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Las maras, su origen y llegada a Honduras


Textos e investigación Serapio Umanzor

 

foto:www.noticias.ya.com

 

Considerados por los extremistas como un cáncer de la sociedad, las maras ocupan en este momento un sitial de estorbo dentro de un país sediento de trabajo, algo que no aparece en el diccionario de estos jóvenes, a quienes unos ven como víctimas del sistema, mientras la mayoría los agrupa del lado de los delincuentes.

La frase nunca tantos debieron tanto a tan pocos es todo lo contrario cuando se habla de las maras, pues en todo caso será que nunca tantos sufrieron tanto por tan pocos y es que el efecto demoledor de los pandilleros es algo que afecta al grueso de una nación cargada de heterogéneos problemas.

Pero las maras no son "Made in Honduras'', este es un parto que vino del país más poderoso del mundo, ese que muchos buscan por un sueño, ese que casi siempre acaba en pesadilla. De ese país nos vino esa epidemia más letal que el dengue hemorrágico y más contagioso que el ébola.

A lo largo de seis capítulos vamos a analizar todos esos detalles alrededor de estas pandillas juveniles, pero para ello es necesario ahondar primero en las raíces, es decir en los orígenes de estos grupos.

Antecedentes de las maras

En Estados Unidos, desde finales de la década de los sesenta e inicios de los setenta y al terminar la prosperidad económica que se dio después de la Segunda Guerra Mundial, la clase gobernante y sus representantes lanzaron ataques contra la clase obrera y su nivel de vida. Trataron de desbaratar los sindicatos, despedir a grandes cantidades de trabajadores de sus empleos, aceleraron la producción en los talleres, y redujeron los programas sociales.

Este asalto contra el nivel de vida encontró su expresión más salvaje en las secciones centrales, superdotadas de minorías y paupérrimas de las ciudades mayores. En Los Angeles, las zonas Central-sur y Este sufrieron el cierre de fábricas industriales y, por consecuencia, la eliminación de miles de empleos que requerían labor experta. El desempleo, la pobreza, las viviendas de calidad inferior y las reducciones en los servicios gubernamentales aumentaron estrepitosamente.

Los edificios escolares se convirtieron en ruinas superdotadas carentes de fondos. El abuso de las drogas, sobretodo de la cocaína en piedras, aumentó bárbaramente en muchos de estos distritos. Las calles comenzaron a llenarse de jóvenes desocupados, que en grupos comenzaron a organizarse en lo que ellos llamaron pandillas, compuesta por muchachos sin trabajo, sin futuro, de hogares disueltos, en definitiva, vulnerables a la perdición.

La Mara Salvatrucha y La 18

Conocidas como pandillas juveniles hay que destacar que la primera en formarse es La 18, que se identifica asi por estar en esa calle del sector de Rampart en Los Angeles. Sus integrantes, todos latinos y negros, comienzan a ser liderados por mexicanos, que representan la mayor cantidad de inmigrantes en California.

Pero luego surgen sus contrincantes o enemigos, que son los salvadoreños que forman la llamada Mara Salvatrucha y a partir de ese momento comienzan a librar batallas campales en busca de dominios de territorios.
En escena aparecen jóvenes con sus cuerpos enteramente tatuados, cortes de pelos punk, camisetas negras con dibujos de calaveras, saludando con signos y lenguajes corporales propios y herméticos, golpeando en la cara y escupiendo.

Ya para este momento los registros dan cuenta que sólo en Los Angeles hay 1,350 pandillas juveniles integradas por 150 mil jóvenes de entre 11 y 18 años, quienes muestran estadísticas de muerte con un promedio de mil homicidios al año y 33 mil detenciones por actos reñidos por la ley.
Las escuelas se han convertido en los principales lugares de reclutamiento de nuevos miembros para las pandillas. La adhesión es a veces voluntaria y a veces forzada o inducida con drogas, que se convierten en adicción y más tarde en sometimiento.
En el instituto secundario Roosevelt, en el este de Los Angeles, hay instalados detectores de metales para eliminar las armas en las aulas. Los controles se hacen en la primera semana de clase y durante el resto del año en operativos sorpresa.

