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Abandono de cafetales
afecta ecosistemas
José Eduardo
Mora - colaborador de Tierramérica
En El Salvador y Honduras,
desaparecieron unas 20 mil hectáreas de cafetales, cuya función como fijadores
de carbono es crucial.
En Nicaragua, el abandono del cultivo del café ocasionó la pérdida de 122 mil
empleos y una crisis alimentaria en el departamento de Matagalpa.
SAN JOSE.- La fuerte crisis de la producción de café en
América Central afecta el equilibrio ambiental, ya que el cese de cultivos en
miles de hectáreas disminuye la generación de carbono y oxígeno, al tiempo
que propicia un aumento de la erosión de suelos, indicaron expertos.
La caída de los precios internacionales del grano obligó a miles de pequeños
y medianos productores de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y
Nicaragua a dejar sus tierras y buscar alternativas, de modo que muchas áreas
de cultivos quedaron abandonadas o dedicadas a la ganadería extensiva.
La caficultura se ha asociado con prácticas negativas para el ambiente, como el
excesivo uso de agua y la contaminación de ríos por el depósito de la broza,
pero también contribuye al equilibrio ecológico, según especialistas.
"Las plantaciones de café son bosques naturales fijadores de carbono y
liberadores de oxígeno, por lo que su disminución altera el ambiente",
dijo a Tierramérica el ingeniero Luis Zamora, del Instituto Costarricense del
Café.
Además, para el cultivo de café se usa terreno "muy quebrado", en el
que es necesario aplicar técnicas de conservación como las terrazas, que
evitan la erosión de los suelos, indicó Zamora.
El ministro de Agricultura de El Salvador, Salvador Urrutia, explicó a Tierramérica
que los cafetales son prácticamente las únicas zonas boscosas que quedan en su
país, por lo que su constante desaparición generará "fuertes efectos"
sobre el equilibrio ecológico.
Un criterio similar sostuvo Dagoberto Suazo, de la Central de Cooperativas de
Café de Honduras, para quien los cambios en el régimen de lluvias de su país
en los últimos dos años tienen relación con la deforestación y el abandono
de áreas cafetaleras.
En Costa Rica, el fortalecimiento de la conciencia ambiental en los últimos años
llevó a que se retome el cultivo del "café con sombra", usando en
las plantaciones árboles como el poró (Erythrina poeppigiana), la guaba (Inga
Edulis) y el eucalipto (Eucaliptus camaldulensis).
Ese tipo de cultivo había sido desplazado por el de "café bajo sol",
para aumentar el número de plantas por hectárea, de mil o mil 500 a tres mil y
aun cuatro mil. Estudios indican que en Costa Rica 40 por ciento de la producción
se efectúa mediante esa modalidad.
Zamora aseguró que también existe conciencia para usar cada vez menos los
agroquímicos insecticidas, nematicidas y herbicidas, como el dicloro difenil
tricloroetano (DDT) y el Paraquat, prohibidos ya en los países industrializados,
cuya utilización es reprochada a los cafetaleros por estudiosos y protectores
del ambiente.
La práctica de "control biológico" contra la broca, una plaga que
afecta a la planta y al grano, muestra la voluntad de cuidar el ambiente, adujo.
En el Salvador, la crisis cafetalera ha causado el abandono de unas diez mil
hectáreas, con pérdida de 60 mil empleos, según el ministro Urrutia.
"El café es uno de los cultivos más beneficiosos en el país, porque
emplea suelos marginales con mucha pendiente, como en la cordillera central,
donde si no fuera por el café la erosión de los suelos sería dramática",
explicó.
"En cada hectárea ubicamos un promedio de tres mil 333 plantas de café y
de 80 a 130 árboles, sería muy bueno que la comunidad internacional
reconociera estas bondades del cultivo del café y lo apoyara”, dijo.
En Honduras, al menos unas diez mil hectáreas de café han sido abandonadas en
los últimos cinco años, y "es lamentable que la comunidad internacional
no haya considerado el importante valor social y ambiental" de ese cultivo,
opinó Dagoberto Suazo, de la Central de Cooperativas Cafetaleras.
"La mayoría de nuestros cafetales, del tipo con sombra, se encuentran en
laderas en las que no es posible desarrollar otro producto, y evitan la fuerte
erosión de los suelos", recalcó.
Suazo sostuvo que muchos de los integrantes de grupos de delincuencia juvenil
llamados maras, de crecimiento explosivo en su país, proceden de zonas
cafetaleras de las que sus familias tuvieron que emigrar a la ciudad, en busca
de un nuevo porvenir.
En Nicaragua, el abandono de fincas cafetaleras ocasionó la pérdida de 122 mil
empleos y una crisis alimentaria en el departamento de Matagalpa, al norte de
Managua, acompañada por efectos negativos para el ambiente.
La Unión Nicaragüense de Caficultores impulsa un proyecto de producción con
criterios de protección ambiental, que incentive el uso de especies maderables,
frutales y arbustos en las plantaciones, como complemento ecológico y
económico.
www.tierramerica.org
Mayo 2, 2004
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