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el portal del Caribe |
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Aportes de los negros al tango
Juan Carlos Coria info@educar-argentina.com.ar
foto: cubierta del libro de Oscar Natale, ed. Peña Lillo
Todos los historiadores y especialistas serios en la historia del
tango (Gobello, Bevilaqua, Carretero, Ferré) coinciden en reconocer a los negros
una parte importante en las etapas iniciales de la formación musical de esta
música ciudadana.
Del tradicional candombre se pasó a la habanera, para luego llegar
al tango americano, sin olvidar al fandango, luego al tango argentino y
desembocar más tarde en la milonga y finalmente en el tango.
Esta sucesión de etapas superadoras tiene su tiempo cronológico
desde la época hispana, pero para hablar de tango hay que llegar al último
cuarto del siglo XIX.
Ya en la época rivadaviana en los teatros porteños se hacían
representaciones teatrales con números de bailes, presentando parejas de negros
bailarines de tangos negros. En realidad se trataba de bailes negros adaptados
al público blanco de aquel entonces. Pero en las afueras, el pobrerío, hacía una
verdadera transculturación entre la música europea, la música negra y la nueva
sensibilidad que iba naciendo en el proceso de asimilación mutua y recíproca de
fuentes tan separadas y hasta opuestas. El negro aportó el ritmo de sus
tambores, la coreografía de la pareja separada y el criollo (gaucho), el tiempo
musical de sus canciones. Posiblemente en los primeros tiempos hayan predominado
los aportes negros, por ser más vigorosos y esto no es una mera suposición, ya
que el fandango y la habanera, a pesar de tener sus raíces africanoides,
sufrieron en el Plata modificaciones y adaptaciones a la realidad sociológica y
antropológica, de la población que abarcaba a la raza negra, la aborigen, la
infinita variación de las castas y los blancos.
Ese fino y al mismo tiempo sutil y largo ensamble musical y
coreográfico hizo su aparición de manera más evidente en los carnavales, con
posterioridad a la batalla de Caseros, donde los negos fueron dejando de lado de
manera casi imperceptible el baile tradicional, como fue el candombe, para ir
incorporando nuevos ritmos que tenían y tuvieron apoyo y buena repercusión entre
el público. Esta es la etapa de la gestación de la milonga donde confluyen de
manera casi imperceptible, pero de consecuencias posteriores, la música del
folclore, la música negra y la música europea por intermedio de la habanera.
Aun sin compartir de manera total, las opiniones de Rossi o de
Lynch, hay que tener en cuenta sus palabras por ser testigo uno y estudioso el
otro, de la realidad social. Ambos coinciden en que la milonga es una innovación
creadora de toda la música popular que se escuchaba hasta 1860-1870,
agragándose, a decir del primero, el repentinismo creador y orillero
rioplantense. Esto es refrendado por el segundo, al decir que la milonga es el
baile de los integrantes del chusmaje, pobrerío y compadraje del suburbio
capitalino. La gran innovación consistió en integrar la pareja de bailarines
suelta, danzando abrazada, pero como el ritmo era demasiado vivaz y solo apto
para expertos bailarines, se hizo necesario relantizar, o sea, bajar la
velocidad, para que de esta manera los ineptos, inexpertos (hay que considerar
la cantidad de hombres solos inmigrantes que necesitaban un rato de solaz y
esparcimiento), pudieran ingresar al baile, cubriendo las figuras mínimas de la
coreografía elemental.
Esta necesidad de adaptación dio lugar a la aparición del tango
americano, que luego fue llamado tango argentino y más adelante sencillamente
tango.
En este nuevo baile se combinaron partes de la coreografía del
candombe, donde existió la creación de pasos por parte del hombre y de la mujer
para configurar un todo armónico, más los pasos de la música europea de salón.
Esa suma dio lugar a una simbiosis coreográfica donde también estuvo presente la
herencia de los bailes negros, hasta que fuera desplazada o superada con el
tiempo y la creación repentista de cada uno y todos los bailarines.
Este proceso de adaptación paulatina se llevó a cabo en los lugares
más diversos, como fueron los ranchos de las chinas cuarteleras, las academias,
los patios de tierra de las pulperías o los salones enladrillados de los
almacenes barriales. En todos ellos era posible encontrar al chinetaje, los
lunfas, la soldadesca, los carreritos y de manera cada vez más frecuente a los
niños bien, que para rematar la noche, atiborrachos de alcohol, sexo y baile,
patoteaban por las calles porteñas. Todavía no había desaparecido el negro, o su
influencia, pero como sombra supérstite, no como figura de primer plano.
También es posible rastrear la influencia negra en el tango,
buscando el origen y la aplicación de esta palabra. Para Ortiz Oderigo es la
corrupción de la palabra yoruba Shangó. Con ella se designa al dios del trueno y
las tempestades en la mitología nigeriana. También es el dueño de los
membranófonos. Ellos fueron los marcadores iniciales del ritmo desde donde
derivó el tango actual. Por su parte Carretero, ha rastreado la palabra tango y
ha encontrado 23 acepciones, pero mayoritariamente indicadoras de baile, lugar
de baile, practicado en lugar cerrado. Todo ello encierra la idea de un baile
popular, celebrado dentro de determinadas pautas culturales.
Abril de 2005
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