En La 18 como en la Salvatrucha, no hay un "padrino" al estilo de la mafia, pero sí un cuerpo de "veteranos" que desde las sombras controlan a las pequeñas células formadas por chicos de apenas 11 años, explicó el oficial de policía John White. Los "veteranos" organizan encuentros clandestinos con los jóvenes en los que distribuyen armas, entrenan sobre estrategia y enemigos y comparten la información sobre la policía.
Por ahi los hondureños no se han quedado atrás y especialmente en la Calle de Alvarado de Los Angeles han tomado como suyo ese terreno para sus fechorías, que van desde el cobro por "seguridad'' a los dueños de negocios, manejo de los teléfonos públicos, tráfico de drogas y asaltos a quienes osen pisar esos territorios.

En los barrios y ciudades que ellos dominan se roban autos, se saquean casas, se intimida a los vecinos. También se "alquilan" esquinas, incluso por horas, a vendedores de droga que no pertenecen a la pandilla. Algunos pandilleros reúnen entre 400 y mil dólares por día con estos "alquileres", dijo White.
Los "cien suburbios en busca de una ciudad" que conforman Los Angeles incluyen grupos vinculados a carteles de droga, pandillas delictivas locales y bandas "no tan sofisticadas ni desarrolladas pero con una estructura que recuerda al viejo crimen organizado", explicó el policía Kevin Rogers. Ahora estas dos pandillas tienen sus tentáculos en todo Estados Unidos y cada una se ufana de decir que tienen mayor cantidad de simpatizantes.

La palabra mara

Pero obviamente los creadores de estas pandillas han sido latinos que en determinado momento han sido deportados o simplemente regresan de vacaciones a sus países y es ahí donde comienza la proliferación en América Latina, incluida Honduras.
La palabra mara es, sin dudas, puesta por los salvadoreños y lo usan como una acortación de la palabra "Marabunta'', nombre de una hormiga salvaje que habita en grandes cantidades y arrasa las junglas amazónicas como una plaga.

Esta acepción de la palabra mara ellos la usaron al identificarse como un grupo de jóvenes que invadieron Estados Unidos, se regaron como una plaga y tomaron un aspecto destructivo dentro de una ciudad tan gigantesca como Los Angeles.
Al igual que en Estados Unidos, en Honduras surgen numerosas organizaciones de mareros con los más variados nombres, pero todas identificadas ya sea con La 18 o con la MS, abreviatura de la Mara Salvatrucha.

Manifestaciones diversas de las maras

Un estudio sociológico establece que el joven es enérgico e impulsivo, por naturaleza. Si estos factores no son orientados, al menos en parte, por el esquema educativo, busca un cauce por donde desbordarse y lo hace mejor asociándose con otros motivados por lo mismo. La música juvenil moderna, con su prédica de violencia, empeora la perspectiva.

También la pandilla, con su impulso por irrumpir en todo y por destruirlo todo, es una expresión, en nuestro país, contra el eterno encierro en el "gheto" de la pobreza, en el encierro de la cuartería, que es como una cárcel desde la cual ve a otros manifestarse o desplegarse en diversiones, sin tener él la oportunidad de hacerlo.
El asunto se agrava cuando estas agrupaciones son utilizadas por delincuentes conscientes y con otros propósitos ilegales bien definidos. Podrían, en un caso extremo, llegar a ser de tal extensión que pongan en peligro la estabilidad del país en cualquier momento crucial de crisis nacional, dependiendo de quien se apodere de esta efervescencia social, para manipularla.

La música predominante en estos grupos es el rap, el cómputo, el reagge y, en ocasiones, la salsa erótica. La música tiene un sentido especial para estos jóvenes, sobretodo, en lo que se refiere a la celebración de fiestas, conocidas como "partis" (del inglés party). Se esparcen en las calles del barrio y bailan formando grupos de hasta diez. Generalmente los "partis" terminan en trifulca, lanzan botellas, piedras.

No se recuerda ningún tipo de estas fiestas que no hayan terminado de manera violenta. Es sabido que los "partis" no son más que excusas para reunirse a consumir drogas, buscar enemigos para pelearse o vengar "cuenta" pendiente.
Características del comportamiento de miembros de pandillas son variadas y pueden incluir el tener una pobre actitud en general, hasta trastornos mayores de personalidad. Sin embargo, no pueden colocarse todos los miembros de pandillas en una sola categoría de comportamiento.

