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Quo Vadis, Galápagos?
Edith
Papp
Periodista. Agencia de Información Solidaria
Símbolo de la naturaleza virgen en su estado más puro, laboratorio vivo que
inspirara uno de los mayores hitos en el conocimiento humano -la investigación
de Charles Darwin sobre "el origen de las especies"- las Islas Galápagos
parecen volver, a principios del siglo XXI, al centro de la atención de los
promotores de la nueva revolución científica.
El archipiélago de origen volcánico, compuesto por 127 islas, situadas a unos
mil kilómetros de la costa continental de Ecuador, constituye uno de los
lugares de mayor biodiversidad del planeta, al preservar, gracias a su
aislamiento, más del 95 por ciento de su flora y fauna originales.
Esta especie de paraíso terrenal, sin embargo, no sólo levanta pasiones entre
los amantes de la naturaleza, sino también entre los que pretenden sacar
provecho de su inmensa riqueza biológica, según alertaron recientemente
diversas organizaciones dentro y fuera de Ecuador, entre ellos Acción Ecológica
y el Grupo ETC.
En una acción de pura y simple biopiratería, el científico estadounidense
Craig Venter -tratando de seguir, de acuerdo con sus propias declaraciones, la
expedición de Darwin de 1835 que diera origen a la teoría de la evolución-
visitó las islas a principios de marzo a bordo de su yate el Sorcerer II (El
Hechicero) llevándose una gran cantidad de muestras de microorganismos para su
posterior estudio en Estados Unidos. Expropietario de la empresa "Celera
Genomics" y conocido como el descifrador del genoma humano, Venter persiguió
propósitos más que ambiciosos que le hicieron olvidar "detalles"
como la soberanía del estado ecuatoriano sobre sus recursos biológicos o las
preocupaciones que sus posteriores investigaciones podrían generar en lo que
respecta al uso futuro de estos microorganismos.
A lo mejor no es para menos: según el informe del grupo ETC sobre el caso,
Venter está "jugando a ser Dios" en las Galápagos y en muchas otras
zonas que visita desde agosto de 2003 en el ámbito de un proyecto llevado a
cabo por el Instituto de Energías Biológicas Alternativas (IBEA), presidido
por él mismo y que cuenta con una generosa financiación del Departamento de
Energía de Estados Unidos para la búsqueda de nuevas fuentes de energía no
contaminantes y para la creación de nuevas formas de vida en laboratorio.
En su extenso viaje por los mares del Sur, el científico, conocido por desafiar
con cierta frecuencia la opinión de sus colegas -y aún más a la opinión pública-
convertido esta vez en biopirata, ha descubierto hasta ahora unos mil doscientos
millones de genes (muchos más de los que aparecen en la actualidad en todos los
bancos de datos del mundo), cuya secuenciación se realizará en los
laboratorios de IBEA en Rockville, Maryland.
Entre ellos destacan especialmente unos 800 fotorreceptores, cuyo mecanismo de
funcionamiento puede abrir perspectivas hasta ahora inimaginables en la
satisfacción de las necesidades energéticas del planeta una vez que se acabe
la actual era de los combustibles fósiles. Los científicos empeñados en estas
tareas, así como las empresas privadas (y organismos estatales) que los
patrocinan, protagonizan hoy en día una verdadera "fiebre de oro"
tras los elementos que puedan ofrecer pistas para un avance más rápido en
estas investigaciones, que reportarán millones de ganancias para los fundadores
de las nuevas industrias que nacerán de los recursos genéticos del Sur,
carente de recursos y de tecnologías apropiadas para sacar provecho de esta
inmensa riqueza.
Otros microbios marinos servirán para la creación de formas de vida
artificiales en laboratorio, uniendo de este modo los logros de las dos esferas
científicas que más pueden incidir en el futuro de la humanidad: la
biotecnología y la nanotecnología. Mientras la primera se dedica a la
introducción de genes en organismos vivos ya existentes, la otra -definida por
la administración norteamericana como una esfera estratégica de primer orden-
busca construir, desde cero, nuevos organismos, utilizando como "ladrillos"
el ADN de dichos microbios.
Para detenernos a reflexionar sobre las consecuencias de estos esfuerzos basta
con saber que el propio Venter abandonó en 1999 una empresa anterior para
construir una forma de vida artificial simple porque pensó que el riesgo de
crear una plantilla para nuevas armas biológicas era muy grande...
Los futuros reclamos sobre la propiedad intelectual de los organismos
artificialmente creados igualmente generan preocupaciones, sin hablar de la
flagrante violación del Convenio Mundial sobre Biodiversidad o de la Decisión
Andina No.391 sobre el acceso al acervo genético de los países de la zona.
Tampoco la soberanía de los países pobres sobre sus recursos biológicos
cuenta mucho para el avance arrollador de estos científicos empujados por un
mundo empresarial ávido de apropiarse de las claves de la economía del futuro.
Ni siquiera nos atrevemos a preguntarnos, en medio de estas circunstancias, cómo
se podrá satisfacer el más que legítimo derecho del pueblo ecuatoriano -y de
tantos otros- a saber, al menos, para qué fueron utilizadas sus riquezas.
Pero lo más triste del caso, apuntan las organizaciones sociales, es que las
propias autoridades del Ecuador muestren tan poco empeño en evitar situaciones
de este tipo. Después de que la dirección del Parque Nacional de las Galápagos
diera su autorización para sacar del país las muestras recogidas por Venter,
el propio ministro del Medio Ambiente firmó, el pasado 15 de marzo, un
memorando de entendimiento para reforzar ese permiso con carácter retroactivo y
quitar de este modo el filo a las acusaciones de biopiratería, según denunció
la organización Acción Ecológica.
Ante tales hechos sólo cabe preguntarse: ¿adónde van las Galápagos? ¿De
constituir Patrimonio Natural de la Humanidad, declarado por la UNESCO en 1997,
pasará a ser tierra de nadie donde no valen los criterios de protección? ¿Las
autoridades responsables de estas Islas Encantadas acabarán por ofrecer en
bandeja de plata a los biopiratas venidos de lejos todas sus riquezas? Sólo la
mirada atenta y la acción valiente de la sociedad civil será capaz de
salvaguardar sus recursos biológicos, para que no despierten de su sueño
despojadas del tesoro que las hizo mundialmente famosas.
www.alainet.org
2004-06-07
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