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Minería de oro destruye alta
biodiversidad del Golfo de Nicoya
Adital/Ceus
El
Golfo de Nicoya es un estuario marino de gran belleza y está amenazado
por una compañía minera canadiense Glencair que abrió una mina de oro a
cielo abierto mediante lixiavición con cianuro a 14 kilómetros del
Golfo. Esta enorme instalación usa cianuro para extraer 560 mil onzas de
oro durante más de 7 años. Según ambientalistas, la minera inició la
construcción de la infraestructura de la mina antes de recibir los
permisos municipales.
Con paisaje costero, islas rocosas y acantilados, extenso hábitats de
manglares y una biodiversidad excepcionalmente alta, el golfo tiene cuatro
islas designadas como Refugios de Vida Silvestre, así como el Parque
Nacional Palo Verde, el más importante humedal de Costa Rica. El Golfo
alberga a una gran variedad de animales en peligro de extinción.
Con respecto a la explotación, anualmente extraen 1,62 millones de
toneladas métricas de mineral de un área de 250 acres. En el proceso
producen 15 millones de toneladas de desechos que pueden afectar al Río
Ciruelas, amenazando el suministro de agua potable de la ciudad de Miramar
y los ricos estuarios del Golfo de Nicoya.
www.adital.org.br
27.diciembre/2003
foto:
www.nirvanarealestate.com
Minas de oro
amenazan contaminar con cianuro ecosistemas de Costa Rica
La Asociación Comunidades Ecologistas Usuarias del Golfo de Nicoya (Ceus
del Golfo) ha solicitado hoy a la Secretaría Técnica Nacional del
Ambiente (Setena) de Costa Rica la intervención en las actividades de la
compañía minera canadiense Glencairn, que está iniciando la construcción
de las instalaciones para la explotación a cielo abierto de oro en la
localidad de Bellavista de Marimar, a las márgenes del río Ciruelas y a
14 kilómetros del Golfo.
La entidad, acatando a las denuncias del Comité de Oposición a la Minería
de Oro, pide que la Secretaría investigue los recientes deslizamientos de
tierra en el río en área próxima a la mina, que pueden tanto ser
resultado del impacto de las construcciones en el frágil terreno de la
región como el retiro de la tierra para hacer las edificaciones. Además,
se consta la abertura irregular por la empresa de una trocha dentro de
sector montañoso en zonas aledañas al proyecto no contempladas dentro
del Plan de Gestión homologado a Estudio de Impacto Ambiental que fuera
aprobado por la Setena.
Los hechos son muestras de los posibles daños ambientales del proyecto
minero que ha sido autorizado por el gobierno de Costa Rica desde el 30 de
enero del 2001 pese a la fuerte oposición de las comunidades y la
municipalidad, y que por ahora está en fase de obras de las instalaciones
de infraestructura civiles, sin contar con los permisos municipales ni del
Ministerio de Salud.
El proyecto de la empresa canadiense pretende utilizar la técnica de
cielo abierto con lixiviación, o sea el lavado del metal con cianuro, en
pilas al aire libre para extraer 560 mil onzas de oro en un período de
7,3 años. Un concentrado de cianuro del tamaño de un grano de arroz es
suficiente para matar un ser humano, y los organismos de ambiente acuático
son todavía más sensibles al veneno.
Primeramente, la extracción a cielo abierto exige que se quite toda la
cobertura vegetal del área en donde va a funcionar la mina. Los residuos
del lavado llegan a parar a dos partes, uno a grandes bloques de tierra,
la cual queda contaminada con cianuro y otra, mediante el lavado, que va a
lagunas de oxidación.
Ocurre que la región en donde se ubica la mina es propensa a
deslizamientos de tierra, sobre todo en la época de las inundaciones,
pudiendo la tierra contaminada fácilmente llegar al río, comprometiendo
el suministro de agua de la ciudad y a través de éste atingir el Golfo
de Nicoya, que tiene cuatro islas designadas como Refugios de Vida
Silvestre, así como el Parque Nacional Palo Verde, el más importante
humedal de Costa Rica que alberga a una gran variedad de animales en
peligro de extinción. Además más de 5 mil pescadores artesanales
dependen de ese Golfo.
El procesamiento final también constituye un problema, pues en la
legislación costarricense no se contempla regulación alguna para algunas
sustancias en las que se descompone el cianuro que sin ser ya tóxicas
para las personas sí resultan mortales para las distintas formas de vida
acuática, conforme afirma Sonia Torres Arguedas del Comité de Oposición
a la Minería de Oro en Miramar.
Existen otros proyectos de minería similares en otras localidades de
Costa Rica, todos enfrentando fuerte resistencia popular, aunque las
empresas mineras afirmen que sus actividades causarán minúsculos daños
ecológicos y que representan un desarrollo sostenible para las
comunidades donde están instaladas.
www.adital.org.br
8.enero/2004
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