Miembros de pandillas en su propio "territorio," sea en su escuela o en la comunidad, pueden ser abiertamente hostiles. Fuera de este territorio, pueden parecer amigables y amistosos. Pero ellos tienen un "código" y sentido de justicia propio, y, si piensan que ese código ha sido violado, puede resultar en su repentina falta de cooperación, o peor, en violencia.
A menudo, los miembros de pandillas son embusteros y pueden fácilmente manipular su ambiente como les sea más conveniente. Las apariencias pueden engañar. Miembros de pandillas pueden mostrar dificultades controlando sus sentimientos, estar constantemente enojados y defensivos, y tener resentimiento a la autoridad.

Los más violentos pueden ser insensibles, no tener metas de largo plazo, aburrirse fácilmente, no tienen remordimientos, y no controlan sus impulsos. Para muchas pandillas criminales modernas, la violencia es un medio hacia un fin. Provecho material, por medio del tráfico de drogas y otras actividades criminales, son a menudo los objetivos primarios para asociación con pandillas.
Estudios indican que las pandillas violentas no se asustan fácilmente y no son intimidados por la autoridad. En cada fase de un acto criminal, sienten excitación, tienen poco interés en actuar responsablemente, y no admiten sus culpas. Se consideran personas básicamente decentes y justificados en todo lo que hacen. Con frecuencia los miembros de pandillas quieren estar en control, pero a menudo tienen pocas habilidades para liderazgo.

Porqué la juventud se asocia con pandillas

Jóvenes de una gran variedad de grupos étnicos y socio-económicos se están incorporando a pandillas. Ningún grupo étnico o ubicación geográfica es excluida. Las edades de miembros de pandillas son de los 13 a 21 años. Entrevistas con miembros de pandillas indican que ellos mismos no entienden porqué se unen a pandillas, pero sus razones varían desde por fraternidad hasta por protección propia, como sigue.

Identidad: Los miembros de pandillas quizá no pueden lograr una identidad en su ambiente, entonces la buscan en la cultura de las pandillas. Muchas veces se imaginan ser como guerreros contra el mundo de fuera, protegiendo a su vecindad.


Protección: En comunidades donde hay varias pandillas, el unirse a una parece ofrecer considerable protección contra la violencia y ataque por parte de pandillas rivales.

Compañerismo: Estudios indican que algunos miembros de pandillas quizá no tienen estructuras estrechas de familia. Actividades pandilleras ofrecen continuidad y un sentido de familia que a veces no existe en el hogar.

Intimidación: Amenazas, palizas violentas, y peligrosos ritos de admisión son usados a menudo para forzar a la gente a unirse.

Amor propio: Estudiantes con bajo concepto propio quizá están intentando a aumentar su concepto de sí mismo. Estos jóvenes quieren ser reconocidos por sus actividades, ya sean criminales o no. Las pandillas pueden proveer esos elogios que tal vez no reciben en su casa o escuela. Muchos no se dan cuenta de los peligros que existen en actividades pandilleras.


Otras razones: Hay varias razones personales por las cuales los jóvenes se incorporan a pandillas. Estas incluyen la excitación de actividades pandilleras, la necesidad de ser aceptados por los otros jóvenes, presión de sus compañeros, búsqueda de atención, beneficio financiero, y tradición de familia.

¿Qué puede hacer?

Los padres deben de estar conscientes de cambios que ocurren en sus hijos, tal como en su manera de vestir, su selección de amigos, y/o en su comportamiento. Hacer caso a lo que está ocurriendo en la vida de sus hijos. Haraganearía, violencia y falta de respecto hacia otras personas y propiedad pueden ser señales de asociación con pandillas.
Dinero extra: Si su hijo o hija han comprado cosas nuevas y caras, o tienen dinero extra, pero no tienen explicación acerca de donde ha venido el dinero, debe de alertarse usted que algo está pasando.

Cambios en conducta y el modo de vestir pueden ser cambios normales de la adolescencia, pero también pueden ser una indicación de que algo no va bien. Sepa la diferencia siendo padres conscientes y atentos.
Las maras son un peligro latente para toda la sociedad en Honduras y enfocar la atención a este problema es urgente porque si en este momento la situación es de alarma, al paso que vamos en poco tiempo la solución será inalcanzable.

 

[primera parte de una investigación publicada en  www.laprensahn.com  el 30 de octubre de 2000]

 

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