de pesos, está
compuesto por: Grupo Escorpión y Pepsico, Grupo Modelo, Grupo Mexicano de
Desarrollo, Grupo Minsa, Grupo Maseca, Serfin, Bital y Bancrecer, así
como doce empresarios chiapanecos; hace algunos meses recibió 5 millones
de dólares de la Corporación Financiera Internacional para América
Latina y el Caribe, y sus fondos suman ya 7,8 millones de dólares. Ellos
son los inversionistas de Plantaciones de Hule de Palenque, de Promotora
Marañón (productora de nuez de la India), que tiene una capacidad de
1.500 toneladas anuales, de la primera granja de camarones del estado y de
Propalma. En su cartera de proyectos están, entre otros, la construcción
de un hotel en Palenque; una planta de aglomerado de madera; impulsar
plantaciones de bambú -esto a cargo de Pulsar-, y dar créditos a
artesanos y comerciantes.
En 1996 se constituyó Fundación Produce, la cual ha ejercido un
presupuesto de 8 millones de pesos en 64 proyectos, entre ellos la
producción de semillas de maíz "genéticamente mejoradas y
resistentes a suelos ácidos", que es el tipo que predomina en la
selva Lacandona. Ese desarrollo impulsado por esos empresarios -advierte
Barreda Marín- es un gran peligro para la supervivencia de las
comunidades campesinas e indígenas asentadas en la selva Lacandona. Sin
programa de manejo, la reserva más antigua del país, a 22 años del
decreto de la reserva de la biosfera Montes Azules, aún carece de un plan
de manejo, documento en el que el gobierno -en previo consenso con la
población de la región, presuntamente- establece los procedimientos de
explotación de los recursos naturales, los límites de los crecimientos
agroindustriales o industriales, urbanos y turísticos.
La actual estrategia de la Semarnap para la Lacandona -albergue de las áreas
naturales protegidas de Montes Azules, Lacantún, Chankín, Yaxchilán,
Bonampak, Palenque, Nahá y Metzabok- establece que impulsará nueve
programas: intensificación y reconversión productiva; desarrollo
forestal; comercialización y financiamiento; regularización agraria;
desarrollo social; desarrollo urbano; conservación ecológica y del
patrimonio cultural; investigación y capacitación técnica, y el de
planeación; y del desarrollo sustentable.
La propuesta del investigador de la Universidad Autónoma de México (UNAM),
Rodrigo Medellín, traspasa los límites nacionales. Él propone que los
tres países involucrados en la región maya -México, Guatemala y Belice-
cedan parcialmente sus intereses a favor de la recuperación de la
Lacandona, o bien establezcan una red de regiones o de áreas naturales
protegidas conectada por corredores sólidamente manejados y mantenidos o,
en el mejor de los casos, una sola área protegida compartida por los tres
países, sin que ello implique ceder territorio o soberanía.
www.adital.org.br
- Con informaciones de www.laneta.apc.org
6.enero/2004
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